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La comida no se tira. ¿Qué aprendimos de lo mostrado por el reportaje de Comando Actualidad?

La comida no se tira
Ayer os comentábamos que el programa de reportajes de Comando Actualidad estaba dedicado a la comida que se desperdicia, la comida que se tira. Desde Ciudadano 0,0 es un tema que tenemos muy presente y queremos ver lo que aprendimos en el reportaje de Comando Actualidad.

El programa estaba enfocado en tres puntos de la cadena alimenticia donde se produce el desperdicio de alimentos, en su origen, en la cadena de distribución y en las cocinas. Lo que deja ver el programa en todo momento es que hay mucha gente concienciada de que un modelo como el que tenemos será difícilmente sostenible. Si queréis recibir este y otros contenidos similares en vuestro correo de forma mensual no dudéis en suscribiros a nuestra newsletter.

¿Dónde se produce el desperdicio de comida

Tirar la comida en el origen de producción

El primer aspecto que se abordó en el programa es el desperdicio de alimentos en el origen. Se pusieron dos ejemplos muy gráficos, un campo de naranjas, donde todas aquellas que tenían un pequeño defecto en su aspecto, eran de un tamaño un poco más pequeño, etc. no eran aptas para distribuir. La naranja se quedaba en los campos sin recoger, cuando por lo que respecta a su calidad y sabor se podría consumir perfectamente. En Ciudadano 0,0 ya hemos contado como este modelo de producción tiene además un coste para el medio ambiente por la energía que gastamos en su producción, los fertilizantes y abonos, etc.

Más preocupante todavía es el caso de la pesca de arrastre, donde las cifras de aprovechamiento de lo que cae en las mallas es, en el mejor de los casos, de un 40% de las especies capturadas. Una norma, como la cuota de capturas, que se impone para preservar a mucha especies se desvela como algo totalmente ineficaz. En este caso la plataforma Ni un pez por la borda lucha para que esta práctica se erradique. Afortunadamente en 2015 entrará en vigor una nueva ley en la que sólo se podrá desechar un porcentaje mínimo de peces pescados.

Tirar la comida en la cadena de distribución

Tirar comida en la cadena de distribución
El siguiente paso que vemos de desperdicio de comida lo tenemos en la cadena de distribución. Aquí tenemos el ejemplo de un supermercado que tiene acuerdos para que los productos que están deteriorados en su envase o que están próximos a su caducidad se puedan distribuir a bancos de alimentos y asociaciones que los reparten a familias necesitadas. Unas iniciativas que también se han apoyado desde San Miguel 0,0% También se incluyen medidas de ahorro para los consumidores que compran los productos próximos a su caducidad.

En el caso de la cooperativa de naranjas, un porcentaje realmente importante, en torno a un 20-30%, se descarta para su distribución sobre todo por lo que respecta a su aspecto. En este caso se echan de menos productos derivados directamente en este origen, es decir, naranjas que no sean aptas para el consumo, pero que se puedan utilizar para zumos, mermeladas, etc. que también se comercialicen. Un ejemplo muy claro son las fábricas de almendras, que utilizan la cáscara triturada y prensada como un biocombustible para las estufas y chimeneas de leña ya que tienen un alto poder calorífico.

Tirar la comida en la cadena en las mesas

Cajas Nolotiro para llevarnos la comida del restaurante
Sin embargo, el punto donde más comida se desperdicia es en los hogares, del orden de 28 kilos por habitante y año, una cantidad que realmente es importante. Aquí se ponen dos ejemplos claros, el de una familia numerosa que aplica cantidad de recetas como las que damos habitualmente en Ciudadano 0,0, aprender a comprar en los mercados, comprar producto de temporada, recetas de aprovechamiento para los restos de comida y que nada se tire, etc.

También otro punto importante son los restaurantes, donde no se aprovecha toda la comida que no podemos acabar, con raciones demasiado grandes y una excesiva cantidad de platos. Aquí San Miguel 0,0% pone su granito de arena con la Caja Nolotiro que en los restaurantes adheridos a la campaña facilita una caja para que la comida que no podamos acabar se aproveche en otro momento en nuestras casas.

Lo cierto es que tras ver el programa me queda claro que una parte fundamental del aprovechamiento de la comida o del cambio de modelo productivo está en nuestras manos, algo que podemos hacer nosotros con pequeñas acciones que gota a gota podrían cambiar esta tendencia, ¿nos ponemos a ello?

En Ciudadano 0,0 | La comida no se tira. Un problema llevado a documental por Comando Actualidad

Tirar comida también sale caro para el planeta

Trucos-no-tirar-comida-basura

Es una terrible verdad que nos cuesta asimilar es que mientras 870 millones de personas pasan hambre, casi un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se dilapidan, Gracias al informe de la FAO que se basa en dos estudios realizados: uno sobre la basura alimentaria a nivel mundial por parte de los países ricos, y otro tomando como referencia los países más pobres.

En los estudios se identifica como se producen las pérdidas de alimentos a lo largo de toda la cadena alimentaria y además proporciona las posibles soluciones para evitar que se tiren tantos alimentos. En el caso de los países pobres o en vías de desarrollo las causas de las pérdidas están relacionadas con las limitaciones técnicas, la incorrecta gestión alimentaria, las técnicas de almacenamiento o refrigeración, el sistema de recolección, etc.

Sin embargo, en los países industrializados, somos los consumidores y su nuestras malas costumbres como la ésima gestión de la despensa, los causantes de esta pérdida de alimentos. Nuestra actitud errónea de compra para almacenar ya que permitirse el lujo de desechar los alimentos cuando se caducan.

Los efectos secundarios de tirar comida

El caso es que cuando tiramos comida a la basura no sólo estamos desaprovechando un alimento sino que también estamos provocando un efecto negativo en distintos aspectos sobre el suelo, el clima o la biodiversidad al malgastar una serie de recursos que al final no se consumen.que desperdiciamos. No solo gastamos una cantidad enorme de energía y recursos para producir los alimentos y transportarlos por todo el mundo, si no también del tratamiento de su reciclado y tratamiento.

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Según Manuel Bruscas, en su artículo para el diario El País,  toda la comida que tiramos genera unas 3,3 Gigatoneladas de CO2. Esta cifra es mucho mayor que las emisiones de CO2 de casi cualquier país del mundo. Además, se calcula que en un año la comida dilapidada consume 250 km3 de agua. Esta cantidad equivale a todo el volumen del Lago Léman (Suiza) . Datos escalofriantes como  la deforestación de la Tierra para transformar bosques en suelo agrícola, es uno de los efectos más visibles de la mano del ser humano. Se calcula que el 28% de la superficie de la Tierra dedicada a cultivo sirve  para producir “comida que tiramos”. Se trata de una superficie más grande que Estados Unidos o China.

La consecuencia directa de la deforestación es que muchos ecosistemas son arrasados y cientos de especies se encuentran en peligro de extinción. La Tierra se muere, porque somos unos irresponsables y la estamos agotando, pero nada de ser apocalipticos. Estamos a tiempo de cambiar nuestras costumbres.

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Esos carros de la compra llenos hasta los topes para que “haya de todo” sin pararse a pensar unos menús y la filosofía Nolotiro, con sus recetas, los trucos para aprovechar, sus restaurantes, su tupper con comida casera, más sana, más equilibrada, mejor en todos los aspectos y una buena educación medio ambiental que llegue hasta los Gobiernos es la solución para parar esta sinrazón.

Imágenes | FAO, El País

En Ciudadano 0,0 |  Principales iniciativas llevadas a cabo el Día Mundial del Medio Ambiente

Share My Dabba, lo que puede conseguir una bicicleta

En Ciudadano 0,0 nos encantar hablar de iniciativas pensadas con buena voluntad y, más aún, si están dando frutos positivos. Es el caso de Share My Dabba, que ha implicado a miles de bicicletas y ciclistas de Bombay en el reparto de alimento a los más necesitados. Lo mejor del proyecto es la idea ya que, gracias a una inteligente estrategia, no supone gasto económico ni necesita aportaciones, pues basa su colaboración en lo sobrante, en lo que otros tirarían. La filosofía Nolotiro es buena para nosotros y a otros les puede incluso salvar la vida.

¿Quiénes son los Dabbawala?

Los dabbawala –también se puede escribir dabbawalla o dabbawallah– de Bombay son un grupo de 5000 personas que recogen comida casera, recién preparada, de los hogares de las afueras de la ciudad y se las llevan a los ejecutivos y oficinistas que están trabajando en el centro. Una vez el almuerzo ha sido consumido, devuelven las cajas o dabbas a la residencia de su cliente. Al día, mueven 200.000 recipientes metálicos de almuerzos. A esta comida o snack vespertino y, por extensión, a la tartera donde se transporta, se le denomina alternativamente “Tiffin”, palabra que proviene del inglés y de la influencia de este idioma en el slang de la India. Por ese motivo, estos repartidores también se hacen llamar “tiffin wallahs”.

Los hombres y mujeres que trabajan en Bombay no portan su comida con ellos no por comodidad, sino porque los trenes en los que acuden a sus lugares de trabajo circulan tan atestados, que es imprescindible llevar ambas manos libres para lograr subir al vagón. Además, estas personas pueden pasar una media de tres horas al día en los transportes públicos y generalmente no tienen tiempo ni de desayunar, por lo que ese almuerzo es su único sustento del día.

Para un dabbawala, lo que define la calidad de su trabajo es la rapidez y precisión con la que reparte los bidones. No pueden llegar tarde ni confundir un perol con otro. Estos repartidores consiguen no equivocarse nunca, a pesar de que un envase cambia de manos al menos seis veces durante cada trayecto, que lleva entre cuatro y cinco horas. Subidos en bicicletas, empujando carritos manuales y sobre los vagones de los trenes, los dabbawalas entregan las fiambreras a sus compañeros hasta que cada almuerzo alcanza su destino.

Los dabbawala no tienen posibilidad de jubilación, su edad media es de 52 años, y el empleo se hereda a lo largo de generaciones. Suelen ser personas de alfabetización escasa, la justa para distinguir las letras. A pesar de ello y del complicado intercambio que hemos descrito más arriba, se cuentan con los dedos de una mano los errores que han cometido de entre millones de entregas. Se trata de un negocio que tiene 140 años de antigüedad que ha sabido sobrevivir al aumento de las distancias de la ciudad y de la densidad de tráfico. Funciona con tal precisión que ha obtenido una certificación Sigma Seis de Forbes y ha sido estudiado por la Universidad de Harvard. Presumen de ser los mejores del mundo en gestión del tiempo, precisión y servicio al cliente.

¿En qué consiste la iniciativa solidaria?

Como indica el anuncio que se ve más arriba, mientras un millón seiscientas mil personas en Bombay disfrutan de sus almuerzos cada día, doscientos mil niños de las calles pasan hambre. De las cajas de comida que se reparten al día, 16 toneladas de alimentos resultan sobrantes. Hacer llegar esa remanencia a los más necesitados sin complicar un sistema que funciona a la perfección, pero no por falta de dificultades, es el reto que se propuso la ONG Happy Life Welfare Society, del cual nació la iniciativa Share My Dabba.

La agencia de publicidad McCann ayudó a diseñar una forma de intervenir en este sistema tan perfecto sin estropearlo. La solución la encontraron en unas pegatinas, sobre las que se puede leer “share” (compartir), con las que el cliente que quiera marca su portaviandas. La colaboración de The Dabbawala Foundation consiste en que, durante uno de los cambios de manos del trayecto de devolución, las dabbas o cajas que tienen la pegatina se vacían para aprovechar la comida, antes de que el recipiente continúe su viaje de vuelta a la vivienda de su dueño/a.

Gracias a la inmigración, atraída por prestigio y la pujanza económica de la ciudad, Bombay es un conglomerado de personas de diferentes orígenes étnicos y lingüísticos. Pero cuenta con numerosas barriadas de chabolas, que continúan extendiéndose por todas las zonas de la ciudad, y con una de las densidades de población más altas del mundo: 29.000 hab./km² de media, llegando a alcanzar los 400.000 hab./km² en la zona de Bhuleshwar. Con todo ello, podemos imaginar que el hambre y la pobreza son problemas acuciantes en toda la India y en concreto en esta ciudad de 14 millones y medio de habitantes. Es el motivo de que una iniciativa como Share my Dabba sea tan crucial.

Puesta en marcha de la idea

Voluntarios de la asociación recorrieron las oficinas, tiendas y mercados del sur de Bombay y del Crawford Market para repartir las pegatinas y hablar a los trabajadore de la idea de compartir su comida. Explicaron el funcionamiento del proceso, igualmente, a los destinatarios de la ayuda. Siempre que quieran abrir el trabajo a un barrio nuevo, deben comenzar de nuevo esta campaña en esa zona, dirigiéndose tanto a trabajadores como a niños. Pactar con los sindicatos de repartidores o dabbawallahs es otro de los obstáculos que han conseguido superar.

En un principio, las voluntarias se presentaron con platos y cubiertos de plástico en el primer punto de encuentro de los dabbawala, para vaciar rápidamente los contenedores de comida sin estorbar el proceso de devolución de los tiffins a sus propietarios. Pero pronto los niños comenzaron a aparecer donde se les indicó, con sus propios cacharros, y desde entonces, las voluntarias les sirven la comida directamente desde las dabba. En 15 minutos está completado el proceso de reparto de la comida, según indica Kanupriya Singh, vicepresidenta de Happy Life Welfare Society.

Singh también asegura que no se alimenta a los niños con sobras o restos. Las personas que deciden compartir lo que no han ingerido son gente humanitaria y por eso utilizan la etiqueta cuando entienden que la comida restante en sus recipientes resulta limpia y digna. Se desperdicia al día una cantidad atroz de alimentos y esta es una forma de evitar ese despilfarro.

La iniciativa Share My Dabba no solo me resulta muy bonita como gesto y por sus intenciones de ayudar a los más necesitados. Además, me ha admirado y sorprendido su funcionamiento y lo bien organizada que está. Proyectos como este son los que nos hacen pensar en un mundo mejor. Estoy segura de que conoces algún otro igual de admirable. Si quieres compartirlo con nosotros, adelante.

Imágenes extraídas del spot.

Aprovecha las sobras: nunca más tirar comida en Navidad

En estos días en que las reuniones son frecuentes y nos esforzamos por comprar los mejores productos, hay que estar más atentos que nunca a no tirar comida a la basura. No sólo se trata de llevarnos la comida que ha sobrado de un restaurante, como ya hemos comentado en alguna otra ocasión en la campaña #Nolotiro, a estas alturas lo damos por supuesto, sino de aprovechar esos productos de gran calidad que hemos comprado para nuestras celebraciones en casa. El sobrante de las cenas gourmet son los perfectos ingredientes para los platos del día siguiente.

Como anfitriona a la antigua usanza, me encanta recibir a mis invitados con un aperitivo, mientras llegan los más rezagados. Siempre tengo en cuenta que si pongo muchos aperitivos, la gente se llenará enseguida y cuando se sienten a la mesa, los platos volverán prácticamente llenos a la cocina, llenos de deliciosas viandas que van derechitas a la basura, así que a la hora de poner aperitivos con mesura, en su justa medida.

 

Aprovechando los restos del pollo asado

Vamos a dejar la modestia aparte para reconocer que mi consomé es el mejor del mundo. Y es que está hecho de restos: el cascarón del pollo de corral asado como base y voy  añadiendo esa zanahoria olvidada que por fuera está muy fea, pero que si la pelas está fenomenal, un tomate casi pocho, un resto de pimiento, que no se utilizó entero y ¡naturalmente! el agua de cocer las judías verdes y una cebolla y un ajo, al “porpor”, y verás caer las lágrimas de los comensales.

Además, una vez el pollo haya hecho su labor en la cocción del caldo, se puede limpiar bien todos los restos de la carne adheridos al hueso y picar con unas tijeras esas lonchitas de jamón que han quedado olvidadas en una fuente tras el aperitivo para hacer unas croquetas caseras de lujo. Una excelente receta de pollo asado a la naranja nos la da Lidia en sus recetas.

Aprovechamos la carne asada

 

Yo nunca corto todo el roast beef sino que calculo dos o tres rodajitas por persona, y para los que son de buen comer, hasta cuatro y no hay que olvidar que siempre se puede volver a la cocina y cortar un poco más. Al ser una carne que se queda reseca, es mejor no cortarla toda. En ocasiones podemos calcular mal y quedar mucha carne cortada que en seguida queda seca.

Pues una manera deliciosa de aprovecharla es ir mezclando con láminas finas de queso de sandwich, regarla con su propia salsa y después gratinarla al horno con queso rayado por encima. Si, aún vemos que es demasiada cantidad, la carne se puede congelar después de asada y se conserva en magníficas condiciones.

Además del roast beef esta receta es estupenda con el redondo de ternera y la aleta rellena, como la que nos muestra en su Blog La cocina de lechuza. Y las carnes utilizadas como relleno de tacos y burritos mejicanos son un clásico, como nos comentaba nuestro compañero Carlos Roberto, o unas buenas albóndigas mezclando varias carnes y una lata de paté…

Aprovechamos el pescado y las verduras

 

Hace poco os dábamos una receta de boullabaisse de Directo al Paladar a base de restos de pescados, un clásico de la cocina francesa, pero los españoles no nos quedamos atrás, el arroz caldero murciano que es capaz de resucitar a un muerto, nos levanta el ánimo y acepta cualquier pescado que le eches, siendo una delicia y una comida completa.

En cuanto a las verduras, se mezclan con todo. Una de mis favoritas desde que las probé son las que tienen sabor oriental. La salsa de soja, el teppanyaki o la salsa agridulce, mezcladas con unas verduritas al wok son un plato delicioso y muy saludable.

Todas esas verduritas de restos: pimientos, tomates, zanahorias, calabacines, ¡todas sirven!, cortadas en tiras, con una cebolla y un poquito de cayena son el sofrito ideal para la espectacular zarzuela de pescado y marisco que te sirven en muchos restaurantes de la Costa Brava. Los restos de los pescados rehogados en esas verduras, con unos mejillones y unas gambitas, al fuego lento…¡bocato di cardinale!

Postres maravillosos con piezas maduras

 

Muchas veces compramos de más o resulta que a los dos días de estar en casa, las piezas de fruta empiezan a ponerse feas y al abrirlas están medio pochas. estas piezas son las perfectas para los dulces de premio.

Los plátanos demasiado maduros son el relleno perfecto para las crepes de plátano con dulce de leche. Una receta buenísma y  fácil de hacer es la que nos sugiere Boca de fresa, que también utiliza crema de cacao para rematar. Empalagoso, pero un placer para el paladar.

Las más deliciosas compotas se preparan con manzanas a punto de ponerse malas, unas vueltas en un cazo con azúcar y estarán preparadas para untarlas en las tostadas del desayuno, y mermeladas caseras de ciruelas, fresas, (No sé vosotros pero yo siempre me dejo arrastrar por la oferta de la caja de dos kilos de fresas y los batidos y las mermeladas están a la orden del día durante la temporada de fresas).

Una manera muy buena para que las fresas se conserven más tiempo es meterlas en un tupper con vinagre, si, si, habéis leído bien, el vinagre hará que el sabor de las fresas sea más intenso y se conservarán más tiempo.

Con un poco de imaginación, comemos fenomenal…y aquí no se tira nada. ¿nos cuentas los trucos familiares para no tirar nada?

En Vive 0,0 | Cómo preparar roast beef a la mostaza con romero