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Me sumo: ¡Reciclando 760 latas se puede crear una bici!

Seguro que ya no queda nadie que no sepa que reciclar es importante. Cada día consumimos muchos materiales en un ritmo difícil de mantener tanto económica como ecológicamente, de modo que tenemos que procurar no solo reducir el número de residuos que generamos sino también hacer que los que produzcamos sean reciclados correctamente.

Y es que casi todos los materiales se pueden reciclar. Por eso el grupo Mahou-San Miguel ha lanzado la campaña Me Sumo, con la que se han propuesto reciclar el 100% de los residuos que generen en sus sedes y oficinas. Y aprovechando el original nombre de la campaña, ¿por qué no nos sumamos nosotros también y reciclamos todos los residuos que generemos?

Empecemos por la basura general. ¿Sabías que cada uno generamos un kilo diario de desperdicios? Afortunadamente, gran parte de ellos son orgánicos (restos de comida, peladuras de frutas y verduras…) que se degradan rápidamente y pueden ser aprovechados como compost, para abonar plantas. Pero la basura también puede servir para generar energía, gracias a las plantas de biogás: de esta forma, lo que antiguamente solo se enterraba hoy sirve para crear energía eléctrica limpia.

Reciclando a todo color

Empecemos a repasar los materiales que se reciclan por separado. En el contenedor amarillo tenemos los envases de plástico, tetrabricks y latas. Este contenedor nos acompaña desde hace unos años, y gracias a él se pueden crear nuevos envases de plástico o incluso pavimentos o textiles sintéticos. En cuanto a las latas de aluminio, son un material que puede reciclarse indefinidamente, por lo que simplemente con depositarlo en el contenedor adecuado, estaremos evitando que se tenga que extraer nuevo aluminio de la tierra. ¿Sabías que reciclando 760 latas se puede crear una bicicleta? Imagina la cantidad de bicicletas que conseguiríamos fabricar sin afectar a la naturaleza si todos los hogares de España reciclasen.

El vidrio también tiene la ventaja de poder reciclarse indefinidamente, así que no hay ninguna excusa para no depositarlo en el contenedor verde. Una botella tarda más de 4.000 años en degradarse por sí sola, pero con ese pequeño gesto podemos conseguir que en pocas semanas haya una botella completamente nueva disponible para ser llenada sin apenas consumir recursos naturales. Eso sí, recuerda que las tapas de plástico que acompañan a las botellas se deben apartar y reciclar con los demás plásticos.

En el contenedor azul encontramos el lugar donde depositar el papel. Y es que un papel o cartón que se eche a la basura estará más de cuatro años en un vertedero hasta que se degrade completamente, perdiendo además la oportunidad de convertirse en un nuevo embalaje, un periódico, papel reciclado… y teniendo que cortarse más árboles para ello.

 

Súmate en casa

Llevar a cabo la idea que nos proponíamos al principio no es tan complicado. Busca un pequeño espacio en casa para guardar las botellas de vidrio y el papel. Seguro que debajo del fregadero o donde tengas ahora tu cubo de basura puedes añadir uno para envases, y si en tu localidad se recoge aparte la basura orgánica, un espacio para ella. Reciclar es cuestión de coger el hábito: después ni te darás cuenta de que estás poniendo cada cosa en su lugar correspondiente. Y para que las cosas sean más fáciles, en la web de la campaña te puedes descargar una práctica guía en PDF para consultarla cuando lo necesites.

Por supuesto, hay un paso previo: antes de tirar nada, asegúrate de que no hay alguna forma de reutilizarlo. En Ciudadano 0,0 hemos visto ideas para convertir lo que ya no necesitamos en adornos de casa o incluso en disfraces para fiestas, y seguro que se te ocurren muchas más. Un bote de cristal que sirve para llevarte un puré al trabajo, una botella de plástico cortada en la que puedes guardar cables del ordenador… solo es cuestión de agudizar el ingenio: ahorrar dinero, tener objetos de diseño propio y que el 100% de los residuos que generemos se reciclen correctamente es mucho más fácil de lo que imaginas.

Fotos | epsos

En Ciudadano 0,0 | Cómo hacer disfraces reciclados

Menos envases, menos complicaciones

 

Desde que hace unos años comenzamos a separar la basura en el contenedor amarillo, me he hecho consciente de la cantidad de resíduos de envases que generamos cada semana. Y es que prácticamente todo lo que compramos hoy por hoy viene con su propio envase, ya sea de cartón, de plástico… o una combinación de muchos diferentes.

Está claro que el envase es una garantía de que el producto no ha sufrido manipulaciones desde su fabricación y lo protege. Por ejemplo, solemos criticar el aire que hay dentro de las bolsas de patatas fritas, pero tiene una finalidad muy concreta: conseguir que lleguen enteras hasta nuestra casa, sin convertirse en polvo con los golpes que pueden recibir por el camino, o por ejemplo, las latas y botellas hacen que los líquidos no sufran con la luz.

Demasiados envases

Sin embargo, muchas veces sospechamos que tiene una finalidad más bien decorativa, como impresionarnos o dar una imagen equivocada cuando comparamos productos en el súper. ¿Nunca te ha pasado de comprar algo, y al llegar a casa comenzar a desembalarlo, quitándole capas como si fuese una cebolla… y que se quede en mucho menos de lo que esperabas? Todos estos envases superfluos son un desperdicio de materiales, que se convierten automáticamente en más basura. Además, esto aumenta el precio de lo que compramos porque se necesitan más materias primas para fabricarlo y ocupa más espacio en los camiones de distribución.

Elegir productos con envases más pequeños tiene muchas ventajas. Cuanto menos nos separe de la comida o el producto que queremos comprar, más fácil nos será comprobar su calidad y si es eso lo que buscábamos exactamente, sin tener que fiarnos de los dibujos de la caja, que en muchos casos exageran sus cualidades con la excusa de la “sugerencia de presentación”. Y por supuesto, no tendremos un lío de plásticos, cajas de cartón, bandejas de corcho y fundas desechables a los diez minutos de llegar a casa.

Yo he decidido que cuando sea posible voy a comprar a granel, eligiendo yo mismo lo que me llevo. Así toco cada pieza de fruta que quiero, charlo con el carnicero que me recomienda la mejor pieza de carne para la receta que tengo en mente… y compro solo lo que necesito, ni más ni menos.

A mi casa siguen llegando envases, pero menos que antes… y con imaginación y buen gusto, a todos les encuentras una utilidad: los frascos de mermelada, para guardar legumbres; a las latas les hago agujeros por debajo y me sirven de macetas de diseño; y las cajas de cartón me sirven perfectamente para guardar trastos viejos en la buhardilla.

 

¿Qué podemos hacer? Las tres R

Las tres R son tres reglas para minimizar nuestro impacto en el ambiente muy fáciles de recordar: reducir, reciclar y reutilizar. En este caso, con los envases, podemos poner en marcha las tres:

Reducir: Cuantos menos envases, mejor. Cuando es posible, yo trato de comprar productos que no estén sobreenvasados y recurrir a la compra a granel.

Reciclar: Todos los envases son muy fáciles de reciclar, ya sean plásticos, vidrio o papel y cartón, hay un contenedor para cada uno de ellos.

Reutilizar: mucho mejor que reciclar, supone darle una nueva vida a los envases. Puede ser porque ya vengan destinados a ello (como los tarros de crema de chocolate que son vasos de cristal) o porque les busquemos nosotros la utilidad: yogures que nos sirven como tiestos para plantas aromáticas en la cocina, latas que se convierten en portalápices, botellas florero, tarros para semillas de nuestro huerto urbano… y miles de ejemplos más que circulan por internet o que puedes imaginar tú mismo.

Imágenes Flickr Creative Commons | theshmoopdeck y recorremundos