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Mercados rehabilitados, reinventando los mercados tradicionales sin perder su esencia

Los mercados han sido un eje y polo de atracción de las ciudades a lo largo de su historia. Con el auge de las grandes superficies, durante una época, perdieron parte de su razón de ser y muchos fueron desmantelados o cerrados. Por ejemplo, en Madrid, el mercado de Olavide, que ocupaba la parte central de la glorieta, fue demolido y ahora en su lugar se encuentra una agradable plaza, un espacio verde que viene muy bien al barrio de Chamberí. Otros mercados tradicionales, que sí han permanecido abiertos, han sufrido el azote del tiempo y no se conservan en las condiciones idóneas.

Mercados tradicionales

Por suerte, el hábito de comprar en mercados de barrio o en galerías de alimentación ha vuelto, gracias a nuevas costumbres y a filosofías como la del Slow food. Productos frescos adquiridos en puestos especializados y un trato más directo y humano son las ventajas principales, entre otras, que convierten hacer la compra en estos lugares en una experiencia más parecida a un paseo o una visita que a una obligación. Si tú también sientes que estás a gusto con ideas como esta, eres de los nuestros y te merece la pena apuntarte a nuestra Newsletter.

El ejemplo quizá más canónico de este tipo de mercados es el de de Sant Josep, en la famosa Rambla de Barcelona, popularmente conocido como el Mercat de la Boquería, donde aún perviven los puestos tradicionales junto a locales muy animados con un espíritu más actual.

Mercados de barrio

Mercados tradicionales rehabilitados

Algunos de estos mercados típicos se albergan en edificios de estética envidiable, tanto por dentro como por fuera. Semejantes a fábricas decimonónicas o a estaciones ferroviarias, muchos están recubiertos de ladrillo y cuenta con techos altos y acristalados, sujetos gracias a una estructura metálica. En muchas ciudades estos inmuebles se han rehabilitado con muy buen gusto y gran acierto. El Mercado de Colón, en Valencia y el Mercado Central, en Zaragoza, son ejemplos perfectos de este tipo de edificio de ladrillo con techos acristalados y ambos, así como otros en muchas más ciudades, han sido rehabilitados recientemente. En Madrid, el de San Miguel fue uno de los primeros en sufrir un lavado de cara muy favorecedor.

Además de que los edificios han sido remozados, a varios de estos mercados se les ha dado una nueva vida, pues se han enfocado con una visión nueva. La oferta ha cambiado y, en algunos de ellos, en lugar de los productos de la compra diaria, se ofrecen especialidades para gourmets o alimentos cosechados de forma ecológica y natural. El mercado se reinventa y especializa e internacionaliza su oferta, buscando dar a los ciudadanos algo que no ofrecen grandes superficies, pero sin perder su esencia de cercanía y atención personalizada.

Mercados típicos

Los mercados como espacios para estar

Otra gran novedad es que los mercados ya no son sitios de paso, sino que resultan tan acogedores que invitan a quedarse, degustar allí los productos, acompañándolos, por qué no, de unas cervezas sin alcohol San Miguel 0,0%. Algunos de los puestos de estos mercados ofrecen la posibilidad al comprador de que elija sus productos y se los cocinen ante sus ojos.

Es tal el cambio de perspectiva con respecto a los mercados, que estos ofrecen incluso actividades culturales. En el mercado de San Fernando, en Lavapiés, Madrid, se han hecho presentaciones de libros y lecturas de poesía. Otros lo que han brindado son talleres para aprender a aprovechar la comida.

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Existe un tipo de mercados llamado pop-up porque aparecen en un momento concreto, siguiendo un calendario o una convocatoria única, y luego se recogen. Muchas veces estos mercados ocasionales también se ubican en lugares de espléndida arquitectura. En Madrid, el Mercado de Motores estuvo en la nave de motores del Metro y ahora ha pasado a celebrarse en el Museo del Ferrocarril, ambos espacios de belleza muy notoria, también en un estilo industrial como el que comentábamos. Es frecuente también el Pop-Up Market que se celebra en el edificio Hannax, en Valencia. Lo que se vende en este tipo de ocasiones suele ser arte de diseñadores, tanto en ropa como en objetos decorativos o regalos y curiosidades. Pasear por cualquiera de ellos, aunque no se tenga intención de comprar, resulta muy agradable.

Espacios reconvertidos y dotados de nuevos usos

El Mercado del Born, en Barcelona, se ha convertido en Born Centro Cultural (Born CC). El Antiguo Mercado del Pescado, en Zaragoza, ahora es el Teatro del Mercado. Pero no solo los mercados han cobrado una nueva vida gracias a rehabilitaciones o nuevas intervenciones arquitectónicas, también existen edificios que ya no serán usados nunca para su propósito inicial que han vivido transformaciones. Estos lugares, como el Matadero, en Madrid –que alberga algunos mercados pop-up—, o S’Escorxador, en Palma de Mallorca, en este momento brindan a los habitantes una amplia oferta de ocio y de cultura.

Mercat de Sant Antoni

La tendencia que relatamos es relativamente reciente y, por ello, está todavía incipiente. Existen proyectos para hacer este tipo de reconversiones con muchos más mercados. Por ejemplo, el de Mostenses, de Madrid, está en mente de muchas personas, ya que ocupa un espacio valioso en una zona muy céntrica (justo detrás de Gran Vía), pero sin aportar el glamour o la forma de vida que permitiría un mercado como los mencionados. El Mercat de Sant Antoni, en Barcelona, mítico mercado para comprar colecciones y objetos buscados, se encuentra temporalmente realojado en unas carpas del Carrer del Comte d’Urgell, mientras se reforma su precioso edificio de 1882, que reabrirá en 2016.

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Gracias a estos cambios, las ciudades se convierten en lugares más agradables y con más cosas para hacer. Se permite el acceso a áreas que permanecían clausuradas y se dota de vida a zonas que podrían echarse a perder o convertirse en focos de suciedad. La opción de comprar en lugares tan agradables es una costumbre muy internacional, pues ya sabemos que en otras ciudades de Europa los mercados de este tipo son una atracción desde siempre. Por ejemplo, Covent Garden, en Londres, lugar retratado en multitud de obras literarias y audiovisuales, o Les Halles, en París, que también está viviendo en la actualidad una importante reforma.

¿Sueles hacer la compra en un mercado o galería? ¿Y para pasar un rato los fines de semana: te gusta moverte por los mercados rehabilitados?

Fotografías | Sergio Ski, Wikimedia, Jaume Meneses, Peter Krasznai, Jaume Meneses (2) y Nicolasiba.

En los mercados nos enseñan que la comida no se tira

 

Hoy queremos comentaros una iniciativa que se ha puesto en marcha en los Mercados de Barcelona y que durará hasta el próximo 16 de marzo, muy acorde con nuestra filosofía Nolotiro de aprovechar toda la comida, para evitar que termine en la basura.

Talleres gratuitos en los Mercados de Barcelona

Teniendo en cuenta que gran parte de los alimentos que se desperdician cada día provienen de los hogares, el departamento de Gestión de Residuos del Área de Medio Ambiente y Servicios Urbanos del Ayuntamiento de Barcelona ha creado la campaña La comida no se tira con la que concienciar y dar pautas a los ciudadanos para evitar que esto ocurra.

Si estáis en la Ciudad Condal o tenéis previsto visitarla en breve, podréis acceder a los talleres que se organizan en muchos de sus mercados para aprender a planificar las compras, reducir residuos y practicar recetas de aprovechamiento. Son completamente gratuitos, se realizan los sábados por la mañana y no necesitan inscripción previa. Podéis consultar más detalles en la web de los Mercados de Barcelona.

Además se incluyen acciones teatralizadas para de una forma entretenida darnos cuenta de que actos nos hacen ser más o menos organizados cuando vamos a comprar.

 

Todos podemos aprovechar mejor la comida

Más allá de esta iniciativa, no desperdiciar alimentos está al alcance de todos, a los Ciudadanos 0,0 nos gusta tenerlo siempre presente, por eso desde aquí también proponemos pautas para comprar en la justa medida, trucos para sacar el máximo partido a la comida y la utilización de las cajas Nolotiro, cada vez disponibles en más restaurantes, con las que podemos llevarnos lo que nos ha sobrado de un almuerzo o una cena a casa y utilizarlo después en alguna de nuestras recetas de aprovechamiento.

En la web de Medio Ambiente Bcn también hemos encontrado ideas muy prácticas como utilizar los tomates que están muy maduros para preparar sofritos, las sobras de patata hervida para espesar caldos y sopas, o aprovechar las pieles de naranjas o limones para aromatizar postres y tés.

También tienen propuestas originales como congelar el agua de cocer marisco en cubitos para después dar sabor a las cremas de pescado y los arroces o usar el aceite de oliva de las anchoas en conserva para preparar vinagretas ¡Quedan de lo más sabrosas!

 

Pero seguro que si nos acercamos al mercado de nuestro barrio nos dan igualmente un montón de buenos consejos para cocinar, ahorrar y no desperdiciar comida. Como llevan haciendo toda la vida.

Pocos lugares se prestan tanto a la conversación y a compartir conocimientos culinarios como los puestos de los mercados, aunque aquí también nos encantará descubrir vuestros trucos para no tener que tirar comida ¿Nos los contáis?

Fotos | marimbajlamesa | Leszek.Leszczynski | robertpaulyoung

El placer de una mañana en el mercado

Una de las mejores formas de conocer una ciudad es visitar alguno de sus mercados. Como turista, como vecino de barrio, como habitante que se acaba de mudar… me encanta explorar, tanto las diferencias como las coincidencias, y disfrutar del ambiente que transmiten en el que, muchas veces, parece que se ha detenido el tiempo.

Hay mercados solemnes en arquitectura y contenido, repletos de exotismo, delicatessen y artículos gourmet, otros humildes en los que apenas quedan cuatro o cinco puestos pero en los que siempre se encuentran alimentos frescos y de temporada a buen precio. Mercados con cafetería, con bar de tapas, reformados, antiguos, céntricos, escondidos, ordenados por mercancía o clasificados en el caos.

Todos me gustan, desde que era una niña y mientras mi madre hacía la compra me perdía por los pasillos del mercado de mi barrio a descubrir olores, colores, ruidos o incluso sabores cuando algún tendero me daba a probar alguna galleta, un trozo de queso o un aceituna aliñada.

Mercado verduras

 

Productos con calidad y origen

 Mercado fruta

Cuando te detienes a observar te das cuenta que no hay dos mercados iguales, aunque todos consiguen transmitirme, incluso en el extranjero, la agradable sensación de estar como en casa. Por eso, y por la calidad de sus productos, al menos una mañana a la semana la reservo para visitar con tranquilidad el mercado central de mi ciudad y hacer la compra más saludable y fresca.

Me gusta sobre todo aprovechar para comprar hortalizas, frutas y verduras de la zona o alrededores. Algunas paradas anuncian en los carteles la procedencia, otras veces hay que preguntar al vendedor, pero en ambos casos es una buena forma de asegurarse sabor y nutrientes en el plato y de conocer un poco más la agricultura de la región.

Un ambiente que no sabe de prisas

 Mercado de la Boquería

Con mi carro y mi lista de cosas que no puedo olvidar recorro la instalación con calma, mirando los rótulos, escuchando las ofertas (que a veces se cantan a voces) y comparando qué vendedor tiene hoy los mejores tomates o si me interesa más el tres por dos de melones o de sandías.

Prefiero no tener que hacer excesiva cola, pero sí me gusta encontrar al menos tres o cuatro personas para poder hacer la pregunta de toda la vida ¿Quién es el último? y que mientras espero mi turno surjan pequeñas conversaciones, salpicadas de guasa la mayor parte de las veces, que al final consiguen que vuelva a casa siempre con algo que contar y una sonrisa.

Eso difícilmente me pasa cuando voy al super, entre estanterías, cámaras frigoríficas o productos envasados. Lo mejor del mercado es que es de los pocos comercios que conserva la alegría y el contacto con la gente. Debe ser por eso que yo, curiosa empedernida de todo lo que me rodea (incluidas las personas) me lo paso tan bien en la mañana que le dedico. Además mi bolsillo, mi nevera, mi paladar y mi estómago ¡Cómo lo agradecen!