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El Nolotiro aplicado al material de oficina casero

Para los Ciudadanos 0,0 uno de los preceptos más importantes está relacionado con el ahorro, pero no solo con la reducción de gastos, sino con lo que me parece más importante: evitar el despilfarro, evitar el consumo innecesario y el desperdicio de lo que tiene un valor. Hablamos de la Filosofía Nolotiro, un concepto que nació para aprovechar lo sobrante en los restaurantes, pero que se puede aplicar a mucho más.

Estuvimos repasando algunos truquillos para no tirar ni una gota de los productos de higiene y belleza. Ahora podemos ver cómo asociar esta mentalización al material de oficina.

Ya hablamos de lo que puede ahorrar cada uno de nosotros en su trabajo y lo que gastan las empresas. En este caso, nos centraremos en el material informático y de papelería que empleamos en casa y no necesariamente para trabajar los que somos freelances, sino para utilidades domésticas inevitables.

 

Ahorramos dinero, espacio y producimos menos desperdicios

Vimos que la informatización y la comunicación online suponían un ahorro, pilar fundamental ideológico de las Smart Cities. Documentación tramitada a través de Internet, gestiones que no necesitan desplazamientos… como vimos, se ahorrará papel, se economizará en combustible y se despejarán ligeramente las calles de nuestras ciudades.

Desde que los archivos se pueden almacenar como ceros y unos, hace ya décadas que no es necesario tanto papel, pero también desde hace poco, gracias a discos duros físicos o virtuales y a la posibilidad de compartir documentos “en la nube”, también se elimina considerablemente la necesidad de quemar CDs o DVDs. Esto nos ahorra a nosotros dinero y espacio y nos ofrece una mayor fiabilidad para nuestros back-ups, pero al planeta también le evita acumular residuos dañinos.

Hay muchos otros consejos para ahorrar en casa y evitar producir más residuos de los imprescindibles.

Los bancos y las entidades que emiten facturas de lo que pagamos ofrecen, cada vez más, la posibilidad de consultar esos documentos en línea para evitar el gasto en papel y también los envíos por la cuidad. De hecho, puede ser hasta más seguro, ya que no habrá riesgo de que nuestros documentos lleguen por error a un buzón ajeno. Si hablamos con las entidades de gestión y con nuestros proveedores, podemos solicitar estas facturas y extractos virtuales y acabar con la recepción de ese correo tan triste que últimamente supera en número con creces a las cartas y las tarjetas personales.

 

Papel y tinta

Muchas de las posibilidades de ahorro pasan por cambiar nuestra mentalidad o adaptarnos mejor a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, mi padre, que no es muy ducho en el tema informático, coleccionaba fichas de información descargada de Internet y se las iba imprimiendo para guardarlas en una carpeta. Al principio, le decíamos que no hacía falta imprimir nada porque esos datos siempre estarían ahí cuando quisiese consultarlos, pero no se convencía. Finalmente, cuando le regalaron una tableta y se acostumbró a su uso, él mismo vio que no necesitaba imprimir y que le resultaba mucho más cómodo manejar únicamente el aparatito en lugar de tanta carpeta y tanto papel.

Desde hace décadas, se puede leer en el monitor del ordenador, por lo que se podían evitar muchas impresiones. Pero no todas, pues era imprescindible la copia en papel para consultar ese documento fuera de casa o de la oficina. En los últimos años, disponemos además de tabletas, libros electrónicos y de móviles de gran tamaño que nos permiten leer sin necesidad de encontrarnos ante el ordenador. Al mismo tiempo, la tecnología ha desarrollado las pantallas pensando también en esta función y ya no cansan la vista ni hacen el daño a los ojos que antes justificaba la impresión a papel.

A pesar de todo ello, en algunas ocasiones, nos vemos obligados a imprimir, por ejemplo, una entrada de cine o de un concierto, un billete de avión o de tren, un cupón de descuento… Los códigos QR lo evitan en muchas ocasiones, pero no siempre están disponibles.

Cuando no me queda más remedio que llevar la copia impresa, tengo claros, al menos, dos truquillos: reutilizar papel usado, que voy acumulando en un estante bajo la impresora, y que imprimo por la otra cara. Pero, sobre todo, no imprmir nunca colores. La escala de grises es mi amiga. En ningún sitio me van a exigir que el documento esté en color para acceder, pues en realidad, lo único que necesitan es escanear el código de barras. Lo que hay alrededor y que no forma parte de tu entrada o billete es lo que más color suele tener.

 

La tinta puede ser a día de hoy el consumible más costoso de nuestra oficina doméstica, por eso yo procuro usarla lo menos posible. Suelen recomendar que cambiemos todos los cartuchos a la vez cuando solo se ha agotado uno. Pero, aplicando el Nolotiro a la tinta de impresora, he comprobado que se aguanta con un cartucho de color casi vacío durante mucho tiempo si se va cambiando solo el de tinta negra. La filosofía es no tirar lo que aún se puede aprovechar.

Impresoras ecológicas

La tinta es cara, el tóner es contaminante… los fabricantes de impresoras son conscientes y están comenzando a revolucionar este mundillo. La Tanning Printer es una impresora que no utiliza tinta, sino que “broncea” el papel; y, además, funciona con energía solar. La impresora Reenks elimina también el cartucho y en su lugar tira de recambios de bolígrafo. La Pencil Printer lo que hace es reutilizar el grafito de los lápices para usarlo en lugar de tinta y también emplea las gomas para corregir errores. La Riti Printer dicen que imprime gracias a los residuos del café y del té. Las impresoras capaces de borrar el papel para reutilizarlo forman parte del futuro inmediato. La Berg-Little Printer es una simpática mini-impresora termal, que no utiliza tinta y que, manejada desde el móvil, sirve para imprimir noticias de Internet, listados de cosas, etc…

 

Material de oficina de siempre

Quizá no seamos muy conscientes de ello, pero ha ocurrido algo en los últimos tiempos en todas las casas: el consumo de lápices, borradores, bolígrafos, libretas… ha disminuido. Para eso no nos ha hecho falta concienciarnos, sino que estos productos han ido cayendo por su propio peso. Lo que teníamos antes que apuntar sobre hojas, ahora puede ir a tablas o documentos de ordenador. Las agendas se sustituyen por calendarios online, que modificamos con absoluta comodidad. El material de papelería, por lo tanto, se han convertido en objetos de regalo y de decoración.

Aún así, hay veces en las que utilizamos cuadernos o libretas. La contrapartida que suelen tener estos para aprovecharlos al máximo es que, si somos organizados, querremos que sean temáticos, es decir, que llevaremos una libreta para cada cosa. Por ejemplo, para tomar los apuntes de un curso al que asistimos, para hacer anotaciones periódicas… Lo más probable, entonces, es que al final nos sobren páginas. Lo que suelo hacer es empezar de nuevo la libreta por la parte de atrás, invirtiendo la verticalidad y considerando la contraportada una nueva portada. Otra opción es retirar con un cutter las páginas y o bien reutilizarlas como hojas sueltas o volverlas a encuadernar con un canutillo o espiral.

 

Son muchísimas las cosas que se pueden hacer para ahorrar un poco en materiales y consumibles. Tal vez en lo económico no notemos más que una pequeña disminución del gasto, pero lo que seguro que conseguiremos es disminuir la necesidad de espacio de almacenamiento –cosa hoy en día tan valiosa como el tiempo y el dinero– y reducir considerablemente la producción de desechos. Seguro que vosotros tenéis algunos truquillos como los que os he recomendado de la escala de grises o de comenzar una libreta por detrás. ¿Os gustaría compartirlos con todos los lectores?

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