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¿Sabes que tu móvil puede ahorrar gasolina?

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Las apps verdes o aplicaciones ecológicas son una de las utilidades más gratificantes que podemos extraer de nuestros teléfonos inteligentes. Hemos hablado ya de lo que nos pueden ayudar para ahorrar en energía en casa y para saber dónde reciclar cada tipo de residuo. Ahora vamos a ver aplicaciones para ahorrar gasolina que nos ayudarán a consumir menos combustible con nuestros vehículos.

La disminución del gasto en combustible con el coche no solo será una gran noticia para nuestro bolsillo, especialmente si viajamos mucho o nuestro trabajo nos obliga a desplazarnos muchos kilómetros cada mañana y cada tarde por poco que nos guste. También supondrá una forma de ayudar al planeta, disminuyendo las emisiones a las que lo sometemos. Hemos hablado mucho de movernos en bici y en transporte público, pero hay personas que tienen el lugar de trabajo tan lejos de su residencia que puede no ser opción. Y, de todas formas, para los viajes largos, aunque sean ocasionales, nos resultará satisfactorio saber que hemos consumido menos combustible.

Aplicaciones para ahorrar gasolina

Para optimizar nuestra conducción existen útiles apps, como EcoSpeed, cuyo objetivo es informar sobre las formas más eficientes de conducción para consumir menos gasolina. Green Meter, gracias al acelerómetro del iPhone avisa, por ejemplo, cuando se está pisando demasiado el acelerador. Las apps o aplicaciones Fuel Calculator (para Android) y Trip Fuel Calculator (para IOS) son algunas de las que calculan la cantidad de combustible que se consume en una ruta determinada. Gasolina Stat, para Android, te informa de lo que gastas y ahorras en combustible.

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La cuestión ecológica también está cubierta por el mercado de aplicaciones para móviles. Carbon Track y Ecorio calculan el dióxido de carbono que dejan actividades tales como realizar un trayecto determinado en coche y proponiendo rutas alternativas en transporte público.

Estos son solo algunos de los múltiples ejemplos de aplicaciones para Smart Phones para ahorrar combustible. Algunas de ellas tal vez ya las conozcas, pero puede que otras te vengan bien. Si tenías ya alguna de ellas como favorita, nos encantará que nos comentes qué es lo que más te gusta de sus uso y sus utilidades.

Aplicaciones para conocer el tráfico y el estado de las carreteras

No solo lo que tú hagas influirá en tu gasto, también lo que hagan los demás y ocurra a tu alrededor. Por ello, será interesante conocer el estado de las carreteras, la fluidez del tránsito en las calles para elegir la mejor ruta o la más despejada, que no tiene por qué ser la más breve, etc… Para ello, contamos con RACC Infotransit, una completa web que te informa de todo, incluyendo incidencias de tráfico, y existe en modo app para teléfonos inteligentes.

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La propia DGT tiene una app para iPhone y Android, con la que podrás guardar tus rutas más utilizadas para conocer las incidencias que existan en la carretera, además de acceder a las cámaras oficiales de tráfico, localización de radares y a la información de tráfico siempre que lo desees.

Waze, para Android, es otra aplicación que nos informará de todo lo que ocurra en nuestra ruta, como accidentes, incidencias… para allanarnos el camino. Tanto es así que la anuncian como una app pensada para que conduzcamos felices. Se organiza de modo social, así que la información que obtenemos es la que suben otros usuarios y, por supuesto, tú también puedes contribuir.

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Las formas de conducir que menos gastan

La forma de conducir cualquier tipo de coche puede cambiar mucho el gasto que hacemos y para evaluar bien cómo desempeñamos esta función todas las aplicaciones mencionadas nos pueden ayudar muchísimo. Muchas son las cosas que podemos tener en cuenta, como la velocidad media. Los acelerones bruscos gastarán mucho combustible, mientras que una velocidad estable, aunque sea elevada, se mantendrá sin dificultad e incluso apenas sin gasto en las pendientes favorables. El controlador de velocidad, que ahora se va incorporando cada vez en más modelos, nos sirve para largos tramos de autovía o autopista. Dejándolo activado y sin tocar el acelerador es como menos consumiremos, pudiendo añadirle a un mismo depósito entre 50 y 100 kms. extra.

Lo que supone un ahorro en kilómetros no tiene por qué suponer necesariamente un ahorro en combustible. Por ejemplo, ya sabemos lo que ocurre con los atajos: quizá sea una ruta más corta, pero la diferencia de dificultad del terreno, la imposibilidad de adelantar de algunas carreteras secundarias y los límites de velocidad harán que tardemos más y que nuestro motor sea menos eficiente. Por ello, algunas veces compensará más el rodeo, incluso aunque haya que pagar un peaje –dependerá en concreto de cada tramo y de cada costo del impuesto–.

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De la misma forma que caemos en la trampa de tratar de atajar, podemos dejarnos llevar por habladurías sobre supuestas formas de ahorro que, al final, son todo lo contrario. Una de ellas es el mito del punto muerto. Cualquier coche con inyección electrónica –ya sea gasolina o diesel– consume más en punto muerto que moviéndose por inercia con una marcha metida, sin pisar el acelerador. En una cuesta abajo, por tanto, lo ideal para gastar poco es aprovechar la inercia del vehículo, pero siempre con una marcha seleccionada.

¿Conocías ya todos estos consejos y estas aplicaciones? Si los has puesto en práctica, cuéntanos cuál es el que mejor te ha venido o el que no consigues que te resulte efectivo, por mucho que pruebes. Si sabes de otros truquitos que no hemos mencionado por aquí, nos encantará que los compartas con nosotros y con los lectores.

Fotografías | Wired, Motor Pasión, 2BPBlogspot, Sean McEntee, The Tire Zoo.

El Nolotiro aplicado al material de oficina casero

Para los Ciudadanos 0,0 uno de los preceptos más importantes está relacionado con el ahorro, pero no solo con la reducción de gastos, sino con lo que me parece más importante: evitar el despilfarro, evitar el consumo innecesario y el desperdicio de lo que tiene un valor. Hablamos de la Filosofía Nolotiro, un concepto que nació para aprovechar lo sobrante en los restaurantes, pero que se puede aplicar a mucho más.

Estuvimos repasando algunos truquillos para no tirar ni una gota de los productos de higiene y belleza. Ahora podemos ver cómo asociar esta mentalización al material de oficina.

Ya hablamos de lo que puede ahorrar cada uno de nosotros en su trabajo y lo que gastan las empresas. En este caso, nos centraremos en el material informático y de papelería que empleamos en casa y no necesariamente para trabajar los que somos freelances, sino para utilidades domésticas inevitables.

 

Ahorramos dinero, espacio y producimos menos desperdicios

Vimos que la informatización y la comunicación online suponían un ahorro, pilar fundamental ideológico de las Smart Cities. Documentación tramitada a través de Internet, gestiones que no necesitan desplazamientos… como vimos, se ahorrará papel, se economizará en combustible y se despejarán ligeramente las calles de nuestras ciudades.

Desde que los archivos se pueden almacenar como ceros y unos, hace ya décadas que no es necesario tanto papel, pero también desde hace poco, gracias a discos duros físicos o virtuales y a la posibilidad de compartir documentos “en la nube”, también se elimina considerablemente la necesidad de quemar CDs o DVDs. Esto nos ahorra a nosotros dinero y espacio y nos ofrece una mayor fiabilidad para nuestros back-ups, pero al planeta también le evita acumular residuos dañinos.

Hay muchos otros consejos para ahorrar en casa y evitar producir más residuos de los imprescindibles.

Los bancos y las entidades que emiten facturas de lo que pagamos ofrecen, cada vez más, la posibilidad de consultar esos documentos en línea para evitar el gasto en papel y también los envíos por la cuidad. De hecho, puede ser hasta más seguro, ya que no habrá riesgo de que nuestros documentos lleguen por error a un buzón ajeno. Si hablamos con las entidades de gestión y con nuestros proveedores, podemos solicitar estas facturas y extractos virtuales y acabar con la recepción de ese correo tan triste que últimamente supera en número con creces a las cartas y las tarjetas personales.

 

Papel y tinta

Muchas de las posibilidades de ahorro pasan por cambiar nuestra mentalidad o adaptarnos mejor a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, mi padre, que no es muy ducho en el tema informático, coleccionaba fichas de información descargada de Internet y se las iba imprimiendo para guardarlas en una carpeta. Al principio, le decíamos que no hacía falta imprimir nada porque esos datos siempre estarían ahí cuando quisiese consultarlos, pero no se convencía. Finalmente, cuando le regalaron una tableta y se acostumbró a su uso, él mismo vio que no necesitaba imprimir y que le resultaba mucho más cómodo manejar únicamente el aparatito en lugar de tanta carpeta y tanto papel.

Desde hace décadas, se puede leer en el monitor del ordenador, por lo que se podían evitar muchas impresiones. Pero no todas, pues era imprescindible la copia en papel para consultar ese documento fuera de casa o de la oficina. En los últimos años, disponemos además de tabletas, libros electrónicos y de móviles de gran tamaño que nos permiten leer sin necesidad de encontrarnos ante el ordenador. Al mismo tiempo, la tecnología ha desarrollado las pantallas pensando también en esta función y ya no cansan la vista ni hacen el daño a los ojos que antes justificaba la impresión a papel.

A pesar de todo ello, en algunas ocasiones, nos vemos obligados a imprimir, por ejemplo, una entrada de cine o de un concierto, un billete de avión o de tren, un cupón de descuento… Los códigos QR lo evitan en muchas ocasiones, pero no siempre están disponibles.

Cuando no me queda más remedio que llevar la copia impresa, tengo claros, al menos, dos truquillos: reutilizar papel usado, que voy acumulando en un estante bajo la impresora, y que imprimo por la otra cara. Pero, sobre todo, no imprmir nunca colores. La escala de grises es mi amiga. En ningún sitio me van a exigir que el documento esté en color para acceder, pues en realidad, lo único que necesitan es escanear el código de barras. Lo que hay alrededor y que no forma parte de tu entrada o billete es lo que más color suele tener.

 

La tinta puede ser a día de hoy el consumible más costoso de nuestra oficina doméstica, por eso yo procuro usarla lo menos posible. Suelen recomendar que cambiemos todos los cartuchos a la vez cuando solo se ha agotado uno. Pero, aplicando el Nolotiro a la tinta de impresora, he comprobado que se aguanta con un cartucho de color casi vacío durante mucho tiempo si se va cambiando solo el de tinta negra. La filosofía es no tirar lo que aún se puede aprovechar.

Impresoras ecológicas

La tinta es cara, el tóner es contaminante… los fabricantes de impresoras son conscientes y están comenzando a revolucionar este mundillo. La Tanning Printer es una impresora que no utiliza tinta, sino que “broncea” el papel; y, además, funciona con energía solar. La impresora Reenks elimina también el cartucho y en su lugar tira de recambios de bolígrafo. La Pencil Printer lo que hace es reutilizar el grafito de los lápices para usarlo en lugar de tinta y también emplea las gomas para corregir errores. La Riti Printer dicen que imprime gracias a los residuos del café y del té. Las impresoras capaces de borrar el papel para reutilizarlo forman parte del futuro inmediato. La Berg-Little Printer es una simpática mini-impresora termal, que no utiliza tinta y que, manejada desde el móvil, sirve para imprimir noticias de Internet, listados de cosas, etc…

 

Material de oficina de siempre

Quizá no seamos muy conscientes de ello, pero ha ocurrido algo en los últimos tiempos en todas las casas: el consumo de lápices, borradores, bolígrafos, libretas… ha disminuido. Para eso no nos ha hecho falta concienciarnos, sino que estos productos han ido cayendo por su propio peso. Lo que teníamos antes que apuntar sobre hojas, ahora puede ir a tablas o documentos de ordenador. Las agendas se sustituyen por calendarios online, que modificamos con absoluta comodidad. El material de papelería, por lo tanto, se han convertido en objetos de regalo y de decoración.

Aún así, hay veces en las que utilizamos cuadernos o libretas. La contrapartida que suelen tener estos para aprovecharlos al máximo es que, si somos organizados, querremos que sean temáticos, es decir, que llevaremos una libreta para cada cosa. Por ejemplo, para tomar los apuntes de un curso al que asistimos, para hacer anotaciones periódicas… Lo más probable, entonces, es que al final nos sobren páginas. Lo que suelo hacer es empezar de nuevo la libreta por la parte de atrás, invirtiendo la verticalidad y considerando la contraportada una nueva portada. Otra opción es retirar con un cutter las páginas y o bien reutilizarlas como hojas sueltas o volverlas a encuadernar con un canutillo o espiral.

 

Son muchísimas las cosas que se pueden hacer para ahorrar un poco en materiales y consumibles. Tal vez en lo económico no notemos más que una pequeña disminución del gasto, pero lo que seguro que conseguiremos es disminuir la necesidad de espacio de almacenamiento –cosa hoy en día tan valiosa como el tiempo y el dinero– y reducir considerablemente la producción de desechos. Seguro que vosotros tenéis algunos truquillos como los que os he recomendado de la escala de grises o de comenzar una libreta por detrás. ¿Os gustaría compartirlos con todos los lectores?

En Vive00 | La bicicleta en las smart cities

Voy caminando a mi trabajo y empiezo la jornada con energía


Hemos hablado en varios artículos de Ciudadano 0,0 de la opción de caminar: se ha visto como una de las posibilidades de la movilidad sostenible y hemos repasado lo que una ciudad ofrece para que seamos peatones. Pronto lo contemplaremos como un posible deporte tranquilo para quien no debe esforzarse demasiado.

Lo que os cuento en esta nueva entrada intento que complemente lo que ya se ha publicado: cómo me puse como meta caminar hasta mis obligaciones incluso aunque, a priori, la distancia me pareciese excesiva. Algo que seguro que casi todos podéis proponeros.

Las distancias son relativas

Habitualmente, se considera que tenemos las obligaciones a tiro de piedra, es decir, a una distancia lo bastante corta como para ir andando, si tardamos en llegar un cuarto de hora o quizá veinte minutos. Si nuestro lugar de trabajo o estudios, la guardería de los niños o los sitios por los que nos gusta movernos se encuentran tan cerca de nuestra residencia como para ir a pie, nos podemos considerar unos privilegiados.

Lo que ocurre es que no todo el mundo gozará de la misma suerte. Pero, con un esfuerzo mínimo, seremos capaces de cambiar esta mentalidad y de darnos cuenta de que las distancias de media hora o incluso cuarenta minutos también son caminables.

Ese recorrido que se nos antojaba excesivo para hacerlo andando, poco a poco, nos irá pareciendo más corto. Basta con que nos pongamos un poco en forma. Mientras no estemos hablando de desplazarse a las afueras o de cruzarse la ciudad de cabo a rabo, será posible.

Lo mejor es ir paso a paso –que por algo hablamos de andar–. Nos planteamos comenzar bajándonos una parada de metro o de autobús antes de la más cercana a nuestro lugar de trabajo o montándonos una más allá de la que tenemos junto a casa. El siguiente paso –que supondrá un gran número de pasos– será caminar hasta el transbordo. Pasados unos días, no nos costará nada hacerlo todo a pie en la ida o en la vuelta. Al cabo de un tiempo, hasta agradeceremos la oportunidad de caminar ese rato y querremos hacerlo en ambos sentidos, cada mañana y cada tarde.

Esta opción está claro que es más económica y más ecológica. Pero lo que nos importa es que es, al mismo tiempo, la más agradable y saludable. Esos minutos extra de madrugar se compensarán con la posibilidad de dar un paseo y de evitar el enfado de los atascos o los codazos de las aglomeraciones.

Un esfuerzo mínimo

Decía que era necesario que nos pusiésemos un poco en forma. Pero realmente poco. Muchas personas acuden a sus obligaciones en su vehículo para luego dedicar su tiempo libre a hacer un deporte que ni les apetece, se obligan a hacerlo. Proponemos aunar ambas cosas y sustituir esos momentos en los que nos forzamos a hacer ejercicio por algo que a nadie le cuesta un esfuerzo exagerado, como es el caminar.

A muchas personas, especialmente mayores, que no suelen hacer ejercicio, los médicos les recomiendan caminar. A pesar de lo fácil que parece incorporar este hábito al día a día, no son pocas las que no terminan de encontrar el momento de hacerlo y, tras irlo dejando y dejando, acaban por no hacer nada. Si el caminar se convirtiese en nuestro modo de transporte, no habría que buscar la ocasión para dar esos paseos.

Contra los elementos

Tal vez el frío, el calor o la incomodidad echen para atrás a algunos a la hora de plantearse caminar hasta su puesto de trabajo.

Es verdad que en algunas ciudades se alcanzan temperaturas muy bajas en los meses de invierno como para que apetezca lanzarse a la calle por la mañana temprano. Si las inclemencias no son abrumadoras, bastará con que nos abriguemos bien para que no suponga un problema. De hecho, ese fresquito nos animará a aligerar el paso y no solo llegaremos algo antes, sino que habremos hecho un ejercicio más efectivo. Entrar en calor una vez se ha pasado frío es reconfortante.

El calor que se respira en verano puede evitarse saliendo un poco antes de lo necesario. Si tenemos jornada intensiva durante los meses estivales, no habrá ni que pensarlo. Los amaneceres de verano, en los que la temperatura empieza a ser cálida, pero aún no sofoca, son muy estimulantes.

En cuanto al tema de la incomodidad, recordemos a aquellas ejecutivas neoyorquinas de las películas de los ochenta, que llegaban a su maravillosa oficina en un rascacielos con un impecable traje de chaqueta y con zapatillas de correr. En el cajón de su despacho, tenían escondidos los tacones. Como ellas, podemos optar por cambiarnos de calzado cuando alcancemos nuestra mesa. Pero hoy en día existen zapatos muy cómodos, pensados para caminar, que perfectamente se combinan con vestuario elegante.

El día comienza mejor

Paseando podemos observar con más tranquilidad lo que nos rodea, elegir las rutas más vistosas o ir variando de camino para descubrir calles nuevas, en las que podremos ir fichando establecimientos a los que acudir esa tarde o noche con nuestra pareja o rincones bellos donde regresar el fin de semana con nuestra familia.

Nos resultará más fácil escuchar música en los auriculares, sin excesivos ruidos y sin que la conducción requiera nuestros cinco sentidos. Si tu elección era el transporte público porque podías leer, prueba con los audiolibros.

En lugar de tener la sensación de que nos dirigimos a un lugar en el que vamos a entregar ocho de nuestras horas a los demás y de ir calentándonos durante el trayecto, estaremos a lo nuestro, olvidándonos de a dónde acudimos. Y seguro que, después de eso, la jornada se nos hará más llevadera y breve. Estaremos de mejor humor y nos apetecerá más acometer tareas. Y ese sueño con el que solemos entrar algunos a trabajar se habrá disipado, pues nos sentiremos cargados de energía, como si nuestro día hubiese empezado hace largo rato.

Como todas las demás ideas que hemos ido lanzando en este blog Ciudadano 0,0, lo que pretende esta propuesta es que los urbanitas disfrutemos más de nuestro día a día y de que transformemos aquello que no hay más remedio que realizar en algo que apetece y que echaríamos de menos si nos faltase. Caminar, como montar en bici o correr, se convierte en una placentera actividad que está al alcance de prácticamente todos los ciudadanos.

En Vive 0,0 | La bicicleta, a solas o en compañía

10 motivos para montar tu huerto urbano

Cada vez son más los Ciudadanos 0,0 que han decidido montar su propio huerto urbano. Y es que, lejos de ser una moda, somos muchos los que disfrutamos viendo crecer nuestras plantas, comiendo nuestras propias verduras… Si aún no te has animado, te ofrezco los diez motivos por los que empecé yo. Seguro que muy pronto tienes tus propios diez… o más.

Comida sana y cerca: Sabemos que hay que comer sano, que debemos tomar más frutas y verduras… pero no es lo mismo saberlo que hacerlo. Y puedo asegurarte que tener los tomates, cebollas, rabanitos y demás productos en tu propia casa, viendo cómo se desarrollan cada día, te anima a incorporarlos a tu dieta. Es cierto que tu huerto urbano no te dará suficiente como para comer a diario, pero lo importante es el efecto que crea: una vez que descubres lo deliciosas que son las recetas con verduras naturales, te animarás a incluirlas en tu lista de la compra y a comerlas más a menudo.

Valoras y conoces más las frutas y verduras: Cuando has probado el sabor de un tomate natural y madurado al sol, una fresa en su punto… aprendes a valorar mucho más los productos bien cuidados, e incluso a saber elegirlos mejor en el súper.

Es más fácil de lo que parece: Si eres de los que cuando oyeron por primera vez lo de huerto urbano tuvieron un flashback de su abuelo trabajando en el pueblo de sol a sol, bienvenido al club. Yo me imaginaba que sería un lío, que quitaría mucho tiempo, que no sabría hacerlo… y nada más lejos de la realidad. Cuidar de estas plantas es algo muy sencillo, que no te ocupa mucho y que te gustará hacer. Y si tienes niños en casa, es una manera perfecta de que aprendan sobre la naturaleza y comiencen a tener pequeñas responsabilidades (el encargado de regarlo cada noche, de vigilar cuándo están maduras las fresas…).

Una nueva afición: Como todo, cuando comienzas a investigar algo, empiezas a descubrir que es más interesante de lo que imaginabas. Por internet puedes encontrar blogs y foros con trucos para tu huerto urbano, ideas… en Ciudadano 0,0 sin ir más lejos encontrarás todo tipo de consejos y recomendaciones. ¡Es lo bueno de ser cada vez más!

Resulta bastante decorativo: ¿Has oído alguna vez eso de que las plantas dan vida a una casa? Es totalmente cierto. Y es que una terraza con sus jardineras llenas de plantas y hierbas no tiene nada que ver con otra vacía y seca. Pruébalo.

Relaja:
¿Llegar del trabajo cansado a casa y sentarte a ver la tele? Mucho mejor salir al jardín o a la terraza, regar tu pequeño huerto, comprobar cómo va creciendo… no tienen por qué ser más que unos minutos al día, pero te darás cuenta de que te sirven para desconectar y relajarte.

 

Conoce mejor a tus vecinos: Si vives en una urbanización o comunidad de vecinos y tenéis una zona común que no utilizáis (azotea, patio, descampado…) montar un huerto urbano allí es una idea genial. Te servirá para conocer mejor a esos vecinos con los que normalmente apenas cruzas un hola. Mantener un proyecto en común de este tipo mejora las relaciones y ayuda a crear comunidad, crea amistades y te permite conocer mejor a quienes te rodean. Al final, lo de menos son los frutos.

Ahorra dinero: Como decíamos, tu huerto urbano no te dará para comer a diario, pero sí para disponer de frutas y verduras que generalmente tendrías que comprar. Comida orgánica, natural y ecológica de alta calidad que podrás incoporar a tu dieta y ahorrar un dinero.

Regalo original: ¿Qué regalar a alguien que ya lo tiene todo? ¿seguir acumulando productos que no va a necesitar? ¿por qué no regalarte tu última cosecha de tomates rojos y deliciosos? ¿o invitar a tus amigos a un delicioso batido casero de fresas naturales? Incluso puedes dejar que se introduzca en este mundillo regalándole una planta ya crecida. Verás como no es la última que tendrá.

¿Por qué no? tener un pequeño huerto urbano en casa cuesta el mismo esfuerzo que tener cualquier otra planta. Decora, relaja, te hace aprender cosas nuevas y además comerás más sano. ¿Por qué no animarte a probarlo?

Imágenes Flickr Creative Commons | Mumumío y orphan girl