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Caminar es buenísimo (y para muchas más cosas de las que uno imagina)

Ya seas deportista o sedentario, caminar es una de las mejores actividades físicas que puedes practicar. Es accesible a todos, no es cara y requiere muy poco aprendizaje para realizarla correctamente: al fin y al cabo, todos caminamos (algunos más, otros menos) a lo largo del día, y llevando la postura y el ritmo correctos puede ser un buen método para mantenernos en forma. Sabemos que caminar es una genial manera de mantenernos activos, pero ¿conoces realmente todos los beneficios de quemar suela cada día?

La actividad perfecta para pasar de sedentario a activo

Si tu reto para este nuevo año es pasar de “sedentario de sofá” a ser una persona más activa, debes empezar caminando. Generalmente a principios de año nos solemos poner objetivos, algunos demasiado ambiciosos, que llevaremos a cabo durante los próximos meses. Si crees que eres una persona sedentaria y quieres mejorar tus hábitos de vida no puedes pensar directamente en “este año voy a correr una maratón”: un reto más asequible como “voy a caminar media hora cada día” es un buen reto para alguien que apenas se mueve en su vida diaria.

Dar un paseo más largo de lo habitual con tu perro, bajarte una parada antes del autobús para ir caminando a tu trabajo o reservar un rato por las tardes para ponerte los cascos y salir a andar son buenas ideas para ponerte en forma de una forma sencilla. Puedes comenzar simplemente con media hora e ir añadiendo minutos y velocidad según va pasando el tiempo.

Una buena manera de cuantificar tus progresos y pasar de sedentario a activo es utilizar una pulsera cuantificadora. Este tipo de gadgets, tan de moda en este último año, realizan un conteo de los pasos que damos a diario traduciéndolos en kilómetros recorridos y en calorías gastadas y además disponen de distintos retos que podemos ponernos para ser un poco más activos cada día. A través de las pulseras cuantificadoras nos será muy sencillo comprobar si caminamos lo suficiente en nuestra vida diaria.

Los beneficios físicos de salir a caminar

Caminar

¿Qué beneficios aporta a nuestro cuerpo el hecho de salir a caminar al menos media hora diaria? En primer lugar, mejorará nuestro sistema cardiovascular y respiratorio: caminar a buen paso (unos 7 kilómetros por hora más o menos) es una actividad aeróbica que nos ayuda a prevenir enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares o problemas de hipertensión arterial.

A nivel muscular, los músculos implicados en la caminata son los pertenecientes al tren inferior (músculos de las piernas: cuádriceps, tendones de la corva, músculos de la pantorrilla y aductores) y a la zona central o del core (los glúteos y la musculatura profunda y superficial del abdomen). De forma menos intensa también están implicados los músculos de la zona superior del cuerpo, sobre todo para guiar el braceo que nos ayuda a caminar de forma más rápida.

Salir a caminar es una forma perfecta de deshacernos de esa molesta pesadez en las piernas, de prevenir la aparición de varices e incluso de eliminar la retención de líquidos. La caminata y cualquier ejercicio que suponga el movimiento de nuestro tren inferior mejorará también nuestra circulación y nuestro sistema linfático.

Además de prevenir molestias y ciertas patologías, caminar también puede ayudarnos a controlarlas cuando ya se encuentran con nosotros. Este es el caso de la diabetes tipo 2, estrechamente relacionada con el sedentarismo y con nuestro estilo de vida. Para los pacientes de diabetes se recomienda caminar por lo menos 45 minutos diarios: de esta manera el músculo consume glucosa para mantenerse en movimiento, y además es una buena manera de mantener un peso estable y de mejorar la sensibilidad a la insulina.

Los beneficios mentales de la caminata

Caminar

Caminar y también correr son buenas alternativas si lo que buscamos es acabar con el estrés de nuestro día a día. La actividad física y el deporte son generadores de endorfinas u hormonas del bienestar, que contribuyen a relajar nuestro organismo una vez hemos terminado el ejercicio.

Además, el ejercicio aeróbico puede ser una buena manera de ser mejores en nuestro trabajo: ¿tienes que escribir y no encuentras ideas nuevas? ¿necesitas darle una vuelta a ese proyecto que has presentado a un cliente pero no se te ocurre nada nuevo? Sal a caminar a una buena velocidad y verás cómo las ideas fluyen. Caminar es un acto mecánico que, una vez aprendida e interiorizada una buena técnica, no requiere que prestemos mucha atención a lo que estamos haciendo. La oxigenación de nuestro cuerpo a través de la actividad física y la sensación de bienestar son el perfecto caldo de cultivo para que aparezcan nuevas y originales ideas.

Si caminas, hazlo bien

Caminar

¿Cómo debemos caminar para obtener todos estos beneficios de los que hemos hablado? Puede parecer algo sencillo, pero no todo el mundo lo hace de la manera correcta. Lo más importante a la hora de caminar es mantener una buena postura: nada de ir agachados o mirando al suelo, lo cual suele ser bastante habitual. Debemos mantenernos erguidos, con los hombros abajo, la cabeza al frente (debemos dirigir la mirada aproximadamente dos metros por delante de nosotros) y el pecho proyectado hacia delante (imagina que tienes una linterna en el centro del pecho: esta debería iluminar el camino por donde vas a pasar, y no apuntar directamente hacia abajo).

Sal a caminar a buen paso: pasear viendo escaparates y deteniéndote cada dos pasos no te ofrecerá los mismos beneficios. Puedes mantener un ritmo vivo pero constante al principio y, una vez hayas ganado algo de fondo, puedes introducir cambios de ritmo (30 segundos caminando más rápido y un minuto a un ritmo más lento) o realizar salidas progresivas en velocidad (comenzando más despacio para terminar a una velocidad mayor). De esta manera, caminar se convertirá en un juego y no será nada aburrido.

Caminar es un gesto muy sencillo que todos podemos practicar (en el caso de los deportistas es perfecto para mantenerse activos en sus días de descanso): introdúcelo en tu vida diaria y disfruta de sus numerosos beneficios.

Imágenes | iStock

En Vive 0,0 | Nunca caminarás solo, planes alternativos para conocer gente en una nueva ciudad

Si te falta tiempo… lee con las orejas

Hemos hablado de dos sistemas que unen la literatura y la ciudad. Uno es una modalidad gratuita y lúdica de intercambio de ejemplares: el Bookcrossing. El otro es un aliado digital para llevar a cualquier parte cantidad de literatura sin apenas peso. Quiero escribir, en esta ocasión, sobre una forma menos extendida, pero igual o más cómoda para conocer historias: los audiolibros o libros leídos.

Habíamos hablado de que el tiempo que podría perderse en trayectos desde y hasta nuestras obligaciones, lo podemos aprovechar si, en lugar de ir en coche, nos movemos en transporte público y leemos durante los traslados. Sin embargo, esta opción para sacar partido a nuestro tiempo parecía que se perdía si optábamos por acudir caminando al trabajo, la escuela, la universidad o cualquier otra de nuestras ocupaciones. Es obvio que, si nuestra mirada debe estar atenta al camino, no podremos tenerla ocupada en las líneas.

 

Por fortuna, existe una posibilidad de estar pendientes de una historia de ficción o de un ensayo que no requiere nuestra mirada, solo nuestros oídos. Donde el libro normal o electrónico no nos sirve, entrará en juego el libro leído. Si bien para cuando estamos conduciendo un vehículo o deslizándonos por entre el tráfico sobre nuestra bici no deberíamos tener una distracción tan intensa, sí puede ser una de las opciones de entretenimiento para cuando damos un paseo tranquilo.

Cuando más partido les he sacado yo a los libros leídos ha sido durante los recorridos que debía hacer obligatoriamente a pie desde mi casa hasta la parada de transporte público y desde la estación donde me bajaba hasta mi lugar de destino. Incluso dentro del propio transporte, si va tan lleno que es difícil sostener el libro entre las manos o nos cansa sujetarlo mientras nos toca ir de pie, el audiolibro resulta comodísimo.

  

Mayor concentración

Por otra parte, para mí suponen un buen acicate para hacerme avanzar mucho más en la lectura de cada libro, ya sea novela o de relatos cortos. Como tengo muy poca capacidad de concentración, siempre que trato de leer en papel, cualquier distracción me hace levantar la mirada de la página. Así, no solo interrumpo y pierdo el hilo, sino que tengo que buscar después por dónde iba y en total pierdo un tiempo considerable. Al romper el ritmo, además, mi percepción de la fluidez de la narración se ve perjudicada. Dado que el audiolibro continúa por mucho que tú mires a otro lado, te obliga a seguir pendiente, a no interrumpir la escucha y fuerza esa concentración que a algunos nos cuesta tanto lograr. Le pasa como a una película: el ritmo ya viene impuesto, en lugar de ser algo que imponemos los lectores.

 

En nuestro país, los libros leídos no tienen tan buena acogida como en otras zonas geográficas, como puedan ser los países de habla inglesa. Pero existe una gran cantidad de ellos de mucha calidad. A veces podemos encontrarnos incluso con libros leídos por su propio autor o autora o interpretados por importantes actores de cine o de teatro, que les confieren una entonación muy adecuada e intensa, aportándoles un valor más para atraparnos y emocionarnos.

  

Antes se vendían en cintas de casete, posteriormente aparecieron en CDS y ahora se pueden descargar como MP3s de las páginas web de los autores o de las editoriales y distribuidoras. En cualquier buscador de Internet, si introducimos la palabra “audiolibro”, encontraremos opciones para empezar a elegir. Si ya sabemos qué título queremos, podemos incluirlo en los parámetros de búsqueda. Ocupan tan poco que podremos llevarlos incluso dentro del teléfono móvil y así no nos hará falta cargar con un dispositivo extra. Solo nos harán falta los auriculares y muchas ganas de pasarlo bien.

 

La escucha de estos libros es, además, una alternativa excelente para aquellas personas que estén aprendiendo un idioma o que ya lo conozcan y no quieran dejar que se les olvide por falta de práctica. Como decía, en inglés se encuentran casi todos los títulos, leídos por sus autores o importantes personalidades, así que podemos elegir uno del nivel en el que nos encontremos y acostumbrarnos a escuchar, además de ir aprendiendo pronunciación. Os recomendaría, por ejemplo, cualquier número de ‘La guía del autoestopista en la galaxia’, que dejó leída el propio Douglas Adams antes de su muerte y donde se pueden apreciar todos los matices humorísticos que el autor incluyó en estos relatos pensados antes para la radio que para literatura impresa.

  

Una posibilidad que ya redondea por completo la experiencia lectora es disponer de la misma obra literaria en los dos formatos: en libro en papel o electrónico y también en audiolibro. De esta manera, podremos o bien ir turnando las formas de aproximarnos según si disponemos de esos ratos relajados o bien combinarlas y escuchar al mismo tiempo que leemos. Esta última combinación será ideal en los casos que mencionaba antes de escuchar y leer una novela en otro idioma.

 

Decía en alguna ocasión que en la vida urbana no cabe la soledad, salvo que sea elegida. Gracias a los audiolibros, nos vamos a sentir mucho más acompañados durante nuestros paseos, salidas deportivas o trayectos en transporte público. Si damos una vuelta por un parque, ya sea caminando o en una carrera tranquila, podemos escuchar música, pero quizá preferimos sumergirnos en una narración. Así el paseo se nos pasará volando y habremos matado dos pájaros de un tiro.

Cuántas veces nos encontramos ante esa situación de decir que no tenemos tiempo para leer. Si lo compaginamos con otra afición sana y necesaria, como es caminar a diario, ya tendremos tiempo para ambas. Ahora ya sí que no queda excusa para no leer.

¿Habéis escuchado alguna vez un audiolibro? Animaos y ya nos contaréis.

Cómo ahorro en transporte: mi mente en “eco mode”

En el tiempo que lleva funcionando el blog Vive 0,0, ya hemos publicado varias entradas en las que hablamos de transporte ecológico y económico y de alcanzar una movilidad sostenible. A los urbanitas nos hace sentirnos a gusto con nosotros mismos saber que consumimos y contaminamos poco.

En el caso de la energía, la abreviatura “eco” vale tanto para el ahorro, como para el respeto al medio ambiente. Al igual que hay coches que incorporan un “Eco Mode“, a mí me gusta aplicarme también ese chip mental y estar siempre en modalidad ecológica/económica.

No solo lo va a agradecer el planeta, sino también mi bolsillo. Con lo que ahorre, disfrutaré de lo que me ofrece la ciudad: puedo salir a tomar algo, de forma responsable, o acudir a algún espectáculo cultural. Además, junto con vosotros, he descubierto que hay formas más agradables de moverme.

A pie o en bicicleta

Utilizar nuestras propias piernas como motor es la alternativa más ecológica y económica. Y, personalmente, para mí, la más agradable.

Está claro que lo único auténticamente gratuito es caminar a todas partes, incluido nuestro lugar de trabajo o de estudios. El coste monetario es cero y, si consideramos que sí tiene un gasto en cuanto a tiempo, veremos que la diferencia no es tan grande o que puede ser hasta menor: desde hace tiempo, voy al trabajo a pie y creo que tardo menos que si fuese en coche y tuviese que aparcar, incluso aunque dispusiese de plaza reservada.

El costo de la bicicleta podemos decir que está amortizado en cuanto lo comparemos con unos cuantos abonos transporte o unos litros de gasolina que nos supone ir al trabajo en bici todos los días. Pero es que incluso sin llegar a eso, yo diría que, con lo que me he ahorrado en gimnasios, ya la tengo pagada. A partir de ahí, consumo diario no tiene, ya que no requiere otro combustible que nuestra energía y esta se recarga cuanto más se usa. Si acaso, un mantenimiento anual no muy elevado. Por otra parte, si en nuestra ciudad hay bicicletas municipales, no tendremos ni que pensar en el gasto de comprárnosla.

El Curredor quien, a mediados de 2011, decidió ir al curro corriendo, nos pone en cifras lo que se puede llegar a ahorrar con estas dos modalidades. Y nos asegura que su vida ha cambiado para mejor. Me lo creo totalmente, la mía ha cambiado desde que monto en bicicleta.

En transporte público

En las grandes ciudades, las distancias también son cada vez más extensas, por lo que quizá nuestras piernas no sean suficientes. La mejor alternativa, en casos así, es que echemos mano del transporte público. Quizá en comparación con la gasolina o gasoil que nos supone ir en coche no haya una enorme diferencia: dependerá de los precios del billete y del abono en cada cuidad, así como de los kilómetros que tengamos que recorrer.

Lo que está claro que ahorraremos tiempo, ya que podemos dedicar los trayectos a leer, a avanzar el trabajo que nos habíamos llevado el día anterior a casa o a responder a los correos electrónicos. Vamos pensando en lo nuestro, en lugar de enfadados por los atascos, así que supone un ahorro en malos humos en todos los sentidos, porque, además, no contaminamos. En mi caso, el coche híbrido lo tengo para salir de mi ciudad, pero dentro de ella, siempre que la distancia es larga para caminar, voy en metro y autobús.

Habíamos hablado incluso de combinar el transporte público con la bicicleta, por ejemplo, cuando nos toca acercarnos en cercanías, pero aún nos queda un buen trecho que podríamos hacer en autobús. Para ese último tramo, llegaremos antes en bici, sin depender de la frecuencia de llegada del bus.

Vehículos ecológicos y otras alternativas para ir en coche

En el blog hemos hablado de coches híbridos y eléctricos que, para circular por ciudad, son equivalentes, pues los híbridos solo pasarán al motor de gasolina o gasóleo a partir de los 50 km/h. También os hemos sugerido desplazaros en Segway o en moto eléctrica. Si bien todos ellos suponen una mayor inversión en la compra inicial, a partir de ahí todo son ahorros, no solo en combustible, sino también en aparcamiento pues, por ejemplo, los coches eléctricos están exentos de la ORA.

Además de contar con esta opción más barata y ecológica, podemos ahorrar en gasolina y en emisiones si compartimos el coche con vecinos y compañeros de trabajo, lo que se llama carpooling, o si empleamos vehículos solo para los recorridos imprescindibles, el carsharing. Alquilar un coche en lugar de poseerlo, nos saldrá rentable si hacemos menos de 12.000 km. anuales.

¿Cuánto nos cuesta ir al trabajo en coche?

Según la DGT, un automóvil particular, sumando combustible, seguros, precio de inversión inicial, impuestos y averías, supone un gasto medio –tirando por lo bajo– de 0’3 € por kilómetro. Haced el cálculo dependiendo de la distancia a la que tenéis el trabajo, vuestra escuela o facultad o la guardería o colegio de los niños. Con el carpooling, lo podemos dividir entre dos, tres, cuatro o incluso cinco, además de ir acompañados y pasar un rato más entretenido.

Por supuesto, también depende de nuestra conducción y del coche que nos compremos pues, incluso aunque no se trate de híbridos o eléctricos, los hay que consumen más que otros, como los 4×4 que están tan de moda ahora entre la gente con familia. Una conducción eficiente puede ahorrar más de 600€ al año. Ir a 100 Km/h., en lugar de a 120, supondrá ahorrar un 14% en combustible. Usar siempre una marcha larga puede ahorrar un 15%. Apagar el motor en paradas de más de un minuto, nos ahorrará unos 150€ al año, además de colaborar con el medio ambiente.

Elegir la gasolinera más barata –o aquellas marcas que nos dan puntos para viajar o conseguir regalos, que son las que busco siempre– supone un pequeño ahorro, pero no desdeñable. Cambiar de compañía aseguradora, ahora que todas luchan por hacer nuevos contratos, puede suponer un ahorro de hasta el 50%. No cometer infracciones debería ser nuestra costumbre por prudencia, pero ahora pondremos mayor cuidado para evitar las multas. Sortear los peajes no siempre supondrá un ahorro, veamos antes lo que vamos a gastar extra en combustible, neumáticos y riesgo, por la ruta gratuita.

Ya lo veis: las formas de ahorrar en transporte diario en ciudad son numerosas, desde utilizar el coche con más cabeza a dejárnoslo aparcado y desplazarnos en transporte público, bici o a pie. Si nos proponemos recortar gastos en algunas cuestiones del día a día, con respecto al transporte lo haremos sin sufrimientos ni privaciones, sino llegando a disfrutar más de nuestra ciudad y a sentirnos más en forma, más despiertos y más responsables.

Me pongo en forma caminando

Yo sé que a la mayoría de los Ciudadanos 0,0 les encanta salir a correr. No hay más que ver el éxito de los consejos que cada semana nos va dando mi compañero, Juan Lara, para los calentamientos etc.

Sin embargo, cuando correr no es opción, ya que todas o casi todas mis “compañeras de equipo” están embarazadas y a eso unimos mi lesión de rodilla, el resultado es que nuestro deporte es caminar. Salvo las muy embarazadas, vamos a buen paso, es perfecto para madres ya que la hora elegida es las nueve de la noche.

Una hora sólo para las mamás… y la última salida del perro

Los que no tenéis niños os parece que lo mismo da las 19 que las 21, pero los que tenemos escolares sabemos que es la hora perfecta, ya ha pasado el momento baño/cena/cama y sin embargo es un poco pronto para cenar los adultos. Además durante los días de más calor ya ha refrescado un poco y es ideal para el último paseo de los perros.

La equipación es sencilla, un calzado adecuado, personalmente soy partidaria de hacer caso a los profesionales y tengo unas estupendas zapatillas de walking, según el dependiente de la zapateria son fundamentales por varios motivos: comodidad, amortiguación, sujeción y flexibilidad.

El material es pasta de cuero para mayor flexibilidad y comodidad. La entresuela es de espuma lo que me asegura una buena amortiguación, (fundamental). Además tiene refuerzos laterales y la sujeción del pie queda perfectamente estabilizada y asegurada con la lazada. Las estrias de flexión  proporcionan una buena pisada en asfalto y tierra. Luego, dependiendo de la persona y sus necesidades, algunos modelos poseen amortiguaciones adicionales.

Como mujer prevenida vale por dos, solemos llevar una pequeña mochila con agua, un pañuelo y el teléfono móvil.

Los paseos duran media hora de ida y media hora de vuelta (sin arriesgar mucho, no vaya a ser que alguna se nos ponga de parto), y marcamos el ritmo con la charla. A buen paso. El tema de la respiración es fundamental, así que cuando alguna ha tenido un mal día en el trabajo y lo cuenta con demasiada vehemencia…¡perdemos todas el paso!

 

La cuesta… cuesta

Nos guste o no, los recorridos son los que tenemos alrededor de casa. Afortunadamente al vivir en una zona residencial el paseo está lleno de jardines, pero el casco viejo de las grandes ciudades es divino para sentir el ambiente de cada barrio y la historia de tu ciudad.

Solemos evitar el carril bici, por la sencilla razón de que a esa hora, está lleno de auténticos ciclistas. Lo que no podemos evitar son las cuestas. ¡Las cuestas! Las subimos de ida, sabedoras que nos costará menos la bajada de vuelta.

Son buenos los consejos de un interesante Blog llamado Caminar más

Iniciativas municipales para caminar

Algún Ciudadano 0,0, puede pensar que no conoce a nadie con quien caminar o que no le apetece salir con los vecinos, una vez más, muchos ayuntamientos ponen su granito de arena para que llevemos una vida más saludable. Para muestra un botón, el Concejal de Deportes de Almoradí (Alicante), organiza de forma gratuita, la actividad “Salud Andando para adultos”, en donde durante una hora cinco días a la semana, las personas interesadas saldrán a caminar con un monitor y recibirán pautas de alimentación.

En “Caminar por Madrid”, el Ayuntamiento de la capital organiza de forma gratuita, una actividad para personas mayores de 18 años, de lunes a viernes, no festivos, con una hora de duración, de marcha en grupo organizada por los Distritos Arganzuela, Latina, Chamberí y Retiro.

El Ayuntamiento de Burgos propone a sus urbanitas Paseos literarios por la ciudad, facilitando además audioguías que se descargan en la página web y el itinerario perfecto, con todo lujo de detalles.

 

Si estáis interesados, las páginas web de los ayuntamientos, en la Concejalía de Deportes suelen tener todos estos programas.

Y no sólo caminar en casa, es muy beneficioso caminar por ciudades que no conocemos. Desde Diario del viajero nos recomiendan una serie de ciudades para visitar a pie como Charleston (Carolina del Sur),(EEUU) Cusco, (Perú), Dublin, (Irlanda) Florencia, (Italia), Londres, (RU), París, (Francia), o Quebec, (Canadá) y Tokyo, (Japón)

¡Animaos a caminar!

Voy caminando a mi trabajo y empiezo la jornada con energía


Hemos hablado en varios artículos de Ciudadano 0,0 de la opción de caminar: se ha visto como una de las posibilidades de la movilidad sostenible y hemos repasado lo que una ciudad ofrece para que seamos peatones. Pronto lo contemplaremos como un posible deporte tranquilo para quien no debe esforzarse demasiado.

Lo que os cuento en esta nueva entrada intento que complemente lo que ya se ha publicado: cómo me puse como meta caminar hasta mis obligaciones incluso aunque, a priori, la distancia me pareciese excesiva. Algo que seguro que casi todos podéis proponeros.

Las distancias son relativas

Habitualmente, se considera que tenemos las obligaciones a tiro de piedra, es decir, a una distancia lo bastante corta como para ir andando, si tardamos en llegar un cuarto de hora o quizá veinte minutos. Si nuestro lugar de trabajo o estudios, la guardería de los niños o los sitios por los que nos gusta movernos se encuentran tan cerca de nuestra residencia como para ir a pie, nos podemos considerar unos privilegiados.

Lo que ocurre es que no todo el mundo gozará de la misma suerte. Pero, con un esfuerzo mínimo, seremos capaces de cambiar esta mentalidad y de darnos cuenta de que las distancias de media hora o incluso cuarenta minutos también son caminables.

Ese recorrido que se nos antojaba excesivo para hacerlo andando, poco a poco, nos irá pareciendo más corto. Basta con que nos pongamos un poco en forma. Mientras no estemos hablando de desplazarse a las afueras o de cruzarse la ciudad de cabo a rabo, será posible.

Lo mejor es ir paso a paso –que por algo hablamos de andar–. Nos planteamos comenzar bajándonos una parada de metro o de autobús antes de la más cercana a nuestro lugar de trabajo o montándonos una más allá de la que tenemos junto a casa. El siguiente paso –que supondrá un gran número de pasos– será caminar hasta el transbordo. Pasados unos días, no nos costará nada hacerlo todo a pie en la ida o en la vuelta. Al cabo de un tiempo, hasta agradeceremos la oportunidad de caminar ese rato y querremos hacerlo en ambos sentidos, cada mañana y cada tarde.

Esta opción está claro que es más económica y más ecológica. Pero lo que nos importa es que es, al mismo tiempo, la más agradable y saludable. Esos minutos extra de madrugar se compensarán con la posibilidad de dar un paseo y de evitar el enfado de los atascos o los codazos de las aglomeraciones.

Un esfuerzo mínimo

Decía que era necesario que nos pusiésemos un poco en forma. Pero realmente poco. Muchas personas acuden a sus obligaciones en su vehículo para luego dedicar su tiempo libre a hacer un deporte que ni les apetece, se obligan a hacerlo. Proponemos aunar ambas cosas y sustituir esos momentos en los que nos forzamos a hacer ejercicio por algo que a nadie le cuesta un esfuerzo exagerado, como es el caminar.

A muchas personas, especialmente mayores, que no suelen hacer ejercicio, los médicos les recomiendan caminar. A pesar de lo fácil que parece incorporar este hábito al día a día, no son pocas las que no terminan de encontrar el momento de hacerlo y, tras irlo dejando y dejando, acaban por no hacer nada. Si el caminar se convirtiese en nuestro modo de transporte, no habría que buscar la ocasión para dar esos paseos.

Contra los elementos

Tal vez el frío, el calor o la incomodidad echen para atrás a algunos a la hora de plantearse caminar hasta su puesto de trabajo.

Es verdad que en algunas ciudades se alcanzan temperaturas muy bajas en los meses de invierno como para que apetezca lanzarse a la calle por la mañana temprano. Si las inclemencias no son abrumadoras, bastará con que nos abriguemos bien para que no suponga un problema. De hecho, ese fresquito nos animará a aligerar el paso y no solo llegaremos algo antes, sino que habremos hecho un ejercicio más efectivo. Entrar en calor una vez se ha pasado frío es reconfortante.

El calor que se respira en verano puede evitarse saliendo un poco antes de lo necesario. Si tenemos jornada intensiva durante los meses estivales, no habrá ni que pensarlo. Los amaneceres de verano, en los que la temperatura empieza a ser cálida, pero aún no sofoca, son muy estimulantes.

En cuanto al tema de la incomodidad, recordemos a aquellas ejecutivas neoyorquinas de las películas de los ochenta, que llegaban a su maravillosa oficina en un rascacielos con un impecable traje de chaqueta y con zapatillas de correr. En el cajón de su despacho, tenían escondidos los tacones. Como ellas, podemos optar por cambiarnos de calzado cuando alcancemos nuestra mesa. Pero hoy en día existen zapatos muy cómodos, pensados para caminar, que perfectamente se combinan con vestuario elegante.

El día comienza mejor

Paseando podemos observar con más tranquilidad lo que nos rodea, elegir las rutas más vistosas o ir variando de camino para descubrir calles nuevas, en las que podremos ir fichando establecimientos a los que acudir esa tarde o noche con nuestra pareja o rincones bellos donde regresar el fin de semana con nuestra familia.

Nos resultará más fácil escuchar música en los auriculares, sin excesivos ruidos y sin que la conducción requiera nuestros cinco sentidos. Si tu elección era el transporte público porque podías leer, prueba con los audiolibros.

En lugar de tener la sensación de que nos dirigimos a un lugar en el que vamos a entregar ocho de nuestras horas a los demás y de ir calentándonos durante el trayecto, estaremos a lo nuestro, olvidándonos de a dónde acudimos. Y seguro que, después de eso, la jornada se nos hará más llevadera y breve. Estaremos de mejor humor y nos apetecerá más acometer tareas. Y ese sueño con el que solemos entrar algunos a trabajar se habrá disipado, pues nos sentiremos cargados de energía, como si nuestro día hubiese empezado hace largo rato.

Como todas las demás ideas que hemos ido lanzando en este blog Ciudadano 0,0, lo que pretende esta propuesta es que los urbanitas disfrutemos más de nuestro día a día y de que transformemos aquello que no hay más remedio que realizar en algo que apetece y que echaríamos de menos si nos faltase. Caminar, como montar en bici o correr, se convierte en una placentera actividad que está al alcance de prácticamente todos los ciudadanos.

En Vive 0,0 | La bicicleta, a solas o en compañía

Urbanismo para peatones

Los Ciudadanos 0,0 no renunciamos a lo que nos puede ofrecer una gran ciudad. Nos encanta el campo, al cual viajamos tan a menudo como podemos. El día a día también se puede disfrutar en un espacio compartido, comunitario, donde encontrar formas de llevar a cabo nuestras aficiones y lugares para practicar nuestras actividades: cines, restaurantes, teatros, bares, tiendas… incluso un poco de bullicio en su justa medida.

El mayor reto al que se enfrenta la arquitectura del siglo XXI puede radicar, no tanto en el diseño del edificio en sí, sino en la creación de un urbanismo que permita esa vida de ciudad y que armonice la facilidad para el movimiento de vehículos con la opción peatonal.

El espacio público peatonal como nuevo espacio natural

Peatones

El ambientalismo del siglo XXI demanda densidad, mezcla y proximidad de usos (vivienda, comercio, servicios, trabajo, ocio) para recuperar la capacidad de ser peatones. La aglomeración urbana y la vida en comunidad generan cultura, creación, avances, desarrollo… un urbanismo poco disperso es el más adecuado para cumplir esta función.

Cada vez nos apetece vivir en una ciudad más verde en todos los sentidos, preocupada por la ecología y llena de espacios verdes, lo que la hace más alegre, más convival, más O2… Crear espacios para los peatones hace que podamos vivir la ciudad de forma más humana y saludable. Cualquier espacio peatonal, aunque sea gris (aceras, plazas duras), puede considerarse ecologista, ya que favorece caminar en lugar de contaminar. El urbanita, muy a menudo, se siente peatón.

Da gusto tener todo tan a mano como para poder ir a pie. La profusión de locales comerciales en los bajos de las viviendas da colorido y definición a los barrios, a la vez que promueve el caminar como actividad. Si puedes hacer la compra sin sacar el coche, aunque algún día te resulte más cómodo lo contrario, significa que vives en un barrio con vida.

peatones

 Arquitectura sostenible

El transporte público se convierte hoy más que nunca en la opción de futuro, tanto para evitar la contaminación de los gases y residuos, como por el coste del combustible. Un urbanismo no disperso facilita los desplazamientos en transporte público, en bicicleta o incluso a pie, lo que además resulta saludable y placentero.

Los arquitectos de las nuevas zonas han incluido iniciativas ecológicas. Las viviendas en muchas ocasiones se coronan de paneles solares y los materiales responden a las nuevas necesidades del medio ambiente. Se deja espacio para parques, áreas verdes, carriles ciclistas, se planta vegetación… Como ejemplo, tenemos los “árboles del aire”, del PAU de Vallecas.

El último paso consistirá en aplicar esas intenciones de sostenibilidad y ecología, no solo a la arquitectura, sino también al urbanismo. Esto ha de surgir de una nueva mentalidad en la que la ciudad ya no se considera un elemento antiecológico, sino que se ven los espacios urbanos peatonales, comunes y públicos, como los nuevos espacios naturales.

El cambio de paradigma ya está ocurriendo en algunos lugares del planeta donde asociaciones gubernamentales y privadas preocupadas por la ecología ya financian proyectos urbanísticos y donde, para la planificación urbanística, se empieza a pedir consejo a biólogos y ecólogos.

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