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Viajes compartidos: ventajas de dividir la cuenta y abrirse a conocer nueva gente

Un sector de la economía colaborativa que ha ido creciendo en los últimos años ha sido el del CarPooling, es decir, el hecho de compartir en coche viajes periódicos o trayectos puntuales. Esta práctica cuenta ya con muchos adeptos en países europeos como Francia o Alemania, y desde hace unos años ha comenzado a extenderse en nuestro país. ¿Conoces ya las ventajas de los viajes compartidos?

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Las ventajas económicas: un ingreso extra

Evidentemente la primera ventaja que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de viajes compartidos es la económica. Imagina que necesitas realizar un viaje Madrid-Barcelona en el que seguramente gastarás aproximadamente un depósito de gasolina de tu coche, pongamos que pueden ser unos 60 euros, para redondear. En el momento en que compartes ese viaje con otra persona tus gastos se reducirían directamente a la mitad. Si decides llevar a dos personas más (en total tres pasajeros y el conductor) ese mismo viaje te costaría solamente 15 euros. La ventaja es clara, ¿verdad?

Pero no nos referimos solamente a un viaje puntual que puedas realizar una vez: si eres de los que coge el coche todos los días al ir al trabajo, calcula cuánto te está costando al mes. Ahora imagina que puedes recoger a uno de tus compañeros de camino a la oficina, digamos que a mitad de trayecto, y por las tardes le llevas a su casa. Podéis compartir gastos, aunque no sea al 50%, pero con su aportación ya estarás consiguiendo un ingreso extra con el que pagar de vez en cuando la gasolina. Además, este será un ingreso periódico, ya que es una actividad que llevas a cabo cada día. Hasta que llegue a España la iniciativa de cobrar más por ir en bicicleta al trabajo, este puede ser un buen método para ahorrar.

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Las ventajas personales: mejor calidad de vida

Muchos de los coches que vemos en la carretera cada día están ocupados solo por el conductor: esto significa muchos coches cada día formando atascos. Otra de las ventajas de compartir coche es la descongestión del tráfico: si me llevas en tu coche y ya no tengo que coger el mío habrá un vehículo menos en la carretera. Si todos los conductores que van solos en su coche llevaran a alguien más, esto supondría muchísimos menos coches formando atascos cada mañana en hora punta.

Menos atascos… y más sitio para aparcar. Cuantos menos vehículos circulando haya, más plazas de aparcamiento habrá disponibles. Eso supondrá, además de una ventaja de tiempo porque no tardaremos tanto en encontrar un sitio libre, también una ventaja frente al estrés y la ansiedad. Sabemos lo estresante que puede llegar a ser estar atrapados en un atasco o no encontrar sitio mientras vemos cómo llega la hora de entrada al trabajo, y eso no hay meditación que lo remedie. Con menos coches en circulación estos problemas también se reducirían.

Las ventajas para el medio ambiente: menos contaminación

Otra ventaja importante, sobre todo en las grandes ciudades, es la de poder reducir la contaminación tanto atmosférica como acústica de una forma sencilla. El coche es el medio de transporte más contaminante, si atendemos a una clasificación basada en la producción de dióxido de carbono por pasajero y por kilómetro. Por eso es importante que realicemos un uso racional del mismo: los viajes compartidos pueden ser una buena manera de aportar nuestro granito de arena a la lucha contra la contaminación.

Compartir coche

¿Por qué no nos animamos?

Si tantas ventajas tiene, ¿qué es lo que nos impide convertir los viajes compartidos en una constante en nuestras vidas? Puede ser el hecho de que perdemos nuestra independencia y nuestra capacidad de decidir cómo, cuándo y por qué. Al viajar con más personas nos vemos obligados a llegar a acuerdos que no tendríamos que hacer si viajáramos solos.

Otro obstáculo a la hora de compartir coche es el hecho de hacerlo con personas que no conocemos, lo cual nos obliga a salir de nuestra zona de confort. Una cosa es compartir viajes con un compañero de oficina al que vemos cada día y al que podemos conocer más o menos, y otra distinta es hacer un Sevilla-Tarragona con tres desconocidos de los que no sabemos nada. Frente a esto las páginas web dedicadas al CarPooling tienen distintos sistemas en los que se puede dar la opinión o puntuar a los usuarios para que no vayamos totalmente en blanco.

La ventaja principal: las personas

Pero ¿y si sale bien? ¿Y si realmente conectas con las personas con las que te toca realizar el viaje? El CarPooling puede ser una forma fantástica de socializar y de crear nuevas amistades. Quizás no llegues a tanto, pero ¿y si a raíz de un viaje compartido conoces ese nuevo grupo de música que ahora no puedes dejar de escuchar? ¿Y si te recomiendan visitar un rincón escondido de la ciudad a la que te diriges y que no habrías descubierto de no haber compartido coche?

Anímate y dale una oportunidad a los viajes compartidos: las ventajas son mucho más numerosas que los inconvenientes.

Imágenes | iStock

En Vive 0,0 | Carpooling, comparte tu coche con los vecinos

 

¿Sabes que tu móvil puede ahorrar gasolina?

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Las apps verdes o aplicaciones ecológicas son una de las utilidades más gratificantes que podemos extraer de nuestros teléfonos inteligentes. Hemos hablado ya de lo que nos pueden ayudar para ahorrar en energía en casa y para saber dónde reciclar cada tipo de residuo. Ahora vamos a ver aplicaciones para ahorrar gasolina que nos ayudarán a consumir menos combustible con nuestros vehículos.

La disminución del gasto en combustible con el coche no solo será una gran noticia para nuestro bolsillo, especialmente si viajamos mucho o nuestro trabajo nos obliga a desplazarnos muchos kilómetros cada mañana y cada tarde por poco que nos guste. También supondrá una forma de ayudar al planeta, disminuyendo las emisiones a las que lo sometemos. Hemos hablado mucho de movernos en bici y en transporte público, pero hay personas que tienen el lugar de trabajo tan lejos de su residencia que puede no ser opción. Y, de todas formas, para los viajes largos, aunque sean ocasionales, nos resultará satisfactorio saber que hemos consumido menos combustible.

Aplicaciones para ahorrar gasolina

Para optimizar nuestra conducción existen útiles apps, como EcoSpeed, cuyo objetivo es informar sobre las formas más eficientes de conducción para consumir menos gasolina. Green Meter, gracias al acelerómetro del iPhone avisa, por ejemplo, cuando se está pisando demasiado el acelerador. Las apps o aplicaciones Fuel Calculator (para Android) y Trip Fuel Calculator (para IOS) son algunas de las que calculan la cantidad de combustible que se consume en una ruta determinada. Gasolina Stat, para Android, te informa de lo que gastas y ahorras en combustible.

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La cuestión ecológica también está cubierta por el mercado de aplicaciones para móviles. Carbon Track y Ecorio calculan el dióxido de carbono que dejan actividades tales como realizar un trayecto determinado en coche y proponiendo rutas alternativas en transporte público.

Estos son solo algunos de los múltiples ejemplos de aplicaciones para Smart Phones para ahorrar combustible. Algunas de ellas tal vez ya las conozcas, pero puede que otras te vengan bien. Si tenías ya alguna de ellas como favorita, nos encantará que nos comentes qué es lo que más te gusta de sus uso y sus utilidades.

Aplicaciones para conocer el tráfico y el estado de las carreteras

No solo lo que tú hagas influirá en tu gasto, también lo que hagan los demás y ocurra a tu alrededor. Por ello, será interesante conocer el estado de las carreteras, la fluidez del tránsito en las calles para elegir la mejor ruta o la más despejada, que no tiene por qué ser la más breve, etc… Para ello, contamos con RACC Infotransit, una completa web que te informa de todo, incluyendo incidencias de tráfico, y existe en modo app para teléfonos inteligentes.

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La propia DGT tiene una app para iPhone y Android, con la que podrás guardar tus rutas más utilizadas para conocer las incidencias que existan en la carretera, además de acceder a las cámaras oficiales de tráfico, localización de radares y a la información de tráfico siempre que lo desees.

Waze, para Android, es otra aplicación que nos informará de todo lo que ocurra en nuestra ruta, como accidentes, incidencias… para allanarnos el camino. Tanto es así que la anuncian como una app pensada para que conduzcamos felices. Se organiza de modo social, así que la información que obtenemos es la que suben otros usuarios y, por supuesto, tú también puedes contribuir.

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Las formas de conducir que menos gastan

La forma de conducir cualquier tipo de coche puede cambiar mucho el gasto que hacemos y para evaluar bien cómo desempeñamos esta función todas las aplicaciones mencionadas nos pueden ayudar muchísimo. Muchas son las cosas que podemos tener en cuenta, como la velocidad media. Los acelerones bruscos gastarán mucho combustible, mientras que una velocidad estable, aunque sea elevada, se mantendrá sin dificultad e incluso apenas sin gasto en las pendientes favorables. El controlador de velocidad, que ahora se va incorporando cada vez en más modelos, nos sirve para largos tramos de autovía o autopista. Dejándolo activado y sin tocar el acelerador es como menos consumiremos, pudiendo añadirle a un mismo depósito entre 50 y 100 kms. extra.

Lo que supone un ahorro en kilómetros no tiene por qué suponer necesariamente un ahorro en combustible. Por ejemplo, ya sabemos lo que ocurre con los atajos: quizá sea una ruta más corta, pero la diferencia de dificultad del terreno, la imposibilidad de adelantar de algunas carreteras secundarias y los límites de velocidad harán que tardemos más y que nuestro motor sea menos eficiente. Por ello, algunas veces compensará más el rodeo, incluso aunque haya que pagar un peaje –dependerá en concreto de cada tramo y de cada costo del impuesto–.

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De la misma forma que caemos en la trampa de tratar de atajar, podemos dejarnos llevar por habladurías sobre supuestas formas de ahorro que, al final, son todo lo contrario. Una de ellas es el mito del punto muerto. Cualquier coche con inyección electrónica –ya sea gasolina o diesel– consume más en punto muerto que moviéndose por inercia con una marcha metida, sin pisar el acelerador. En una cuesta abajo, por tanto, lo ideal para gastar poco es aprovechar la inercia del vehículo, pero siempre con una marcha seleccionada.

¿Conocías ya todos estos consejos y estas aplicaciones? Si los has puesto en práctica, cuéntanos cuál es el que mejor te ha venido o el que no consigues que te resulte efectivo, por mucho que pruebes. Si sabes de otros truquitos que no hemos mencionado por aquí, nos encantará que los compartas con nosotros y con los lectores.

Fotografías | Wired, Motor Pasión, 2BPBlogspot, Sean McEntee, The Tire Zoo.

Hoteles que prestan bicis, alternativa para vacaciones

Está claro que ninguno de los amantes de la bici queremos dejar de disfrutar de ella durante nuestros días de vacaciones. Bien al contrario, tenemos más tiempo libre, así que nos viene genial tenerla con nosotros para salir con ella mucho más de lo que la sacamos habitualmente: desplazamientos útiles, paseos más largos, rutas turísticas, cicloturismo rural

En este blog hemos estado hablando de formas de disfrutar de la bicicleta durante las vacaciones en muchas ocasiones: hemos comentado rutas por ciudades europeas y españolas, así como por el campo. También hemos planteado de qué forma podemos tener la bici con nosotros durante nuestras vacaciones: una manera es viajar sobre ella, sin otro medio de transporte, lo que nos podría ahorrar, incluso, el gasto del alojamiento.

Hemos comentado, igualmente, los requisitos para transportarla en nuestro coche o en trenes, autobuses, aviones… Pero esto último, además de muy complicado y cansado, puede ser harto costoso. Por ese motivo, queremos plantear una posibilidad nueva, que nos resultará mucho más cómoda y que cada vez se está extendiendo más.

Tu hotel pone a tu disposición una bici

Cada vez hay más hoteles y alojamientos de vacaciones, como apartamentos, que ponen bicicletas a disposición de sus huéspedes. En las entradas de los hoteles puedes observar un pequeño aparcamiento con unas cuantas bicis. Pues sí: son para ti. Para que las saques junto con tu familia o amistades y te des una vuelta por tu lugar de visita.

Además de que esto te evitará el engorro de desmontar la bici para embalarla y facturarla y el coste, tendrá la comodidad de que la bici ya está en la puerta de tu alojamiento. No tienes que buscar dónde aparcarla, no tienes que pedir permiso para subirla a la habitación ni ocupar allí un espacio.

Recomendamos que, antes de viajar, te informes de si el hotel que has elegido ofrece este servicio. Especialmente para no hacer el esfuerzo de llevarte la tuya y luego encontrarte con que allí podrías haber dispuesto de una. Si es importante para ti que haya una bici esperándote en tu destino, entonces, quizá bases la elección de tu alojamiento, entre otras cosas, en este factor. De esta manera, servirá de presión para cadenas hoteleras que aún no se han incorporado a la idea y acabará siendo un ofrecimiento, no ya común, como es ahora, sino absolutamente universal. Este efecto de presión reincidirá también en los buscadores de hoteles que tendrán que ir incluyendo este préstamo o alquiler entre sus filtros.

Préstamo de bicis: servicio gratuito

En algunos lugares, te ofrecen la disponibilidad de estas bicicletas de manera gratuita, incluida en el precio del alojamiento. Así resultó ser en el apartamento que alquilé esta Semana Santa en la Costa Brava. También ofrecen préstamo de bicis en estos hoteles navarros, gracias a un acuerdo con una marca deportiva. En otros, lo que se ofrece es un alquiler, como esta importante cadena hotelera. No solo en nuestro país hallarás estas facilidades, también se han encontrado viajando por el extranjero.

No solo tienes esta facilidad y este ahorro de costes, además, cuentas con la posibilidad de despreocuparte del mantenimiento de las bicis, pues será el hotel el que le pase las revisiones y las mantenga siempre a punto para que cualquiera pueda sacarlas. En algunos casos, la bicicleta puede ser eléctrica, como las que ofrece Movehotel en muchos alojamientos de la península, incluidos los de la costa.

Con respecto a la posibilidad de alquilar la bici en otro establecimiento, tiene varias ventajas. No solo tendrás que pagar menos, sino que tampoco tendrás que devolverla al lugar en el que la has alquilado para luego llegar a tu hotel andando o en cualquier otro medio de transporte. Con este sistema, podrás hacer el recorrido entero en la bici.

Con respecto a la opción de sacar una bicicleta municipal también ofrece muchas ventajas. La primera porque estos parques de velociclos los suele haber solo en grandes ciudades, no en la costa o en la montaña, donde puede estar tu destino de vacaciones. Además, porque en ocasiones es necesario hacerse un carnet o dejar un depósito tan elevado para utilizar el servicio, que no compensa.

Hoteles bike friendly

Si tu opción ha sido llevarte tu propia bici, ya sea sobre un transporte o viajando con ella, también querrás elegir un establecimiento que te aloje donde la bici sea bienvenida. Existen hoteles que se denominan “bike friendly”, es decir, amistosos con las bicis. Quiere decir que no les importará que tengas tu bici contigo, que te facilitarán un lugar seguro donde aparcarla y amarrarla. Incluso a veces ponen a tu disposición herramientas y un pequeño taller, donde hacer reparaciones básicas. Para buscar este tipo de alojamientos, puedes consultar este buscador.

¿Has estado ya en alguno de estos hoteles y has sacado una de sus bicicletas de préstamo o alquiler? Cuéntanos qué tal la experiencia. Si has viajado con tu propia bicicleta y has encontrado hoteles que te ponían todas las facilidades, seguro que también querrás recomendárselos a otros cicloturistas. Nos encantará conocer qué tal te lo has pasado.

Fotografías | Balneario de Puente Viesgo, Hotel Tritón, Image After, Travel Ninem y Cycling House.

Lo que pasó el día que decidí optimizar el espacio en casa

Hablamos muchas veces de formas de ahorrar. Existe algo tan valioso como intangible a lo que también se puede aplicar esta filosofía de ahorro: el espacio. Con algo de ingenio, imaginación y sin necesidad de una gran inversión, lograremos que el lugar en el que vivimos parezca mucho más grande de lo que es.

Una de las ideas que venimos proclamando en el blog Ciudadano 0,0 es la de no acumular sin necesidad. Así que contar solo con lo imprescindible nos ayudará a que nuestra casa parezca ese palacio que nos merecemos. No estoy hablando necesariamente de viviendas en exceso minimalistas, pues estoy a favor de lugares acogedores y donde te sientas como en casa en todos los sentidos. Pero encontrar el equilibrio entre tener demasiadas cosas o demasiado pocas puede ser la clave.

La sensación de espacio

Los muebles que generalmente se eligen para decorar algunos pisos están pensados para volúmenes mucho más extensos de lo que muchas veces tenemos. Por ejemplo, esas enormes estanterías con aparador que ocupan toda una pared del salón tienen una profundidad que ya no es necesaria. Si no tenemos tantos libros como para plagar los estantes, no vale la pena desperdiciar todo ese territorio para alojar dos o tres figurillas de porcelana. Si no hay más remedio que ocupar toda una pared con una estantería porque tenemos muchos libros, que esta tenga solo el fondo necesario para que no sobresalga demasiado. Estos muebles con tanto fondo, pensados para televisores de tubo o para las ya obsoletas enciclopedias, podrían empezar a desaparecer.

En mi casa, gané muchísimo lugar cuando me deshice del antiguo mueble de la tele y taladré el nuevo televisor, de pantalla plana, a la pared, gracias a un soporte nada caro. Ahora solo tengo una pequeña balda para los cables y aparatos y el espacio de paso ha aumentado muchísimo. Con gestos así, como el que me pasó el día que decidí optimizar el espacio en mi casa, no solo aumentará de forma real el espacio libre, sino que también tendremos una mayor sensación de espacio, es decir, no se nos vendrá la casa encima, como se suele decir. La elección del tipo de mueble e incluso de su color es fundamental para conseguir esta sensación, que se multiplicará con la colocación de espejos y con la búsqueda de la luz.

Si los techos son altos, aprovechemos esos metros extra para colocar las estanterías muy arriba y así no tener la sensación de estar rodeados de cosas. Vale la pena, aunque luego haya que usar un taburete para alcanzar los objetos. También podemos crear altillos en el falso techo y usarlos para almacenar lo que menos usamos. Pero sin llegar a bajar demasiado el techo, pues esa altura también dará sensación de amplitud.

El espacio multiuso

Con un poco de ingenio, puede resultar divertido encontrar formas de aprovechar las habitaciones para convertirlas en espacios multiusos, que vayan cambiando según las necesidades.

Pongamos el ejemplo del comedor, pieza de la casa que ha caído en desuso, pues es habitual que comamos frente a la tele, en los sofás del salón. El comedor, que solo nos hará falta cuando vengan numerosos invitados a comer o cenar en casa, puede situarse en un espacio multiusos. Una mesa plegable, que se esconda bajo la cama o bajo otro mueble, ocupará el espacio de lo que habitualmente es un despacho o un dormitorio y los comensales se sentirán la mar de a gusto.

Se trata de aplicar nuestra filosofía de la reutilización a los lugares y de pensar que una cama puede ser un sofá por el día o una mesa de comer puede servirte para trabajar con el portátil. En casos de dimensiones realmente reducidas, las camas pegables, que se acoplan a la pared y las cocinas americanas que forman parte del salón son soluciones de toda la vida que se van reinventando con muebles mucho más cómodos.

Se han inventado muchos muebles ingeniosos multiuso, que nos ayudan a ahorrar espacio. Además, podemos seguir alguno de estos trucos o estos consejos. Muebles como el de la siguiente pareja de fotografías, cuyo uso se explica aquí, pueden convertir un dormitorio en despacho en unos segundos.

No lo tiro

Muchas veces, el problema no está en que la casa sea pequeña, sino en que la tenemos tan llena de cosas que parece que nos falta el aire… hay viviendas que llegan a resultar agobiantes, con estanterías hasta en los pasillos. Cuando el espacio sobra, no nos ponemos límites a lo que podemos comprar o recoger. El momento en el que tenemos que mudarnos a un lugar más reducido, nos encontramos con que nos sobran cosas.

Entiendo el fetichismo de acumular libros, CDs, DVDs, Blu-rays o cualquier otro tipo de material escrito y audiovisual. En mi casa, hemos hecho un gran esfuerzo por cambiar de mentalidad y alejarnos de esa manía, que hoy en día ya no es necesaria gracias al almacenamiento virtual o en discos duros, y que solo obedecía a un afán acumulativo más propio de otra época.

Dejar de comprar estos volúmenes en su formato físico y pasar a adquirirlos como archivos –ya sea en forma de libro electrónico, audiolibro, mp3, etc… – puede costar, pero deshacerse de lo que ya se tiene desde hace años es un gesto aún más doloroso. Si pensamos que nuestros “preciados tesoros” caerán en saco roto, desprendernos de ellos resultará imposible. A veces no hay ni trastero donde guardarlos. Pero tenemos que saber que podemos donar nuestras colecciones a ONGs que sacarán un buen provecho de ellas, como la Librería Libros Libres, que colabora con la educación en países en vías de desarrollo o La Asociación Madre Coraje.

Si no contamos con suficientes armarios, trataremos de multiplicar su tamaño y utilidad, por ejemplo, guardando la ropa de otra temporada al vacío y usando las maletas como caja, o de almacenar mantas y sábanas dentro de estos prácticos canapés abatibles.

Si te subes la bici a casa porque no la puedes aparcar en la calle o en un garaje, sótano, trastero… veremos más adelante soluciones para integrarla en la decoración y que no estorbe demasiado.

Hemos hablado ya de la manera de acumular menos papel, evitando imprimir todo lo que escribimos o debemos leer, lo que también contribuye con el medio ambiente. La costumbre de tener grandes despensas de comida, también más propia de tiempos pasados, es otra de las que trataremos de desprendernos, ya que muchas veces su único resultado es que los alimentos, incluso los enlatados, caduquen y nos veamos obligados a tirarlos. Por ello, yo ya compro solo lo que sé que voy a consumir.

¿Tienes la sensación de que se te viene la casa encima? ¿No puedes pasar largos ratos en tus habitaciones porque sientes agobio? Probablemente existen algunas soluciones que puedes aplicar a tu vivienda sin necesidad de pensar en una mudanza. ¿Has hecho algo parecido ya con tu casa? Nos encantará conocer los cambios que has llevado a cabo.

Fotografías | ApcConcept, I Homee, Him Animal Hotra, Iroonie, Homahku, Casual By Kenay, Artícuo de remate

En Vive 0,0 | Espejos en la bici

El Nolotiro aplicado al material de oficina casero

Para los Ciudadanos 0,0 uno de los preceptos más importantes está relacionado con el ahorro, pero no solo con la reducción de gastos, sino con lo que me parece más importante: evitar el despilfarro, evitar el consumo innecesario y el desperdicio de lo que tiene un valor. Hablamos de la Filosofía Nolotiro, un concepto que nació para aprovechar lo sobrante en los restaurantes, pero que se puede aplicar a mucho más.

Estuvimos repasando algunos truquillos para no tirar ni una gota de los productos de higiene y belleza. Ahora podemos ver cómo asociar esta mentalización al material de oficina.

Ya hablamos de lo que puede ahorrar cada uno de nosotros en su trabajo y lo que gastan las empresas. En este caso, nos centraremos en el material informático y de papelería que empleamos en casa y no necesariamente para trabajar los que somos freelances, sino para utilidades domésticas inevitables.

 

Ahorramos dinero, espacio y producimos menos desperdicios

Vimos que la informatización y la comunicación online suponían un ahorro, pilar fundamental ideológico de las Smart Cities. Documentación tramitada a través de Internet, gestiones que no necesitan desplazamientos… como vimos, se ahorrará papel, se economizará en combustible y se despejarán ligeramente las calles de nuestras ciudades.

Desde que los archivos se pueden almacenar como ceros y unos, hace ya décadas que no es necesario tanto papel, pero también desde hace poco, gracias a discos duros físicos o virtuales y a la posibilidad de compartir documentos “en la nube”, también se elimina considerablemente la necesidad de quemar CDs o DVDs. Esto nos ahorra a nosotros dinero y espacio y nos ofrece una mayor fiabilidad para nuestros back-ups, pero al planeta también le evita acumular residuos dañinos.

Hay muchos otros consejos para ahorrar en casa y evitar producir más residuos de los imprescindibles.

Los bancos y las entidades que emiten facturas de lo que pagamos ofrecen, cada vez más, la posibilidad de consultar esos documentos en línea para evitar el gasto en papel y también los envíos por la cuidad. De hecho, puede ser hasta más seguro, ya que no habrá riesgo de que nuestros documentos lleguen por error a un buzón ajeno. Si hablamos con las entidades de gestión y con nuestros proveedores, podemos solicitar estas facturas y extractos virtuales y acabar con la recepción de ese correo tan triste que últimamente supera en número con creces a las cartas y las tarjetas personales.

 

Papel y tinta

Muchas de las posibilidades de ahorro pasan por cambiar nuestra mentalidad o adaptarnos mejor a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, mi padre, que no es muy ducho en el tema informático, coleccionaba fichas de información descargada de Internet y se las iba imprimiendo para guardarlas en una carpeta. Al principio, le decíamos que no hacía falta imprimir nada porque esos datos siempre estarían ahí cuando quisiese consultarlos, pero no se convencía. Finalmente, cuando le regalaron una tableta y se acostumbró a su uso, él mismo vio que no necesitaba imprimir y que le resultaba mucho más cómodo manejar únicamente el aparatito en lugar de tanta carpeta y tanto papel.

Desde hace décadas, se puede leer en el monitor del ordenador, por lo que se podían evitar muchas impresiones. Pero no todas, pues era imprescindible la copia en papel para consultar ese documento fuera de casa o de la oficina. En los últimos años, disponemos además de tabletas, libros electrónicos y de móviles de gran tamaño que nos permiten leer sin necesidad de encontrarnos ante el ordenador. Al mismo tiempo, la tecnología ha desarrollado las pantallas pensando también en esta función y ya no cansan la vista ni hacen el daño a los ojos que antes justificaba la impresión a papel.

A pesar de todo ello, en algunas ocasiones, nos vemos obligados a imprimir, por ejemplo, una entrada de cine o de un concierto, un billete de avión o de tren, un cupón de descuento… Los códigos QR lo evitan en muchas ocasiones, pero no siempre están disponibles.

Cuando no me queda más remedio que llevar la copia impresa, tengo claros, al menos, dos truquillos: reutilizar papel usado, que voy acumulando en un estante bajo la impresora, y que imprimo por la otra cara. Pero, sobre todo, no imprmir nunca colores. La escala de grises es mi amiga. En ningún sitio me van a exigir que el documento esté en color para acceder, pues en realidad, lo único que necesitan es escanear el código de barras. Lo que hay alrededor y que no forma parte de tu entrada o billete es lo que más color suele tener.

 

La tinta puede ser a día de hoy el consumible más costoso de nuestra oficina doméstica, por eso yo procuro usarla lo menos posible. Suelen recomendar que cambiemos todos los cartuchos a la vez cuando solo se ha agotado uno. Pero, aplicando el Nolotiro a la tinta de impresora, he comprobado que se aguanta con un cartucho de color casi vacío durante mucho tiempo si se va cambiando solo el de tinta negra. La filosofía es no tirar lo que aún se puede aprovechar.

Impresoras ecológicas

La tinta es cara, el tóner es contaminante… los fabricantes de impresoras son conscientes y están comenzando a revolucionar este mundillo. La Tanning Printer es una impresora que no utiliza tinta, sino que “broncea” el papel; y, además, funciona con energía solar. La impresora Reenks elimina también el cartucho y en su lugar tira de recambios de bolígrafo. La Pencil Printer lo que hace es reutilizar el grafito de los lápices para usarlo en lugar de tinta y también emplea las gomas para corregir errores. La Riti Printer dicen que imprime gracias a los residuos del café y del té. Las impresoras capaces de borrar el papel para reutilizarlo forman parte del futuro inmediato. La Berg-Little Printer es una simpática mini-impresora termal, que no utiliza tinta y que, manejada desde el móvil, sirve para imprimir noticias de Internet, listados de cosas, etc…

 

Material de oficina de siempre

Quizá no seamos muy conscientes de ello, pero ha ocurrido algo en los últimos tiempos en todas las casas: el consumo de lápices, borradores, bolígrafos, libretas… ha disminuido. Para eso no nos ha hecho falta concienciarnos, sino que estos productos han ido cayendo por su propio peso. Lo que teníamos antes que apuntar sobre hojas, ahora puede ir a tablas o documentos de ordenador. Las agendas se sustituyen por calendarios online, que modificamos con absoluta comodidad. El material de papelería, por lo tanto, se han convertido en objetos de regalo y de decoración.

Aún así, hay veces en las que utilizamos cuadernos o libretas. La contrapartida que suelen tener estos para aprovecharlos al máximo es que, si somos organizados, querremos que sean temáticos, es decir, que llevaremos una libreta para cada cosa. Por ejemplo, para tomar los apuntes de un curso al que asistimos, para hacer anotaciones periódicas… Lo más probable, entonces, es que al final nos sobren páginas. Lo que suelo hacer es empezar de nuevo la libreta por la parte de atrás, invirtiendo la verticalidad y considerando la contraportada una nueva portada. Otra opción es retirar con un cutter las páginas y o bien reutilizarlas como hojas sueltas o volverlas a encuadernar con un canutillo o espiral.

 

Son muchísimas las cosas que se pueden hacer para ahorrar un poco en materiales y consumibles. Tal vez en lo económico no notemos más que una pequeña disminución del gasto, pero lo que seguro que conseguiremos es disminuir la necesidad de espacio de almacenamiento –cosa hoy en día tan valiosa como el tiempo y el dinero– y reducir considerablemente la producción de desechos. Seguro que vosotros tenéis algunos truquillos como los que os he recomendado de la escala de grises o de comenzar una libreta por detrás. ¿Os gustaría compartirlos con todos los lectores?

En Vive00 | La bicicleta en las smart cities

Preparando el carnaval con disfraces 100% reciclados

Cuando hablamos de disfraces 100% reciclados, nos hacemos a la idea de un envoltorio de cartones o de papel pinocho confeccionado a mano de forma algo infantil y con resultados cuestionables. Sin embargo, hay mucho más que la caja de la leche en lo que se refiere a materiales que ya no tienen utilidad.

No olvidemos que las telas en general y la ropa en particular también puede reutilizarse. Ayuda si sabes coser, aunque sea un poquito, pero no es imprescindible. Ropa que ha pasado de moda, atuendos de trabajo que ya no se necesitan… Si somos de los que conservan las prendas viejas, no hará falta ni tener pensado el disfraz de antemano: bastará abrir las cajas y rebuscar para que se nos ocurra de qué ir. Y más si el baúl de los recuerdos es de nuestros padres, abuelos, tíos… cuanto más antiguo, más patente quedará que vamos de Carnaval.

En el caso de que sí tengamos pensado el disfraz, habrá que buscar con mayor precisión. Podríamos ir de cacería por mercadillos y tiendas de ropa de segunda mano… O pedir ayuda a amigos y familiares que puedan tener, por la circunstancia que sea, justo lo que buscamos: un bombín, un esmoquin de los setenta, un sari…

 

Una buena idea es crear un listado en FaceBook de todo lo que necesitamos para que los amigos y familiares que lo tengan nos lo presten o cedan. Es posible que les estemos haciendo un favor a ellos más que ellos a nosotros, pues tal vez quieran deshacerse de ese objeto o prenda para ganar espacio.

Los complementos sí que tendremos que hacerlos con toda la habilidad de la que dispongamos y, para ello, no nos vendrán mal esos cartones y papeles de los que hablaba al principio. Ejemplos de disfraces improvisados con lo que se encuentra en casa hay cientos. Los más manitas son capaces de construir cosas sorprendentes sin necesidad de nada textil.

Ideas para disfraces reciclados

Videoclips, juegos para móviles, cine, TV… en todo nos podemos inspirar. Si nos vamos al terreno del cartón y la pintura y contamos con bastante habilidad para dibujar, una opción divertida es disfrazarse en grupo de los Angry Birds, cada uno de una de las aves enfadadas: la roja, la amarilla, la azul… y el que peor nos caiga de la pandilla, que vaya de cerdito. Siguiendo en temas de actualidad y en este caso optando por pedir ropa prestada, otra sugerencia que se me ocurre es vestirse como Psy, el cantante de Gangnam Style: la chaqueta verde chillón, la pajarita, las gafas de sol, etc… Cualquier película de Tim Burton tiene un personaje del que puede ser divertido vestirse buscando ropas estrafalarias aquí y allá. Si este año, hemos corrido la San Silvestre, podemos usar el chándal para ir de maratonista.

Mi último disfraz reciclado

En Halloween ya me disfracé y ahora para Carnaval voy a ponerme lo mismo. Pero no pretendo afirmar que reutilizo o reciclo mi disfraz solo por ese motivo. De lo que hablo es de un traje creado por completo con materiales de desecho. Os contaré de lo que iba: de la doctora Temperance Brennan, es decir, Bones, en la serie de televisión del mismo nombre.

La necesidad principal era una bata de laboratorio que ya adornaría yo con mis manitas. Le pedí a una amiga química si tenía alguna que no utilizase porque le quedase demasiado grande Así, con lo que ella sacó del desván consiguiendo hacer hueco para almacenar otras cosas, ya tenía la base de mi disfraz. Con cartones me confeccioné el escudo hexagonal del Jeffersonian y una acreditación para colgarme al cuello. Para acompañar, me hice un esqueleto también de cartones. Sí, el conjunto se puede comprar, pero tiene mucha más gracia que te feliciten por lo parecida que vas cuando lo has confeccionado todo de cero.

En definitiva, ya sea reciclando materiales de desecho, ya sea pidiendo prestados objetos y prendas de ropa a los demás, por lo que apostamos los Ciudadanos 0’0 es por un Carnaval con disfraces totalmente originales. Reutilizar aquello con lo que ya contábamos para darle una vida nueva e inesperada no solo resultará económico, sino mucho más divertido y servirá para, una vez más, demostrar nuestra creatividad. ¿Ya tienes pensado de qué te vas a disfrazar este Carnaval? Cuéntanos, seguro que muchos nos animamos a ir de algo similar.

Los mejores disfraces reciclados

La imaginación que tienen muchos para crear disfraces partiendo de la nada es increíble. Es cierto que el disfraz debe ser algo reconocible, por lo que normalmente se tira del imaginario colectivo y se usan personajes de películas recientes o inolvidables, conceptos recurrentes, imágenes muy vistas en los últimos vídeos virales de Internet… pero la imaginación no está ahí, la imaginación se demuestra a la hora de reutilizar los materiales y crear sin gastar ni un céntimo impresionantes disfraces.

Por ejemplo, vemos estos que se pusieron algunos niños para Halloween: desde Wall-e de Pixar a un Guerrero Xiam. O estos que llevaron adultos, utilizando materiales tan impensables como teclados viejos de ordenadores en desuso, bolsas de productos del supermercado, billetes, falsos, servilletas… lo increíble es que partiendo de cosas de desecho los resultados son muy glamourosos. También merece mención este dinosaurio lleno de temibles escamas, que está hecho únicamente con cartón recogido por la calle. Pocas veces se consigue tanto de tan poco.

Créditos de las imágenes | Instructables, Rusty Zipper, Padres facilísimo, Gaga Boom, Deco Peques, Scrum Dilly Dilly.

Hasta la última gota: aplicando el Nolotiro a mucho más

En Ciudadano 0’0 disfrutamos sacando el máximo provecho a todo, no desperdiciando nada que pueda servir. Hemos hablado de las campañas de Nolotiro de San Miguel en restaurantes (tanto de Madrid, como de Barcelona y Terrassa) y en recetas para hacer en casa con lo sobrante. También hemos informado sobre campañas solidarias al respecto.

Esta mentalidad Nolotiro que encuentro tan positiva no tiene por qué aplicarse solo a la comida, también se puede ejercer con el resto de los productos de consumo. Lo que se compra en el supermercado y que no es de alimentación quizá no tenga una fecha de caducidad tan clara que nos obligue a tirarlo sin empezar, pero el diseño de los envases muchas veces nos hace desperdiciar un pequeño porcentaje que, si vamos sumando, puede suponer una o dos compras de ese producto al año.

Por ahora, me limitaré a hablar de lo que utilizamos en el cuarto de baño para ver las formas de aprovechar hasta la última gota y, sobre todo, demostrar que vale la pena el pequeño esfuerzo extra. Más adelante, tal vez apliquemos la misma forma de actuar a material de oficina y otro tipo de productos.

 

La clásica imagen de los envases boca abajo

Cuando se trata de champús o geles, es muy fácil terminar de aprovechar los frascos, ya que la poca viscosidad del producto permite extraer todo el contenido simplemente dejando el bote boca abajo una noche. No sería raro que nos encontrásemos esta imagen en algún cuarto de baño o que en estos momentos se esté produciendo en el nuestro.

Hay un soporte para mantener un bote boca abajo, que podemos utilizar para todo, aunque esté diseñado para el kétchup. También son simpáticos estos pulpitos que te lo harán más fácil para extraer el gel y el champú mientras te duchas.

Sin embargo, con productos de mayor viscosidad, como el desodorante o la pasta de dientes, no basta con haberlos dejado caer unas horas. En casos así, lo que se suele hacer es desistir y tirarlos. Yo no me rindo.

Algunos truquillos

Si por la boca del tubo no llega a salir, lo que hago es cortarlo por la mitad con las tijeras y extraerlo directamente. Los esmaltes y otros productos con envase de cristal y brocha o aplicador acoplado a la tapa parecen más difíciles de aprovechar al máximo. Quizá nos sirva un bastoncillo de algodón para los oídos que podamos doblar hasta llegar a las esquinas. A los roll-ones he llegado a quitarles la bola y a extraer manualmente los restos. Las tapas que parecen diseñadas para no ser abiertas, se me resisten un poco más, pero acabo consiguiendo despegarlas, aunque sea con ayuda del mango de las tijeras u otro instrumento… Siempre hay una manera y mejor tomárselo como un juego y un reto que como una incomodidad.

 

Lo sorprendente es que el aprovechamiento extra parece insignificante, pero con algunos productos puede ser bastante considerable. Por ejemplo, con un tubo de pasta de dientes cortado con tijera he podido llegar a lavarme toda una semana más de la prevista. Calculad el ahorro que supondría eso al año. Y ya no digamos si se trata de productos caros, como los maquillajes y las cremas.

Siempre lo he hecho de esta manera, sin necesidad de que nada ni nadie me conciencie. Para mí, tirar a la basura un bote con un cinco por ciento de producto me resulta tan atroz como dejarme algo en el plato o permitir que corra el agua mientras me cepillo los dientes. Aprovechando todo al máximo me siento mucho mejor, no solo por lo que ahorro, sino también porque, aunque no sea comida lo que tiramos, son productos químicos que pasan por procesos de fabricación, envasado, transporte, etc… que será mejor reducir en la medida de lo posible.

 

Son tantas las cosas que se pueden emplear hasta el final que aquí solo he dado algunos ejemplos y me he limitado al ámbito del cuidado y la belleza. Me gustaría que me comentaseis cuáles son vuestros truquitos y vuestras costumbres. Seguro que ya hacíais alguno de estos y lo teníais muy asentado en vuestra rutina. Para mí, es uno de esos pequeños gestos que se hacen a diario para un mundo mejor y que al mismo tiempo a nosotros también nos vienen bien.

Regalos de Navidad para todos los gustos

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Como todos los años, por estas fechas, hay que ir empezando a pensar en los regalos para los familiares y amigos para Papá Noel, Navidad, Reyes o cualquier otra que sea la opción de celebración que escoja cada familia. Algunas veces, esto se convierte más en obligación que en placer, ya que hay que buscar regalos a muchas personas y los acumulamos para adquirirlos como quien compra la intendencia del hogar.

No es de extrañar que dé pereza meterse en una gran superficie donde todo son multitudes entre las que no se puede ni avanzar y donde seguro que te llevas más de un codazo, para luego hacer una larguísima cola hasta que te cobran y otra para que te envuelvan los regalos… Y lo peor es que sales con lo mismo que ya se han llevado otros y quizá hasta coincidas con otra persona en regalar algo a su destinatario.

Regalar debería ser algo agradable, ya que estás pensando en esa persona, le estás dedicando un tiempo y estás anticipando la alegría o la sorpresa de cuando lo abra. La propuesta de hoy sería recuperar esa forma positiva de afrontar la compra de regalos y proponerse disfrutarlo tanto o más como cuando nos compramos algo a nosotros mismos.

Para evitar esa aglomeración y hacer la búsqueda del regalo más placentera, podremos escoger esas tiendas tan bonitas que hay por el centro de casi todas las ciudades, en las que, si ya solo la decoración invita a pasar un rato enredando en sus estantes, no digamos los productos expuestos. A mí, siempre que las veo, me apetece entrar y me da pena no necesitar nada. Así que me imagino lo que disfrutaré visitándolas cuando tengo tantas compras por hacer.

En la librería del barrio, los libreros tendrán tiempo para aconsejarnos lo mejor para cada persona a la que queramos hacer un regalo y podremos incluso tomarnos un café.

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Menos desplazamientos

Hemos hablado en otras entradas de que una de las ventajas de vivir en una gran ciudad es tener a tu alrededor tiendas de todo o de casi todo. Buscando entre las pequeñas tiendas de nuestro barrio, podremos adquirirlo todo en un agradable paseo. Pues seguro que coger el coche es otra de las cosas que hacen tan cuesta arriba la compra de regalos.

Recuerdo al escribir estas líneas que uno de los atascos más terribles en los que me he visto envuelta o quizá el peor no se produjo a la vuelta de un puente o un fin de semana largo, ni siquiera en una operación salida o retorno vacacional. Fue en fechas previas a la Navidad, una tarde en la que yo volvía de un trabajo y cientos de vehículos se dirigían a las afueras de la urbe a comprar regalos en grandes superficies y polígonos industriales. No ya por contribuir a formar menos follón o a contaminar menos, simplemente por no vernos envueltos en eso, vale la pena comprar cerca de casa.

Por estas fechas son habituales las ferias, mercados o mercadillos para que puedas ir eligiendo entre puestos de un solo vistazo. De aquí a que lleguen las fiestas navideñas, ya hay varios convocados en las diferentes ciudades y seguro que tienes alguno que te queda muy cerca. Yo ya estoy al tanto para pasarme por el de artesanía, por el medieval, por el de segunda mano… y así resolver mis compras mientras me divierto.

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No habrá regalo más personal

Cada vez es más difícil encontrar un regalo original. Además de procurar no coincidir con lo que regalen otros, es importante que la persona que va a recibirlo no lo tenga ya y que no sea una nueva versión de lo que le venimos trayendo año tras año.

Una forma de asegurarnos de acertar es regalarle algo único, es decir, algo hecho a mano por nosotros. Así esa persona tendrá muy claro que hemos pensado en él o en ella. Dicen que el tiempo es oro, pues dedicarle a alguien nuestro tiempo, mimo y esmero no puede compararse con nada comprado. Cuando éramos pequeños, esta costumbre resultaba habitual, especialmente con nuestros padres, que recibían las manualidades que confeccionábamos en el colegio. Volveríamos a esa costumbre, aunque con resultados más profesionales.

Quien sea capaz de coser, bordar, hacer ganchillo… podrá abrigar a toda la familia para este invierno. Quien rebose imaginación, podrá crear todo tipo de objetos y sin coste en materias primas, pues todo puede venir del reciclaje y la reutilización.

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Incluso el papel de envolver y el celo pueden ser hechos a mano y reciclados. Y, si recuperamos la costumbre de enviar felicitaciones por correo postal, seguro que las más bonitas son las confeccionadas a partir de papel reutilizado.

Ya me ha pasado con otras entradas del blog Ciudadano 0,0: es terminar de escribirlas y quedarme con unas ganas locas de lanzarme ya a hacer aquello de lo que trata el artículo. Así que ya estoy deseando comenzar a comprar los regalos para la familia y para los amigos. En lugar de llevar pensado lo que ya supongo que les gustará o que necesitarán, voy a dejarme sorprender por tiendas originales en las que se encuentran objetos increíbles e ideas geniales. Me dejaré llevar según lo que puedan ofrecerme y recomendarme y seguro que las caras al abrir los paquetes este año van a mostrar mucha más sorpresa y agradecimiento.

Llámalo coser o llámalo patchwork … ¡Lo bordamos!

En Ciudadano 0,0 hemos hablado de alternativas solidarias para darle otro uso a nuestra ropa, también de reutilización y reciclaje y hasta de convertir lo que no nos sirve en arte. Ahora veremos una forma muy creativa de aplicar la filosofía del no lo tiro a nuestras prendas de vestir. Desde hace poco, reutilizo la ropa que ya no me vale o reciclo telas usadas para crear algo nuevo. No hace falta demasiada habilidad, solo imaginación.

Antes, prácticamente todas las mujeres sabían coser. Las que más, hacían la ropa para toda la familia. Las demás no se quedaban lejos, pues nada menos que bordaban mantelerías o arreglaban las prendas que se quedaban pequeñas. No hay que remontarse demasiado tiempo, ya que nuestras madres todavía cosen porque aprenderlo formó parte de su educación. En estos últimos años, parecía que esta costumbre iba a desaparecer. Hubo incluso algún local de transformaciones que se promocionaba con la ingeniosa frase de “ya no cose ni mi abuela“.

Pues bien, la costura ha vuelto antes de que haya llegado a saltarse una sola generación. Muchas personas estamos volviendo a aprender a coser, esta vez no por necesidad o por tradición, sino por gusto. La ropa confeccionada no sale nada cara y las opciones son muchas, sin embargo, nos apetece hacernos las cosas a nuestro modo, dar rienda suelta a nuestra imaginación o, como mínimo, arreglarnos lo que no termina de sentarnos bien.

 

Renuevo el armario con coste cero

Todo lo podemos reutilizar. La ropa vieja o pasada de moda puede tener una nueva vida. A pesar de que la he reciclado, gracias a los retoques, nadie pensará que llevo otra vez aquella prenda de hace tres o cuatro años. Y ni siquiera hace falta ser muy hábil, pues hasta los remiendos pueden considerarse un detalle creativo hecho adrede. Esa prenda aburrida que no sé ni qué hace en mi armario, la transformo en algo original que ninguna otra persona se pondrá. De los retales de varias blusas raídas que iba a tirar, me confecciono un juguetón bolso de patchwork.

Tampoco habrá que deshacerse de lo que nos encantaba, pero que ya no nos vale. Con nociones de costura, podremos ajustar tallas, tanto para nosotros, si hemos perdido o ganado peso, como para los nenes, según van creciendo.

Y esto supone solo la opción más sencilla. Si nos atrevemos, podemos lanzarnos al siguiente paso:

Prendas únicas

Casi siempre me pongo abrigos tan coloridos y caprichosos, que varias veces me han preguntado si me los hacía yo. La respuesta solía ser que “ojalá”. Pero, ¿por qué seguir deseando saber hacer una cosa en lugar de decidirme a aprenderla?

El año pasado, me apunté a una academia, donde aprendí a utilizar la máquina de coser y di mis primeros pasos en patronaje. Si se llega a dominar la capacidad para seguir patrones, las opciones se convierten en ilimitadas, ya que no solo adornaremos o transformaremos lo preexistente, sino que podremos partir de cero en la creación de prendas propias.

Descubrí una nueva forma de comprar: en lugar de ir a tiendas de ropa, visito establecimientos de venta de telas. De repente, se abre ante ti todo un universo nuevo, en el que no solo te rodean cientos de estampados o colores diferentes, sino donde también existe todo tipo de tejidos y de opciones, según lo que se necesita hacer. Aunque solo contemos con rudimentos básicos sobre corte y confección, entrar en una de estas tiendas provoca que la imaginación comience a volar.

Se dice que no hay que juzgar un libro por la portada y es verdad. Sin caer en prejuicios hay que admitir que lo que elegimos para ponernos encima nos define. No solo cada persona viste de una forma, acorde con su personalidad o sus ideas, también esa misma persona se dejará llevar por el estado de ánimo de cada mañana al elegir la combinación de colores o la discreción de su atuendo. Si no solo elegimos prendas entre las opciones de otros diseñadores, sino que nos las confeccionamos nosotros mismos, estaremos expresándonos mucho más a través de la ropa.

Crochet, patchwork, bordado… un juego

Además de las escuelas de costura tradicionales que nunca han desaparecido, en las ciudades están empezando a surgir nuevos talleres, decorados con muy buen gusto, llenos de colorido, donde se dan cursillos de costura, punto, patchwork, crochet, bordado, etc… Esta forma de presentar los establecimientos, tan lúdica, provoca que cualquier persona con inquietudes creativas tenga ganas de apuntarse a uno de los cursos.

El ganchillo ya no tiene por qué significar hacer un babero para el próximo bebé de la familia, que también se puede hacer y es un bonito detalle. Ahora quizá aprendamos esta habilidad para darle vida a un pequeño muñeco de Yoda. Es una forma de ver la costura y sus afines que incluye lo que nos ha formado como generación.

 

En resumen, la costura y todo lo que la rodea suponen aficiones muy placenteras, relajantes y creativas que, asimismo, pueden darnos la oportunidad de ser los más originales a la hora de vestir y de regalar a seres queridos obsequios personalizados. Además, son una manera de ahorrar, ya que muchas de las cosas que habríamos tirado, podemos reutilizarlas, ya sea con un arreglo o tomando solo el tejido para inventar algo nuevo a partir de los retales. Creatividad, reutilización, ahorro, originalidad… todo se ajusta a la manera de ser de los Ciudadanos 0,0 y, lo más importante, es algo que me gusta hacer. Si habitualmente nos enorgullece que las amistades elogien las prendas que llevamos puestas, cuando se trata de algo hecho por nosotros, la satisfacción es plena.

Cosas que puedo compartir con mis vecinos

 Hace poco tuve una revelación: leí que el ciudadano medio utiliza su taladro 8 minutos de media a lo largo de toda su vida. ¿Será verdad? No me extrañaría. El taladro es una de esas cosas que compramos, utilizamos dos o tres veces al año y poco más… salvo que seamos aficionados al bricolaje.

Y eso me hizo pensar sobre la cantidad de cosas que compramos a veces para no darles apenas uso, o al menos no tanto como podríamos. ¿Merece la pena gastar dinero y ocupar espacio en casa, que podríamos dedicar a otras cosas? Yo he decidido que no y he empezado a hacer algo para remediarlo.

Los vecinos están para ayudarse

Si tienes la suerte de que tus vecinos sean amigos, tienes mucho a favor. ¿Has pensado en la cantidad de cosas que puede comprar uno solo y que sirvan a ambos? Las ventajas son indudables: para quien hace la compra, la posibilidad de ahorrarse una buena parte del coste, y para quien no, ocupar menos espacio en casa y ahorrar dinero.

Algunas de las ideas que he aplicado yo mismo o algunos de mis amigos son las siguientes:

La lavadora: Está bien, esto es imposible para una familia, pero ¿para un par de vecinos que viven solos? Una buena amiga mía acababa de mudarse y no tenía este electrodoméstico, con la buena suerte de que su vecino, en la misma situación, estaba eligiendo una. Con dinero de ambos pudieron comprar una mejor (¡y más eficiente!) que comparten sin problema alguno. Poniendo apenas una lavadora a la semana, es la mejor opción.

La caja de herramientas: No se trata de ser el vecino gorrón que pide las herramientas prestadas siempre, sino de, al igual que en el caso anterior, llegar a un acuerdo. Si de vez en cuando nos gusta arreglar nuestra casa o reparar muebles, puede que tengamos algunas herramientas compradas para ello. ¿Por qué no ponernos en contacto con nuestro vecino para compartir las que ya tenemos? A lo mejor él tiene esa lijadora eléctrica que te viene tan bien pero que no vas a comprar para un solo uso, o tú le puedes prestar tu destornillador eléctrico si tiene que montar unos cuantos muebles.

Internet: Con una tecnología como el wifi y unas velocidades de vértigo como las que se ofertan hoy en día, ¿por qué no compartimos internet? Pagamos a medias la cuota del ADSL y tenemos una clave en común.

Compras conjuntas: Recuerdo que cuando era pequeño, en mi barrio mi madre se ocupaba de comprar la leche para mis vecinas. ¿Y si siguiéramos haciéndolo? Odio tener que ir al supermercado del otro extremo del barrio porque es el único en el que venden mi producto favorito, pero mi vecina sí compra allí.

También podemos suscribirnos a uno de los nuevos servicios que han surgido de fruta ecológica en los que te mandan una cesta cada quincena: compartirlo con el vecino hará que nos cueste la mitad y no desperdiciaremos comida que no nos dé tiempo a comer. De hecho, ¿por qué no montamos un huerto urbano entre todos?

 

Más allá de la conversación de ascensor

Y es que ejemplos hay miles. Solo tenemos que vencer la vergüenza de hablar con nuestros vecinos, de conocerles un poco mejor. Al fin y al cabo, son la gente que tenemos más cerca, con los que compartimos entorno y problemas, y hay muchas formas de que colaboremos para que todos vivamos mejor. Siempre me acuerdo de un amigo que me contaba que todos los domingos se encontraba en el buzón el suplemento infantil de un periódico: su vecino de arriba, un hombre mayor, se lo dejaba cuando lo compraba cada domingo.

Se trata tanto de ahorrar espacio en casa y dinero como de mejorar la relación de una forma muy fácil. Incluso si somos pocos y nos llevamos bien, la comunidad de vecinos nos puede ayudar. ¿Te imaginas tener una completísima caja de herramientas a disposición de todos los vecinos en el cuarto de contadores?

Si te interesa este tema, en inglés hay portales como Share some sugar en los que ponen en contacto a vecinos de diferentes lugares que puedan compartir cosas, según sus aficiones y necesidades.

Conocer bien a los vecinos, compartir, ahorrar dinero y espacio y sentirnos mejor es mucho más fácil. ¿Te animas? ¿tienes más ideas para estos casos?