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Viajes sostenibles: una nueva forma de moverse

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Los viajes sostenibles son una nueva forma de entender nuestra manera de movernos y de conocer el mundo. En este mundo en que vivimos la sostenibilidad empieza a ser una demanda urgente en todos los aspectos de nuestra vida. Un capítulo que deberemos tener muy en cuenta es el del turismo.

Apúntate a esta nueva manera de cuidar y conocer el planeta.

Chicas mirando el paisaje
Empezar a viajar de manera sostenible es más sencillo de lo que piensas

 

Si te has arrepentido de aquellas vacaciones en las que no había sitio en la playa para clavar la sombrilla y olía más a crema que a mar, o no te gustó ese centro histórico lleno restaurantes de comida basura y atestado de souvenirs, probablemente ya te has planteado algunas de las cosas de las que vamos a hablar.

El turismo tiene la capacidad de transformar poderosamente el escenario y la vida de muchas personas por todo el mundo. Consciente de su impacto, una parte del sector turístico pone su acento en darle la vuelta a sus efectos nocivos, y se esfuerza por desarrollar modos de vida y manejos del territorio respetuosos para las personas y el entorno.

Viajes sostenibles: Una cuestión de responsabilidad

 

Nuestra presencia en lugares distintos a los que habitamos habitualmente traslada hasta allí  todas nuestras necesidades, espacio, techo, agua, comida, energía y también todos nuestros desechos. De la misma manera que cuidamos nuestra alimentación o reciclamos la basura de nuestros hogares, viajar apostando por visitar lugares en los que hay un compromiso con el respeto al medio ambiente y la vida silvestre es una responsabilidad saludable.

Buscar alojamientos que se integren en el paisaje, con eficiencia energética, o restaurantes  que den de comer lo que da la tierra en esa temporada son buenas líneas a seguir.

Si aprovechas la estacionalidad para descubrir pequeños enclaves del mundo haciendo coincidir tu viaje con el momento en el que se recolecta o cosecha algo, estarás potenciando la economía local, degustando su gastronomía y dando sentido al paisaje creado a lo largo de los siglos.

Tener en cuenta la estacionalidad para planear tus destinos es una buena idea para disfrutar de todo lo que te puede dar el lugar que visitas
Tener en cuenta la estacionalidad para planear tus destinos es una buena idea para disfrutar de todo lo que te puede dar el lugar que visitas

 

Poner conciencia y elegir el mejor momento es una manera de no contribuir a los posibles efectos negativos de la actividad turística. Por ejemplo si disfrutas esquiando, hazlo en años que haya nevado mucho, el uso de nieve artificial contamina los manantiales desde su nacimiento en la alta montaña.

Muchos lugares ofrecen la oportunidad de contemplar espectáculos de la naturaleza, practicar la observación de fauna o un sinfín de actividades al aire libre que están firmemente comprometidas con la protección y el cuidado ambientales y sociales. Visitarlos nos hará crecer personalmente y dar la vez apoyo a iniciativas o comunidades que con su actividad sostienen la salud del planeta. Pasear bajo el dosel de un bosque alucinante puede servir para frenar su desaparición.

Viajar a otro ritmo

 

Otra clave de la sostenibilidad es la velocidad. También es aplicable la máxima menos es más: menos kilómetros recorridos o menos consumo en general, es más sostenible. Salir de la rutina y encontrar un mundo distinto al cotidiano puede suceder a la vuelta de la esquina, sin necesidad de coger un avión.

Vayas donde vayas, una vez allí, recorrer el lugar a pie, en bici o en canoa mejorará enormemente la eficiencia energética, económica y ambiental de tus vacaciones. Sustituye la gasolina por piernas y brazos, hazlo progresivamente si llevas una vida más sedentaria de lo que te gustaría. Será una saludable decisión, dormirás estupendamente. La percepción del espacio y las relaciones humanas se ensanchan cuando nos movemos sin prisas, tu viaje será más intenso.

Un viaje sostenible lleva un ritmo diferente, más pausado, pero a la vez más activo.
Un viaje sostenible lleva un ritmo diferente, más pausado, pero a la vez más activo.

 

Una experiencia activa

 

Este es otro de los pilares del turismo sostenible, ofrecer actividades o experiencias activas, tanto para el cuerpo como para la mente y el espíritu. Esto se consigue huyendo de la masificación y reduciendo la velocidad, mirando hacia la naturaleza, buscando la vivencia y fomentando la curiosidad innata que tenemos.

Así el turismo sostenible crea otra manera de establecer el contacto entre visitantes y anfitriones desde lo cercano y lo útil. Visitar una cooperativa de mujeres artesanas o un centro de recuperación de fauna salvaje es mucho más gratificante que recorrer el enésimo mercadillo de reventa de baratijas étnicas y souvenirs o un zoo.

Tampoco hay que olvidar que el turismo lo sostienen las personas. Satisfacer las demandas del viajero desencadena toda una cadena de relaciones laborales y personales que no deben pasarse por alto. Es importante ser consciente del tipo de empleos y escenarios sociales que genera el turismo, y poner en valor las labores que garantizan nuestro bienestar cuando estamos fuera de casa y a quienes las desempeñan.

Piensa globalmente y busca lo local

 

La hostelería, el manejo de los residuos, la producción agrícola, la interpretación del patrimonio, el turismo de aventura, el entorno natural o la artesanía se complementan  sosteniblemente cuando crean una economía real orientada a mantener y mejorar la vida de los lugareños.

Chico sobre un coche
Atrévete a planear un viaje diferente

 

Por eso, en los lugares donde se practica un verdadero turismo sostenible buena parte de las decisiones y beneficios que genera esta actividad son manejados por la comunidad residente o revierten positivamente en ella.

Si viajas hacia los trópicos puedes buscar ferias y cooperativas artesanas, agrícolas, de multiaventura, complejos turísticos pequeños, restaurantes familiares, alojamientos ecológicos o reservas de vida silvestre en manos de una comunidad.

Verás que desde ahí se irradia todo un abanico de beneficios para la tierra y para la población local en forma de escuelas,  proyectos sociales o ambientales, servicios y empleo digno.

Cuando hagas turismo rural, más allá de una casa vacía en un  pueblo, elige alojamientos manejados de forma familiar, vinculados a la vida en el campo y la producción agroganadera. Este tipo de alojamientos muchas veces ofrecen la posibilidad de comer alimentos naturales, de cerrar ciclos, o de explorar con quienes mejor conocen el terreno las opciones  de ocio que ofrece ese entorno natural. Tu escapada será mucho más auténtica y estarás aportando un granito de arena más a favor del cuidado de ese territorio.

A la hora de planear tu próxima escapada piensa cómo quieres estar, cómo quieres ser recibido, qué quieres hacer o conocer, y también qué vas a dejar detrás cuando abandones tu destino vacacional. Son preguntas que te conducirán irremediablemente a disfrutar mucho más de un viaje sostenible.

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