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La experiencia de pasar un fin de semana en una granja

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¿Te animas a pasar un fin de semana en una granja? Antes se decía que alguien es más de campo que las amapolas para destacar, no sin cierta retranca, que en la ciudad no se encontraba en su elemento. Hoy las cosas son completamente  diferentes: somos los urbanitas los que cuando salimos de la ciudad no nos hallamos y tenemos dificultades para desenvolvernos.

Si alguna vez has sentido esta sensación, puedes probar a pasar un fin de semana en una granja. Aprenderás muchas cosas que seguro puedes aprovechar a tu vuelta a la metrópoli. Vuelta a la rutina, pero con una experiencia muy especial en tu haber.

cuatro vacas en el campo
Convivir con animales en una granja es una experiencia que no te puedes perder

 

Disfrutar de un fin de semana en una granja

 

Querido urbanita: hoy te vamos a hablar de la experiencia de vivir sin un supermercado o un bar al lado. A quienes vivimos en la ciudad y tenemos que lidiar cada mañana con aglomeraciones y atascos, la vida en una granja nos puede parecer algo idílico, pero se trata de una ocupación muy exigente y que no conoce fines de semana ni días festivos: en la granja se trabaja todos los días. Por eso si quieres pasar un fin de semana en una granja, no solamente vivirás una experiencia apasionante, sino que puedes servir de gran ayuda a tu granjero anfitrión.

Pasar un fin de semana en una granja es algo más que vivir sin un supermercado o cualquier otro servicio cerca. Mucho más. A cambio tendrás contacto directo con la naturaleza y la vida rural. Silencio, tranquilidad, aire limpio y comida natural elaborada de manera tradicional. Esto es lo que buscamos quienes pensamos en pasar unos días en una granja. Esta estancia se convertirá en una experiencia sorprendente y muy diferente a lo que imaginábamos.

Hay muchos tipos de granjas

 

Sí, querido urbanita, hay muchos tipos de granjas. Si bien en los cuentos que leíamos de pequeños solíamos ver cerdos, vacas y ovejas conviviendo con gallinas y conejos, lo cierto es que hoy en día este modelo no es tan frecuente. Hoy las granjas se suelen especializar en la cría de uno animal. Aún así, sigue habiendo de todo, explotaciones más pequeñas y que siguen un modelo más ecológico, y también hay instalaciones que han preferido apostar por fórmulas más especializadas. Hay de todo.

Las granjas a las que tenemos acceso como visitantes suelen ser más tradicionales, con varios animales, instalaciones pequeñas o medianas con un modelo productivo más asequible en el que podrás colaborar y empaparte de lo que es la vida en una granja, al menos por un par de días.

granjero con vacas en el campo
La vida en una granja transcurre a un ritmo completamente diferente

 

La cruda y bella realidad

 

A veces ese silencio y esa calma que venimos buscando se ve interrumpido por los mugidos de las vacas o los balidos de las ovejas, el aviso del gallo a deshoras y otras cosas que en tu primera composición de lugar no habías tenido en cuenta. En las granjas huele mal. Huele a establo, donde viven los animales. Y lo más bonito de todo esto es que estamos ante la vida misma. La forma de vida de muchos de nuestros abuelos que se levantaban con el sol para sacar adelante a sus animales, fuerza de trabajo y fuente de alimentación. Hoy las zonas rurales tienden a despoblarse y la vida se concentra en las ciudades, donde todo funciona con un reloj diferente.

Dependiendo de la época del año en la que visites una granja, la vida será diferente. En invierno la vida se ralentiza, los animales se alimentan del forraje que se ha recogido durante el verano y su actividad es menor que en los meses más productivos, con apetitosos pastos verdes.

Durante las épocas de cría, en las que si tienes suerte, podrás ver cómo nace un cordero o un ternerito y presenciar sus primeros momentos de vida, y de la misma manera hay momentos en que los animales mueren. Aún así descubrirás la impresionante humanidad y conexión de quienes trabajan o viven en la granja con los animales que crían y con los que conviven. Es un proceso complicado y duro, el ciclo de la vida en estado puro. Sin envases de plástico de por medio.

manos con tierra
La vida en una granja es el contacto constante con la tierra y la naturaleza, la vuelta a los orígenes

 

Volver al origen

 

Convicciones éticas o nutricionales a parte, en una granja se producen de manera natural muchas de las cosas que consumimos. Las granjas están ahí no desde el principio de los tiempos, pero sí desde que el hombre dejó de ser nómada y descubrió la agricultura. Incluso antes de eso también se domesticaban animales. Huevos, leche, queso, carne, lana, etc. Después de tanta leche desnatada sin lactosa, en una granja podremos experimentar a qué sabe la leche recién ordeñada o podremos probar huevos con la yema bien amarilla, propios de gallinas criadas en libertad y alimentadas con productos naturales. Podrás ver que la diferencia con los productos que compramos en el supermercado es asombrosa.

La vida en la granja es una vida de rutinas marcada por la luz natural, por las estaciones del año y por aquello que nos regala la madre naturaleza y que el hombre consigue con esfuerzo y mucho trabajo.

También podremos comprobar cómo funciona la economía dentro de una granja. Allí no existe la obsolescencia programada, todo se aprovecha, nada se tira, porque los granjeros son conscientes de lo que cuesta (en esfuerzo y no en dinero) producir un litro de leche y del valor real de las cosas. Esta es una de las mejores lecciones que te podrás llevar a casa: serás testigo de cómo se elaboran muchos de los productos que consumes y que podemos encontrar en los supermercados por kilos o incluso por toneladas.

bodegón conformado por alimentos naturales
Una vez que hayas comprobado todas las cosas que se producen en una granja, verás la vida de otra manera

 

Tomar contacto con la vida más natural es una manera para tomar conciencia del valor de las cosas y del valor del esfuerzo. Un fin de semana alejado de la ciudad y de la producción en masa, de los atascos, de la polución. La jungla de asfalto es diametralmente opuesta a la vida en una granja, y comprobarlo en primera persona es toda una experiencia. Si saliste de tu barrio buscando calma y tranquilidad, alejado de tu cuenta de Instagram, puede que las hayas encontrado, pero lo que sí es seguro es que volverás con nuevos valores y con nuevas conclusiones importantes, como por ejemplo que no tener un bar o un supermercado debajo de tu casa no es el fin del mundo.

Y tú, ¿alguna vez has pasado un fin de semana en una granja?

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