Hacer tu propia pizza casera no es tan complicado como parece

  • Gastronomía
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Cuando hablamos de elaborar tu propia pizza casera, hablaos de hacer la masa, amasarla y confeccionarla desde el principio. Y no, no hablamos de comprar una masa congelada y ponerle por encima salsa de tomate y lo primero que encuentres.

El resultado es sorprendente, delicioso y muy sano.

Cuando compruebes lo sencillo que es hacerla, no volverás a pedir pizza a domicilio.
Cuando compruebes lo sencillo que es hacerla, no volverás a pedir pizza a domicilio.

Domingo por la tarde, van a venir amigos a casa ver las fotos de tu último viaje. Puedes seguir en el sofá viendo un episodio más de esa serie que te tiene enganchado y hacer un pedido telefónico o lanzarte a la cocina y darle al rodillo.

Si has elegido esto último, es muy probable que no tengas bases de pizza precocinadas en tu congelador. Como reza este antiguo proverbio: “Hagamos de la necesidad virtud” . Hoy harás tu propia masa. Disfrutarás de un rato estupendo aprendiendo en la cocina y tendrás un regalo para la cena.

¿Qué puede ser más gratificante que saber que puedes preparar algo delicioso y saludable por ti mismo?

Eso sí, no puedes improvisar ni dejarlo para el último momento.  Muchas veces la cocina se compone de sencillos y cortos pasos repartidos en el tiempo. De la misma manera que pones los garbanzos a remojar el día antes de hacer un potaje o preparar un caldo de pescado para la paella del fin de semana, una buena pizza es un proceso que también requiere del factor tiempo.

De esta manera sus ingredientes serán más sabrosos, digestivos y concentrarán todas sus cualidades nutricionales. Si empleas masa madre, tendrás que hacerla y criarla con la suficiente antelación ya que debe reposar durante unas cuantas horas. Así que tendrás que ponerte el delantal varias veces antes de saborearla en la mesa. Es lo que tiene el slow food, que lleva su proceso y tiempo.

Buenos ingredientes

Normalmente asociamos la pizza con un alimento poco saludable. Y es que los alimentos precocinados y el fast food incluyen una gran cantidad de grasas saturadas y conservantes, harinas refinadas, altísimos porcentajes de azúcar y sal en su composición. Pero todos los ingredientes de una pizza casera caben en una dieta equilibrada y sana.

Harina, tomate, queso y aceite. El paquete básico con que se elabora la pizza es una combinación ancestral típica del mediterráneo que aporta hidratos de carbono, vitaminas, proteínas, grasas, y calcio. Buenos ingredientes, un adecuado proceso de fermentación de la masa y el acompañamiento de una ensalada con verdura de temporada harán de tu cena un momento nutritivo y sano.

Ingredientes básicos: harina, agua, tomate, queso y aceite. ¡Y al horno!
Ingredientes básicos: harina, agua, tomate, queso y aceite. ¡Y al horno!

La harina

La base de la pizza tradicional es la harina refinada. Si prefieres una receta más saludable es recomendable hacerla de harina integral o al menos mezclar ambas harinas.  Elaborada a base de granos de cereal enteros, la harina integral es rica en fibra, hierro y vitamina B y tiene una mejor capacidad para regular y absorber los micronutrientes y los azúcares del cuerpo. Comer harina integral, en especial si procede de cultivo ecológico, es un hábito que previene de forma eficaz el riesgo de padecer  alergias o diabetes en el futuro.

El fermento

Lo más sencillo es acudir a la levadura fresca que puedes encontrar en cualquier supermercado. Es un producto sano y eficaz para elevar masas.

Pero a lo mejor te apetece lanzarte y fabricar tu propio fermento para pan, bizcochos o pizzas: la masa madre natural.

Si alguna vez has tenido kéfir en la nevera te será familiar el hecho de criar en tu nevera algo vivo al que hay que alimentar. La masa madre no es otra cosa que la antigua fórmula para conseguir esponjosidad, sabor y un control correcto de la acidez en el pan, a base de cultivar la multitud de levaduras y bacterias que hay naturalmente en la harina y que fermentan de manera espontánea.

Puedes encontrar muchas maneras de hacerla, pero en todas el proceso dura varios días: después de mezclar harina integral con agua, sigues alimentando la masa con más harina hasta obtener una crema con burbujas en la superficie y de un ligero olor ácido. Su elaboración y conservación es muy sencilla, sólo necesitas paciencia y un poco de atención semanal (o una alarma en el móvil).

¡A amasar!

Mezcla en un bol 400 gramos de harina con 200 mililitros de agua, una cucharada de aceite de oliva virgen extra y otra cucharadita de sal. Añade 75 gramos de masa madre y empieza a amasar con las manos. Si usas levadura fresca en lugar de masa madre, tienes que disolver un cubo de 250 gramos en agua templada. Cuando ya casi no se te pegue, sácala del envase y ponla en una superficie plana, limpia y con un poquito de harina. Amasa con fuerza por unos 10 minutos. Estírala y vuélvela a juntar repetidas veces; la idea es que la masa se ponga elástica. Si aún se te sigue pegando un poco en los dedos, agrégale más harina, pero siempre en pequeñas dosis. Sigue amasando hasta que quede compacta y uniforme.

El tiempo que debe reposar la masa depende de si has usado levadura fresca, que requiere un mínimo de dos horas; o masa madre, que necesitará como mínimo de 24 horas. La temperatura de tu casa será suficiente para que la fermentación se produzca, pero puedes ayudar a la masa si la colocas  envuelta en un paño cerca de un radiador o al sol. La masa duplicará su tamaño y se volverá aún más elástica.

Una vez fermentada, si no la vas usar toda, puedes congelar parte de la masa y así aprovechar todo el proceso para varias ocasiones.

Con las manos en la masa.
Con las manos en la masa.

Elaboración de la pizza

Lo normal sería preparar una pizza por comensal, como hacen en Italia, y variar los ingredientes haciendo cada pizza diferente. Puede parecer mucho, pero si sobra, sustituye la tostada del siguiente desayuno por pizza y tan felices.

Un rato antes de cenar, corta y ralla los ingredientes que vayas a usar, enharina la superficie de trabajo y, rodillo en mano, empieza a estirar porciones de la masa lo más fino que puedas.

Ahora pinta la base con salsa de tomate casera, cuanto más reducida mejor. Si hiciste conservas el año pasado es el momento de usarlas. Añade la mozzarella y a partir de aquí cada pizza puede combinar los ingredientes que quieras. Cuanto más predominen los vegetales frescos y de temporada más saludable será el resultado: pimientos, cebollas, champiñones, berenjena, brócoli, calabaza… todos cortados en láminas finas.

Puedes añadir sabor y color con aceitunas negras, alcaparras, anchoas, otros tipos de queso, atún, embutidos,  aquí si puedes improvisar todo lo que quieras, la pizza admite infinitas combinaciones.

No olvides las especias para coronar tu pizza: orégano, rúcula o albahaca fresca
No olvides las especias para coronar tu pizza: orégano, rúcula o albahaca fresca

Por último, las especias; orégano, rúcula o albahaca fresca, que puedes haber cultivado tú mismo en tu balcón.

Después de precalentar bien el horno, toca cocinar unos 10 minutos a fuego fuerte. Al sacar la pizza del horno empezará tu digestión, los aromas de la harina y el queso gratinados pondrán instantáneamente tu saliva a funcionar así que ¡a la mesa! No te olvides de la aceitera para aliñar al gusto y que aproveche.

Hacer y comer una buena pizza puede convertirse en un todo un placer, es sinónimo de comer en compañía, de no fregar platos ni cubiertos y de cocinar, pero no mucho, con un resultado delicioso para todos los sentidos. Si haces tú la masa madre y preparas la masa verás que, lejos de ser comida rápida o comida basura, la pizza es un buen ejemplo de cómo procesar los alimentos de forma sana con pasos cortos y espaciados que conectan con el tiempo, los ciclos y procesos de la naturaleza.

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