Razones incontestables por las cuales viajar es bueno para tu bienestar

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A todos nos gusta viajar. Más o menos, pero siempre que podemos nos movemos a otro lugar. Un viaje es más que una actividad, un viaje nos saca de nuestro sitio y nos muestra cada vez cosas diferentes, no solamente del lugar que visitamos, si no de nosotros mismos.

“Pide que el camino sea largo”, como dice Kavafis, y así, “sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Itacas.”

Sabemos que no te tenemos que convencer para que te animes a explorar nuevos territorios, hoy solamente vamos a reafirmar las razones por las que nos encanta viajar.

Compartir experiencias con tus compañeros de viaje. Eso es bienestar
Compartir experiencias con tus compañeros de viaje. Eso es bienestar

La sola idea de un viaje ya nos llena de ilusión. Ya sea porque vamos a visitar a alguien, o porque vamos a conocer un sitio que siempre hemos querido ver, o incluso porque vamos a un evento especial, como un concierto, una exposición o una obra de teatro. Descansar, conocer, visitar, desconectar, divertirnos, y un largo etcétera. Las razones para hacer un viaje son muchas, y todas tienen en común la motivación del que se está moviendo para conocer algo nuevo, para desplazarse y dejar su casa por un tiempo más o menos largo. Cogemos las cosas que pensamos que vamos a necesitar y salimos al mundo.

Ya sea en avión, en tren o en coche, el momento en que nos estamos desplazando, aunque a veces nos pueda parecer tedioso es toda una aventura, con sus altos y sus bajos (en muchas ocasiones), pero la gente con la que nos cruzamos y con la que hablamos puede que nos lleguen a marcar de por vida. Una escena, un gesto o una palabra nos puede enseñar más cosas de las que podemos imaginar. “Pide que el camino sea largo”, le dice el poeta a un supuesto Ulises, ya que el camino es una importante parte del viaje que realizamos, el de ida y el de vuelta. No solo el destino, que también, nos va a enriquecer. El camino también es momento de aprendizaje y de vivir intensas experiencias. Y si no, que se lo digan a Ulises.

Las Ítacas

Uno de los primeros viajeros que conocemos es Ulises, rey de Ítaca, héroe legendario y protagonista de la Odisea. Su viaje de vuelta ha dado nombre a los viajes más largos y llenos de peripecias y de aventuras adversas. Ulises parte a luchar en la Guerra de Troya, y vuelve a su Ítaca veinte años después vestido de mendigo para no ser reconocido. Aquello que encuentra es muy diferente a lo que dejó ¿Es tal vez eso que llamamos Ítaca una metáfora de nuestras metas, nuestra casa, nuestros orígenes? Esa ítaca puede ser muchas cosas, las que queramos.

Los medios de transporte locales son un crisol de experiencias
Los medios de transporte locales son un crisol de experiencias

Siempre que volvemos a casa después de un viaje tenemos un momento en el que involuntariamente o no, revisamos cómo éramos antes y después del viaje. Revisamos desde las cosas materiales hasta nuestras sensaciones y percepciones. Viajar nos cambia, nos hace más sabios, más conscientes.

Al fin y al cabo, toda nuestra vida es un apasionante viaje.

Viajar nos hace felices

Sin más. Según numerosos estudios de diversas universidades Estadounidenses, algunos de ellos compilados en este artículo, viajar nos hace más felices. Reduce el estrés y nos proporciona mayor bienestar emocional. Un viaje nos predispone a esta actitud ya que desconectamos de nuestra rutina diaria. Más allá de eso, viajar nos transporta al momento presente. Esto significa que cuando estamos de viaje, nuestros sentidos se concentran en prestar atención a lo que estamos viendo, a lo que estamos descubriendo, y es ahí donde confluyen nuestros pensamientos. Por algunos momentos nos olvidamos de las preocupaciones que nos rondan la cabeza cada día, esos bucles que hacen que un pequeño problema se convierta en una enorme madeja imposible de deshacer. Viajar nos ayuda a poner los pies en la tierra y subirnos al tren del momento presente, dejando el pasado y el futuro en el andén. Ahí se pueden quedar.

Viajar es la única cosa que compras que te hace más rico

Esta ingeniosa frase tan extendida nos parece enormemente inspiradora y otra de las razones incontestables por las cuales viajar es bueno para tu bienestar. Como ya hemos visto, las experiencias, las personas, los edificios, costumbres, monumentos, museos, templos, animales o lo que quiera que sea que nos vamos a encontrar durante nuestro viaje, son enormemente enriquecedoras para nuestra vida, y lo mejor de todo es que no nos damos cuenta de cómo están contribuyendo a aportarnos unos valores y un equipaje emocional tan valioso.

Un viaje pone el mundo en nuestras manos
Un viaje pone el mundo en nuestras manos

Sí, viajar es cansado, tenemos que caminar mucho, correr, volar, a veces incluso luchar contra los elementos para poder conseguir alguna de nuestras metas, nos ayuda a ejercitar el estrés positivo o eustrés, y todo esto nos ayuda a trabajar con otro de los monstruos que viven dentro de nosotros: los miedos

Acabar con los miedos

Desde no poder lavarte los dientes antes de ir a dormir hasta perder tu pasaporte o perderte tu mismo en un lugar desconocido, son muchos los miedos a los que nos enfrentamos cuando estamos fuera de nuestra zona de confort. Sí, hemos dicho zona de confort, tu elemento, ese lugar en el que todo te resulta fácil, en el que te mueves como pez en el agua. Salir de allí, puede ser causa de estrés o bien de nuevos desafíos de los que saldremos airosos casi seguro. Al encontrarnos en situación de conflicto (decimos conflicto pero en realidad nos estamos refiriendo a una reserva fallida, o a la pérdida de algún objeto importante) nuestro ingenio se agudiza y la resolución puede ser muy motivadora, y sobre todo nos ayuda a conocernos mejor a nosotros y conocer de cerca algunos de nuestros miedos, que al enfrentarlos se hacen pequeñitos.

No se puede negar que solamente al ver esto ya somos más ricos
No se puede negar que solamente al ver esto ya somos más ricos

Tomar la medida real de las cosas

Hablando de tamaños. Otra de las cosas que nos aporta el viajar es que podremos tomar la medida real de las cosas que vemos a través de las pantallas. El Everest es impresionante, pero lo es mucho más a unos cuantos miles de metros de altura, y encima los has subido tú. Metas un poco más alcanzables, como por ejemplo admirar los techos de la Capilla Sixtina en persona o la majestuosidad el Taj Majal ante tí. Siempre lo has imaginado, en el mundo en el que vivimos has visto millones de imágenes e incluso reproducciones, pero ver las cosas en persona es inigualable. Por mucho que avance la tecnología y la definición de las imágenes y del vídeo, incluso la realidad virtual, por el momento nada iguala la experiencia de ver de cerca y tocar las cosas que has estado imaginando.

Motivador, ¿verdad? Seguro que nos hemos dejado algo en el tintero. Hay tantos motivos que nos hemos quedado con los que más nos gustan ¡Cuéntanos tus experiencias viajeras y cómo éstas te han cambiado como persona!

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