Wu wei: aprende a fluir

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En la caligrafía Zen Wu Wei se representa como un círculo. Una forma perfecta que representa este concepto. Según la filosofía taoista las plantas crecen por Wu wei, sin hacer esfuerzos, simplemente crecen.

Es es lo que significa wu wei, sin esfuerzo, es el arte dejar las cosas fluir para que salgan bien. No es lo mismo no actuar que no hacer nada, y hoy te vamos a explicar esta sutil diferencia que te ayudará a fluir. Be water, my friend.

“Del vacío del sabio surge la quietud. De la quietud, la acción. De la acción, el logro”. Chuang Tzu

Be water, my friend

El agua, a diferencia de la piedra o la madera, no tiene una forma concreta, no tiene voluntad de forma. Lo que hace especial al agua es que es capaz de llenar cualquier contenedor y tomar la forma del recipiente en el que se encuentra. Por eso la filosofía taoísta piensa que el agua no tiene voluntad, pero a pesar de su apariencia frágil y débil puede erosionar la piedra, no por su potencia, sino por su constancia. Puede fluir por cualquier sitio y colarse por cualquier hueco por pequeño que sea, fluyendo pendiente abajo hasta el mar.

Esta metáfora nos puede ayudar a comprender un poco mejor el concepto de wu wei, que se suele traducir como “sin esfuerzo” o como “no acción”, aunque esta última traducción nos podría llevar a equívocos. En el Tao te king, el texto que fundamenta el taoísmo filosófico, Lao Tse nos explica cómo todos los seres y también los fenómenos que están en completa armonía con el Tao se comportan de manera natural, depurada, sin artificios. Esa es la meta de la práctica espiritual de los seres humanos, imitar este comportamiento.

Acción sin acción

El principio de acción sin acción no debe confundirse con el no hacer nada. Las plantas crecen por wu wei, no se esfuerzan por hacerlo, simplemente lo hacen conforme a su naturaleza. Wu wei se refiere a actuar sin esfuerzo, dejando que el orden natural prevalezca. Así nuestras acciones resultarán fluidas, enérgicas y lo más importante, lograremos los resultados deseados.

Muchas veces, la acción contraria, es decir, esforzarnos mediante acciones que no responden a la naturaleza de las cosas, desequilibraría las fuerzas de la naturaleza, nuestra energía, y el resultado será la frustración, la incomprensión y el sufrimiento.

Fluir no es lo mismo que no hacer nada

¿Cómo podemos aplicar el wu wei a nuestra vida y a nuestras decisiones? La clave se encuentra en buscar nuestra propia virtud, en modificar nuestro comportamiento para ser capaces de contribuir a cambios más profundos. Todo se encuentra dentro de nosotros, y si aceptamos las leyes de la naturaleza tal y como se nos presentan, entendiendo el camino natural de las cosas, conseguiremos nuestros propósitos de manera natural, sin influir sobre ellas.

Para quienes no tenemos una sensibilidad como la de los orientales, precisamente esta es una de las grandes incógnitas de nuestra vida: cuándo las cosas que nos pasan son consecuencia de nuestras propias acciones y cuándo son obra del curso de los acontecimientos. Si siguiésemos la filosofía taoísta, la opción correcta es dejar que el mundo funcione y no obligarle a que se comporte como nosotros queremos. Esa es la clave, no intervenir para cambiar el curso natural de las cosas, aceptar el mundo aceptando sus reglas naturales, que no debemos cambiar según nuestros intereses, ya que de esa manera desequilibraríamos el Tao, obteniendo el efecto contrario al esperado.

Dejar fluir, dejar estar es pues la clave de este hacer creativo que nos transmite la filosofía taoísta, lo que implica una comprensión del mundo muy profunda, que podemos adquirir a través de la meditación. Cuando estamos relajados y somos capaces de ver los acontecimientos pasar sin más, seremos capaces de comprender mejor las reglas por las que se rige el mundo que nos rodea.

Aprender a observar y a intentar comprender nuestro entorno en lugar de querer cambiar el curso natural de las cosas. En situaciones individuales estamos hablando de dejar que el curso natural nos lleve por el camino correcto, que actuemos según nos dicte nuestro interior, sin alterar el orden natural. Puede ser difícil, pero si observamos, seguro encontraremos el camino, y como el agua del río, podremos llegar al mar, sorteando todos los obstáculos no con fuerza, sino con constancia. Seamos agua, amigos.

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