Por qué merece la pena dedicar tres horas a la semana a practicar ejercicio físico

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Las dietas milagro y los deportes milagro no existen. Asúmelo.

Una buen estado físico se consigue con perseverancia y esfuerzo. Dedicarle tiempo al ejercicio físico es tan importante como gratificante y hoy te vamos a explicar por qué deberías dedicarle tanto tiempo al ejercicio para estar bien en todos los sentidos.

Si uno de tus propósitos del año nuevo era cuidarte un poco más, esperamos que todavía no haya llegado el momento en el que empiezas a descuidar tus entrenamientos. Si estás en ese punto, hoy te vamos a contar algunos motivos por los cuales merece la pena que hagas un pequeño esfuerzo para conseguir mantener tu actividad física. Es el momento de encontrar nuevas motivaciones para no abandonar este gran propósito que estabas empezando a conseguir. Olvídate de tablas milagrosas y dedica tiempo a tu bienestar. Es lo más importante.

150 minutos semanales

La OMS (Organización Mundial de la Salud) publicó en 2010 las Recomendaciones mundiales sobre actividad física para la salud, en las que se establecen algunas de las pautas que muchos de nosotros seguimos para llevar un estilo de vida saludable. Estas recomendaciones se han redactado debido al creciente número de casos de enfermedades no transmisibles causadas por el sedentarismo o la inactividad, que crecen con rapidez y empiezan a constituir una grave amenaza para la salud mundial.

En estas recomendaciones se aconseja que los adultos entre 18 y 65 años realicen un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, o 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o bien una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas. La actividad aeróbica debe practicarse en sesiones de 10 minutos de duración, como mínimo. Según este mismo documento, un incremento en el tiempo de ejercicio físico, hasta 300 minutos por semana, supondría la obtención de mayores beneficios.

La actividad física tiene más beneficios de los que puedes imaginar

Con actividad física nos referimos a actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (es decir, trabajo), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias.

Estos efectos positivos se manifestarán en numerosos aspectos, no solo físicos, sino también psicológicos, ya que una de las patologías que previene el ejercicio físico es la depresión. El resto van desde las mejoras en la salud funcional (prevención de caídas), hasta mejoras en la salud cardiorrespiratoria, en la metabólica y en prevención de otras enfermedades como la hipertensión, la diabetes y el cáncer de mama o de colon.

Hasta aquí lo que nos dice la OMS de las bondades de la actividad física sobre nuestra salud. A todo esto, que no es poco, podemos añadir una mejora general en nuestro estado general, a nivel físico y psicológico. Hacer ejercicio nos ayuda a regular los niveles de estrés y a sentirnos mejor con nosotros mismos, mejor dentro de nuestra piel. Al aumentar la fuerza y la resistencia de nuestro cuerpo, tendremos más capacidades para rendir a lo largo del día y a realizar las tareas cotidianas con más eficiencia y energía.

Sabemos que no es solamente una alimentación equilibrada o el ejercicio, sino que también el descanso es importante para nuestra salud, y que es el equilibrio entres estos tres componentes el que nos proporciona un mayor bienestar. Hacer ejercicio también nos ayudará a dormir mejor, y a conseguir un descanso de calidad, ya que el ejercicio también es un aliado perfecto contra el insomnio.

Por lo tanto, olvídate de dietas milagro y de entrenamientos que te aseguran que te pondrás en forma con solo cinco minutos. Es importante que insertes en tu rutina semanal un mínimo de 150 minutos de actividad física, lo cual significa dos horas y media. Si le dedicas una hora durante tres días a la semana, ya estarás haciendo un poquito más del mínimo recomendado por la OMS, con lo que los beneficios serán mayores.

Para esto debemos tener en cuenta nuestro estado previo de salud. Continúa con tus propósitos de año nuevo, y si lo crees necesario consulta a un profesional. Si notas que has bajado tu frecuencia respecto a momentos anteriores, solamente tienes que proponértelo, fijar una metas alcanzables y ponerte a ello. Los beneficios no están solo asegurados, sino demostrados científicamente.

No esperes más a sentirte mejor y actívate para llegar al bienestar.

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