¿Es verdad que somos lo que comemos?

  • Gastronomía
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El refranero español es sabio y muy amplio. Pero no solo el refranero, porque hay frases y dichos que, sin llegar a tal categoría, también pueden presumir de gran sabiduría y conocimiento. Una de esas frases a las que nos referimos es “somos lo que comemos”, que tantas veces habréis escuchado y leído, aunque nunca os hayáis parado a pensar realmente lo que quiere decir. Para eso estamos hoy aquí, para contaros cuánto puede influir la alimentación en nuestro estado físico y mental.

Han sido muchas las personas que se han referido a esto, algunos con tono más científico y otros con tono más humanista, pero de lo que no cabe duda es de que es algo que viene de lejos. El primero que se refirió a algo semejante fue Hipócrates, médico en la antigua Grecia que vino a decir algo así como “que el alimento sea tu medicina y la medicina tu alimento”.

Pero la frase concreta que nos atañe aquí, la de somos lo que comemos, viene de alguien un poco más reciente; el filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach la escribió en su “Enseñanza de la alimentación”, de 1850, aunque con una intención mucho más profunda y política de lo que ahora vemos en ella.

Lo que comemos influye mucho en nuestro organismo

Nosotros aquí nos queremos centrar en la cuestión de que nuestro cuerpo necesita de nutrientes para subsistir y, en edades más tempranas, también para desarrollarse. No se puede decir que haya un tipo único de nutrición ni que cualquiera tenga la misma eficacia. Al contrario, según los alimentos que consumamos y los nutrientes que aportemos a nuestro organismo, los efectos pueden ser unos u otros.

Tampoco vamos a decir que lo que comemos es lo único que influye en nuestro estado físico y mental, pero sí que tiene un papel muy importante. Por eso lo ideal es buscar una alimentación que nos dé esos elementos nutritivos esenciales, y no tanto otros aportes menos saludables. Queremos ser bienestar, y para eso, ¡tenemos que comer bienestar!

La influencia de lo que comemos en nuestro estado físico

Con lo dicho hasta ahora, está claro que, para tener un cuerpo saludable, tenemos que comer saludable. Y, para ello, como siempre, hay que seguir unas pautas que, más que en normas súper estrictas, se basen un poco en la sensatez.

En términos generales, la mejor alimentación es la que incluye todo tipo de nutrientes, pero esto no quiere decir realmente todo tipo de alimentos. Hay muchas cosas que se venden como comida que, más allá de saciar el hambre, no aportan cosas realmente interesantes ni saludables.

Nos referimos, sobre todo, a esas comidas procesadas, envasadas y con multitud de conservantes, colorantes y añadidos químicos que, a pesar de resultar atractivos a la vista y al paladar, resultan muy perjudiciales si se consumen de un modo rutinario y prolongado. En otras palabras, si somos lo que comemos, tenemos que tener claro que no queremos ser algo artificial y poco saludable.

Así pues, si tenemos el objetivo de mantener nuestro cuerpo en un estado sano y saludable, lo mejor es optar por comidas que así lo favorezcan. No estamos hablando de una dieta concreta, sino de seguir unas costumbres de alimentación con productos naturales, en los que tengan una buena presencia las frutas y las verduras, así como otros alimentos que también aporten las proteínas y la energía necesarias.

La alimentación también influye en el estado mental

La relación de la alimentación con nuestro estado mental es un poco más compleja, y también tiene su razón de ser. Por cuestiones evolutivas, los alimentos grasos y calóricos nos dan una mayor sensación de calma. Y, por su parte, las emociones también influyen en la alimentación, ya que el estado mental de cada momento puede afectar a cuestiones como el apetito o la saciedad.

Pero también hay que tener en cuenta que el aparato digestivo puede funcionar como un segundo cerebro, y todo lo que él perciba o lo que en él suceda puede afectarnos emocional y físicamente.

La alimentación como base para la salud

En conclusión, lo que queremos decir es que sí, somos lo que comemos, y muchos aspectos de nuestro día a día son un reflejo de la dieta que llevamos. Eso sí, aunque la alimentación puede ser una base para nuestra salud, tampoco queremos que se malinterprete esto y, ni mucho menos, expresar que se puede estar siempre sano con solo comer bien. Hay otros factores que pueden influir y, por supuesto, hay tratamientos médicos que pueden ayudar a resolver los problemas de salud de un modo mucho más eficaz que la alimentación.

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