¿Por qué es importante la tonificación de la mente?

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¿Por qué es importante la tonificación de la mente?

La mente es uno de nuestros órganos más importantes. No solamente se encarga de las labores meramente intelectuales, sino que también es el centro de operaciones de nuestro organismo y nuestras emociones. El cerebro es como un músculo que hay que trabajar y tonificar para sacarle el mayor partido a todas nuestras capacidades.

Al igual que nuestro cuerpo, nuestra mente también necesita estar en forma. De ella dependen no sólo nuestros estados de ánimo, sino también el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. Nuestra mente afecta a nuestro cuerpo y viceversa. Ya sabes, la frase latina ‘mens sana in corpore sano’, dio totalmente en el clavo.

Hoy sabemos que el cerebro, al igual que cualquier músculo del cuerpo, debe ser ejercitado para mantenerse en forma. Nuestras capacidades cognitivas tienden a reducirse con la edad y la inactividad; por eso, un poco de entrenamiento es vital para que siempre esté a pleno rendimiento.

No se trata sólo de nuestra capacidad de aprendizaje, o nuestra memoria. Nuestro cerebro debe también afrontar situaciones para las que debe estar preparado. Las frustraciones, el estrés, el miedo; una ruptura amorosa o un suceso doloroso, ponen cada a día a prueba a nuestra mente, que necesita tener las herramientas y el ‘tono muscular’ necesarios para gestionar todo este aluvión de sentimientos.

A través de distintos ejercicios podemos mantener nuestra mente en perfecto estado de revista para afrontar las situaciones de nuestra vida diaria. Sabemos, incluso, que podemos moldear nuestra mente, como si fuera una gran masa de plastilina, para ayudarla a desempeñar su tarea.

Porque nuestras reacciones y estados de ánimo se deben en gran medida a nuestras experiencias previas y las sensaciones que se grabaron en nuestro cerebro, una de las gimnasias mentales que podemos practicar va dirigida a actuar sobre esos resortes de nuestra mente. Incluso, podemos llegar a cambiarlos.

Eso es lo que defiende la Programación Neurolingüística o PNL, una rama de la psicología que entiende nuestro comportamiento como un ‘programa’ que se activa a través de los estímulos exteriores y la manera en que los hemos codificado.

La Asociación Española de Programación Neurolingüística lo explica con el siguiente ejemplo: “cuando voy conduciendo el coche y me paro en un semáforo rojo, primero ‘veo’ una luz roja mediante el sentido de la vista (componente N=’neuro’ de la conducta), a continuación traduzco ‘lingüísticamente’ esa forma y color en mi mente como ‘tengo que pararme’ (componente L=’lingüístico’ de la conducta), y finalmente pongo en marcha un ‘programa’ aprendido: mi pie derecho se levanta del acelerador y pisa el freno (componente P=’programación’ de la conducta)”.

Las experiencias anteriores, y la manera en las que las codificamos, es decir, los sentimientos que nos causaron, condicionarán nuestra respuesta o ‘programa’ ante una experiencia similar. Si en nuestro primer día de trabajo en una nueva empresa tuvimos una mala experiencia, que nos acarreó estrés, es probable que experimentemos ese mismo estrés ante la posibilidad de empezar un nuevo trabajo.

Sin embargo, podemos actuar sobre ese recuerdo desagradable, para sustituirlo por otro. Si empiezas un nuevo trabajo y tienes que ir a la oficina por primera vez, imagina en tu mente cómo será ese día de forma positiva, desterrando la anterior experiencia. Concéntrate en todos los detalles, como si fuera una película: diseña con tu imaginación colores agradables, sonrisas y gestos de aprobación de la gente. Esto generará una situación de bienestar en tu cerebro. Así podremos cambiar el ‘programa’ de estrés que teníamos anteriormente y sustituirlo por el nuevo ‘programa’ que hemos diseñado.

El ejercicio se puede repetir con innumerables experiencias. Recuerda que la realidad no es más que un mundo que hemos creado a partir de nuestras emociones y experiencias. Por eso, subir en la misma montaña rusa puede ser una vivencia totalmente distinta para unos y para otros. Analizando nuestros recuerdos podemos cambiar lo que imaginamos del futuro. Y si cambiamos nuestra construcción mental del futuro, podemos hacer que suceda. ¡Pruébalo!

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