Slow food, para que te lo comas y te lo tomes con calma

  • Gastronomía
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Nos pasamos el día corriendo, trabajando, estresados y, cuando nuestras ocupaciones y deberes nos permiten un ratito libre, comemos. Muchas veces lo hacemos por cumplir con nuestro organismo o para saciar un ataque de hambre de un modo que parece casi irresponsable (o lo es de verdad). Pero lo malo de todo esto es que no sabemos las consecuencias que tiene para nuestra salud. Comer con prisa, que no es solo comer comida rápida, no es nada bueno, y por eso queremos que te lo tomes con más calma. Apúntate a la slow food y disfruta de uno de los mejores placeres de la vida con mayor conocimiento y tranquilidad.

¿Qué es slow food?

Slow food significa, literalmente, comida lenta. Sí, suena un poco raro así traducido, pero no tanto si se contrapone al concepto de comida rápida (fast food) que tan hondo ha calado en nuestra cultura en las últimas décadas.

Pero, aunque pueda parecer algo muy reciente, no lo es tanto. De hecho, el concepto de slow food se lleva empleando desde hace más de treinta años, aunque es cierto que ha tenido más presencia en otros países (al menos hasta ahora).

Sus orígenes se encuentran en Italia, un país cuya cocina puede presumir de una calidad y variedad gigantesca. Tal vez por eso haya sido allí –como también podía haber sido en España o en Francia– donde surgió la necesidad de crear una mayor conciencia sobre la gastronomía y el conocimiento sobre todo lo que el placer de la comida supone.

¿Cuáles son los objetivos de los defensores de la slow food?

En concreto, y según rigen los estatutos de las asociaciones que lo representan, los objetivos que se marcan los defensores de la slow food son la defensa de la dignidad cultural relacionada con la comida y la alimentación, de los productos alimenticios y las modalidades de producción, de la cultura alimentaria de la ciudadanía, y de la práctica de un estilo de vida respetuosos con el ritmo y tiempo naturales.

O sea, que la cosa no es solo comer despacio, sino también aprender a comer, valorar lo que se come y, en la medida de lo posible, cuidar y conocer la procedencia de esos alimentos.

Por lo tanto, el movimiento slow food defiende un concepto muy completo sobre la concienciación de la alimentación. Desde la producción, la distribución, la compra y la preparación, hasta el modo de disfrutarla, lo cual va mucho más allá de otros movimientos que se centran en aspectos más relacionados con el tipo de cocina y la nutrición.

¿Es recomendable y factible seguir lo que proponen desde las asociaciones de slow food?

Sin duda, muchas de las cosas que proponen desde las distintas asociaciones pertenecientes al movimiento slow food resultan muy interesantes. En los tiempos que corren, hemos llegado a un punto en el que le damos importancia a multitud de cosas a costa de algo tan importante como es la alimentación.

Por eso, la defensa de una comida lenta y de un mayor respeto a los tiempos y aproximaciones hacia los productos que comemos y la manera en lo que lo hacemos es algo muy recomendable, porque repercutirá positivamente en nuestra salud y en nuestra calidad de vida.

De todas maneras, si hemos llegado a la situación actual que vivimos es, en gran parte, porque no nos queda otro remedio. Es posible que algunas de nuestras prácticas cotidianas se puedan modificar o atenuar, pero el tiempo acaba resultando muy escaso, sobre todo en las grandes ciudades, lo cual dificulta estos cambios.

Pero, como defensores del bienestar, no nos queda más que intentarlo. Si llevar un estilo de vida más cercano a la slow food es difícil en el día a día, podemos probarlo durante las vacaciones, los fines de semana o determinados días al mes. Puede que no sea fácil, pero los beneficios merecen mucho la pena, y una vez que lo probemos, no podremos volver a la fast food o comida rápida y, tampoco, a ese estilo tan estresante y alejado del bienestar que buscamos.

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