Buenos hábitos para tu bienestar digestivo

  • Mente
cat-icon-on-post

Una de las claves del bienestar comienza por estar a gusto en tu cuerpo. En ocasiones el estrés o la ansiedad nos llevan a tener hábitos alimenticios perjudiciales. Además de cuidar tu dieta y tu alimentación, te proponemos una serie de buenos hábitos para conseguir el bienestar digestivo. No solo hemos de cuidar lo que comemos, sino cómo lo comemos y establecer una buena relación con la comida y por consiguiente, con nosotros mismos.


¿Sabes de dónde proceden las palabras melancolía o cólera? Ya trescientos años antes de Cristo, el médico griego Hipócrates de Cos estableció la relación inseparable entre nuestros estados de ánimo y la función digestiva e intestinal. La palabra cólera, que procede del griego Kholeos, significa literalmente bilis; la sustancia que segrega nuestro páncreas y que regula la función de órganos vitales como el bazo o el hígado.

El exceso de bilis del hígado, según Hipócrates, generaba irascibilidad, mientras que en el bazo, la bilis negra–en griego, melan (negro) y kholio (bilis)- producía melancolía. Por ello, una alimentación equilibrada y adecuada es fundamental para mantener el correcto funcionamiento de nuestras funciones vitales, y así lograr un bienestar pleno y decir adiós a las emociones negativas.

Según la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), un correcto funcionamiento del aparato digestivo y un cuidado  adecuado  del  mismo  a  base  de  una  dieta  equilibrada  y  que  nos  siente  bien,  son básicos para el bienestar emocional. Parece que Hipócrates no estaba equivocado. Así lo describe el doctor Juan Ramón Malagelada, experto en patología intestinal, con la ciencia del siglo XXI. “El cerebro registra señales de mal funcionamiento del sistema digestivo y las modifica en emociones como la ansiedad, la angustia o la depresión. La normalidad digestiva favorece el equilibrio emocional”.

Las digestiones lentas y la sensación de empacho después de las comidas, la hinchazón y el dolor abdominal, el estreñimiento y otras molestias se producen por la inflamación crónica y sutil de las paredes del estómago y del intestino en conjunción con alteraciones de los movimientos de estos órganos, pero sobre estos mismos mecanismos también ejercen una gran influencia los alimentos, además de la composición de la flora intestinal o microbiótica que es específica en cada persona.

Una extensa red de neuronas y todo tipo de neurotransmisores conectan las paredes del estómago y el intestino con el córtex cerebral enviando información de lo que pasa en el aparato digestivo y cómo se desarrolla la digestión. Por ejemplo, el 95% de la serotonina, unos de los neurotransmisores más importantes del cuerpo, se encuentra en el intestino.

¿Necesitas más pruebas para empezar a tomarte en serio tu bienestar digestivo? No se trata solo de lo que comes, sino cómo lo comes. Pon en práctica estos consejos y verás que tu estado de ánimo será más positivo.

Come despacio. Debido al estrés y las prisas de la vida diaria y los horarios laborales, muchas veces comemos demasiado a prisa. Comer no es una carrera. Tomate tu tiempo para masticar y saborear los alimentos. Tus digestiones serán mucho más ligeras, evitarás el malestar y el empacho y la comida se convertirá en un placer y además dirás adiós a los gases… y a los antiácidos.

Apaga la televisión, aparta tu móvil de delante. Pon toda tu atención en la comida que tienes delante de ti. Elimina distracciones externas que acaban por convertir la alimentación en un trámite. Disfruta de los sabores, del color de los alimentos, combínalos. Aprecia las texturas. No necesitas entretenimientos externos. Comer es una experiencia completa si aprendes a disfrutarla.

Come de todo. Aprende a disfrutar de la variedad de sabores y tipos de alimentos. Y sobre todo, evita las comidas “comodín”, aquellas que te resultan fáciles de preparar o de comer y de las que acabas abusando simplemente por comodidad. Atrévete a probar cosas que aún no has probado. Una dieta sana es una dieta equilibrada y variada. Pescados, carnes, verduras, legumbres, hidratos de carbono, azúcar… Todos son necesarios en su justa medida.

Conoce los alimentos que mejor te sientan. Algunos toleramos mejor los lácteos, el pan o los alimentos grasos que otros. Y no, no tienes por qué tener una enfermedad o ser intolerante a ningún compuesto. No todos somos iguales. Conocer lo que comes es conocerte a ti mismo.

Empieza a cuidarte por dentro para sentirte bien. Lo demás es pan comido. 😉

compartir en redes