Mandala: Círculos, colores y meditación

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Los mandalas representan el cosmos. Simbolizan la totalidad, el orden del universo, la plenitud. Se dice que solamente con mirarlos nos acercamos a la calma y a la relajación.

Hoy su popularidad crece y crece ya que son una manera perfecta para practicar la meditación, y nos ayudan a practicar la atención plena.

Te explicamos cómo y por qué.

Mandala significa “círculo sagrado” en sánscrito, la antigua lengua del hinduismo que se hablaba en aquellos tiempos en que el hombre aún no había perdido su conexión con el universo y la meditación era una necesidad básica del espíritu para mantener una vida saludable física y mental.

El círculo es la forma perfecta; aparece en la naturaleza en las flores, la luna, en nuestras células o en las ondas de una piedra cayendo en el agua. Su contemplación desde tiempos inmemoriales ha sido una manera de alcanzar la relajación y la meditación, y ha sido empleada por culturas tan dispares como los monjes tibetanos, los indios nativos americanos y los aborígenes australianos. Cuentan que hasta el psicólogo Carl Jung los utilizó como parte de sus terapias para identificar desórdenes de la personalidad de sus pacientes.

Ya sea dibujándolos, coloreándolos o simplemente contemplándolos, los mandalas han alcanzado una gran popularidad por sus beneficios para alcanzar un estado de relajación y bienestar. El círculo es el símbolo del orden del cosmos, y eso es lo que buscan precisamente los mandalas: poner orden en el caos.

Nos ayudarán a conectar con nuestro yo interior, nublado por el ego, para encontrarnos de nuevo a nosotros mismos. Su contemplación nos conducirá a un estado hipnótico y de consciencia, que nos ayudará a alcanzar una atención plena. Y todo esto, gracias a unos simples dibujos. Increíble, ¿verdad?

Un mandala no es más que eso, un dibujo circular con patrones geométricos, sin aristas, que centran nuestra atención sobre un punto, que nos atrapa en el interior de sus formas para relajar nuestra mente. Si lo practicas, verás lo fácil que es lograr la meditación.

Existen en la actualidad miles de mandalas en Internet que podemos utilizar para empezar a practicar la meditación. Imprímelo y colócalo sobre una mesa, en un atril o en suelo a una distancia parecida a la de tu brazo. Coloca tus ojos a la misma altura que el mandala y siéntate en una postura que facilite tu relajación o meditación, por ejemplo, con las piernas cruzadas.

Respira lenta y profundamente, utilizando el diafragma, para ir alcanzando un estado de paz de interior. La respiración es el primer paso para lograr la meditación. Coloca tus ojos sobre el mandala y relaja tus ojos hasta que el dibujo empiece a desenfocarse. Poco a poco, empieza a concéntrate en sus formas, verás cómo las líneas vuelven a enfocarse.

Concéntrate ahora en todos sus detalles, recórrelos poco a poco, y verás cómo tu atención y concentración se agudizan. De pronto, verás cómo los pensamientos superfluos han abandonado tu mente.

Realiza este ejercicio durante cinco minutos. Verás que tu atención y capacidad de concentración mejoran con el paso de los días, y cada vez serás capaz de aumentar las sesiones de contemplación hasta los 15 minutos.

También puedes utilizar los mandalas con una caja de colores. De la misma forma, colorearlos nos hará concentrarnos en sus líneas, potenciar nuestra atención y relajarnos. Emplea todo el tiempo que sea necesario, detente en cada una de los pequeños patrones que estás creando con tus lápices. Descubrirás la riqueza que puede aportar el color a la meditación.

Por último, intenta crearlos tu mismo. Dibujar puede ser una de las experiencias más relajantes que jamás hayas practicado jamás. Dibuja una circunferencia exterior con un rotulador negro y con un lápiz separa su interior en cuatro grandes partes. Coge el rotulador y empieza a trazar líneas, procurando que guarden una simetría, para que transmitan una sensación de orden. Cuando termines, solo desearás coger otro papel… ¡y empezar de nuevo!

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