Vivir en la ciudad versus vivir en el campo

  • Mente
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Quienes vivimos en la ciudad muchas veces añoramos la tranquilidad de vivir en el campo o en un núcleo pequeño, donde todo parece más natural, más cercano y familiar y sobre todo no tenemos que respirar contaminados humos.

¿Echan de menos la ciudad quienes la dejaron para vivir en el campo? ¿Cambiarías tu aparentemente sencilla vida de urbanita por una vida libre de humos y centros comerciales?

countryside

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Fray Luis de León, Oda 1, Vida retirada

Son las siete de la mañana y ya te has echado a la calle. Es de noche y hace mucho frío, por lo que antes de salir de casa te abrigas bien. Te metes en el metro y está lleno de gente, y tú con tus numerosas capas de jersey, abrigo, bufanda, gorro, te mueres de calor. Te encantaría quitarte al menos el abrigo, pero no puedes porque hay tanta gente en tu vagón que no puedes no hacer el gesto. ¡Y todavía quedan 40 minutos de viaje hasta que llegues al trabajo!

¿Te resulta familiar esta situación? ¿O eres de los que van a trabajar en su coche y pasas tus momentos de atasco pensando lo bien que estarías en tu pequeña casa de campo, cultivando tomates y berenjenas y criando tal vez alguna gallina de esas que dan huevos que tienen la yema amarilla de verdad?

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La vida en la ciudad puede llegar a resultar verdaderamente estresante y a veces incluso desagradable, sobre todo si tienes estas rutinas, o en tu supermercado solamente puedes encontrar frutas que saben a corcho, calabazas envasadas o manzanas que sospechosamente tardan meses en ponerse pochas. Esa sensación de vivir rodeado de cosas que no son del todo naturales, imaginar que las naranjas que compras las cultivan en el sótano del hipermercado con lámparas artificiales, … Así es la vida en la ciudad, una sucesión de días llenos de aglomeraciones, de gente que va corriendo a todas partes, de pantallas de móvil, de luces, de envases de plástico. Pero también es la posibilidad de asistir a actividades culturales cada día: al cine, al teatro, a los bolos, y los que no ir a tomar algo con los amigos, ir a un museo o a una exposición, de moverte rápidamente en metro o autobús, o perderte explorando las calles de tu ciudad y descubrir nuevos rincones, nuevas tiendas de exóticas delicatessen que incluir en una de tus nuevas recetas.

Reconozcámoslo, vivir en la ciudad puede ser complicado y estresante, pero también tiene su encanto.

¿Y la vida en el campo?

Todos hemos oído maravillas de la vida en el campo o en un núcleo pequeño. Todo es más tranquilo, más natural, va más despacio. Pero también dicen que es duro.sid-lmfxsdu-dan-edwards

Renunciar a las “comodidades” de la ciudad puede ser complicado en un primer momento, y en muchos casos la sola idea le puede resultar impensable a un urbanita de pro. Pero a cambio estas renuncias implican por ejemplo una mayor organización en las salidas a por comida y otros objetos necesarios para la vida cotidiana. Quienes viven fuera de la ciudad apuntan que de esta manera se aprende a valorar las cosas de otra forma: ir a por ellas y transportarlas ya no es un acto tan frívolo como puede ser en la ciudad, en la que todo se compra y se deshecha sin pensar demasiado en las consecuencias.

Simplemente es un hábito adquirido que está demasiado arraigado.

Lo cierto es que la vida en el campo va a otro ritmo, en el que uno tiene otros horarios, trabaja su propio huerto y en algunos casos hasta cría sus propios animales, produciendo su propia leche o queso de manera natural y ecológica. Dicen que es de lo más gratificante que hay, y no lo dudo. Se trata de otra manera de relación con el entorno, con el mundo. Cuando estás cerca de la tierra y esta no está cubierta por asfalto, aprendes a relacionarte de otra manera con ella, a respetarla y de manera inconsciente se crea un equilibrio diferente.campo

Cada vez más personas optan por dejar la loca vida de la ciudad y volver al campo, a vivir de manera más tranquila, y si queremos más racional. Hoy en dia no tiene por qué ser tan duro vivir lejos de los grandes centros comerciales solamente por mantener un trabajo que odias, pagando un alquiler desorbitado que se lleva la mitad de tu sueldo.

Beatus ille vs FoMO

Hoy lo valoramos así, pero se trata de un tema sobre el que el hombre ha reflexionado desde la Antigüedad. El tópico del beatus ille (dichoso aquél) fue inaugurado por el poeta romano Horacio en sus Epodos y fue también una de las aspiraciones del hombre del Renacimiento. Por lo que no es una nueva tendencia esta de dejar la ciudad y retirarse a la vida contemplativa.

Dichoso aquél que lejos de los negocios,

como la antigua raza de los hombres,

dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,

libre de toda deuda,

y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra,

ni se asusta ante las iras del mar,

manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios

de los ciudadanos poderosos.

Horacio, Epodos, 2, 1.
Lo que si debe ser una fobia exclusivamente moderna es la conocida como FoMO (fear of missing out, el miedo a perderse algo), ese miedo que nos invade cuando nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo algo que estamos viendo en las redes sociales, o que podríamos estar haciendo algo mejor de lo que tenemos entre manos en el  momento presente. Ese despreciar lo que tenemos por algo que no conocemos, el no valorar el momento que tenemos delante. Quienes han probado dicen que no pasa nada. Es más, dicen que llega a ser preferible estar ante tu chimenea escuchando el silencio a tu alrededor que estar en la cola del cine esperando a sacar las entradas de esa película que tiene tantas nominaciones a los Oscar.

hoguera

Como dijo el torero, tiene que haber gente para todo. Al fin y al cabo tú eliges.

 

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