Año nuevo, vida nueva ¡ahora sí!

Termina el año y comienza uno nuevo. Los medios de comunicación hacen repasos del año desde todos los puntos de vista posibles e inevitablemente uno también echa marcha atrás y hace balance de los últimos doce meses, reflexiona sobre las metas y objetivos que se había propuesto y en su caso las renueva. Parece que todo a nuestro alrededor sea ha confabulado para que lo hagamos, y no es casualidad.

El final del año es un momento simbólico en muchas culturas y desde miles de años.

Prepárate para afrontar el nuevo año con energía y optimismo. El momento es ahora y te damos claves para ponerte a ello.lzyzedj8fbo-isabell-winter

El final del año es un momento muy especial. Termina un año y empieza uno nuevo. Un ciclo nuevo.

Es mucho más que 365 días y un poquito, el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa alrededor del sol. El fin de año coincide temporalmente con el solsticio de invierno, que en estas latitudes tiene lugar el 21 de diciembre, un momento mágico y especial en casi todas las culturas alrededor del mundo. El solsticio marca el momento en el que los días empiezan a hacerse más largos y las noches más cortas. El día que esto sucede tiene diferentes interpretaciones y varía según las culturas, pero generalmente se reconoce como un período de renovación y renacimiento.

Precisamente coincide con la Navidad, y tampoco es casualidad.

Se trata de un momento de celebración, originariamente de celebración de la abundancia que coincide con los rituales que se llevaban a cabo para festejar el solsticio, y que hoy en día festejamos en familia o con amigos, con reuniones y reencuentros. Se trata de fechas en las que tenemos las emociones a flor de piel. Nos guste la Navidad o no, no se puede negar que son fechas muy especiales en las que la alteración de la rutina puede llegar a ser un ingrediente clave que nos invita a reflexionar sobre nuestra vida presente, lo que realmente queremos y la eterna pregunta, ¿soy feliz? o ¿qué tendría que estar haciendo yo para ser más feliz?

Hacer balance

El año nuevo promete muchas posibilidades nuevas, es un momento de esperanzas y está muy bien aprovechar esta energía para plantearnos nuevos hábitos o nuevos modos de pensar. Por eso prepárate. Hay quien pide deseos la noche de final de año.

Que no te pille ese momento sin saber lo que deseas tú para el año nuevo.

Empecemos poco a poco. Aunque los diez últimos días del año sean muy ajetreados, es importante que te tomes un tiempo de relax para dedicarlo a la meditación, a estar tranquilo y tener la posibilidad de respirar, poco a poco, conectar tu cuerpo y tu mente, mirar el camino recorrido, ver cómo te sientes, qué es lo primero que te viene a la mente cuando hablas de tus preocupaciones y qué puedes hacer para cambiar eso.

Muchas veces nos ponemos límites que parecen un escollo insalvable y no lo son tanto, simplemente se trata de visualizar nuestros deseos y nuestras posibilidades.

A veces es útil usar lápiz y papel para clarificar una situación presente y las posibilidades que tenemos. Este tipo de análisis requieren tiempo con uno mismo, tranquilidad y paciencia, y es por esto que te sugerimos la meditación como medio para conocerte mejor, para saber cuáles son tus deseos y cómo puedes llevarlos a cabo.

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Te vamos a contar un secreto: no hay personas felices o infelices, hay personas contentas con las decisiones que han tomado o insatisfechas por no haber trabajado para conseguir sus objetivos. Lo que sí es cierto es que si no trabajas para conseguir tus objetivos es muy posible que nunca lleguen a cumplirse.

Es por esto que no debes medir tu grado de felicidad o compararte con los demás, esto es una pérdida de tiempo y energía y una tarea que no lleva a ningún sitio.

Muchas veces para conseguir nuestros objetivos debemos hacer grandes esfuerzos que suponen importantes renuncias, y eso no responde a lo que solemos entender por felicidad. Pero las renuncias y los grandes esfuerzos tienen una importante recompensa, y es que cuando has conseguido una meta te invade una sensación de satisfacción muy placentera. Puede que eso sea la felicidad, que por otro lado es algo que muchos sabios se han esforzado sin éxito en definir.

Definir los objetivos para el nuevo año

Este paso también conviene realizarlo de manera reflexiva y tras una exploración interior: qué quiero, qué me hace sentir bien, cuáles son mis metas, y qué es lo que NO quiero. Esto es algo que también lleva su tiempo.

Es importante que los objetivos que te marques sean objetivos específicos, medibles, alcanzables, realizables y temporalizables, objetivos SMART según sus siglas en inglés. En resumen que sean asequibles y concretos, ya que esto facilita mucho la motivación para esforzarnos en conseguir un meta.

Poco a poco y con constancia, esa es la clave.

Ponte manos a la obra

El momento en el que termina el año, es decir, ese instante en el que terminan las campanadas, abrimos la botella de champán y nos abrazamos y nos besamos para desearnos feliz año, es un momento también para dar las gracias por lo que tenemos, por dónde y con quién estamos. Será importante para empezar de manera positiva. Festeja por todo lo alto y aprovecha esos momentos de alegría.

Ha pasado un año más y solo por eso podemos estar felices.

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Luego ponte manos a la obra. Has hecho los deberes: has pedido tus deseos al nuevo año, y tienes claro cómo puedes conseguirlos. Ahora empieza lo complicado, que es ponerse a trabajar para que salgan bien, y nos encontraremos con dificultades y obstáculos. No pasa nada, porque siempre podremos vencerlos o esquivarlos. Un cambio a mejor nunca nos debe asustar.

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El trabajo y la motivación, valorar lo que ya hemos conseguido, son las cosas que garantizan un bienestar con uno mismo y con lo que nos rodea. Olvidemos las comodidades materiales y empecemos por ordenar ideas y pensamientos, esa es la clave. Luego, no hay mayor satisfacción que conseguir algo gracias a nuestro esfuerzo y constancia.

Y tú, ¿ya has pensados tus objetivos para el nuevo año?

Cómo hacer turrón casero

El turrón es uno de los dulces más tradicionales en la gastronomía navideña española. Aunque los más afamados se elaboran en la provincia de Alicante, también se producen en otros lugares de España y, por supuesto, se consumen en toda la geografía. Las variedades de turrón que podemos encontrar hoy en día son muchísimas, y se puede decir que una mesa de Navidad no está completa si, tras los platos principales, no hay turrón para endulzar el paladar.

Aunque la mayoría de la gente los compra ya hechos, tanto en las versiones más comerciales como en las más artesanales, también se puede hacer turrón casero. Y si no sabes cómo, aquí te lo vamos a explicar, para que descubras y experimentes en tu casa cómo hacer uno de los dulces más clásicos de las navidades españolas.

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Un poco de historia del turrón

La tradición de preparar y comer turrón en España viene de lejos. Realmente, esto de hacer dulces y postres con almendras y miel ya se hacía en la antigua Grecia, aunque desconocemos si el resultado final tenía algo que ver, poco probable, con los turrones actuales.

A España, esta costumbre la trajeron los árabes en la Edad Media, y se puede decir que entre el siglo XV y XVI ya estaba más o menos establecida la configuración y receta del turrón como lo conocemos hoy en día, así como la costumbre de consumirlo especialmente en las fechas navideñas.

También en esa época es en la que la costumbre de preparar turrones se asienta en la zona levantina, sobre todo en la provincia de Alicante y, por supuesto, en la archiconocida Jijona, cuna desde entonces de los turrones más famosos y consumidos en España y en el mundo. Hay referencias también de que se producían turrones en otras localidades, como en Agramunt y, ya en Castilla, en la ciudad de Toledo, donde es igualmente tradicional la producción de mazapanes.

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Tipos de turrón

Intentar enumerar los tipos de turrón que hay actualmente es una tarea prácticamente imposible. Cuando vamos al supermercado o miramos un escaparate de una pastelería donde los preparen podemos ver decenas de tipos de turrones distintos, con un abanico de sabores y colores que parece no tener fin.

Es cierto que los más puristas consideran a muchas de estas variedades como recetas modernas que no deberían incluirse en la categoría de turrones, más allá de su forma y nombre, sobre todo cuando muchos de ellos no están elaborados siguiendo una receta tradicional ni tampoco incluyen almendras y miel entre sus ingredientes.

Si queremos ser estrictos, deberíamos considerar dos tipos de turrón por encima de los demás: el turrón duro, o turrón de Alicante, y el turrón blando, o turrón de Jijona.

El primero, como su nombre bien indica, es de consistencia mucho más dura que el segundo. Principalmente está conformado por una masa solidificada de miel, azúcar, claras de huevo y almendras enteras, y ocasionalmente está recubierto por una oblea.

El turrón blando, por su parte, aunque lleva los mismos ingredientes, tiene una consistencia mucho menos rígida, ya que están todos molidos.

Estos dos tipos de turrón, así como la denominación Turrón de Alicante y Turrón de Jijona están garantizadas por el Consejo Regulador de Indicaciones Geográficas Protegidas.

En cuanto a las otras variedades más populares de turrón, encontramos el turrón de Agramunt, que es similar al turrón de Alicante pero que contiene avellanas en lugar de almendras; el turrón de yema tostada, muy popular en Cataluña y en el que se usan las yemas del huevo que no se suelen aprovechar en los otros turrones; y el turrón de chocolate, tan popular sobre todo entre los más pequeños y cuyas versiones más comunes contienen arroz inflado, almendras, avellanas y que pueden ser de chocolate blanco, con leche, etc.

También queremos decir aquí que en otros países tienen sus propios turrones, o variantes de éstos. Por ejemplo, en Italia encontramos el torrone, mientras que en Francia preparan el nougat y en muchos países árabes y del Mediterráneo oriental su versión se llama halva, y puede contener pistachos u otros frutos secos.

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Cómo hacer turrón casero

Si os estáis preguntando cómo hacer turrón casero, y daros el gusto de preparar y cocinar vosotros mismos un rico turrón estas navidades, os vamos a dar aquí los ingredientes y los pasos necesarios para conseguirlo.

Empezamos con el turrón blando, y para ello necesitaréis:

  • 100 gramos de azúcar en polvo
  • 150 gramos de miel
  • 300 gramos de almendras

Lo primero es tostar las almendras y, una vez que estén doraditas, separar un puñado y moler el resto. Las que no moláis las podéis trocear en trocitos pequeños para que conseguir un toque más crujiente después.

A continuación, en un cazo ponéis a calentar la miel y el azúcar. Cuando la mezcla esté calentándose, le podéis añadir las almendras y remover hasta que todo tenga una consistencia bien homogénea. Opcionalmente, hay gente que le echa un poco de ralladura de limón y canela a esta mezcla, para darle un toque con más gusto, pero eso depende de cada uno.

Por último, cuando la mezcla ya esté bien conseguida y con la textura y densidad que queráis (podéis añadirle un poco más de miel si veis que está quedando demasiado seca), es cuestión de ponerla en un recipiente que tengáis a modo de molde. Siempre es recomendable forrarlo primero con un poco de papel de horno o papel de cocina, para que absorba los aceites que vaya desprendiendo, y dejarlo reposar en la nevera durante un par de días, vigilando que no se seque demasiado y cambiándole el papel periódicamente.

Para hacer turrón duro, los ingredientes varían un poco en su proporción:

  • 250 gramos de almendras
  • 150 gramos de miel
  • 150 gramos de azúcar
  • 1 clara de huevo

Lo primero, de nuevo, es tostar las almendras y, en un cazo, ir calentando la miel y el azúcar. La clara la montáis a punto de nieve y cuando la miel y el azúcar empiecen a burbujear se le añade con mucho cuidado para que no cuaje y se remueve todo constantemente a fuego lento. Una vez que el caramelo rompa, se le añaden las almendras tostadas y se mezcla todo con cuidado.

Así, ya solo quedará que vertáis la mezcla en unos moldes forrados con papel de horno y lo dejéis reposar.

Como veis, hacer turrón casero no es nada complicado, aunque si no os sale perfecto a la primera, no pasa nada. ¡La segunda vez seguro que sale mucho mejor!

Y vosotros, ¿qué turrón preferís? ¿Cuál es ése por el que se pirran en tu familia cuando llega la Navidad?

Qué se come en navidad cuando hace calor

Cuando llega la Navidad muchos pensamos en paisajes invernales, árboles nevados, muñecos de nieve, Papá Noel y su trineo tirado por renos desde el norte de Europa, etc. Pero no es tan habitual pensar en que, en el Hemisferio Sur, esta época llega en estaciones completamente opuestas, durante los meses más calurosos del año. Y, dicho esto, cabe preguntarse con toda la razón del mundo: ¿qué se come en Navidad cuando hace calor?

Son muchos los países en los que los meses de diciembre y enero no están protagonizados por las bajas temperaturas y la nieve, aunque para hablar de las comidas navideñas cuando hace calor hay que centrarse en aquellos países en los que por cultura y tradición sí se celebra la Navidad. Y, aún así, aunque haya que descartar unos cuantos, también nos queda un buen número para poner como ejemplo y hablar de qué platos preparan en una Navidad soleada y veraniega.

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Puede que, a muchos, lo primero que nos venga a la mente sean los países de Sudamérica. Aquí, como si habláramos de las comidas navideñas en los países europeos, hay cosas similares o comunes y, por supuesto, recetas y costumbres propias de cada uno, como la gastronomía del resto del año.

Por ejemplo, en Argentina y en Uruguay son muy comunes las ensaladas de patata y huevo, las de tomate y atún, o incluso las ensaladas de pasta. Estos platos son bastante completos, apetitosos y frescos, mucho más adecuados para el verano que las sopas o cremas que se pueden comer en Europa. Claro que, en esos momentos iniciales de llegar a la mesa y picotear también suelen aparecer las clásicas empanadas argentinas, en cualquiera de sus variantes.

Otro de los platos más populares para las navidades en Argentina es el vitel toné, que deriva de la receta piamontesa del vitello tonnato (ternero atunado), y que consiste en lomos de vacuno acompañados de una salsa preparada con huevo, atún, nata y anchoas.

Tampoco podían faltar los asados, sobre todo si hace bastante calor, ya que son perfectos para preparar y celebrar en el jardín, en terrazas o en cualquier escenario exterior.

En Perú, por su parte, las costumbres gastronómicas navideñas varían un poco. Es cierto que los clásicos pavos rellenos y carnes asadas siempre están presentes, pero los productos y platos más tradicionales suelen llevarse la palma.

Por ejemplo, a las ensaladas variadas de entrantes también les suele acompañar el ceviche, normalmente en la comida del día de Navidad. Este rico plato de pescados y mariscos marinados en cítricos es perfecto para tomar en días calurosos, y además también es un plato muy reconfortante si la cena del día anterior ha sido abundante y pesada.

Se suele decir que Perú es un país muy arrocero, y en muchas de sus regiones los platos navideños más tradicionales son, precisamente, a base de este cereal. El más popular probablemente sea el arroz navideño, que lleva trocitos de panceta, ajo, cebolla, pimientos, espinacas y almendras (u otros frutos secos).

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En Venezuela también hace bastante calor en Navidad y, por eso, las comidas tampoco tienen la contundencia de las que comemos en los países más fríos. Allí, el plato más típico y conocido de las comidas navideñas son las hallacas. Éstas consisten en una masa de maíz que se rellena con distintas carnes o pescados, cebolla, pimientos y uvas pasas, y que posteriormente se hierven envueltas en hojas de plátano. La costumbre de comer hallacas en Navidad se remonta varios siglos atrás, y es algo que también se puede ver en otros países como Colombia, Ecuador o incluso en las Islas Canarias.

Otra de las elaboraciones venezolanas más clásicas de Navidad es el pan de jamón, un pan relleno de jamón cocido con aceitunas y pasas que se corta en lonchas y se sirve como entrante, muchas veces acompañado de alguna ensalada de patata con carne de pollo o gallina. Y, para los postres, resultan imprescindibles la torta negra y el dulce de lechosa.

Vamos un poco más lejos, hasta el continente asiático y, concretamente, hasta Filipinas, para ver cuáles son las comidas navideñas allí, que tampoco es un lugar frío precisamente en los meses de diciembre y enero.

Las comidas y cenas navideñas en Filipinas pueden variar mucho según el poder adquisitivo de las familias. En las mesas más pudientes no es extraño encontrar pollos y pavos rellenos o estofados de ternera, mientras que las opciones más populares se suelen centrar en ensaladas de frutas y platos más tradicionales basados en arroz, como el bibingka o el puto bumbong, cuyo nombre no es lo más curioso, sino su aspecto, ya que es una especie de pastel de arroz púrpura que se cuece en tubos de bambú.

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Más al sur, en Australia, las costumbres culinarias suelen ser similares a las de Inglaterra o Estados Unidos. Esto es, las carnes asadas y aves rellenas al horno, y no es extraño ver a las familias incluso comiendo en parques a modo de picnic. Lo que es muy típico allí es tomar de postre pudin de ciruelas, en el que antiguamente se introducía una pepita de oro como símbolo de fortuna para el que la encontrara.

En Sudáfrica, por su parte, las costumbres son muy parecidas, aunque también se ven mucho en las mesas platos de arroz con verduras y distintos tipos de carne, incluso fría cuando se opta por consumirla en el exterior.

Como veis, hay muchos platos muy originales y que nos pueden parecer muy extraños para comer o cenar en diciembre. ¿Cuáles son los que más os han llamado la atención? ¿Y los que os gustaría probar, aunque no fuera en Navidad?

Dulces típicos de navidad – España

Dulces típicos de Navidad en España

Cuando llega la Navidad, nadie puede discutir que nos concedemos algún capricho gastronómico más de lo normal. Entre tantas celebraciones y reuniones familiares, siempre dejamos de lado las dietas y las observaciones sobre lo que comemos, pero es que la ocasión merece la pena.

Y, claro está, los dulces tienen gran parte de protagonismo en esta cuestión, porque hay determinados postres y recetas que solo se consumen en estas fechas.

En España podemos presumir de una gran variedad de dulces típicos de Navidad, y aunque los hay que son habituales en todas las regiones, otros son más típicos de lugares concretos. Si quieres sabes cuáles son los dulces más típicos de Navidad en España y descubrir si los conoces todos, sigue leyendo.

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Para empezar, vamos a hablar de los mazapanes. Éste es uno de los dulces más tradicionales y consumidos en España. Sus orígenes no están del todo definidos, y se remontan muchos siglos atrás. Los postres hechos a partir de una masa de almendra y miel son muy antiguos, con referencias incluso en las Mil y una noches, además de otros escritos medievales.

Seguramente se consumiera en un modo similar al actual en muchas cortes del sur de Europa durante esos siglos, y las referencias pueden apuntar tanto a Sicilia como a Toledo como regiones en las que comenzó a popularizarse la receta actual, a partir de almendras y azúcar.

Sobre su nombre, tampoco hay una opinión unánime. Mientras algunos defienden que la palabra mazapán viene del latín martius panis (pan de marzo), en la RAE citan como fuente original el vocablo griego paxamádion, que significa bizcochito.

Lo que está claro es que, más allá de las disputas sobre su origen, el mazapán es uno de los dulces navideños más tradicionales y consumidos, no solo en España, sino también en muchos otros países, y tanto si se cocina en forma de barra alargada como en figuritas pequeñas, hace las delicias de niños y adultos.

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Otro de los dulces típicos navideños que no faltan en las casas españolas durante estas fiestas son los polvorones. Éstos son unos bollos hechos a base de harina, manteca de cerdo, azúcar y almendras. Son dulces muy similares a los mantecados, aunque éstos, a diferencia de los polvorones, llevan menos cantidad de harina y no incluyen la almendra entre sus ingredientes.

El origen de los polvorones se suele situar en Andalucía, ya que allí era común desde hace siglos cocinar con la manteca de cerdo.

Los mantecados son algo muy tradicional en esta región, pero tenían el problema de que se estropeaban rápido después de cocinados. Para alargar su conservación, una mujer llamada Micaela Ruiz modificó la receta, resecándolos más y endureciendo su parte externa gracias, precisamente, a la mayor proporción de harina y a las almendras. De este modo nacieron los famosos polvorones de Estepa, tan populares y consumidos en toda España.

Allí hay incluso una Indicación Geográfica Protegida de mantecados y polvorones, aunque no es el único lugar de España donde se producen con éxito, ya que también hay fábricas de mucho prestigio en Tordesillas y en Navarra.

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Presente durante estas fechas, aunque sobre todo el 6 de enero, tenemos el famosísimo roscón de reyes. Este bizcocho en forma de corona, sobre el que se suele poner azúcar y fruta escarchada es muy típico en España, en Portugal y en muchos países de Hispanoamérica.

Los orígenes del roscón de reyes tampoco están demasiado claros, aunque hay precedentes desde la época de los romanos y, más cercanas, desde la Edad Media en España. La tradición dice que en el roscón hay que introducir un haba seca y, antiguamente, la persona que la persona que la encontraba era considerada rey de reyes durante un tiempo.

Hoy en día, la costumbre ha variado un poco, y los roscones pueden contener una figurita, o incluso dinero, como premio al que lo encuentre y, a su vez, el haba que designa al que ha de pagar el roscón.

En cuanto a sus variedades, el roscón más clásico ha ido dando paso a roscones rellenos, a gusto del consumidor, siendo los más populares los que se abren por la mitad y se rellenan con nata, crema pastelera o chocolate, entre otros.

Se podría decir que éstos son los dulces navideños más populares y consumidos por toda la geografía española, con permiso, claro, del turrón. Pero para éste, por su tradición, variedad y popularidad, hemos querido dedicarle su texto propio.

Y, como no podía ser de otra manera en un país con gastronomías regionales tan ricas y variadas, también hay otros dulces navideños que se consumen especialmente en zonas determinadas de la península.

Un buen ejemplo son los pestiños, dulces fritos muy típicos de Andalucía y que se preparan especialmente en Navidad y Semana Santa. Consisten en una masa de harina aromatizada con canela, anís y limón, que se fríe en aceite de oliva y se pasa por miel una vez fritos.

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O, en la otra punta de España, en Asturias, las casadiellas (casadielles en asturiano) que son un dulce elaborado con una masa de harina que se rellena de nuez molida remojada en anís y luego se pasa por la sartén. Las recetas pueden variar un poco, pasando por las que incluyen vino blanco o añaden avellanas al relleno interior.

No son sólo típicas de Navidad, sino que también se elaboran durante las fiestas de Carnaval e incluso en otras épocas del año, pero en las mesas más tradicionales asturianas no suelen faltar.

En el País Vasco es también muy clásico la intxaursaltsa, que es una crema a base de nueces, leche, canela y azúcar con una consistencia similar a las natillas, y en Aragón se suele preparar el guirlache, que no es otra cosa tan apetecible que una masa de almendras y caramelo estirada y que se consume una vez ya fría, cuando el azúcar fundido ya se ha solidificado.

Como veis, no faltan opciones para todos los gustos a la hora de hablar de dulces típicos de Navidad en España. Y seguro que vosotros tenéis vuestras preferencias y aportes, así que os invitamos a que nos dejéis vuestras sugerencias y comentarios, para que podamos disfrutar de unas navidades lo más dulces posible.

10 libros que te harán buena compañía en un viaje

Vayas solo o acompañado, un libro es el mejor compañero de viaje. Ya sea para aprender más sobre el lugar al que vayas, inspirarte con historias o leyendas, para hacer más llevadero un desplazamiento o para hacerte compañía antes de dormir, te recomendamos diez libros que, aunque puedan pesar mucho, no te arrepentirás de llevar en tu maleta.

Como dijo el mejicano José Vasconcelos “Un viaje, como un libro se comienza con inquietud y se termina con melancolía”ys3q5vroxtg-ben-white

No todos los viajes son iguales ni mucho menos. Existe un tipo de libro para diferentes tipos de viaje. ¿Te llevarías el Ulises de James Joyce a una escapada de fin de semana? No tiene por qué ser un no, pero hoy vamos a intentar recomendar diferentes libros, entre grandes clásicos y publicaciones recientes y adaptarlos al tipo de viaje que vayas a realizar, o al revés, puede que estos libros te sugieran nuevos viajes a lugares por explorar.

Si no quieres cargar con un libro durante todo el viaje, puedes hacerte con algunos ejemplares consultando plataformas nacionales o internacionales de bookcrossing.

En este caso las opciones son más limitadas, pero de la misma manera puedes hacerte con un título que te sorprenda. La idea es liberar libros para que alguien los encuentre, los disfrute y los vuelva a liberar. Los y las bookcrossers se inventan formas muy originales de intercambiar libros.

Un viaje es toda una experiencia. Y un libro también lo es.

Hemos querido preguntar a varios lectores viajeros y a viajeros lectores para que nos hagan las mejores recomendaciones literarias y compartan con nosotros su experiencia.

La vuelta al mundo en ochenta días, Julio Verne.

Un clásico de la literatura de viajes y por eso empezamos con él. No hace falta que hagas el mismo recorrido que el flemático Phileas Fogg y su ayudante Jean Passepartout, aunque esto puede ser toda una experiencia. Un libro de aventuras y de lectura ágil, perfecto para un viaje con varias paradas y en diferentes medios de transporte, que puede ir motivándote en cada etapa.

780px-mapa_vuelta_al_mundo_en_80_dias_de_verneViajes con Charley, John Steinbeck

Un delicioso viaje que el autor de Las uvas de la ira y Premio Nobel realiza junto a su perro, un caniche viejo llamado Charley por Estados Unidos en caravana. No hace falta tener un caniche viejo y una caravana. Encontraremos en este libro una historia de un viaje, con las gentes y las vicisitudes que se van encontrando los dos viajeros. Si vas a cualquier lugar de Estados Unidos, llévalo contigo.

Todo está iluminado, Jonathan Safran Foer

El viaje de un joven escritor estadounidense a Ucrania en busca de una historia familiar le embarca en otro viaje, esta vez en la historia de la tierra natal de sus ancestros. Las diferencias entre dos culturas y la sorpresa del joven marcan esta historia. Llévatelo a un viaje en el que vayas a descubrir cosas nuevas y diferentes.

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En Siberia, Colin Thubron

En Siberia es el largo viaje que Colin Thubron llevó a cabo a través de los territorios más inaccesibles del extinto imperio soviético. Momentos duros y amargos, pero también divertidos para un viaje de exploración por una parte del mundo muy amplia de la que sabemos muy poco. Para leer en el tren.

Azorno, Inger Christensen

Esta novela de la escritora danesa habla del amor de cinco mujeres por un mismo hombre. Amor y drama, jardines y paisajes. Un relato para leer en un viaje a tierras nórdicas.

M Train, Patti Smith

La gran Patti Smith revisita las cafeterías que más ha frecuentado a lo largo de los años y que convertía en lugares de creación. Si alguna vez has querido acompañar a Patti Smith en sus viajes, este es tu libro. Desde Detroit hasta México pasando por Japón.

La muerte en Venecia, Thomas Mann

Una novela corta llena de simbolismo convertida ya en un clásico. La historia de un enamoramiento que sucede en Venecia. Perfecta para inspirar un viaje corto en Venecia, una ciudad de ilusiones románticas y a la vez símbolo de la decadencia de su protagonista.

leerEl museo de la inocencia, Orhan Pamuk

La historia tiene lugar en Estambul desde 1975 hasta hoy y trata sobre una pasión obsesiva. Es una novela larga y densa, que recomendamos para una estancia larga en Estambul, conocerás la historia más reciente de la ciudad y rincones de la misma desde la personal mirada de este autor.

Abril quebrado, Ismail Kadaré

Ambientado en Albania, habla de treinta días en la vida de un joven que puede que no llegue a ver el inicio del mes de mayo. Afectado por el Kanun, un código de honor albanés por el que huye de una venganza. Lo puedes leer si viajas a Albania, un destino que merece la pena descubrir, pero también es perfecto para un viaje largo en avión.

Ulises, James Joyce

Considerada la mejor novela en idioma inglés del siglo XX. De atmósfera naturalista, es un fiel reflejo de la ciudad de Dublín. El título hace referencia a la Odisea, el poema épico en el cual Ulises vuelve a casa tras la Guerra de Troya. Esta referencia tiene un matiz irónico ya que la novela de Joyce narra los hechos cotidianos que ocurren en un solo día en la vida de su protagonista. Para viajes interiores.

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Los viajes, al igual que los libros nos muestras muchas cosas nuevas y desconocidas, puntos de vista diferentes.

Un buen libro es una ventana al mundo.

Déjate acompañar por un buen libro cuando salgas a explorar el mundo y realizarás dos viajes paralelos.

¿Que libros han marcado tus viajes?

Las Navidades no tienen por qué ser sinónimo de excesos e indigestiones

La Navidad, “esas fechas señaladas”, es tiempo de reunirse con familiares y amigos, de celebrar cada día un reencuentro, o más de uno, y al final terminamos comiendo mal, durmiendo poco y dejando a un lado nuestras rutinas más saludables.

Te ofrecemos algunos consejos para que las Navidades no se conviertan en enemigas de tu bienestar físico y mental.b5sngrtypq4-jakob-owens

Aunque no queramos, la Navidad es un periodo que tiende a desestabilizar un poco nuestra rutina. Entre días festivos, reuniones familiares y reencuentros con amigos, muchas veces nos es difícil mantener nuestros hábitos normales, entre los que se encuentran la comida, el ejercicio y la tranquilidad.

¿Banquetes ligeros?

Entre la cena de empresa, la cena de empresa en petit comité, la cena de tu grupo de amigos de la universidad, la cena de los amigos del colegio, las de tu familia, … Al final tienes una comida o una cena casi cada día, cuando no se acumulan dos el mismo día. Todas estas reuniones se convierten en un ágape interminable con aperitivos, platos elaborados, raciones abundantes, postres, etc.

Si normalmente estamos acostumbrados a tres o cinco comidas diarias más o menos equilibradas, en Navidad es muy posible que este ritmo se rompa.

Si, por el contrario la norma es que no sueles cuidar mucho tu alimentación y en casa de tus padres preparan tu plato favorito y vas pensando en darte un atracón, ya sabemos que la cosa no va a terminar muy bien en ninguno de los dos casos.

Si eres el anfitrión, calcula bien las cantidades de comida y planifica bien. Muchas veces se exageran las cantidades de comida y el número de platos y terminamos comiendo sin ganas y sin hambre, y esa no es la idea. Aprovecha para incluir productos de temporada frescos, como la granada o la naranja, que alegran cualquier ensalada o verduras como las alcachofas frescas, que son diuréticas y tienen muchas vitaminas.

Esto no significa que no se pueda disfrutar de las comidas navideñas, que son una excusa perfecta para juntarnos en familia o con amigos y pasar un buen rato. La clave para unas digestiones ligeras es moderar el consumo de alcohol por supuesto, así como de hidratos de carbono, grasas y dulces. Ten especial cuidado con las salsas. Consumir estos productos con moderación marca la diferencia entre una buena digestión y una digestión pesada. Sí, un buen banquete también puede ser ligero.

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Un buen truco es compensar con el desayuno y el almuerzo y aprovechar para comer bien en ese momento, así no llegarás a la comida con mucha hambre. Preparar un desayuno rico en vitaminas y también en proteínas, que sea nutritivo y empezar así el día con una buena alimentación puede favorecer el que sigamos esa pauta a lo largo del día. Saltarse comidas no es una buena idea, tampoco en Navidad. Si no mantenemos al estómago trabajando asimilaremos los nutrientes de manera desordenada. No es bueno para la digestión ni para la nutrición.

Otra de las claves es festejar con cabeza. La idea es reunirse y pasarlo bien.

Se trata de una ocasión especial, pero aún así siempre se puede hacer con cabeza y con mesura, en el fondo demasiados manjares son accesorios. Disfruta de lo que comes y con quien lo comes. En buena compañía todo sabe mucho mejor.

Sal a dar un paseo después de la comida, también te ayudará con la digestión y además, quemarás algunas calorías.

Deporte en Navidad

Entre tantas reuniones y celebraciones, compras y compromisos puede que nuestros hábitos deportivos se vean algo trastocados y tengamos que faltar a nuestra cita con el deporte semanal.

Estos días cambias tus rutinas o te has desplazado a otra ciudad para reunirte con los tuyos, y hay varios motivos que hacen más complicado hacer deporte. Si se hace imposible en este mes de diciembre puedes cambiar tus costumbres. Entrena en casa por la mañana o aprovecha para practicar deportes de invierno como patinaje sobre hielo o si tienes la oportunidad de esquiar, es una opción muy interesante a considerar. En muchas ciudades se instalan pistas de patinaje sobre hielo, que es un deporte aeróbico perfecto para ejercitar las piernas y practicar equilibrio, además de ser muy divertido. Aprovechar un día para esquiar puede ser también una actividad muy indicada para hacer en familia y pasar un gran día.

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Si eres de los que se han apuntado a la meditación, no dejes el hábito durante estos días. Seguro que lo agradecerás.

Procura no descuidar demasiado tu rutina de ejercicios. Hacer deporte ayuda a controlar nuestros niveles de azúcar y grasas en el cuerpo, además de favorecer una buena alimentación, y lo más importante, estaremos relajados y de buen humor, que a veces también ayuda a un buen clima general.

Estamos aquí para disfrutar

Durante las Navidades todos estos compromisos, comidas y  cenas nos acaban estresando casi más que los días normales. Entre familia, trabajo y amigos los planes se acumulan y a veces no llegamos.

Son días de mucha emoción y mucha intensidad, incluso a veces puede haber encuentros que nos preocupan, o la simple idea de preparar una comida en casa o incluso varias es motivo de preocupaciones. Es importante que todos comamos bien y que no falte de nada, pero lo es mucho más reunirse y estar de buen humor. Por algo son fechas señaladas. A veces es la única oportunidad del año que hay para ver a la familia o a algunos amigos y merece la pena aprovechar estos encuentros al máximo.

Permítete un día perezoso para reponer fuerzas y desconectar, un parón en la vorágine de eventos, puede ser muy beneficioso.

Además de reponer fuerzas, ayuda a tomar conciencia de los días que están pasando y retomarlos con energías renovadas.

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La Navidad es una vez al año y es un momento para celebrar y estar feliz. Es mucho más importante con quien estamos que lo que comemos. Hazlo especial, porque es para eso, y esto también es posible cuidándose. Cambia de ritmo, apúntate a la vida slow y todo será más llevadero.

¿Nos das algún consejo para llevar unas Navidades saludables?

Ciudades más bonitas para visitar en Navidad

Cuando llega la Navidad, e incluso desde alguna semana antes, el espíritu de las fiestas invade todas las calles y plazas. Es el momento en el que las ciudades y los pueblos se engalanan con luces y adornos, y, también, cuando se organizan esos bonitos mercados callejeros para disfrute de mayores y más pequeños.

Dado que, en estas fechas, muchos lugares lucen de un modo distinto y con un encanto especial, vamos a darte unas recomendaciones de los mejores destinos para visitar en Navidad.

 Las ciudades más bonitas para visitar en Navidad en España

La primera ciudad que recomendamos para visitar en Navidad, aunque pueda parecer una opción fácil y tópica, es Madrid. Y es que en la capital, cuando llegan los últimos días de noviembre, se comienzan a ver las luces y adornos por todas las calles y plazas, y la verdad es que el espectáculo visual es realmente precioso en algunos puntos de la ciudad.

Además, estas fechas de primeros de diciembre, gracias a los festivos, permiten que mucha gente pueda desplazarse hasta Madrid y, cómo no, aprovechar para pasear por el centro y por las calles más comerciales.

Son muchos los turistas que vienen, no sólo para hacer compras navideñas, sino también para disfrutar de la magia que impregna la decoración de la Puerta del Sol, de la Plaza de Cibeles, o de la Plaza Mayor, por poner unos ejemplos.

Barcelona no se queda atrás a la hora de embellecer sus calles, paseos y plazas en Navidad. Al igual que Madrid, son muchos los visitantes que aprovechan los puentes de diciembre para acercarse a Barcelona desde muchos puntos de España y Europa, y muestra de ello son las aglomeraciones de paseantes en zonas como Las Ramblas, la Fundació Sant Pau, Plaça de Sant Jaume o Plaça Catalunya, sobre todo por los belenes que se montan allí en estas fechas y, por supuesto, por las bonitas decoraciones e iluminaciones navideñas que alumbran la ciudad desde la puesta de sol.

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En Navidad, estamos seguros de que Los del Río cantan alguno de esos villancicos tan tradicionales en Andalucía, pero lo que es más seguro aún es que a los que visiten Sevilla les vendrá otra de sus canciones a la cabeza, porque Sevilla también tiene un color especial en estas fechas.

Sus plazas y calles se engalanan, y además de los belenes más clásicos, hay zonas como el centro histórico de la ciudad, el Palacio de San Telmo, las Setas o la Alameda de Hércules que son un verdadero espectáculo visual.

Por supuesto, más allá de las grandes ciudades, también hay otras muchas de menor tamaño que tienen un encanto especial durante la Navidad. Una de ellas es Ávila, que si ya es atractiva de por sí durante un día veraniego, con las luces y árboles que adornan sus calles medievales en estas semanas se convierte en una ciudad de ensueño.

Y, si queréis una opción más original, un viajecito a Canarias y visitar Las Palmas os puede sorprender mucho. No solo por los mercadillos y actividades que se organizan en estas fechas, sino porque también se puede visitar el precioso belén que se esculpe con arena en la Playa de las Canteras y, de paso, darse un baño, porque allí la temperatura no es raro que lo permita.

Las ciudades más bonitas para visitar en Navidad en Europa

Más allá de nuestras fronteras también hay verdaderas maravillas navideñas. Y es que muchos de los destinos que podemos considerar clásicos en Europa se convierten en verdaderas joyas durante la Navidad.

Una de ellas es Ámsterdam, que durante estas semanas celebra el Festival de la Luz, con artistas internacionales que exhiben sus obras lumínicas sobre el río Amstel, y que podemos disfrutar con una perspectiva muy especial desde uno de los barcos que navegan por los canales de la ciudad.

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Zúrich puede ser una de las ciudades en las que mejor se pueden aprovechar estos días. No sólo porque toda la ciudad se engalana para recibir a la Navidad, sino porque es un destino perfecto para realizar las compras navideñas y porque, además, ofrece un abanico excepcional de conciertos, óperas y otras muchas actividades especiales para disfrute de propios y extraños.

A los que, de nuevo, busquen algo menos típico, les tenemos que recomendar Dubrovnik. Esta bella ciudad croata que permanece con sus encantos medievales casi intactos se ilumina con la llegada de la Navidad y ofrece unas de las vistas más hermosas del Mediterráneo en un ambiente único, para que vivamos estas fechas como si estuviéramos en un cuento de hadas.

Un viajecito navideño a Norteamérica

Viajar a Nueva York en diciembre se está convirtiendo en una de las opciones más populares para muchos españoles en los últimos años. Aún así, aunque parezca algo muy visto y ya hayamos visitado la Gran Manzana y los barrios adyacentes, hay que decir que el ambiente y la alegría que allí se desprende en las fechas navideñas tiene algo especial.

Y, si Nueva York es una ciudad con opciones interminables de ocio, entretenimiento y gastronomía, en Navidad lo es aún más.

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Pero si lo que queremos es una Navidad menos ajetreada y ruidosa que la neoyorquina, podemos viajar un poquito más al norte, hasta Quebec, en Canadá, y poder recorrer sus callejuelas y ver sus tejados cubiertos por la nieve mientras escuchamos los villancicos franceses más tradicionales y recorremos los mercados artesanales antes de calentarnos en un restaurante bebiendo sidra y comiendo marisco.

Recetas de la abuela para cenar en Nochebuena

La cena de Nochebuena tal vez sea la estrella de las fiestas navideñas. Suele convocar a más gente que la cena de Nochevieja y, como previa al día de Navidad, es la que suele dar punto de partida a las reuniones y banquetes. Tirando un poco de nostalgia, y aunque sabemos que muchas no están olvidadas, queremos hacer aquí un repaso a las recetas más clásicas de la Nochebuena en España.

Y no nos referimos a comidas viejunas pasadas de moda, sino a esos platos que preparaban nuestras abuelas, tías y madres cada vez que llegaba el día 24 por la noche.

Es lógico, y seguro que muchos lo pensáis, que no se cena lo mismo en Nochebuena en todas las partes de España, pero la intención es que podamos hacer una recopilación de las cosas más típicas, y puede que también encontremos alguna cosa que no sea extraña encontrar en las mesas del norte, del sur, del este y del oeste. Nuestra idea será recopilar distintas opciones para conformar un menú rico y tradicional que todo el mundo identifique con la Nochebuena.

Los comienzos más tradicionales

Para empezar, siempre ha sido clásico tomarse algo más “ligero”, del género de las sopas y cremas. En la costa cantábrica, es habitual tomarse una sopa de marisco, una crema de nécoras o, por qué no, los mariscos cocidos, sin caldo acompañante.

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En el País Vasco, aunque ahora ya no sean tan asequibles, también era común empezar la cena con unas angulas, y en la zona de Navarra, La Rioja y Aragón las ricas verduras de su huerta son las protagonistas, como los espárragos y el cardo con almendras o bechamel.

En Cataluña resulta casi imprescindible la sopa de galets para empezar la cena de Nochebuena, y en Mallorca la tan apreciada sopa rellena. Por su parte, en Valencia y Murcia la sopa más común es la de pelotas, unas pequeñas albóndigas de carne de ternera y cerdo con piñones.

La Nochebuena castellana también tiene sus platos clásicos y, aunque antiguamente se hacían sopas de cocido con pan, también es muy tradicional preparar algo de la huerta, como lombarda o cardo.

En Andalucía degustan sabrosos caldos, y los más clásicos pueden ser los de Jerez o la sopa de picadillo, por nombrar un par, mientras que en Canarias unas buenas papas son el comienzo ideal para una buena cena.

Carnes o pescados para todos los gustos

Después de las sopas y verduras, y de todos los entrantes que haya habido en la mesa, viene el plato grande. De nuevo, no hay una única opción y, con el paso del tiempo, algunas de las recetas y platos más clásicos han ido desapareciendo de las mesas por unas razones u otras.

Si hablamos de pescados, las opciones más comunes en las cenas de Nochebuena solían ser el bacalao y el besugo.

El primero sigue estando muy presente en las mesas, no solo porque gusta a casi todo el mundo, sino por su versatilidad, que permite poder cocinarlo de distintas maneras. Una de las tradicionales era rebozado, aunque ahora ya se ha sustituido por otras versiones, tanto con verduras como en salsa.

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En cuanto al besugo, tal vez era más habitual antes que ahora, ya que su precio ha subido bastante en los últimos años (no tanto como las angulas). De todas maneras, hay familias que permanecen fiel a la tradición y lo siguen preparando al horno, con limones y con un refrito de ajo y perejil.

Los comensales más carnívoros tal vez pasen directamente del pescado y estén esperando ansiosos por el plato más contundente de la cena.

Las alternativas, de nuevo, son variadas, aunque antiguamente se podían encontrar más diferencias dependiendo de los recursos de cada casa.

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Una de las carnes más habituales en las mesas de Nochebuena era el pollo o el pavo al horno. Un buen pollo criado en casa, grande y con una guarnición de patatas y ensalada servía para alimentar a unos cuantos comensales, y era algo que se solía reservar para esta fecha tan familiar. Si no se quería al horno, el pollo también se podía guisar, y la receta de la pepitoria era de las más compartidas y practicadas en estas fechas.

En otras mesas era –y sigue siendo– habitual el cordero lechal.

Tal vez era más común en las regiones del interior, ya que muchas familias tenían mayor acceso a éstos y es una carne más tradicional. Y, por supuesto, las opciones podían pasar por el cordero asado al horno o, por qué no, guisado con una rica salsita.

No hay que olvidar la opción del cochinillo asado, o el lechón al horno, habituales en las mesas extremeñas y, en Andalucía, el tan clásico pavo trufado o las carrilladas de cerdo en salsa.

El colofón a la cena

Y, en cuanto a los postres, qué vamos a decir. Aunque con la cantidad de comida de los platos anteriores, más los entrantes variados, ya pueda parecer suficiente, ésta es una ocasión especial, y después de los pescados y las carnes aparecerán las bandejas repletas de turrones de todo tipo, mazapanes, polvorones, peladillas, etc.

Y en determinadas regiones, las especialidades dulces de cada una de ellas, como las casadiellas, el guirlache, los pestiños, etc.

¿Qué os parecen estos platos típicos de la abuela en Nochebuena? ¿Qué se suele cenar en vuestra casa tradicionalmente? Si nos hemos dejado alguna receta clásica que creáis que no puede faltar, esperamos vuestros aportes y recomendaciones en los comentarios. ¡Buen provecho!

Ejercicios y trucos de respiración para no quedarse anquilosado en viajes largos

Un viaje largo implica no solo pasar mucho tiempo sentado en una butaca de dimensiones muy reducidas. También implica cargar con el equipaje, con las consecuencias que eso puede conllevar para tu espalda y rodillas, así como la inquietud que supone pasar muchas horas sentado en la cabina del avión, del tren o del medio en el que te muevas.

Con estos ejercicios tus viajes se volverán más llevaderos. El síndrome de la clase turista existe, sí, pero es fácil evitarlo.

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El famoso síndrome de la clase turista es un término que se acuñó a finales de los años noventa para referirse al conjunto de síntomas que puede llegar a provocar el pasar muchas horas en los asientos poco espaciosos de los aviones, a lo que se añade la inmovilidad y la deshidratación.

Esto puede llegar a desembocar en trombosis y otras complicaciones graves.

El viaje es el camino, dicen. Sí, es cierto, el camino que realizamos para llegar a nuestro destino puede estar lleno de experiencias interesantes y enriquecedoras. Da igual el medio de transporte que utilices. Pero cuando realizamos un viaje largo pasamos muchas horas sentados en la misma postura, que en ocasiones no es ni muy cómoda ni muy ergonómica, y sin poder movernos demasiado. Esto puede causar, y en muchas ocasiones causa, dolores musculares y problemas circulatorios.

Te recomendamos diferentes ejercicios para que las consecuencias de tus desplazamientos sean más llevaderas y no llegues a tu destino completamente dolorido a causa del desplazamiento que has realizado.

Cuida tu equipaje como medida preventiva

Al hacer las maletas ten en cuenta el peso que va a tener que acarrear por largos pasillos de aeropuertos o estaciones, e intenta adaptarlo a tu lugar de destino y a tus capacidades físicas.

Muchas veces llevamos de viaje cosas que luego no llegamos a utilizar.

El tamaño y volumen del equipaje es muy importante para tu espalda. Cuídala, una espalda en buen estado es garantía de un cuerpo en forma.

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En el camino

Lo más importante de cara a un viaje largo es tener claro que conviene no permanecer en la misma postura durante más de dos horas, por lo que cada rato puedes aprovechar para caminar un poco por el pasillo y estirar brazos y piernas. Sujeta tu brazo derecho con el izquierdo por encima del codo y al revés, notarás como tu espalda lo agradece. Levanta los brazos con las palmas en paralelo estirando la columna para relajar un poco los hombros.

Para estirar los hombros dibuja círculos en el aire hacia adelante y hacia atrás, y descargarás mucha de la tensión acumulada en los trapecios. Para relajar los músculos del cuello dibuja círculos con tu cabeza a un lado y otro. Comienza la circunferencia inspirando y termínala soltando el aire. Estos son ejercicios que puedes hacer sentado.

Controlar la respiración favorece también la relajación durante el viaje.

En cuanto a las piernas, tus gemelos agradecerán si flexionas el tobillo hasta poner la punta del pie mirando hacia el techo. De pie sujeta el empeine y pégalo a las nalgas para aliviar los rectos ¡Y ten cuidado de sujetarte bien!

Para relajar los músculos de la espalda, echa el cuerpo hacia delante intentando tocar el pecho con las rodillas, te puedes sujetar en los gemelos con las manos. Vuelve a la posición inicial despacio y sintiendo como se van colocando las vértebras poco a poco. Si cogiste un billete de avión muy low cost, puede que no puedas hacer este ejercicio en tu asiento.

Si vas en tren o en avión puedes aprovechar los momentos de espera o tránsito para caminar, hacer estiramientos o incluso practicar alguna postura de yoga para estirar, tonificar y preparar las articulaciones y el cuerpo en general para el largo viaje. No seas vergonzoso, puede ser que la gente te mire, pero a la larga agradecerás mucho haber estirado antes de meterte en un avión durante varias horas.

Para hacer el saludo al sol necesitarías una esterilla, que puedes llevar cómodamente enrollada en tu equipaje de mano. Es un ejercicio perfecto antes de viajar ya que tonifica, estira y mejora las articulaciones. Esta rutina también se puede hacer antes de salir de casa, y en caso de realizarla durante el viaje podemos omitir las posturas de suelo, y trabajar solamente el tren superior.

Si vas en coche es importante parar cada dos horas como máximo para descansar y también estirar las piernas. Puedes hacer los mismos estiramientos, pero ten cuidado de no hacerlos en un lugar demasiado frío, puesto que te puedes lesionar.

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Respira, estás de viaje

Durante las largas horas de viaje aprovecha para hacer ejercicios de respiración. Te ayudará cuando empiece a aparecer la típica ansiedad del ¿cuánto queda? y los minutos se empiezan a hacer eternos. Estos ejercicios de respiración te ayudarán a concentrarte y a hacer el viaje de manera más tranquila. Solamente el concentrarte en tu respiración te hará entrar en un estado de relajación muy profundo y agradable.

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Respiración abdominal: coloca una mano en tu pecho y la otra en el abdomen. Inspira lenta y profundamente de manera que la mano que está en tu pecho no se mueva, y la que está en el abdomen sube a la vez que coges aire. Retén la respiración contando hasta tres y suelta el aire poco a poco. Repite todas las veces que quieras.

Respiración costal: con una mano en el pecho y otra en el abdomen, inspira lentamente. Esta vez la mano que tienes en el pecho será la que se mueva. Verás cómo tu caja torácica se llena y vacía de aire lentamente. Se recomienda repetir a voluntad.

Respiración completa: con las manos colocadas igual que antes, se trata de coger aire lentamente sintiendo como se hincha tu abdomen, luego continúa inspirando un poco más y siente como la parte alta de tu pecho y seguidamente tus clavículas se expanden. Después de unos segundos, suelta el aire lentamente sintiendo como se deshinchan clavículas, tórax y abdomen.

Estas dos sencillas técnicas de respiración cumplen la función de relajarnos y concentrarnos para hacer mejor el viaje. Al fin y al cabo, estás de viaje, y vayas a donde vayas seguramente encontrarás nuevas y sorprendentes experiencias.

Los viajes largos son pesados y a veces las malas posturas nos dejan secuelas que nos pueden llegar a fastidiar las vacaciones, pero si sigues estos consejos, esperamos que te vaya mejor.

¿Nos cuentas algún truco para sobrellevar un largo viaje?

Deportes para disfrutar del invierno

Empieza la estación fría, y con ella llega la nieve, que nos permite practicar algunos deportes muy divertidos que de otra manera no se podrían practicar. Trata de practicarlos mientras puedas encontrar nieve o hielo.

A pesar del frío, la nieve y el hielo son dos medios que nos pueden llegar a proporcionar momentos inolvidables. La euforia que produce estar esquiando o simplemente haciendo una guerra de bolas de nieve o sobre un trineo hace que se nos olvide totalmente el frío.

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La práctica de los deportes de inviernos está siempre relacionada con la nieve o el hielo, y si bien hoy es posible practicarlos con hielo o nieve sintéticos, hoy te queremos hablar de los deportes originales que puedes practicar en la nieve. Aprovecha si has salido de tu ciudad para ir un día a la montaña, o programa una salida específica. Ver una ladera nevada siempre es un espectáculo impresionante, deslizarse, caminar o saltar por ella, una experiencia sin igual.

Aprovecha el frío y la nieve, puede que los eches de menos cuando llegue el verano en la ciudad.

Los primeros Juegos Olímpicos de invierno se celebraron en Suecia en 1901, aunque no como tales, sino que fue un evento multideportivo especialmente pensado para deportes de invierno y se llamaron Juegos Nórdicos. Podemos decir que los primeros Juegos Olímpicos de Invierno como tales fueron los de Chamonix en 1924, en los que participaron 16 países frente a los 88 que participaron en Sochi 2014, la última edición. A lo largo de los años el número de deportes y pruebas ha ido incrementándose.

Esquí y snowboard: Los clásicos

Esquí y snowboard son dos clásicos que siempre están presentes en nuestro imaginario colectivo cuando se habla de deportes de invierno. Son los más accesibles, ya que la equipación se puede alquilar en las pistas de esquí y empezar a practicarlos de manera amateur es bastante sencillo y muy agradecido, con lo que con un par de clases puedes empezar a deslizarte por las laderas.

En este y en los demás también siempre debes recordar llevar un equipamiento adecuado, que no consiste solo en llevar ropa de abrigo que sea impermeable, incluyendo guantes que son fundamentales, gorro y algo para proteger la garganta. No olvides unas gafas homologadas para la nieve, ya que el reflejo del sol en los ojos te puede causar serias lesiones.

Un poco de sentido común y tu vena más aventurera son los únicos elementos que hacen falta para pasar unos maravillosos días en la nieve.

Esquí de descenso y snowboard son clásicos por razones obvias, además de su accesibilidad, ofrecen todo tipo de posibilidades y según se va adquiriendo experiencia los descensos se hacen más entretenidos y emocionantes.cvayet_s3_q-boba-jovanovic

Volar sobre la nieve

Una variante del snowboard muy atractiva consiste en el snowkite, una especie de híbrido entre el snowboard y el kitesurf, aunque también se puede practicar con esquís. El principio es el mismo que el kitesurf, es decir, se utiliza una cometa como remolque para poder realizar grandes saltos, pero el medio es la nieve y no el agua. El equilibrio es diferente que sobre el agua, pero un monitor te puede ayudar a ponerte en marcha. La cometa se puede utilizar de diferentes maneras: para desplazarnos por la pista y hacer saltos, giros y largos, o bien también la podemos usar como telesquí, es decir para subir a la pista. Una vez arriba podemos guardarla o empezar de nuevo un descenso con ella desplegada. Perfecto para los amantes del kitesurf que no puede salir en invierno. Pinta bien, ¿verdad?gbdrluigxze-nrkbeta

Por razones obvias, las pistas de snowkite son diferentes a las de esquí o snowboard, ya que la vela que se usa es de enormes dimensiones, pero cada vez se pueden encontrar lugares en España para practicar esta apasionante deporte, no considerado dentro de los Juegos Olímpicos de invierno. Eso sí, antes de lanzarte, conviene contrastarlos para evitar sorpresas de última hora.

Esquí de fondo, el arte de patinar sobre la nieve

Este es otro de los clásicos, pero menos frecuente en nuestro país. Deporte olímpico de invierno desde 1924, se trata de recorrer terrenos llanos u ondulados en el mínimo tiempo posible. El esquí de fondo se utiliza también como modo de transporte en países nórdicos, como un método algo más eficiente que las raquetas.

No es tan trepidante como el esquí alpino, pero como medio para realizar una travesía es muy emocionante y, al ser similar a una travesía, podremos disfrutar de bonitos paisajes. Como ejercicio aeróbico es un útil para la respiración y la resistencia.

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El trineo no es solo un juguete

Participar en una competición de trineos es de esas cosas que nos dibuja automáticamente una sonrisa en la cara, igual que patinar. Pruébalo, es inevitable.

Aún así hay disciplinas como el bobsleigh, el luge o el skeleton que son olímpicas y requieren de una complicada técnica y un entrenamiento intenso. No son un juego de niños. Si tienes la oportunidad de practicar alguno de estos, no la desprecies, ya que la sensación de utilizar un trineo profesional es inolvidable.

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No olvidemos el patinaje sobre hielo, que contempla también numerosas disciplinas en su modalidad olímpica, pero que si encontramos una pista de hielo, solamente no hará falta calzarnos unos patines de cuchillas para empezar a disfrutar. El patinaje es un ejercicio muy completo, en el que trabajamos el tren inferior, así como la coordinación y el equilibrio. Y sí, nos pintará una sonrisa en la cara sin falta.

Los meses de invierno no tienen por qué impedirnos salir al aire libre a entrenar, todo lo contrario, el frío es una oportunidad para animarnos a probar nuevos deportes que no conocemos, o bien retomar aficiones estacionales.

Entrenar al aire libre en invierno con la debida protección nos ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y además entraremos en calor rápidamente. Informate en la web de la Real Federación Española de Deportes de Invierno.

Y tu, ¿por que deporte de invierno te decides?