Cómo sobrevivir a los viajes largos

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Muchas veces, en nuestro afán de explorar y descubrir destinos recónditos en la otra punta del mundo, cometemos la osadía de quitarle importancia al tiempo que vamos a pasar viajando. Está claro que, con la ilusión de llegar a nuestro destino, el sufrimiento puede sobrellevarse. Pero, siendo honestos, pasar ocho o diez horas en un avión no es plato de gusto de nadie. ¡Y menos aún en el trayecto de vuelta!

Si quieres superar este trance de la mejor manera, aquí te vamos a dar unos pequeños consejos que te ayudarán a sobrevivir a esos viajes largos y su característico jet lag y, por qué no, a aprovechar todas esas horas sentado de la manera más eficiente.

Lo primero que hay que hacer es planificar. La prevención es siempre buena aliada y, para un viaje largo, en el que suele haber muchos factores que puedan influir en el confort, es esencial.

Por eso, la organización del equipaje y de los posibles bultos que tengas que llevar va a ser una de las primeras cosas que tienes que hacer.

Seguramente, si te vas a un lugar tan lejano como para que esté a unas cuantas horas en avión, vas a estar allí unos cuantos días. Como no es una escapada breve de fin de semana, también es probable que lleves una maleta que vayas a facturar. Aprovecha ésta al máximo y así el equipaje de mano podrá ser más liviano.

Ten en cuenta que, si vas a cargar tu mochila o tu maleta de mano con muchas cosas, el peso y el volumen te podrán incomodar, sobre todo en esas largas esperas para embarcar y para moverte por los aeropuertos.

Los asientos del avión, a menos que tengas la suerte de viajar en alguna clase superior, no son los más amplios y cómodos del mundo. Pasar unas cuantas horas en estos habitáculos puede resultar un poco estresante, sobre todo porque la movilidad es muy reducida, así que intenta llevar ropa cómoda y ligera. El pasillo entre los asientos no es una pasarela de moda, y a nadie le va a importar si vas con una sudadera y un pantalón de chándal. Seguro que viajas más cómodo que los que, por obligación, tienen que ir de traje con la corbata bien anudada.

Hablando de los asientos del avión, lo ideal es conseguir un buen lugar. Para estirar bien las piernas, los mejores son los que corresponden a las salidas de emergencia, aunque suelen estar muy solicitados ­–e incluso hay compañías que los ponen a mayor precio–, y también los pasillos.

La pega de éstos últimos es que, si intentas dormir, el tránsito de tus compañeros de viaje te puede molestar. Y lo mismo sucede si tu asiento está en las filas cercanas a los cuartos de baño o al personal de vuelo. El ajetreo y el movimiento son más habituales en estas zonas y te restarán tranquilidad. 

Precisamente, para los más dormilones, puede ser recomendable llevar un antifaz o unos tapones para los oídos, con los que conseguirás aislarte un poco del entorno y tampoco te ocuparán mucho espacio. Hay gente que también lleva una pequeña mantita, aunque éstas te las pueden proporcionar en el mismo avión, y así evitas aumentar la carga de tu mochila o maleta de mano.foto_3

Por el contrario, si eres de los que no son capaces de pegar ojo en el avión, tendrás que ocupar todas esas horas de alguna manera. Si no tienes la mala suerte de que tu compañero de asiento te dé largas conversaciones, puedes echarle mano a algún libro o revista, preparar una lista de música o de podcasts bien extensa o, incluso, alguna película que te apetezca ver y quieras tachar de la lista. Si tus lecturas van a ser analógicas, no hay mayor problema que el peso en tu mochila.

Pero si tus entretenimientos dependen de algún dispositivo digital, no olvides ponerlos a cargar el día anterior, para que no se te apague a mitad de película o de canción.

Por cierto, aunque no vaya a influir en la calidad de tu viaje, no te olvides los cargadores en casa, los necesitarás en tu lugar de destino y, sobre todo, para preparar el viaje de vuelta.

En estos viajes largos también es recomendable moverse un poco. Cierto que el avión no es el lugar más amplio para hacer ejercicio, pero siempre puedes caminar un poco por los pasillos e intentar mover las articulaciones. Del mismo modo, también es conveniente hidratarse, ya que el ambiente en los aviones es bastante seco y esto puede influir en el cansancio al final del trayecto.

Con respecto a la hidratación, y a la alimentación en general, intenta evitar el café, el té y, sobre todo, las bebidas alcohólicas.

También puede ser buena idea si llevas alguna pieza de fruta o te haces un sándwich en casa, que seguramente sean más sanos y ligeros que la comida que te ofrezcan en el avión. Puedes leerte también nuestros consejos para comer saludable cuando viajas mucho, que te serán útiles para no tener un viaje y una estancia incómoda por problemas estomacales.

Y, por último, disfruta de tu vuelo. Si eres de los que no se sienten cómodos en el aire o de los que se agobian por pasar unas cuantas horas encerrado en un avión en lugar de estar recorriendo y descubriendo nuevos rincones, no lo pienses demasiado y relájate.

Piensa que, en poco tiempo, habrás llegado y que el esfuerzo y sacrificio merecen la pena, porque un viaje así siempre te va a llevar a un destino soñado.

Con estos consejos que te hemos dado seguro que tu vuelo será mucho más llevadero y podrás bajarte del avión con todas las fuerzas y energías que necesitas para disfrutar a tope y exprimir al máximo las posibilidades que allí vas a encontrar.

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