¡Es tiempo de castañas!

  • Gastronomía
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El otoño es una estación que muchas veces recordamos por sensaciones que solo se viven y sienten en esta época del año. Una de ellas, clásica, es la de caminar y sentir el crujir de las hojas caducas en el suelo, sobre todo si paseamos por esos entornos rurales que lucen tanto encanto en estos meses. Pero, ¿qué decir del olor de las castañas asadas? Es de lo más típico cuando empieza a hacer frío, y también de lo más apetecible. Estas semanas son las mejores del año para recoger castañas y, también, para comerlas. Descubre aquí cómo escoger las mejores si vas a recogerlas al bosque y, también, cómo le puedes sacar el máximo partido en la cocina.

Lo primero, vamos a recoger castañas…

Aunque pueda parecer una costumbre ya perdida, es algo que merece la pena redescubrir. Salir uno de estos fines de semana otoñales a pasear por entornos naturales, con los suelos húmedos y a la vez crujientes por las hojas y las ramas de los árboles, es algo muy relajante. ¡Y más aún si nos podemos llevar un buen premio en forma de cesta llena de castañas!

Si no conoces ningún lugar donde recoger castañas, ni tienes a quién consultar cuáles son los mejores sitios, no te preocupes, porque hay un montón prácticamente en todas las zonas de España. Tanto en Galicia, como Asturias, en el Bierzo, en Toledo, en Extremadura, en Cataluña, en Navarra o en Ávila hay parajes rurales estupendos para esta recolección.

Elige bien, que estén en su punto

Seguramente ahora te estés preguntando cuáles son las castañas que tienes que coger, porque luego seguro que les quieres hincar el diente y no quieres llevarte las malas. Lo primero, mira su piel, y escoge las que tengan ese tono parduzco y brillante tan atractivo y característico. Y, al tacto, las que estén duritas y tengan consistencia. Lo ideal es recogerlas cuando no llevan mucho tiempo en el suelo, aunque eso no es tan fácil de saber.

Si aún no se ha abierto el erizo, puedes golpearlo para que se abra y sacar la castaña. Eso sí, hazlo con guantes o con algo que te proteja, porque pinchan de verdad. Si sigues estos consejos, aunque no te podamos garantizar un acierto del 100%, seguro que la mayoría te van a salir muy ricas. Y, para transportarlas y conservarlas, evita las bolsas de plástico; lo mejor siempre será una cesta o una bolsa de tela.

Por cierto, si tienes muchas castañas y crees que no te las vas a comer todas antes de que se pongan malas, también las puedes congelar. Esto te puede servir como recurso para cuando tengas nostalgia del otoño y te apetezca revivir aromas y sabores típicos de estos meses.

castañas

Y luego, ¡a echarles el diente!

Tal vez lo lleves pensando ya un buen rato. Después de la pateada por el bosque recogiendo castañas, el premio es llegar a casa y degustarlas al calor del hogar.

Por supuesto, lo más típico es preparar las castañas asadas. Para ello, lo ideal sería hacerlas en una chimenea, claro, pero no suele ser lo más habitual a menos que te vayas de casa rural. Tranquilo, puedes usar una sartén amplia, sobre todo si tu intención es asar unas cuantas en cada tanda. Ponla al fuego y, mientras va tomando temperatura, hazle un corte a las castañas con un cuchillo. No tiene que ser un corte muy superficial, porque entonces no servirá para nada y puedes acabar con las castañas explotadas.

Por supuesto, también las puedes hacer en el horno, o incluso en el microondas, pero nunca te pases con la intensidad del fuego o del calor, porque lo que quieres es que se vayan haciendo pero no se quemen demasiado rápido.

Tanto en el horno como en la sartén tendrás que tenerlas asándose durante unos cuantos minutos. En la sartén tardarán unos diez o quince minutos, pero el punto es más fácil de controlar y también puedes ir moviéndolas un poco. En el horno es algo más lento, tal vez te lleve veinte o veinticinco minutos, mientras que en el micro será suficiente con tan solo tres minutos.

Una vez hechas, ya sólo queda pelarlas (con cuidado de no quemarse) y a disfrutar. La mayoría de la gente las come así, sin más, porque es el modo tradicional y, también, más sano. Pero siempre puedes pincharlas con un palito y mojarlas en mermelada o en alguna crema dulce, que les da un puntito excelente.

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Otras maneras de comer castañas

A lo mejor estás cansado de comer castañas siempre asadas, te gusta descubrir nuevos modos o, claro está, tienes muchas castañas y quieres aprovecharlas. No hay problema; este rico fruto es muy versátil y, aunque no sean tan conocidas, hay multitud de maneras de prepararlas.

Como el otoño y el invierno son temporadas en las que los platos calientes se agradecen un montón, puedes preparar una rica sopa de castañas hirviéndolas con unas verduras y luego triturándolo todo y añadiendo un poco de nata para que quede una sopa rica y cremosa.

Por supuesto, las castañas también son una guarnición estupenda para muchos platos de carne, como conejo, pollo o pavo. De hecho, es una de las guarniciones más tradicionales y antiguas que se solían preparar para acompañar los platos principales en la cocina castellana de hace siglos.

Y, cómo no, los postres… aquí es donde puede llegar el verdadero vicio. Desde un pudin hasta cremas, sorbetes, bombones, tartas, etc.

La verdad es que las castañas se adaptan muy bien a todo tipo de platos, dulces y salados, por lo que no tienes excusa para acabar con las reservas que te hayas traído de tus caminatas otoñales o de tu visita a los parientes del pueblo.

Así que ya sabes, vete a por castañas, disfruta del aire libre y recupera una tradición muy bonita, aventurera y nutritiva que tanto disfrutaban nuestros padres, tíos y abuelos hace años y que no está mal recuperar de vez en cuando.

Foto portada foto vía Public Domain Pictures

Castañas foto vía Pixabay

Sopa de castañas (Alpha. Wikimedia Commons. CC BY-SA 2.0)

Tarta de café y castañas (Daniel Zemans. Flickr. CC BY 2.0)

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