Desayuna como un campeón para rendir todo el día

Desayuna como un campeón para rendir todo el día

  • Gastronomía
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El desayuno es la comida más importante del día. Al menos, eso es lo que se ha dicho siempre –y la sabiduría popular no suele ir desencaminada– y también es lo que aseguran médicos y nutricionistas. Nosotros, por nuestra parte, no les vamos a llevar la contraria y, además, te vamos a explicar por qué no puedes fallar en la primera comida del día y qué no puede faltar en tu desayuno para que rindas a tope en las actividades más exigentes.

Si antes de comenzar tienes alguna duda sobre las razones por las que es tan importante, piensa que el desayuno es la comida que te ha de reponer del ayuno más prolongado del día, ya que habrás pasado todas tus horas de sueño sin ingerir ningún alimento, y esto, de media, supondrá un periodo de entre seis y ocho horas.

Después de todo este tiempo, tus niveles de glucosa habrán bajado y, por si no lo sabes, ésta es la fuente de energía principal de tu cuerpo y cerebro.

Por lo tanto, para afrontar los retos del día, ya sean intelectuales o físicos, tienes que reponer esta bajada de glucosa.

 

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Foto 2 vía Unsplash

Es bueno para tu cerebro

En muchas ocasiones, las primeras horas de trabajo te van a requerir una mayor concentración en tus tareas y, si los niveles de azúcar son bajos, te costará centrarte y ser productivo. Un buen desayuno nutrirá a tu cerebro de la glucosa suficiente para que abordes tus retos con soltura y cumplas los objetivos que te hayas planteado de un modo más rápido y eficaz.

Y también es bueno para tus músculos

Si lo que te espera es un día activo en lo físico, el desayuno también aportará toda la energía necesaria, y evitarás esas sensaciones de fatiga para llegar con las fuerzas suficientes, al menos, hasta la siguiente comida.

Evitarás los aumentos de peso

Cada vez más estudios defienden que las personas que hacen un buen desayuno son menos propensas a ganar peso. Un desayuno sano y equilibrado no sólo te proporcionará esos nutrientes necesarios para rendir a tope durante el resto de la jornada, sino que también te saciará y reducirá la sensación de hambre a la hora de realizar otras comidas.

Si desayunas, serás menos proclive a picotear entre horas y, sobre todo, a caer en la tentación de esos alimentos poco recomendables que solo sirven para darte un capricho instantáneo.

Consecuentemente, el resto de tus comidas también serán más equilibradas y no sufrirán el desajuste y el desorden de los picoteos entre horas.

 Desayuna como un campeón para rendir todo el día

Foto desayuno cereales vía Pixabay

Como ves, éstas son unas buenas razones para empezar a pensar que un buen desayuno es algo que está bien justificado y que, si no cumples aún con este hábito, deberías empezar a hacerlo.

Pero desayunar bien no es sinónimo de desayunar mucho ni, sobre todo, de desayunar cualquier cosa con tal de llenar el estómago.

¿Qué debe tener un desayuno completo y equilibrado?

Como hemos dicho, lo más importante es que el desayuno pueda proporcionarte todos esos nutrientes necesarios para afrontar las jornadas más exigentes.

Esos desayunos rápidos y fáciles que consisten en bollería industrial son lo opuesto a lo que buscas. A pesar de que al principio te darán un subidón de glucosa y te sientas capaz de todo, solo será una sensación momentánea que, además de proporcionarte un montón de calorías que no quieres, te provocará una sensación de vacío a media mañana. En conclusión, que ese desayuno malo puede ser aún peor que no desayunar.

Los nutricionistas aconsejan que el desayuno concentre un 30% de las calorías consumidas a lo largo del día, pero hay que vigilar bien la calidad de los alimentos que lo componen.

Hidratos de carbono

Una buena propuesta es que la parte central de tu desayuno lo conformen los hidratos de carbono, y éstos los puedes obtener si incluyes pan y cereales. El pan es una gran idea, porque además es fácil de combinar con muchos otros alimentos, aunque no todos son igual de buenos. Mejor si optas por panes integrales o con granos, aunque tampoco pasa nada si algún día tomas pan blanco.

 

Desayuna como un campeón para rendir todo el día

Foto panes vía Pexels (CC0)

En cuanto a los cereales, hay que tener cuidado, ya que muchos de los que se venden para echar en la leche suelen tener un montón de azúcares que no son muy convenientes. Lo mismo sucede con la bollería; las magdalenas, bizcochos y cruasanes, sobre todo si son industriales, te aportarán hidratos de carbono, pero también incluyen entre sus componentes grasas y azúcares –amén de conservantes, colorantes y demás químicos–, por lo que, si los tomas, que sean la excepción y no la norma.

Que no falten las proteínas

La leche, los quesos o los yogures son una de las mejores vías para introducir proteínas en el desayuno. Eso sí, hay que tener cuidado con las grasas que contienen y con lo que puedan afectar a nuestros niveles de colesterol, por lo que mejor opta por lácteos desnatados o bajos en grasas y, si te apetece variar, por algún otro alimento que aporte proteínas y no sea demasiado graso, como el salmón, el jamón curado o el atún.

En cuanto a frutas y verduras

Las frutas también pueden ser una fuente saludable y recomendable de hidratos.

Aportan vitaminas y minerales y, además, aumentan la sensación de saciedad sin aportar esas calorías de más que siempre conviene evitar.

Y si al desayuno le añades alguna verdura fresca, también estarás consiguiendo un buen aporte de fibra. Las hojas verdes o el tomate son opciones estupendas si te gustan y quieres completar el desayuno de la mejor manera.

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Foto sandwich tomate vía Pexels (CC0)

En el caso de que hayas prescindido completamente de las grasas hasta ahora, en la parte de las frutas y verduras puedes añadir un poco de aguacate o de aceite de oliva, que te darán esos aportes necesarios sin incluir grasas de mala calidad.

Si consigues que tu desayuno tenga todo esto (y no queremos decir que te prepares un banquete gigante 😉 mide las cantidades), estarás consiguiendo el desayuno que tu cuerpo necesita para comenzar una dieta equilibrada y, sobre todo, para que no haya aventura ni reto que se te resista.

Es un hábito que, si no estás acostumbrado, te puede costar un poco al principio pero, con el paso del tiempo, tu cuerpo te lo pedirá y no podrás pasar ningún día sin él, ya sea en casa o incluso cuando estés de viaje.

 

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