5 hábitos de tus abuelos para una vida slow

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Reciclar, reutilizar, aprovechar, en eso los nacidos en el siglo pasado son unos maestros. Hay muchas cosas útiles que podemos aprender de nuestros abuelos y que parece que con el estilo de vida actual hemos olvidado.

Retomemos los hábitos de nuestros abuelos para una vida slow, lejos de las prisas del mundo contemporáneo, que en muchas ocasiones solamente nos generan más estrés sin hacernos llegar necesariamente antes.

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Muchas veces nuestros abuelos se escandalizan de la vida que llevamos: vamos a todas partes corriendo, pendientes del móvil, sin fijarnos en nada y lo que es peor, comemos cualquier cosa en diez minutos. Comparado con su modo de vida, el nuestro les parece de lo mas extraño (y viceversa). Recopilamos cinco hábitos que nos ayudarán a llevar una rutina más pausada y a disfrutar de los buenos momentos que nos brinda la vida.

Conversar

Conversar es todo un arte. Quien tenga costumbre de hacerlo lo sabrá. Desde la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas, parece que una charla cara a cara se haya convertido en algo extraño.

Hablando se entiende la gente, se desarrollan las ideas, se llega a acuerdos y nos invita a explorar dentro de nosotros, expresamos nuestras ideas y compartimos pensamientos. Una buena charla es inspiradora, ayuda a esclarecer asuntos, a tener nuevas ideas. Compartir nuestro día a día y hacernos partícipes de la rutina de los nuestros, escuchar supone un intercambio que mejora nuestro estado de ánimo y amplía nuestras perspectivas. Hablar nos ayuda a conocernos a nosotros mismos y a nuestro interlocutor.

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Aunque solamente sea para pasar un buen rato sin más, delante de un café, merece la pena quitar los ojos de la pantalla del móvil y empezar a practicar habitualmente este viejo arte de la dialéctica con familiares y amigos.

Reciclar y reutilizar todo

Las reparaciones y el reciclaje son una fuente de creatividad. Nos permiten optimizar recursos, y así ahorramos dinero y protegemos el medio ambiente de demasiadas emisiones de gases perjudiciales.

Podemos decir que hoy se fabrican demasiadas cosas que no necesitamos, y está en nuestra mano minimizar este impacto.

Hace poco menos de cien años el plástico o los envases no estaban tan popularizados y los desechables no estaban presentes en todas las cosas. Las frutas venían en su envoltorio original, su propia piel, y no en bandejas de corcho blanco que generan toneladas de basura y contaminan los mares. La obsolescencia programada no se había inventado, y la mayoría de los objetos cotidianos como la ropa o los muebles, las pocas máquinas que había en las casas, pasaban de generación en generación. Todos los objetos tenían una vida muy larga, y con esa vida, iban ganando historia y valor sentimental. Cuando algo se estropea, prueba a repararlo o a usarlo para otro fin, como hacen tus abuelos, lo que hoy conocemos como upcycling.

Coser y tejer

Está demostrado que tejer es una actividad relajante donde las haya y es, además, una manera de desarrollar nuestra capacidad creativa. Por algo es un arte que se ha ido pasando de generación en generación. Tejiendo o haciendo ganchillo podemos fabricar nuestra propia ropa o complementos fundamentales como gorros o bufandas que nos protegerán del frío. A nuestro gusto y a un precio reducido.

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Con la costura podemos emprender proyectos creativos que se pueden aplicar en decoración, para personalizar alguna cosa, etc. De la misma manera coser nos puede ayudar a recuperar alguna prenda que se nos ha roto. Técnicas de reciclaje de retales como el patchwork ofrecen resultados muy atractivos y prácticos para decorar nuestra casa o hacer un bolso.

 Hacerse su propia ropa

De la misma manera que en los objetos cotidianos nuestros abuelos no conocían la obsolescencia programada, la gran industria de la moda era muy diferente. Hoy la ropa se fabrica para durar poco mas allá de una temporada y luego pasa de moda.

Apúntate al carro del slow fashion adquiriendo prendas atemporales, que duren tiempo.

Hazte con una máquina de coser y fabrica tus propias prendas, sin duda estarán hechas a tu gusto y te aseguramos que el proceso es de lo más enriquecedor. Repara y readapta tus prendas. Explora en el armario de tus abuelos o de tus padres, seguro que das con más de una prenda que esté en perfecto estado. La ropa entonces se hacía para durar.

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Cocinar y aprovechar las sobras

Cocinar es una actividad relajante, agradecida y muy estimulante ya que una vez que empezamos tenemos un campo muy amplio donde investigar: productos, según regiones, métodos, etc. Además es la mejor manera de comer sano, y si utilizamos productos de temporada estamos ayudando a cuidar el medio ambiente y apoyando a los pequeños productores.

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Si vamos un paso más allá, el aprovechar las sobras es todo un arte con el que además ahorramos. Por ejemplo, ahora que viene el frío pensemos en un cocido: nos puede llevar toda una tarde, más aún si nos molestamos en ir al mercado comprar los productos, pero con una pequeña inversión tendremos comida rica para casi una semana: cocido, sopa, ropa vieja y ¡croquetas!

Disfrutemos mientras cocinamos y disfrutemos mientras comemos, es unos de los grandes placeres de la vida.

Nuestros abuelos tienen una forma diferente de percibir el tiempo, su tiempo es más pausado, se detienen a observar, disfrutan una conversación, aunque la hayan repetido innumerables veces, aunque nos pillen con prisa. En definitiva, saben apreciar el momento presente. La vida hace menos de cien años era muy diferente al mundo de hoy, en el que todo va muy rápido y parece que algunas cosas carecen de valor. La “modernidad líquida” que llama el casi centenario sociólogo Zigmunt Bauman, característica de las sociedades globales altamente desarrolladas y tecnologizadas. Esta modernidad líquida aumenta los sentimientos de incertidumbre, una era en la que impera el individualismo y los sentimientos de ciudadanía y pertenencia a una comunidad se desintegran.

Recuperemos, aunque sea un poco la vida slow de nuestros abuelos: mirar una puesta de sol, disfrutar de un tiempo pausado, de una buena charla, un plato bien cocinado en frente de un buen amigo.

 

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