Cámaras analógicas: explora el mundo con otros ojos

Cámaras analógicas: explora el mundo con otros ojos

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Con las cámaras de nuestros teléfonos móviles podemos captar todo tipo de imágenes en cualquier momento y donde quiera que vayamos. Parecía que las antiguas cámaras ya no iban a retratar nuestras memorias nunca más. Nada más lejos de la realidad: la fotografía analógica aporta un valor añadido a las fotos, y todo el proceso que nos lleva hasta ese “instante decisivo” del que hablaba Cartier-Bresson tiene un transcurso que nos ayuda a ordenar ideas y es muy relajante.

 

Cámaras analógicas: explora el mundo con otros ojos

 

Es el arte y la técnica de obtener imágenes duraderas gracias a la acción de la luz. Algo tan sencillo como parece esto, ha dado lugar a muchos tipos de cámaras de fotos, de revelados, de soportes, y a toda una técnica que merece la pena explorar y aprender, ya sea con fines profesionales o como una afición, ya que tiene cientos de aplicaciones y utilidades.

El hecho de hacer una fotografía, que hoy parece tan trivial, es el resultado de un complicado proceso en el que intervienen la luz, nuestra posición respecto a ella, nuestra creatividad y el tiempo, un elemento fundamental en todo el proceso fotográfico.

El tiempo interviene en el momento de capturar una imagen, para controlar la cantidad de luz que entra en nuestra cámara (tiempo de exposición). Al hacer la foto estamos congelando un momento, estamos capturando el tiempo, y en el proceso de revelado, el tiempo es clave en el resultado final.

El momento en el que vamos a hacer una fotografía precisa de concentración, todos los detalles importan, hay que analizar la escena, ser conscientes de lo que cuenta mi foto, calibrar la velocidad de obturación, exposición, apertura y profundidad de campo, composición y tema… y ¡click! Disparar. Un momento de atención plena, mindfulness.

 

Mindfullness. Cámaras analógicas: explora el mundo con otros ojos

 

Un poco (poco) de historia

Cuando se popularizó la fotografía allá por el siglo XIX se pensaba que la pintura había muerto y que ya no tenía sentido. Y entonces apareció el impresionismo, y a partir de entonces una gran libertad de expresión en la pintura, ya no había que retratar la fielmente la realidad, para eso están los fotógrafos. Puede ser que suceda algo parecido con la fotografía digital. Hoy en día todos tenemos una cámara en el móvil que ofrece una calidad de fotos increíble, hasta tal punto que deja obsoletas algunos modelos de cámaras réflex digitales.

La fotografía clásica es el resultado de varios hallazgos combinados: la cámara oscura, el heliograbado y el daguerrotipo. A partir de aquí podemos decir que la primeras cámaras de fotos combinan estas técnicas de manera muy ingeniosa.

La inmediatez a la que estábamos acostumbrados desaparece, todo es lento y meditado.

La evolución es muy rápida y pasa por muchas fases. Hoy la película ha dado paso a un sensor digital y todos podemos tener una cámara réflex, que muestra por el objetivo exactamente aquello que vamos a fotografiar mediante un sistema de espejos. Las actuales reflex combinan los modos automático y manual, con el que podemos ajustar todos los parámetros que intervienen en la regulación de la luz que va a entrar dentro de la cámara.

La magia de la foto analógica radica en que disparar no es un hecho tan banal, tan irreflexivo o automático. Para ello se han de valorar muchos parámetros, el tiempo de exposición, la cantidad de luz que queremos que llegue a la película, la distancia, el enfoque, parámetros que con la práctica iremos dominando y convertirán el hecho de hacer una foto en algo apasionante.

A esto hay que añadir que no podemos ver el resultado hasta que tengamos el negativo. Para los nativos digitales: las fotos que tomamos de manera analógica plasman en la película una imagen en negativo, es decir, completamente invertida, que luego debemos positivar. Esto es lo que nuestros padres y abuelos conocen como revelar. El revelado es un proceso en el que obtenemos la fotografía en papel, que se trata con líquidos, donde intervienen reacciones químicas y el tiempo, siempre el tiempo. Con la fotografía digital, el revelado tal y como se entendía antes ha pasado a un segundo plano, pero verdaderamente, ¿quién no echa de menos tener sus recuerdos en papel?

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Tipos de cámaras: todo un mundo por descubrir

Las primeras cámaras de fotos eran tan grandes que había que moverlas en carros y solamente se podían hacer retratos o paisajes, debido a la aparatosidad de la máquina. Hoy en día se pueden ver por algunas ciudades de España unas herederas de estas cámaras, las minuteras, de fabricación artesanal. Se llaman así porque el revelado se hace en la calle en cuestión de minutos, algo que a principios del siglo pasado era impresionante. Estas cámaras no resultan muy prácticas pero ofrecen unos resultados muy interesantes incluso hoy en día. Eso sí, en blanco y negro.

Desde las cámaras de gran formato, las madres de las de mas pequeño formato, la Leica, considerada la primera compacta de la historia, hasta las reflex hay un sorprendente (por lo variado) abanico de posibilidades que pasan por el medio formato, formato pequeño o 35 milímetros- siempre haciendo referencia al tamaño de la película-, y un largo etcétera.

Al ser la historia de la fotografía analógica mucho más larga que la de la foto digital, la tipología que encontramos es mucho más amplia, no solo en cuanto a modelos, sino también de usos.

Como curiosidad citaremos las cámaras lomográficas, que son cámaras compactas que se han popularizado bastante en los últimos años. Tienen una lente especial que da a las fotos un efecto túnel y un colorido muy intenso. Se empezaron a fabricar en los años 80 en la Unión Soviética y se popularizaron por un hallazgo de una de estas cámaras en un mercadillo de Praga. En la actualidad se trata de un fenómeno a nivel global y podemos encontrar lomo-embajadas y todo un movimiento en Internet con campeonatos, lomo olimpiadas, tiendas especializadas y un sinfín de eventos y complementos.

Lomography. Cámaras analógicas: explora el mundo con otros ojos

En los mercados de las ciudades y pueblos podemos encontrar viejos aparatos a falta de unas cuantas piezas que son restaurables y reutilizables. Con ayuda de profesionales, en talleres de fotografía (hay infinidad de ellos) o de Internet, podemos darle una nueva vida a cámaras antiguas que pueden llegar a convertirse en inseparables compañeras de viajes.

Recupera la vieja cámara de tus abuelos, no te será difícil ponerla en marcha tu mismo y plasmar miles de apasionantes proyectos.

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