Pranayama o cómo controlar la energía a través de la respiración

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Generalmente cuando hablamos o pensamos en el Yoga lo primero que nos viene a la cabeza son las diferentes posturas que se adoptan en una sesión, como el perro boca abajo, o las secuencias de posturas o asanas más famosas, como el Saludo al Sol. Sin embargo, hay algo mucho más importante dentro del Yoga, indivisible de él y sin lo que no se concibe su práctica: el pranayama o el control de la energía vital a través de la respiración. Te contamos qué es exactamente esto, por qué es importante y algunas formas de comenzar a practicarlo en tu propia casa.

Pranayama: una fuente de energía

Pranayama es, literalmente, la manipulación del prana o de la energía vital a través de la respiración. Se trata de uno de los conceptos centrales de la práctica del Yoga, de todos los tipos de Yoga. Está presente en el Kundalini, el Hatha, el Vinyasa… e incluso podemos realizarlo como parte de la meditación de forma independiente. Y es que es algo que no podemos perder de vista durante nuestras sesiones ya que nos ayuda a conectar cuerpo, mente y espíritu, una de las máximas de la práctica de esta disciplina.

Durante la práctica de las asanas, las distintas posturas de Yoga que se llevan a cabo en una sesión, el pranayama debe estar presente para que exista una correcta relación entre nuestros movimientos y nuestra respiración. Esto no es exclusivo del Yoga: en el Pilates, aunque no se llame pranayama y no tenga ese componente espiritual, también se utiliza un tipo determinado de respiración en cada ejercicio que nos permite facilitar o dificultar el movimiento, según lo que estemos buscando.

Los beneficios del pranayama son numerosos y pasan por aumentar nuestra capacidad pulmonar, facilitar la llegada de oxígeno a la sangre y por tanto también a los músculos, mejorar nuestro sistema respiratorio y nuestra forma de respirar y, finalmente, aumentar nuestra calidad de vida, tanto física como espiritualmente. Algo tan sencillo como respirar bien y de la forma adecuada nos hará vivir mejor; en palabras del Hatha Yoga Pradipika, “si la respiración es agitada, le mente está agitada. Controlando la respiración, el yogui alcanza la quietud mental”.

Cómo ejecutar el pranayama

En los textos de Yoga se describen hasta ocho formas de pranayama principales. Aquí nos centraremos en dos de ellas por ser las más sencillas y que podemos practicar en nuestra propia casa.

La respiración yóguica completa

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Podéis encontrar una larga y completa explicación en el blog de Susana Pascual, profesora de Hatha Yoga. La respiración yóguica completa combina tres tipos de respiraciones que podemos aprender primero de manera independiente, y para realizarla de forma correcta deberemos mantenernos tumbados boca arriba (más sencillo) o sentados con las piernas cruzadas en una postura cómoda (un poco más complicado).

Colocamos una de nuestras manos sobre el estómago y la otra sobre el pecho y comenzamos con la respiración diafragmática: tenemos que notar cómo la parte superior de nuestro vientre (del ombligo hacia el pecho) se hincha ligeramente cuando inspiramos y desciende al expulsar el aire. El siguiente paso es la respiración intercostal, en la que “enviamos el aire” hacia la zona lateral de nuestras costillas, donde se encuentran las costillas flotantes; de este modo, al inspirar ensenchamos ligeramente nuestra caja torácica en los laterales. Por último pasamos a la respiración subclavicular, en la que el aire “se queda” en la zona del pecho al inhalar, sin llegar a la parte del vientre.

La respiración yóguica completa pasa por los tres distintos tipos de respiración de una forma fluida: inhalamos enviando el aire hacia el diafragma, lo hacemos subir hacia las costillas y, por último, lo guiamos hacia el esternón. Para expulsar el aire, recorremos el camino contrario: expulsamos primero desde la zona debajo de las clavículas, pasamos por los laterales de las costillas y terminamos con la zona del vientre. Es importante que durante esta práctica nos mantengamos muy relajados y concentrados, y que no acumulemos tensión en el cuello o la parte superior de nuestra espalda.

La respiración cuadrada o en cuatro tiempos

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También conocido como Sama Vittri, la respiración cuadrada se basa en la separación en tiempos iguales de las diferentes fases de la respiración. Este tipo de respiración colabora en la sedación del sistema nervioso, así como a encontrar la calma y es una buena práctica para la meditación.

En la respiración cuadrada dividimos una respiración completa en cuatro fases de igual duración: inhalación del aire, retención del aire, exhalación del aire y retención sin aire. Podemos elegir cuánto tiempo queremos que duren las fases, pero para principiantes está bien con tres o cuatro segundos. Podemos contar mentalmente los segundos de forma pausada e ir aumentando la duración de cada fase cuando vayamos teniendo más experiencia y nos encontremos cómodos realizando este tipo de respiración.

El Sama Vittri se puede realizar en cualquier sitio y es una manera muy eficaz de controlar el estrés y nuestras emociones a través de la respiración. Puedes probarlo en casa, durante un par de minutos en el trabajo en momentos de mucha tensión, o en tu próxima sesión de Yoga. Comenzarás a notar sus beneficios desde el primer momento.

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