Explorando la playa en busca de todo tipo de experiencias

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La playa es un entorno fascinante para poder relajarse y olvidarse de todo. Sin embargo, muchas veces llegamos, plantamos la sombrilla y nos sentamos debajo a leer el periódico, un libro o a entretenernos con el móvil. Un baño y poco más. Lo cierto es que no aprovechamos las posibilidades que nos ofrece el entorno natural en el que estamos. Y es que la playa es mucho más que arena y olas, más que chiringuitos y sombrillas. Por eso vamos a ver cómo puedes explorar la playa en busca de todo tipo de experiencias.

Lógicamente no todas las playas son iguales. En España podemos hacer dos grandes divisiones: Atlántico y Mediterráneo. Además de la temperatura del agua, la gran diferencia es la influencia de las mareas, que puede hacer que la playa crezca o mengüe en el caso de las playas oceánicas. Luego también se pueden dividir en playas de arena o roca; de mar abierto y kilómetros de playa o pequeñas calas en las que darse un chapuzón; playas de ciudad y paseo marítimo o de pinar y tranquilidad.

Explorar la playa caminando

En los grandes arenales, las playas por lo general de mar abierto o situadas en grandes bahías, caminar descalzo sobre la arena es una de las mejores experiencias. Además es beneficioso para nuestra salud, ya que andar por la arena favorece la estimulación del sistema cardiovascular. Al contactar la piel con la arena se renueva el flujo sanguíneo previniendo, por ejemplo, que la falta de retorno venoso hinche los tobillos o favorezca la aparición de varices.

Además, es un buen ejercicio ya que al caminar sobre la arena se ejerce una resistencia extra y los músculos tiene que trabajar de manera más intensa. Nos servirá para tonificar el tobillo y esto nos fortalece y previene posibles lesiones. Asimismo, minerales de la arena, como el yodo, ayudan a tonificar los músculos e hidratar la piel.

La arena mojada ofrece menos resistencia que la seca, por lo que los primeros días de vacaciones podemos iniciar nuestras caminatas por esta zona para ir pasando poco a poco a un entorno de arena más seca. Siempre hay que tener precaución con las horas, ya que en las de mayor intensidad de sol, la arena puede quemar mucho, haciendo que el efecto beneficioso que intentamos conseguir no sea agradable.

Nadar más allá del rompiente de las olas

En algunas ocasiones ya hemos hablado de los beneficios de la natación. Lo cierto es que nadar en el mar tiene además otros efectos beneficiosos para nuestra salud y bienestar. Al margen de mejorar nuestra capacidad pulmonar, el efecto del agua salada nos ayuda a contrarrestar algunas enfermedades como la artritis o las inflamaciones musculares. Las sales y oligoelementos disueltos en el agua, como calcio, fósforo o yodo, son absorbidos fácilmente a través de la piel renovando y equilibrando nuestro cuerpo.

Nadar en agua de mar mejora la fijación de dichos elementos en nuestros huesos, ayudando a prevenir osteoporosis, además de tener efectos anti alérgicos en nuestra piel o cicatrizantes para heridas. Solo hay que tener precauciones con las corrientes, sobre todo en playas muy abiertas, nadando siempre en sentido paralelo a la costa. Basta con avanzar unos pocos metros más allá del rompiente para quedarnos prácticamente solos en la mayoría de las playas. En las pequeñas calas es más fácil adentrarse un poco más, ya que volver a la costa suele resultar más fácil.

Explorar la playa buceando

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Otro de los descubrimientos que podemos hacer en la playa es la vida submarina. Bucear y hacer inmersiones, ver peces, pequeños crustáceos adheridos a las rocas es uno de los pequeños placeres que tiene la playa. Aquí disfrutaremos más en aquellas playas con poco oleaje, o calas resguardadas que mantienen el agua más clara, sin enturbiarse por las olas.

El efecto relax que tiene para nosotros pasar un rato debajo del agua, o simplemente buceando a nivel del mar, flotando pero contemplando en silencio la vida marina, es realmente un cambio de chip respecto al nivel de estrés que muchas veces llevamos en la ciudad. Es como estar a miles de kilómetros de todo, donde el tiempo no corre, simplemente porque estamos tranquilos, nos dejamos llevar y nos relajamos contemplando el fondo del mar.

Conchas, arena y sal, algunos recuerdos de la playa para el invierno

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La exploración de la playa también nos puede llevar a hacernos con algunos objetos curiosos. Piedras, conchas, arena, etcétera, que nos podemos llevar a casa. Podemos hacernos un pequeño jardín zen sólo con un poco de arena, un par de piedras de formas curiosas y unas cuantas conchas. El relax que conseguimos con la armonía que hemos dispuesto todos los elementos es increíble.

También nos pueden servir como elementos decorativos, para una mesa que tenga un cristal con pequeñas divisiones, donde colocar la arena y las conchas. De esta forma en lugar de tener un recuerdo turístico, tenemos nuestra propia mesa que nos ayuda a relajarnos recordando nuestras vacaciones de verano. Si nos gusta cambiar de sitio, al poco tiempo veremos como diferentes playas, diferentes texturas y veranos hacen de nuestra mesa algo único.

Mirar hacia el horizonte mejora la vista

playa cala

Cuando vamos a la playa nos encontramos ante una oportunidad para mejorar nuestra salud visual. Nuestros ojos están diseñados para otear el horizonte. Necesitamos luz natural, que es a la que mejor responde nuestra vista. En lugar de quedarnos sentados mirando la pantalla de nuestro móvil, descubrir que hay más allá de nuestra sombrilla, mirar hacia el horizonte y disfrutar del entorno natural es una forma fantástica de realizar una gimnasia visual que será muy beneficiosa para nuestros ojos.

Navegando, otro punto de vista de la playa

playa navegar

Por último, tenemos la oportunidad de disfrutar de la playa desde otro punto de vista si lo que hacemos es alquilar una pequeña embarcación. No importa si es una zodiac o un pequeño bote. Es importante saber si necesitamos o no titulación de navegante, ya que, por pequeños que sean, suele ser necesario. En todo caso, nos va a permitir llegar a playas algo más apartadas, más inaccesibles, donde podemos fondear y darnos un chapuzón lejos de las aglomeraciones.

Lo más probable es que en verano no estemos solos y haya otros barcos, pero la posibilidad de ver el atardecer desde un barco o amanecer fondeado en una cala, darse un baño antes de desayunar o, simplemente, nadar un poco, es una experiencia muy recomendable y nos da otra perspectiva de la playa en la que no habíamos pensado hasta ahora.

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Imágenes | Pexels | skeeze | mo_vie | tpsdave | Unsplash | croisy

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