Las ventajas de viajar solo: cuatro experiencias reales que harán replantearte tus próximas vacaciones

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Normalmente, tratamos de tener acompañantes cuando organizamos un viaje. Así, si no tenemos pareja o familia con la que viajar, buscaremos amistades  que compartan nuestros gustos. Pero no siempre es fácil encontrar compañía para un viaje, pues, además del poder adquisitivo, tienen que coincidir las fechas libres e incluso las ganas de ir a un lugar específico. Asimismo, por muy bien que nos llevemos con alguien, algunas veces no seríamos capaces de convivir con él o con ella.

Por lo tanto, vamos a ver más abajo que se puede viajar en solitario y disfrutar por igual o incluso más, tanto si la idea es unirse a un grupo y conocer a otras personas durante el trayecto, como si es permanecer en soledad interactuando con los lugareños todo el viaje. El otro día vimos las ventajas de viajar para el estado de ánimo y ahora veremos que también se aplican si viajamos solos y, en algunos aspectos, aumentan.

Vamos a ver cuatro importantes ganancias vitales que se pueden lograr gracias a los viajes en solitario y, para demostrar más fehacientemente que estas posibilidades son ciertas, nos quedaremos con cuatro casos reales para ejemplificar cada una de las características. Estas personas, de las que solo daremos el nombre de pila porque prefieren no desvelar su identidad completa, han hecho viajes en solitario, enriqueciendo su mente y espíritu y mejorando su vida con la experiencia.

Madurez

El momento en el que resulta más imprescindible decidirse a viajar en solitario, por lo menos para algunas personas, son esos años de juventud en el que los vínculos familiares no se han terminado de romper o se han estancado en unas costumbres más acordes a menores de edad. Tanto el excesivo control por parte de los padres como la excesiva dependencia por parte de los jóvenes se romperán de manera paulatina con las independencias que se vayan consiguiendo con los años. Pero un viaje puede servir de empujón y poner en marcha ese desenganche de manera mucho más rápida y efectiva. Para ver estos efectos, el ejemplo que me gustaría poner es el mío propio, con los viajes realizados cuando estaba en aquella etapa de mi vida.

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El joven o adolescente que se enfrente a esta situación en la que tiene que resolver sus propios problemas sin ayuda de sus mayores combinará dos sensaciones: la libertad y el vértigo. La primera es positiva y es tan grata que en seguida demostrará que hace que la segunda valga la pena. Además, el catar esa libertad de decisiones, libertad de movimiento, libertad de saber que nadie está juzgando nuestras decisiones, libertad de no tener que pensar en otros con cada cosa que se hace… es irreversible: una vez lo has probado, cuesta mucho regresar a la atadura anterior.

La madurez consistirá en darnos cuenta de que, a cambio de esa libertad, hay que lidiar con las incomodidades y ocuparse de gestionar muchas más cosas. Habrá quien no adquiera esa madurez, a pesar de los viajes, y quien siga prefiriendo sentirse arropado, aunque signifique perder libertad. El caso es que la decisión no se presentará nunca de forma tan clara como en una escapada lejos del hogar.

La libertad de movimientos también es una característica clave del viaje en solitario, incluso cuando no se trata de vacaciones de juventud o adolescencia. La decisión de viajar independientemente nos dará esa capacidad de decidir el destino –ese lugar al que siempre estás queriendo ir y al que nadie quiere acompañarte— y, una vez allí, podrás diseñar las rutas a tu antojo y dejarte llevar por lo que vaya surgiendo. Es decir, aunque no necesitemos ninguno de los cambios vitales que se glosan aquí, podemos decidir viajar solos simplemente para ir por fin a ese sitio que siempre quisimos visitar.

Olvidarte de todo

Nos fijaremos en la experiencia de G. para ver cómo es posible encontrar la plenitud en un viaje en solitario. Su elección de destino es radical, a los peligros de la selva o a las condiciones extremas del Ártico. Su intención es dejar atrás los pensamientos que durante todo el año la atormentan, ya sean los malos recuerdos, ya sea el estrés del día a día y la incertidumbre del futuro. El viaje permite todo esto porque los lugares son tan diferentes, la experiencia es tan intensa, que es imposible que quede un hueco para acordarse de lo que dejamos atrás.

Traveler woman sits on retro suitcase and looks away on road. Suitcase with stamps flags representing each country traveled.

Al haber viajado sola, nadie puede recordarle lo que ha pasado antes ni hacerle pensar en lo que vendrá. En el viaje se une a un grupo, pero de desconocidos, por lo que todas las interacciones sociales que mantenga durante esos días estarán limpias de aquellas cosas enconadas, que solo habrá que mencionar si ella elige sacarlas a colación. Durante esas semanas, puede incluso inventarse un nuevo personaje o dejarse llevar sintiendo que es esa persona que los agobios diarios le impiden ser.

A la vuelta, G. se siente como nueva porque sus vacaciones han significado un paréntesis real, un alejamiento total de cualquier cosa que se refiera a su vida cotidiana, incluida la compañía positiva y agradable. Para bien o para mal, no han existido esos asideros con los que habitualmente se ha contado y comprobar que podía salir de situaciones extremas sin ellos, ha provocado en ella una nueva confianza en sí misma, una nueva autoestima. Ahora puede retomar la rutina con ánimos renovados.

La introspección

La tercera experiencia con la que nos vamos a quedar es la de Peter, quien, después de planteárselo en muchas ocasiones, decidió viajar solo como forma de pasar más tiempo consigo mismo. Las personas muy sociables y que viven en pareja, en familia o comparten piso, rara vez tienen ocasión de pasar tiempo a solas. Mucha gente incluso evita esa soledad y, si aparece, echa mano de la tecnología para no ser consciente de ello –¿cuánta gente hay que enciende el televisor o la radio nada más entrar en casa?—. Estas personas probablemente sean las que más se beneficiarán de viajar en soledad para poder conocerse a sí mismas. Todo el tiempo que pasen a solas de verdad, sin Internet o audiovisuales que disimulen esa ausencia, servirá para conocerse mejor a uno mismo.

Hikers relaxing on top of the mountain and enjoying green valley view

Otra forma muy efectiva de aprender sobre una persona es ponerla a prueba. Los viajes a lugares remotos y muy extremos tienen la ventaja de presentar con frecuencia situaciones difíciles en las que hay que tomar una decisión: la afrontas, huyes, la circundas o regresas. De la decisión que toma alguien extraemos ingente información sobre su personalidad, así como del método que usar para salir airoso/a, si es que decide afrontar el escollo. Dado que estas situaciones generalmente no se dan y quienes no viajan o no se meten en problemas podrían pasar perfectamente toda su vida sin encararlas, muchas personas no llegan a conocerse del todo a sí mismas.

Es muy posible que nos creamos más cobardes de lo que somos y estemos convencidos de que, ante una situación de peligro, nos paralizaríamos. Y tal vez esa aventura en el extranjero nos demuestre que la adrenalina nos ha permitido hacer una demostración de arrojo. Enfrentarte a tus propios miedos e inseguridades puede servir para llegar al auto-conocimiento, pues nos daremos cuenta de nuestras propias limitaciones o capacidades en casos como estos. Además, ayuda a dar el primer paso en el camino de vencerlos.

La aventura exige mucho de Peter y lo ubica en situaciones extremas que tendrá que resolver sin ayuda, por sí mismo. Es un viaje de aprendizaje, en el que todo es nuevo.

Por otra parte, gracias a viajar en solitario, creceremos como personas al tener la oportunidad de interactuar de forma mucho más directa con los lugareños. Si vas en grupo o en pareja, perfectamente puedes limitarte a tratar con los tuyos y la relación con los nuevos se queda en algo superficial. Si viajas solo/a, será normal tratar de integrarte más con los de allí y llegar a conocerlos de verdad. Aunque no generes amistades, tu visión sobre el mundo se enriquecerá, descubrirás cosas que te hagan tener una mente más abierta y también cosas que te aporten para tu futuro día a día.

Bicycle tourist with loaded bike riding on an empty road

Una nueva vida

Otra de las posibles ventajas de viajar en solitario es el conocimiento de nuevas personas, pero no simplemente como interactuación, sino llegando a crear nuevas amistades. Este concepto es tan amplio que puede tener un efecto en nuestras vidas sumamente diferente: desde crear un contacto nuevo en redes sociales hasta cambiarte la vida. Si forjas un vínculo muy fuerte con las personas a las que conoces durante el viaje, puedes llegar a dejarlo todo por esas nuevas relaciones.

Tomemos el ejemplo de Nieves, quien se embarcó sola en un viaje para conocer al hombre de su vida y al futuro padre de sus hijas. A partir de ahí, su vida se trastocó del tal modo que incluso se trasladó a cientos de kilómetros del lugar donde vivía y llevó a cabo una gran cantidad de proyectos vitales que ya daba por hecho que no lograría jamás.

Blonde caucasian woman waiting at the railway station with a suitcase.

Este cambio puede ser algo buscado, es decir, hay personas que hacen estos viajes con la intención de encontrar a otros con los que dar un nuevo rumbo a su existencia. Hay otros que simplemente tienen la idea de viajar y pasar un par de semanas divertidas y los nuevos conocimientos les suceden sin buscarlos.

Las personas que se lanzan a estas vacaciones con la intención de encontrar a alguien claramente sienten que hay cosas en su vida que necesitan alterar y están dando un paso adelante en la consecución de ese cambio, lo cual significa que son personas que tienen en sus manos las riendas de sus vidas, que saben luchar por lo que necesitan, que no se conforman, que no aceptan las situaciones sin más.

No renuncies a lo que te apetece

Por supuesto, no estamos diciendo que haya que buscar a propósito la oportunidad de hacer un viaje en solitario. Lo que queremos transmitir es la filosofía de no renunciar a nada. La intención de estas palabras es que nadie se quede en casa porque no tiene con quien marcharse, que nadie deje de visitar un destino en concreto porque sus allegados no están de acuerdo con su elección, que nadie se sienta tan atado a los demás como para no poder organizarse por su cuenta.

Y mucho menos aún que nadie renuncie a su escapada individual porque le parece vergonzoso o patético carecer de esa compañía. Como ya hemos visto, las razones pueden ser muchísimas: discrepancia de gustos sobre el destino, incompatibilidad de fechas de vacaciones, fobias, preferencias… Hay que disociar la idea de viajar en solitario con la de la persona sin amigos o sin pareja o con la persona poco sociable y antipática. De hecho, alguien que es capaz de coger el petate por su cuenta, probablemente, será mucho más abierta y más sociable, pues estará dispuesto a establecer vínculos con desconocidos.

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En definitiva, sea cual sea el objetivo que se persigue, incluso aunque solo se trate de pasar unos días de relax y diversión en un lugar que apetecía conocer, decidirse a viajar en solitario requiere valentía, madurez, independencia… Pero, una vez se hace, ofrece sus recompensas.

Tal vez ahora te dé miedo irte de viaje solo o sola, pero tal vez después de que lo hayas probado, descubras que está lleno de ventajas.

Imágenes | FotoStock

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