Makers: del taller a un reality show en el que está en juego un millón de dólares

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El movimiento maker es un movimiento global que aprovecha la creatividad y la imaginación del colectivo para inventar usos que muchas veces los fabricantes ni siquiera hubieran podido pensar para dar más valor todavía a sus propios productos. Este es el caso de los dispositivos “wearables” o el Internet de las cosas, dos sectores emergentes donde los dispositivos actuales necesitan un empujón todavía mayor para lograr convencer a los ciudadanos de su utilidad real. Por eso es tan interesante este reality show, America’s Greatest Makers.

Y el premio del concurso es lo suficientemente atractivo, un millón de dólares, como para despertar el interés de estos makers. Esto por no hablar de las oportunidades profesionales que pueden surgir por su participación en televisión. Un ejemplo en otro ámbito de estas posibilidades creativas lo hemos visto en los concursos de cocina, donde la creatividad y las ideas fluyen de forma constante.

Así es el reality de los makers, participantes, mecánica y premios

El concurso se iniciará esta primavera con la colaboración de United Artists Media y Turner Broadcasting. Los 24 equipos de participantes tendrán que trabajar con un dispositivo basado en el módulo Intel Curie, un componente electrónico del tamaño de un botón capaz de convertir cualquier objeto en inteligente. Por decirlo de alguna manera, sería el cerebro de los wearables con el que tendrían que trabajar los makers y aprovechar su conectividad y Bluetooth LE, sin olvidar el resto de sensores implementados (acelerómetros y giroscopios), que han sido creados pensando en el consumidor final.

Para el desarrollo de las aplicaciones se podrá utilizar Viper, un software de código abierto, muy acorde con la filosofía de los makers, que traduce todas las informaciones que recogen los sensores de Curie, a un lenguaje que puedan utilizar con facilidad las aplicaciones. Tampoco faltan las herramientas de desarrollo, como Intel IQ Software Kit. Con estos mimbres, los makers tienen que ponerse a trabajar para idear los nuevos productos.

La mecánica del concurso es realmente sencilla. 24 equipos de makers empezarán la competición, en la que irán enfrentándose a pruebas y eliminatorias que lograrán pasar aquellos que hayan aprovechado mejor las capacidades del módulo Intel Curie en el campo de los wearables o el internet de las cosas. Los cinco finalistas tendrán un premio de 100.000 doláres, además de optar al premio final del millón para el ganador elegido por el jurado.

La microelectrónica y la imaginación presentes en America’s Greatest Makers

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Los makers ya han demostrado su capacidad de creación, de supervivencia. La principal diferencia que podemos encontrar en este concurso respecto al día a día en un taller está en la propia filosofía del concurso. Los makers están obligados a competir, cuando habitualmente la colaboración y compartir el conocimiento es parte básica del movimiento maker. De esta forma, se podrá observar una dicotomía entre los grupos de makers, mientras que, por un lado, veremos cómo se compite con otros grupos; por otro, también se observará cómo se lleva la colaboración y el reparto del trabajo dentro de los propios equipos.

La creatividad de los makers ya ha dado sobradas muestras. La capacidad para transformar o utilizar dispositivos electrónicos como Arduino o como Rasberry Pi o impresoras 3D. Ahora se trata de adaptar estas ideas, todo este conocimiento y experiencia acumulada para aprovechar las capacidades de estos módulos de Intel.

No siempre se tiene la oportunidad de disfrutar de las herramientas de desarrollo que un fabricante pone a disposición de los desarrolladores. Este tipo de concursos son más habituales en el mundo del desarrollo de aplicaciones, donde se premia para conseguir tener un ecosistema de apps que hagan un poco más atractivo el dispositivo para el usuario final.

En este caso, es el hardware el protagonista, ya que los makers tienen que saber cómo sacar partido al módulo de Intel, a su capacidad de ahorro de batería, a los sensores para que puedan realizar determinadas funciones que den soluciones prácticas, que luego la industria pueda aprovechar para que sean útiles para los usuarios finales. Y eso siempre teniendo en cuenta que, además de ser algo útil, tiene que ser sencillo en su manejo y al alcance de todo el mundo. Lo cierto es que nos gustaría ver un concurso se este tipo en nuestro país, donde los makers han dado sobradas muestras de creatividad.

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