La magia de la San Silvestre a través de los ojos de sus corredores

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Quedan unas pocas horas para que tenga lugar una de las carreras más esperadas del año: la San Silvestre marca cada 31 de diciembre el cierre de año deportivo y el inicio de uno nuevo que nos permitirá seguir sumando kilómetros a nuestras zapatillas y salud a nuestro cuerpo. Las más importante, la San Silvestre Vallecana, reúne este año a más de 38.000 runners (entre corredores oficiales y aquellos que van por libre) para correr los últimos 10 kilómetros del año. ¿Queréis saber qué se siente en esta carrera? Os lo contamos a través de aquellos que han vivido la experiencia.

La primera vez en la San Silvestre

La primera vez que corres una San Silvestre siempre es muy especial: el mismo día sientes muchos nervios porque, aunque te lo hayan contado, nunca sabes muy bien a lo que te vas a enfrentar. ¿Podré correr con tanta gente? ¿Llegaré a completar los 10 kilómetros? ¿Llegaré a tiempo para la cena? Muchas preguntas se agolpan en tu cabeza en las horas previas a la carrera. Pero todas esas dudas se disipan una vez que llegas a los aledaños del Santiago Bernabéu, donde la San Silvestre tiene su línea de salida.

Berta corrió el año pasado su primera San Silvestre, y este año no ha dudado en repetir la experiencia. “Fue la carrera más bonita del año: no esperaba ver a tantísima gente, tanto corriendo como animando a lo largo de todo el recorrido. Ellos son los que verdaderamente te dan fuerzas cuando piensas que ya no puedes seguir”. Y es que la San Silvestre es una carrera multitudinaria, tanto en participación como en animación, sobre todo en el barrio de Vallecas donde todos los vecinos se echan a la calle para ver pasar a los corredores.

“Los momentos más emocionantes son en los que pasas por lugares míticos como la puerta de Alcalá. Al pasar cerca de Atocha es imposible no mirar hacia la estación y tener un momento de recuerdo para todos los madrileños. Pero lo verdaderamente bueno es llegar a Vallecas: ¡allí sí que sientes la energía de la gente que te anima al verte pasar!“.

“Yo corro de forma muy esporádica, y no estaba segura de poder completar la cuesta de Vallecas. Pero cuando llegas allí todo es diferente: por mucho que te hayan contado que hay mucha gente animando y que es la gente la que te lleva, no lo entiendes hasta que estás ahí. Hay familias completas animando a los corredores antes de disfrutar de su cena de Navidad, y la energía de los runners se contagia de unos a otros. Queda claro por qué voy a repetir este año, ¿verdad?”.

Corriendo con un disfraz

San Silvestre

Para Santi, runner aficionado desde hace años, la San Silvestre es una cita ineludible cada Nochevieja: la ha corrido ya en cinco ocasiones y el pasado 2014 fue la primera vez que optó por hacerlo disfrazado. “Cogí el dorsal porque me gusta tener la camiseta de recuerdo, pero la idea era salir disfrazado al final del todo, con todos mis amigos, y hacer un poco el cabra”. Y no es el único que opta por correr con un disfraz: cientos de corredores cambian la ropa técnica en la San Silvestre por sus mejores galas carnavaleras, dando lugar a un pasacalles de lo más curioso para los que corren y para los que animan. Yo misma corrí un año por Atocha acompañada de un chico que iba disfrazado de cubo de Rubik.

“La San Silvestre no es una buena carrera para hacer marca: hay demasiada gente, entre ellos muchas personas que no están acostumbradas a correr, y es difícil adelantar o incluso correr cómodo. Pero cuando vas disfrazado, vas a pasártelo bien: a saludar a los niños que hay esperándote durante el recorrido y a preparar la fiesta que se avecina por la noche”, nos cuenta Santi. “El año pasado nos juntamos un grupo de amigos y decidimos disfrazarnos de caperucita roja. Así, como lo oyes: falda y capucha rojas, peluca con trenzas rubias y, cómo no, las zapatillas de deporte. Muy cuquis todos”.

¿Qué es lo mejor de correr disfrazado? “Las risas que te echas con los amigos: vas charlando y cantando durante toda la carrera y parece que los kilómetros te pesan menos. Y, sin duda alguna, la cara de los niños cuando te ven aparecer con tu disfraz: todos quieren chocarte la mano y saludarte. Esto es algo que solo pasa en la San Silvestre: es mágico”.

Este año, Santi volverá a correr disfrazado, aunque no nos quiere adelantar de qué se vestirá para mantener la sorpresa: “no se lo hemos dicho a nadie todavía: queremos crear un poco de expectación. Pero te aseguro que será divertidísimo”. No lo dudamos, Santi.

Una San Silvestre en patines

San Silvestre

El segundo año que corrí la San Silvestre decidí que sería una buena idea hacerla en patines: no había entrenado mucho la carrera durante ese año, y en patines siempre es más fácil. Así que me planté en Atocha el día 31 con los patines puestos para disfrutar de la carrera y el ambiente. Me daba un poco de miedo caerme o “atropellar a alguien” con todo el mogollón de la salida, de modo que pensé que era mejor partir desde un lugar menos concurrido, aunque hiciera menos kilómetros.

Intenté circular siempre pegada a la acera, por el carril bus o directamente subida a ella, para molestar lo menos posible a los corredores que iban a pie, y no fue ni mucho menos algo fácil: el asfalto de esa zona de Madrid no está en perfectas condiciones para patinar, y durante toda la carrera tuve el “traca-traca” de los patines metido en la cabeza.

Lo más duro fue la subida de la cuesta de Vallecas: mucho trabajo de glúteo, que me dejó unas bonitas agujetas para el día de año nuevo, pero los ánimos de las familias enteras, los niños y los vecinos de la zona hacen que todo valga la pena.

No llegué a la zona del estadio porque, al terminar la cuesta de la Avenida de la Albufera el recorrido se estrecha mucho y no me parecía la mejor opción con los patines. Así que, como había ido rápido, me quedé como una espectadora más a animar a aquellos que llegaban corriendo: vi pasar a algunos amigos por allí que llevaban ese brillo característico en los ojos de saberse cercanos a la meta.

Lo mejor, sin duda, fue la vuelta a casa: todo un carril de la Avenida de la Ciudad de Barcelona para mí y mis patines, recorriéndolo a toda velocidad mientras al mi lado y en sentido contrario se disputaba la San Silvestre Internacional. A día de hoy prefiero correr a ir en patines, pero no descarto repetir la experiencia algún año.

Algunos consejos de última hora

  • La comida del día 31, mejor que sea ligera: algo que te permita coger fuerzas para correr los 10 kilómetros pero que no te pese en el estómago. ¡Piensa que por la noche te queda lo mejor!
  • Hidrátate correctamente antes de la carrera: a pesar de que hará frío, debes mantenerte bien hidratado hasta la salida. Bebe abundante agua durante la mañana y lleva una botella desechable para beber pequeños sorbitos antes de salir. Al llegar a meta, rehidrata con agua o con una bebida isotónica.
  • Lleva una prenda de abrigo de la que te puedas deshacer justo antes de empezar a correr. Cerca de la línea de salida siempre hay contenedores donde se puede donar la ropa de abrigo que lleves sobre tu camiseta-dorsal.
  • No te desfondes al principio: la emoción de la salida puede jugarte una mala pasada. Sal tranquilo y piensa que la mayor dificultad es la cuesta que se encuentra casi al final de la carrera. ¡Guarda algunas fuerzas para entonces!
  • Corre, sonríe, disfruta. Este es el mejor consejo que te podemos dar para la San Silvestre: que la disfrutes. Es una carrera mágica en la que lo más importante no es batir tu propia marca, sino disfrutar del recorrido y de la gente que te acompaña. Saluda a los que animan y da fuerzas a los que se quedan atrás.

Imágenes | iStock

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