Cómo sobrevivir a Nochebuena si tienes una familia typical spanish

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La Navidad es esa época del año que todos esperamos ansiosos cuando somos niños, pues es sinónimo de regalos, dulces, platos ricos y muchos juguetes. Cuando nos vamos haciendo mayores ya no nos gusta tanto porque pasa a ser sinónimo de dejarte la paga extra en regalos, cocinar los dulces y los platos ricos y montar muchos, muchísimos juguetes. La magia de la Navidad, como la energía, solo se transforma.

Una de los eventos más especiales de la Navidad es, sin duda, la cena de Nochebuena: ese momento en el que toda la familia se reúne alrededor de la mesa para disfrutar del pavo o cordero para disfrutar de la comida y de la conversación. Después de ver tantas películas made in Hollywood seguro que te lo imaginas como una noche muy especial en la que todo sale de manera perfecta. Pero tu familia no es made in Hollywood: tu familia es typical spanish. Y ahí, amigo, está la diferencia.

Los asistentes a la cena

Siempre suelen ser los mismos en todas las familias: demos un repaso a los particulares actores de esta gran obra de teatro que es la cena de Nochebuena:

  • Los anfitriones (también conocidos como papá y mamá): tu madre se pasará más de medio día metida en la cocina preparando todos los platos que vais a degustar. Nerviosa, afanada para que todo salga bien: pendiente a la vez de sacar los entremeses y de que no se queme el cordero en el horno, al mismo tiempo que vigila que el gato no entre en el Belén en modo Godzilla. Está pluriempleada esta noche, y la mayoría de los días de fiesta. Tu padre colabora también en la cocina y es el encargado de las botellas de vino y de ir sacando los platos que ya están listos, haciendo malabarismos sobre la mesa porque no caben tantas fuentes de comida.
  • El hermano que vive en casa: puede que esté estudiando o puede que ya esté trabajando, pero vive en casa con tus padres. Sale de su habitación a saludar a los invitados y vuelve a meterse dentro para seguir con el ordenador. Si está en plena adolescencia, además, llevará los cascos puestos.
  • Los abuelos que vienen a cenar: los mayores de la cena. Si viven en casa ayudan a tu madre en la cocina. Si vienen invitados intentan ayudar, pero tu madre no les deja (“que para eso estáis invitados”). Las abuelas vienen siempre súper arregladas a las cenas de Nochebuena, aunque sean en su propia casa y siempre traen postres ricos hechos por ellos mismos.
  • Los tíos o tías y los primos: llenar la casa de niños siempre es una alegría, pero te recomendamos tener siempre algunos juguetes preparados (atendiendo a la edad de cada niño) para que se puedan entretener un rato. Tus tíos también intentan ayudar en la cocina, pero tu madre tampoco les deja. Al entrar, le dan la botella de cava al encargado de las bebidas (tu padre, como hemos dicho). Han traído unos tuppers con recetas que han preparado ellos mismos en casa.
  • El primo que viene de lejos: a estas alturas de la película seguro que tienes algún primo que esté trabajando fuera y que vuelve a casa por Navidad. Le ves una vez al año (dos si toca boda o bautizo) pero siempre te hace mucha ilusión.
  • El cuñado: ¿tu hermano el que vive en casa de tus padres ha invitado a su novia? ¡Felicidades! Te has convertido en el cuñado de la Navidad. Más adelante te damos las pautas de comportamiento adecuadas para tan magno honor.

Acto primero: conversaciones educadas

Nochebuena

Nos sentamos a la mesa y comienzan las conversaciones típicas de cada año: ¿cómo va el trabajo? ¿has terminado ya el máster? ¡cuánto has crecido! (sí, aunque pases de sobra los treinta años). El primo que viene de lejos suele monopolizar este momento inicial de conversaciones, ya que todo el mundo le preguntará por el país donde se encuentra: el número de preguntas es directamente proporcional a lo exótico que sea ese país. Admitámoslo: no es lo mismo irte a trabajar a Portugal, que está aquí al lado, que irte a Jordania. En este momento el cuñado no habla mucho porque está ocupado pelando y comiendo todos los langostinos que puede.

Tu madre sigue sacando fuentes y más fuentes de comida, y tú no das abasto con lo que ya hay. Los abuelos pican algo de queso o pinchan unas cuantas setas, sin abusar. Ves como tu hermano, el que vive en casa, tiene el móvil en el regazo y manda whatsapps entre langostino y langostino. Tu padre ha preparado una mesa especial para los niños y tu madre les ha preparado un menú especial que les gusta así que de momento están entretenidos comiendo y jugando entre ellos.

Acto segundo: comienzan las puyitas

Nochebuena

Esta parte es divertida, siempre y cuando tú no seas el objetivo de las puyas. Pero hemos asumido que tú eres el cuñado, así que da rienda suelta a tu imaginación. En el cambio de los entremeses al primer plato comienzan los primeros ataques suaves, dirigidos generalmente al miembro más joven de la mesa de los adultos y encabezados por los más mayores. Frases como “¿qué, todavía no te has echado novia?” o “¿cuándo piensas independizarte, que tus padres ya estarán cansados de verte?” son un clásico de las mesas de Nochebuena.

Al que le toca recibir no le queda otra que aguantar con una sonrisa: no la vas a liar parda, que estamos de celebración. Todo irá bien siempre y cuando no se saquen una serie de temas espinosos, a saber: ni religión, ni política (más complicado aún este año, que acabamos de tener las elecciones generales). Posiblemente el fútbol tampoco sea una buena opción para debatir, puesto que es muy probable que haya hinchas de varios equipos.

Acto tercero: la madre del cordero

Nochebuena

El acto principal comienza cuando llega el cordero a la mesa: esa es la señal para que los abuelos, que han cenado cordero toda su vida en Nochebuena porque son castellanos, comiencen a contar sus batallitas. Suelen ser recuerdos muy divertidos y entrañables, pero son los mismos cada año. Bonus si además hay más de dos abuelos y empiezan a hablar entre ellos de la gente del pueblo de su quinta: aparecerán personajes como “la Simona” o “el Quintín”. Momento monopolizado por los mayores de la mesa: los demás estáis muy perdidos, así que optáis por hincarle el diente al cordero.

Pero llevas ya un rato sin hablar y las ganas te reconcomen. Este es tu momento: el momento del cuñado. Aquí tienes algunos temas básicos sobre los que, como cuñado, debes hablar en la mesa.

Manual rápido de cuñadismo

  • El maridaje del vino y el cordero no es el adecuado: es un vino demasiado joven, pero si lo hubieras sabido, hubieras traído uno que tienes en tu casa y que le va mucho mejor, dónde va a parar.
  • El corte del jamón en los entremeses tampoco estaba bien: se corta más fino, hombre, que si no estropeáis un buen jamón. El próximo lo vas a tener que cortar tú, que sabes bien cómo se hace.
  • La mejorable calidad de los teléfonos móviles que hay en la mesa: tu primo se quiere comprar el iPhone 6, y seguro que tú conoces a alguien que te lo saca de fábrica por la mitad de precio. O te lo trae de Andorra. O tiene dos y vende otro. Pero tú se lo consigues más barato.
  • Es la hora de contar a toda la familia tus hazañas deportivas de este año: es importante que comentes tus tiempos en las diez últimas carreras en las que has participado. Y remarca que tú no eres corredor: tú eres runner. Y haces CrossFit. Y footing. Y spinning. Y muchas cosas en inglés.
  • Y cuéntales que te has comprado una bicicleta de 300 euros para salir los fines de semana por la Casa de Campo. Podrías haber cogido una más modesta si es solo para los fines de semana, pero como tú siempre dices “oye, que lo barato al final sale caro”.
  • Enseña todos los memes de Julio Iglesias que te han mandado al whatsapp. Seguro que nadie los conoce.
  • Guarda algo para mañana, que tienes que volver a deleitarlos con tu conversación en la comida de Navidad.

Tercer acto y cierre: los brindis y el turrón

Nochebuena

Se terminó la cena y es hora de brindar por una nueva Nochebuena juntos y de comer el turrón. Los niños, después de alborotar durante el segundo acto, están ya cansados y casi dormidos. Toca convencer a los abuelos para que brinden aunque sea con un culín de cava, aunque no se lo vayan a beber después. Tu hermano se quiere ir ya con sus amigos, que ha quedado para tomar algo, y tú ya estás pensando en los temas de conversación para mañana.

Aunque seas el cuñado, disfruta de la cena de Nochebuena con tu familia: participa en las conversaciones, colabora en la cocina y deja que todo fluya. Lo mejor de todo es que mañana, el día de Navidad, podrás repetirlo de nuevo.

Imágenes | iStock

En Ciudadano 0,0 | Un toque por aquí, otro por allá y presume de mesa de Navidad (infografía)

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