Un año después de empezar con la pulsera cuantificadora, este es mi balance

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Alguien dijo que “lo que no se puede medir, no se puede mejorar” y estaba en lo cierto. ¿Cómo vas a mejorar en algo si no sabes cómo de bueno (o malo) eres en ello? Para eso, para mejorar en los hábitos saludables de nuestro día a día, tenemos los wearables o pulseras cuantificadoras. Casi todo el mundo dispone de una ahora mismo; no en vano, es la tendencia de fitness más importante de cara al próximo año según el American College of Sports and MedicineYo también tengo la mía, y después de un año utilizándola os cuento cómo ha sido mi experiencia.

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¿Qué me aporta una pulsera cuantificadora?

Más que una pulsera, yo empecé directamente con un smartwatch: se diferencian en que un smartwatch o reloj inteligente puede conectarse con el teléfono vía bluetooth y realizar algunas de sus funciones, como llamar por teléfono o enviar mensajes de voz.

En el plano de la actividad física, tiene unas funcionalidades similares a las que puede tener cualquier pulsera cuantificadora: conteo de pasos por día, conteo de kilómetros recorridos, minutos en movimiento, análisis del sueño (si la llevas puesta mientras duermes, claro) y kilocalorías quemadas. También tiene otras funciones específicas referidas al entrenamiento: cuantificación de entrenamiento aeróbico (bicicleta, carrera, caminata y senderismo) y pulsómetro integrado en la muñeca. Además, se pueden descargar apps específicas de deporte que ya se han desarrollado para smartwatches, como Runtastic, que es la que yo utilizaba habitualmente en mi teléfono móvil para cuantificar los entrenamientos de carrera.

¿Qué me ha enseñado la pulsera cuantificadora en un año?

Bueno, yo me considero una persona bastante activa: además de trabajar como editora on-line también soy entrenadora personal, y yo misma entreno casi todos los días, por lo que me muevo bastante. O eso pensaba yo. Llevar la pulsera puesta las 24 horas, contabilizando cada paso que das, hace que te des cuenta de que quizás no eres tan activo como crees. Sí, entrenas una hora al día, ¿pero qué pasa con las 23 horas restantes? ¿Las pasas delante de un ordenador? En ese caso, amigo, es mejor que aumentes progresivamente tu actividad física diaria si quieres mantenerte sano.

Y eso es lo que me pasó a mí, precisamente. Me di cuenta de que podía entrenar una hora diaria, pero que el resto del tiempo, siempre y cuando no me tocara dar alguna clase o hacer entrenamientos, lo pasaba sentada frente a una pantalla. En este sentido, la pulsera cuantificadora me ayudó a darme cuenta de que no todo es el entrenamiento, sino que es necesario llevar una vida activa en más momentos del día.

Desde ese momento intenté moverme un poco más entre horas, y algo sucedió a principios de este año que hizo que mi vida fuera mucho más activa que hasta entonces: adopté a Kira, una podenquita de ocho meses que se ha convertido en mi compañera de piso desde entonces. Por supuesto, compartir paseos y juegos con Kira a diario ha hecho que mi recuento de pasos y kilómetros suba como la espuma. Ya sabéis: si queréis ser más activos y además sois amantes de los animales, adoptar un perro tiene beneficios para todos.

¿Cómo es posible que duerma tan poco?

Pulsera cuantificadora

Otra de las cosas que he aprendido en este año con la pulsera cuantificadora es que dormía poco y mal: la aplicación para smartphone con la que la pulsera se vincula al teléfono te fija objetivos de forma automática según los datos que recoge, y siempre, siempre, siempre me ponía como objetivo dormir más. La tecnología que usa la pulsera le permite recoger datos sobre cantidad y calidad de sueño, basados en los ciclos circadianos y en los ciclos de sueño. Los míos daban un poco de penita.

La verdad es que nunca me había fijado demasiado en cuánto o cómo dormía: dependiendo del día, de si había entenado o no, de si estaba más o menos cansada, me acostaba a una hora o a otra. Pero con el uso de la pulsera comencé a darme cuenta de que dormía realmente poco (me iba a la cama a una hora, pero tardaba bastante en dormirme) y esto, cómo no, repercutía en mi rendimiento, tanto intelectual como deportivo.

Así que otro de los objetivos a raíz de llevar la pulsera cuantificadora fue el de racionalizar los horarios y establecer un número de horas de descanso más acordes a lo que necesitaba. Tarea cumplida después de un año, y se nota mucho en los resultados.

¿Y qué hay del deporte?

Pulsera cuantificadora

Para lo que más utilizo la pulsera cuantificadora es para medir mis entrenamientos deportivos, sobre todo ahora que estoy preparando la Media Maratón de 2016 y salgo mucho a correr. La gran ventaja de esta pulsera en concreto es que lleva todo integrado: pulsómetro, aplicaciones para cuantificar la carrera y música. Para mí esto último es importante porque necesito música para entrenar: no es opcional. Con la pulsera y unos auriculares bluetooth me ahorro llevar el móvil en la mano.

Cuantificar los entrenamientos de carrera es básico para mejorar: no solo te sirve para ver si has corrido más rápido o más despacio que la última vez, sino que te permite saber cuál ha sido tu kilómetro más lento, cuál era la altimetría del terreno, cuál ha sido tu ritmo medio… Un montón de información que, si sabes utilizarla, es de gran ayuda para mejorar los tiempos y correr mejor.

Mis conclusiones después de un año

Personalmente, creo que las pulseras cuantificadoras son una buenísima arma a la hora de concienciar a la población sobre la necesidad de mantenerse activos en su día a día. Hay mucha gente que cree que se mueve bastante cuando en realidad no es así: este tipo de dispositivos te acercan a la realidad a través de datos reales, y a partir de ahí puedes empezar a trabajar por tu cuenta para mejorarlo.

¿Compraría una pulsera si no tuviera esta o la renovaría? Rotundamente sí. En el caso de personas deportistas, poder cuantificar los progresos es vital para mejorar. Pero también lo es en el caso de personas sedentarias, como por ejemplo, el caso de mis padres, jubilados y ambos cotentísimos con sus pulseras cuantificadoras, y cuya historia podéis leer aquí.

Os animo a que probéis la experiencia de llevar una pulsera cuantificadora, aunque solo sea una semana: puede cambiar la visión de vuestros hábitos de vida.

Imágenes | iStock

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