Young people in the robotics classroom

Cómo es el día a día en un taller de Makers

Si tienes curiosidad por conocer la filosofía del Movimiento Maker o incluso has pensado en alguna ocasión apuntarte a un taller de Makers, quizá te hayas preguntado cómo es el día a día en uno de estos locales. Para darte respuesta, hemos hecho una visita de la mano de uno de los socios más veteranos de Makespace, el único taller en Madrid que es ciento por ciento independiente, a diferencia de otras iniciativas, como Medialab Prado, que cuentan con apoyo estatal, o como el FabLab del CEU, que depende de la Universidad.

Lo que más llama la atención de los talleres de Makers es la diversidad de proyectos y actividades que se pueden hacer, que al mismo tiempo responde a una diversidad muy marcada de personas que hacen uso de ellos. Al taller de Makers acuden personas con muy distintos perfiles y distintos objetivos y siempre encuentran su hueco, por ese motivo es muy posible que tú también encajes y tengas interés. Seguiremos hablando de Makers y podrás recibir lo más interesante gracias a nuestra Newsletter.

El día a día en un taller de Makers

El día a día en un taller de Makers no resulta en absoluto rutinario, ni siquiera previsible. Lo más habitual, según nos cuenta uno de los usuarios, es llegar con la idea de trabajar en tu propio proyecto durante, por ejemplo, tres horas y encontrarte con que has de dedicar dos de esas horas a poner en funcionamiento la máquina que quieres utilizar y finalmente el tiempo restante en tu labor.

Esa puesta a punto del equipo forma parte de la experiencia Makers y no la entenderían disociando esta primera etapa. Dado que toda la maquinaria de la que disponen es casera porque la han construido ellos mismos o ha sido donada y reparada por ellos, se considera que un auténtico Maker está dispuesto e incluso contento de afrontar estos pequeños arreglos. No se trata de un sitio en el que te lo den todo hecho, nos dice Arturo, pero seguramente eso es lo que a él y a sus compañeros les gusta del taller.

Muchas veces te distraes de tu objetivo por una causa más amena. Otro de los usuarios habituales nos asegura que llega al laboratorio con toda la intención de continuar lo que dejó el día anterior, “vienes con un proyecto muy definido y preciso”, pero entonces se encuentra con que sus compañeros están realizando propósito más interesantes o que tienen algo muy rico que aportar a lo que están haciendo ouna manera más eficaz u original de realizarlo y les modifica la idea.

¿Con qué frecuencia suelen acudir los socios a un taller de Makers?

Lo más habitual es acudir al taller de Makers unas dos o tres veces a la semana, pero hay quien llega a ir cinco, si es que su tiempo se lo permite. Un tercer socio de Makespace nos habla de su día a día, confesando que él pasa allí todas las horas que puede y que más de una vez se ha quedado hasta la madrugada y ha tenido que cerrar: es uno de los socios que cuentan con llave y pueden entrar incluso cuando el taller no está abierto al público.

Creative team working on new project with many sticky notes on window.

Por lento que sea el funcionamiento de una impresora en 3D, Samuel nos demuestra que en un taller de Makers no hay esperas pues, mientras la máquina trabaja, puedes revisar el diseño o recoger, echar una mano a los demás o limpiar el espacio. “Quien no encuentre algo que hacer es que no está aprovechando esto”, nos asegura.

La gestión del espacio es otro de los principales componentes del día a día en un taller de Makers, debido a que no cuentan con nadie que se encargue de la limpieza o el orden y tienen que ser ellos mismos quienes se encarguen. Algunas veces, entre todos surge la iniciativa de hacer una gran limpieza, en otras ocasiones, cada uno de ellos va encontrando huecos libres de tiempo para colaborar con este aspecto.

¿Qué proyectos se llevan a cabo en un taller Makers?

El taller de Makers puede ser útil tanto para quienes se toman estas actividades como un hobby como para quienes desean poner en marcha una empresa. A Makespace acuden algunas personas que fabrican lámparas y mobiliario de construcción facetada con papel o resina gracias a las impresoras 3D y que, tras varias pruebas y prototipos, los están comercializando con éxito.

Hay un grupo llamado “Bluetooth” que hace proyectos de domótica y los controla gracias a los pequeños arduinos, tarjetas microprocesadoras similares a las y raspberry pi, pero con un lenguaje mucho más sencillo y software libre, que sirven para introducir la programación y que pueden llegar a hacer el lugar de ordenadores.

Andrés es músico y no tiene el perfil que esperaríamos en un usuario de Makers, debido a que no ha estudiado ingeniería ni electrónica, pero está construyendo su propia impresora 3D con algunas ideas muy originales. El proyecto más habitual entre las personas que visitan Makespace es construirse su propia impresora 3D para llevársela a casa o incluso para dejarla allí. La diferencia entre construirla así y comprarla es aproximadamente entre 300 euros y 2000.

Young man in electronics workshop

Cuando la impresora 3D ya está construida con buenos resultados, se sube el modelo a reprap, un wiki donde se comparte software y código. Las impresoras son autorreplicantes porque las piezas de la siguiente las imprime una de las anteriores y se emplean códigos compartidos en abierto. La idea es ir mejorando siempre la versión anterior.

Un grupo de personas acude al taller de Makespace para construir y mejorar sus drones. Los fines de semana quedan para utilizarlos al aire libre y algún día de diario se reúnen en el taller y arreglan los desperfectos, no solo los producidos por los posibles choques o caídas, sino también la programación para mejorar su rendimiento.

Uno de los usuarios del taller de Makers que hemos visitado nos enseña el reloj de luces LED que está construyendo. Lleva años con él, pero no le importa ya que disfruta con su construcción, lo hace porque es lo que le gusta, es su hobby y no aspira a comercializarlo.

Algunos de los participantes se construyen sus propios coches de Scalextric, pieza por pieza, para finalmente pintarlos o colocarles pegatinas. Otros se limitan a programar con el portátil y no llegan a hacer trabajo “manual”. Los socios que han aportado material a los talleres muchas veces tienen la intención de repararlo. Nuestro cicerone casi siempre que acude a Makespace lo hace para tratar de reparar la fresadora DIY que aportó.

¿Qué tipo de personas encontrarás en un taller de Makers?

En la actualidad, Makespace Madrid tiene entre cincuenta y setenta socios, por lo que el tipo de personas que se puede encontrar es sumamente diverso, aunque solo sea en lo que se refiere a las nacionalidades. Nos informan de que ha venido gente de Beirut, Shanghai, Seattle, Polonia, Kenia, Irán, Reino Unido…

Entre las formaciones, encontramos arquitectos, ingenieros, emprendedores… que forman equipos multidisciplinares y que, como hemos visto más arriba, tienen proyectos muy diferentes entre sí. Solo el 10% aproximadamente de los usuarios son mujeres, pero nos cuentan que las pocas chicas que vienen se lo toman muy en serio y son las que más frecuentemente acaban sus proyectos.

Young people in the robotics classroom

Lo normal es que cualquier proyecto que se plantea en un taller de Makers lleve varios meses y, como hemos visto, hay algunos que están años con sus construcciones. Por ese motivo, las personas que acuden a estos lugares son muy pacientes, son gente a la que le gusta probar cosas nuevas, ver lo que funciona y lo que no…

Pero por encima de todo, son personas a las que les encanta aprender pues mucha de la colaboración les aporta este aspecto. Por ejemplo, el socio que nos ha ofrecido la visita nos cuenta que entre todos, de manera colaborativa, han construido la rampa y la puerta y que ha aprendido muchísimo colaborando en esta tarea.

¿Por qué merece la pena acudir un taller de Makers?

La interacción con los demás socios es uno de los pilares fundamentales de Makers y justifica de por sí –sin contar el resto de las ventajas— el acudir al taller en lugar de trabajar en casa. El usuario que nos comentó que siempre que llega al taller se encuentra con sorprendentes proyectos de sus compañeros, aprecia tanto este aspecto que regresó a Madrid para poder seguir formando parte de Makespace, dado que es más horizontal y se crea más sentimiento de comunidad.

Además de modificarte tu idea anterior con buenos consejos, los otros socios pueden haber pasado antes que tú por las mismas situaciones y, al decirte con qué problemas se han encontrado, te evitan sufrirlos tú. Es casi como si se acudiese a una clase con un aprendizaje práctico al ciento por ciento.

Group of students busy in glass art workshop

Para acudir a un taller Maker solo tienes que buscar cuál es el que está operando en tu ciudad y apuntarte. En Makespace de Madrid se paga una cuota de 30€ al mes y se dispone de todo lo que haya por allí, con un laboratorio de electrónica –con soldadores, componentes, etc…—, una sala de máquinas –con fresadoras, cortadoras láser, etc.— y la zona de mesas de trabajo, además de con el gran valor de las aportaciones de los compañeros.

Pues ya lo sabes: no te quedes en tu casa. Existen muchas personas que comparten contigo la pasión por crear y si lo que te falta son los medios, en uno de los talleres lo tendrás todo a tu disposición, además de las posibilidades de aprender a utilizarlo.

Fotografías: iStock Photos

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