Bicicleta eléctrica: ¿realmente merece la pena?

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La bicicleta eléctrica se ha puesto últimamente de moda. El desarrollo de nuevos motores más eficientes, mejores baterías o una mayor autonomía son algunos de los motivos. También un diseño de las bicicletas estéticamente más atractivo. No son bicicletas para todos los públicos, sin embargo si generan interés en determinados segmentos a la hora de ser una alternativa viable para determinados desplazamientos. Por eso hoy nos preguntamos si la bicicleta eléctrica realmente merece la pena.

No conviene precipitarse y quizás antes de tomar la decisión de compra es imprescindible probarlas para ver los pros y los contras de una de estas bicicletas con motor de asistencia al pedaleo. Porque esta es otra de las cuestiones a tener en cuenta, hablamos de bicicletas, no de ciclomotores eléctricos, y por lo tanto el motor nos ayuda, pero tenemos que dar pedales para que funcione la bici.

Algunos inconvenientes de la bici eléctrica

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En principio todo pueden parecer ventajas. Tenemos una bicicleta que nos ayuda a hacer determinados recorridos con un menor esfuerzo. Claro que esto también implica alguna diferencias respecto a una bici tradicional. Empezando por los costes, que son sensiblemente superiores en una bici eléctrica que en una convencional. La inversión que se necesita realizar será más alta, por eso hay que estar seguros de que realmente le vamos a dar uso a la bici eléctrica. La gama baja suele comenzar en torno a los 500 euros.

Al tener que llevar el motor y la batería, su peso aumenta considerablemente. Esto es un inconveniente tanto si nos quedamos sin batería mientras estamos realizando un trayecto, que tendremos que pedalear encima de un vehículo mucho más pesado, pero también si tenemos que subir la bici a casa por la escalera o en un ascensor, aunque para esto también existen modelos plegables. El peso de estas bicicletas eléctricas dependerá del modelo y el tipo de baterías, pero suele rondar en torno a los 25 kg.

También necesitan una mayor mantenimiento, ya que además de los cuidados de una bici convencional tendremos que tener en cuenta que ahora pueden fallar elementos como el motor o las baterías. En este último caso, pasado cierto tiempo desde su uso o una vez cumplidos los ciclos de recarga de vida útil será necesario sustituirlas, con lo que se tendrá que volver a invertir en este elemento.

Por último la autonomía puede ser un problema. La bici eléctrica se plantea en muchas ocasiones como una forma de realizar desplazamientos habituales, al trabajo o por la ciudad más largos de lo que haríamos con una bici convencional, del rango de 10 a 15 kilómetros en adelante por trayecto y que en muchas ocasiones va algo justo para realizar un ida y vuelta sin tener que recargar la batería o jugar con la regulación de la asistencia eléctrica que queremos que nos impulse. En este aspecto hay que tener en cuenta que no se puede superar la velocidad de 25 km/h, velocidad a partir de la cual el motor se desconecta.

Y grandes ventajas de la bicicleta eléctrica

Sin embargo para muchos usuarios supone una alternativa muy interesante para recorrer distancias moderadas, entre los 15 y los 20 km por trayecto, que si tenemos en cuenta la velocidad media de 25 km/h que nos permite el motor supondrá un trayecto de entre media hora y 50 minutos desde la puerta de nuestra casa a nuestro destino. Esto hace que la bici eléctrica sea muy atractiva para los recorridos habituales ya que el esfuerzo que necesitamos para cubrirlos será menor y el tiempo que tardamos también.

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En este caso se suelen tener en cuenta aspecto como la posibilidad de desplazarse por carriles bici, no tener que buscar aparcamiento al llegar al destino, lo que es una gran ventaja si tenemos que ir al centro de la ciudad, donde será siempre más complicado movernos en vehículo privado. El ahorro en combustible en este caso también es una de sus grandes ventajas, ya que la bici eléctrica acabamos amortizándola en muy poco tiempo.

Para muchos ciclistas que hace tiempo que no daban pedales supone una oportunidad de reencontrase con un vehículo que en muchas ocasiones no utilizaban desde la infancia. Muchas veces pensamos que no estamos suficientemente en forma o que no podemos llegar la trabajo sudando por el esfuerzo. Estos condicionantes los elimina la bici eléctrica animando a muchos de ellos a retomar su afición por las bicis. El motor eléctrico es una ayuda que también nos facilita salvar desniveles que de otra forma vemos como inalcanzables como ciclistas tradicionales.

También ayuda a que ciclistas de diferente nivel puedan compartir rutas de ocio. No todos son tan aficionados que pueden cubrir grandes distancias, por terrenos exigentes. En ocasiones queremos unirnos a un grupo pero no tenemos el nivel necesario y estas bicis pueden ser una ayuda. Lo mismo cuando se quiere salir en pareja, y uno de ellos es muy aficionado y el otro no tanto. La bici eléctrica ayuda a equilibrar el ritmo y ambos pueden disfrutar de forma agradable del paseo en bici.

Si lo que vamos a hacer es pasear por la ciudad, no necesariamente tenemos que comprarnos una, ya que existen diferentes ciudades que tienen en marcha iniciativas de bicicletas públicas que incluyen modelos de bici eléctrica, ya sea en su totalidad o parcialmente. Esta es una buena alternativa para probar este vehículo y comprobar si se adapta o no a nuestras necesidades antes de decidirnos por adquirir uno en propiedad. Al final tenemos que valorar si el uso que le vamos a dar nos compensa o no para los trayectos que realizamos.

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