El poder del pensamiento positivo: ¿por qué nos puede ser útil en la vuelta de vacaciones?

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Las vacaciones están muy bien, pero tienen una contrapartida: que se acaban. A todos nos gustaría prolongarlas o incluso convertirlas en eternas, pero no solo no es posible, sino que incluso no sería beneficioso. La inactividad total puede llevarnos a la desidia, que es una de la primeras puertas de la depresión.

Por ello, hay que pensar en las vacaciones como el descanso necesario para desconectar y retomar con mucho más ánimo nuestra actividad y nunca como el estado ideal que dura menos de lo deseable. Si a pesar de que eres consciente de que es así te cuesta mucho volver, seguramente habrá cosas que tengas que analizar o cambiar. Para ver otras cuestiones como esta, conviértete en uno de nosotros recibiendo periódicamente la Newsletter de Vive00.

Qué es el pensamiento positivo

Cuando se habla de optimismo y de pensamiento positivo, los titulares son susceptibles de producir en el lector cierto rechazo, dado que, a primera vista, suenan a imposición. Es decir, parece muy fácil recomendarle a alguien que se plantee las cosas de forma positiva, que se tome la vida con optimismo… es fácil decirlo, pero no hacerlo.

Positive thinking word cloud, health concept

Por otro lado, estamos tan rodeados de recomendaciones sobre la positividad que se quedan en una frase sonora y no profundizan, que da la sensación de que mantenernos optimistas, sonreír y no quejarnos fuesen otras obligaciones más que sumar a las del día a día. Por lo tanto, la primera reacción ante estos consejos es el desdén.

Sin embargo, aquí no vamos a imponerle a nadie o siquiera impulsarle a que se plantee de forma positiva lo venidero, a que vea la vida de color de rosa… Eso tiene que ser una consecuencia, nunca un arranque. Veremos los modos de afrontar la vuelta al trabajo para que, al final de todo, nuestra actitud se torne positiva.

Qué es la depresión postvacacional

Este síndrome, que teóricamente afecta sobre todo a personas menores de 45 años, hace referencia a un estado de malestar genérico, provocado por la incapacidad de adaptarse de un periodo de descanso y ocio a la vuelta a la vida activa.

Las recomendaciones más habituales para prevenir este síndrome pasan por dedicarle un tiempo a ese periodo de adaptación. Los expertos suelen aconsejar dejar un par de días entre la vuelta y la reincorporación durante los cuales volver a habituarnos a los horarios de comida y sueño y descansar. Este consejo es bueno, aunque no siempre podrá llevarse a cabo, dado que implica restarle días a nuestro periplo. Además, puede no ser suficiente, por ese motivo tenemos a continuación otras sugerencias que van más allá.

Síntomas de la depresión postvacacional

Los síntomas pueden ser tanto psíquicos como físicos: cansancio generalizado, fatiga, falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito o de concentración, irritabilidad, tristeza, falta de interés o nerviosismo…

De ahí se desprende un menor rendimiento laboral que es el inicio de un círculo vicioso: cuanto menos rendimos, más tiempo necesitamos para hacerlo todo y más encima se nos echan las obligaciones porque nos resultan más grandes y pesadas.

vuelta de vacaciones

¿Padeces alguno de estos síntomas en tu primera jornada tras las vacaciones? ¿Todos? Eres víctima del síndrome postvacacional. No pasa nada, es común y no es grave, solo tienes que plantearte las cosas de forma diferente para pasarlo lo antes posible.

Pon tus miras en unas vacaciones futuras

Uno de los principales achaques del síndrome postvacacional es seguir anclados en esos días anteriores en los que estábamos de descanso. Los idealizamos, olvidamos toda su parte mala y los revivimos en un bucle sin fin. Quienes nos rodean no ayudan a que nos olvidemos, ya que las vacaciones suelen ser el tema de conversación principal durante estas primeras jornadas, con el intercambio de fotos, anécdotas, etc…

Sin llegar a resultar antisocial, pasa página. No enseñes tus fotos, no cuentes los que has hecho… las vacaciones ya pasaron y en el pasado quedan. Ahora tus miras tienen que estar en la siguiente escapada, ya sea un puente, un fin de semana fuera o las navidades. Ve mirando destinos para viajes, haciendo planes, decidiendo cómo las disfrutarás… no importa que estén lejos, la antelación nunca ha sido un problema para planificar itinerarios.

Organízate tanto las obligaciones como el ocio

De la misma forma que decimos que es mejor mirar hacia delante y olvidar esas vacaciones ya pasadas, también es importante que miremos hacia un futuro más inmediato y nos centremos para sentirnos mejor con lo que estamos haciendo.

La forma práctica de alcanzar este objetivo es la de organizarse a través de una agenda, calendario, lista de cosas por hacer, etc… Si nos apuntamos todo lo que tenemos que conseguir en el trabajo y distribuimos cada tarea en unidades de tiempo, esa planificación nos infundirá el ánimo para acometerlo.

Además, planifiquemos también nuestro ocio y el partido que podamos sacar al tiempo libre. Pensemos en qué actividades podemos participar por las tardes, ya sea volver al gimnasio, retomar una buena costumbre como montar en bicicleta, apuntarnos a algo que siempre nos ha apetecido, como un taller de teatro o de origami… retarnos a ver en el cine todo lo que nos hemos perdido en verano…

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Si pensamos en esas horas ociosas, la mente volverá a sentir la libertad que cree que ha perdido al terminarse las vacaciones. Veremos que el único modo de tener tiempo para nosotros mismos no es cortar con el trabajo, que también disponemos de mucho tiempo por la tarde, los fines de semana… si vamos viendo el partido que le podemos sacar, seremos más conscientes de cuánto podemos disfrutarlo.

Que nuestras jornadas laborales sean rutinarias tal vez es algo contra lo que no podemos apenas luchar –o tal vez más de lo que creíamos—, pero lo que está claro es que nuestro tiempo libre no tiene por qué ser rutinario también. Dediquemos cada una de las tardes de la semana a una actividad distinta para poder disfrutarlas todas y no poner todo el peso en los fines de semana y las vacaciones.

Plantéate el trabajo como un reto constructivo

Que tu trabajo no te motive se debe en muchas ocasiones a que ya lo tienes dominado y se ha convertido en rutina. Pero si bien eres capaz de cumplir con tus obligaciones con una corrección suficiente, es posible que haya cabida para ir más allá. Plantéate cómo mejorar en tus métodos, cómo cambiar algunas de las costumbres asentadas hasta entonces…

El corte temporal que han supuesto las vacaciones te servirá para romper con muchos de tus hábitos contraídos y plantearte lo que haces casi de nuevas. Tal vez de la mayoría de esos vicios no eras ni consciente, pero la distancia que te ofrece esa separación te permite ver lo que haces desde fuera, como si fueses otra persona.

Si bien esos cambios a simple vista suenan a mayor trabajo y precisamente lo que te invade ahora es una inmensa desidia, en cuanto te los plantees de verdad, servirán para romper tu estado de ánimo alicaído. Si acabas viendo que es necesario modificar cosas, te verás impulsado a hacerlas en cuestión de muy poco tiempo.

Mantén la motivación convirtiéndolo en algo personal

Como decíamos, el pensamiento positivo u optimista no consiste en decirnos a nosotros mismos: “voy a ser positivo”, “voy a ver las cosas con optimismo”, sino en decisiones mucho más prácticas. Lo que vamos a ver a continuación se puede aplicar tanto a la vuelta de las vacaciones como en cualquier otra época del año en personas que estén desmotivadas o “quemadas” con su trabajo.

Young business woman sitting with hands clasped in front of the computer.

No todo el mundo se dedica a aquello para lo que estudió, se preparó o aquello con lo que soñaba en su juventud. No todo el mundo tiene empleos creativos, variados y excitantes. Pero incluso dentro de las profesiones más rutinarias hay elementos que sabemos que hacemos mejor que otros o aspectos que nos sentimos satisfechos de conseguir.

Busquemos esa satisfacción, no ya como una manera de quedar bien ante los superiores o de cumplir, sino para con nosotros mismos. Si el trabajo no era lo que soñábamos, es lo que tenemos ahora y a lo que nos dedicamos, así que centrémonos en él y dejemos de pensar en qué otras cosas podríamos estar haciendo en su lugar. Dentro de lo que hacemos, demos el máximo de nosotros mismos, impliquémonos de manera personalizada. Una persona que se plantea este reto día tras día no caerá nunca en la desidia.

Estudia si existe algún problema

Si después de todas estas cosas y pasados unos días desde que volviste, te sigues sintiendo mal en tu empleo, probablemente ya no se trate de síndrome de depresión postvacacional, sino de algo mucho más profundo y grave. Tendrás que analizar qué es lo que ocurre y por qué te hundes tanto.

Quizá tengas problemas con alguno de tus compañeros y no hayas llegado a darte cuenta de ello. Tal vez el trato de alguno de tus jefes te esté machacando más de lo que creías. Es posible que haya alguna condición de tu trabajo –la distancia que tienes que recorrer cada día para ir y venir, el espacio físico donde lo ejerces, los horarios… — que te esté minando la moral sin que te des cuenta.

Si el problema es más profundo, no bastará con plantearse las cosas de otra manera, habrá que detectarlo y tratar de solucionarlo. O bien se puede hablar con los responsables para pedir un movimiento interno que nos saquen de esa compañía indeseable, pedir permiso para redecorar o para hacer parte del trabajo desde casa y evitar el desplazamiento algún día de la semana o, en último caso, buscar una alternativa…

Pero lo que no podemos hacer es seguir aguantando estoicamente una situación insostenible porque nos acabará pasando factura. Y está claro que la vuelta de las vacaciones es un momento perfecto para ser más conscientes de que ocurre algo de este tipo que hasta entonces no habíamos localizado en su totalidad.

Los síntomas físicos son solo una consecuencia

Los síntomas físicos del síndrome postvacacional no son más que un reflejo de esos indicios psicológicos y, por lo tanto, es muy probable que desaparezcan en cuanto hayamos solucionado estos. Pero si no fuese el caso, nos pueden ayudar ejercicios de tonificación y estiramientos que podemos practicar en la propia oficina.

En resumen, las vacaciones están muy bien porque significan una pausa y un contraste con respecto a las jornadas laborales, pero su valor existe siempre y cuando exista la obligación. Para disfrutar de un descanso, antes hay que cansarse. Incluso las personas más motivadas e implicadas con su trabajo –o precisamente estas más que ninguna— necesitan desconectar durante unos días y olvidarse de su ocupación.

Pero esa desconexión nos tiene que recargar de energía y no producirnos la sensación contraria. Si dejamos atrás las ganas de seguir descansando y nos planteamos el trabajo como un nuevo reto, conseguiremos adaptarnos mucho antes y hasta tendremos ganas de comenzar.

Imágenes | iStock

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