Por fin es lunes, no esperes al viernes para ser feliz

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En las redes sociales y en el ambiente laboral constantemente estamos oyendo frases, leyendo chistes o viendo montajes de imágenes que celebran la llegada del viernes. En inglés existen ya siglas que lo agradecen: TGIF (Thank God is Friday o “menos mal que es viernes”); mientras que en todas partes saber que por fin es viernes parece ser el único motivo de alegría posible para las personas que trabajan con horarios regulares.

Aparte del quinto día de la semana, da la sensación de que solo los jueves podrían considerarse también días agradables, pero simplemente porque queda menos para el fin de semana y solo si los asociamos al viernes con la combinación de palabras: “juernes”.

Thank god is monday

No digo que esté mal alegrarse de que llegue el fin de semana, es comprensible y positivo. Pero es una pena enfatizar tanto esa diferencia, porque lo que provoca es que cualquier otro día que no sea previo a los libres resulte triste, aburrido o incluso deprimente. Y reconozcámoslo, son más los días que podrían entrar aquí que los del fin de semana.

La idea es acabar con esa idea de que cualquier día de trabajo tiene que ser necesariamente nefasto. Vamos a ver varias cosas que se pueden hacer los días laborables para no sentir con tanta intensidad la necesidad de que llegue el fin de semana, para disfrutar más de todos los momentos. Además de otra nueva forma de afrontar las cosas, veremos sugerencias de planes y actividades para cualquier día de la semana. Si te suena bien, seguro que querrás sumarte a nuestra Newsletter.

POR FIN ES LUNES

Haz que cada día sea diferente

Muchas veces, lo que nos agobia de los días de diario en los que trabajamos mucho, no es el trabajo en sí, las obligaciones cotidianas, ni siquiera las relaciones laborales menos agradables. Muchas veces, nos aplasta la rutina, detestamos sentir que los días se nos escapan entre los dedos sin apenas notarlo, sin que haya una diferencia entre unos y otros.

Hacer que cada día sea diferente dentro del trabajo quizá no depende tanto de nosotros mismos. Habrá ocupaciones que sí nos permitan organizarnos a nuestra manera, pero otras nos vendrán impuestas. Por lo tanto, a quien pueda, le instamos a que haga de su día a día laboral algo diferente. Para la gran mayoría, que seguramente no tendrá esa potestad, nos quedamos con la recomendación de que aproveche sus horas libres para hacerlo.

Es preferible dejar de odiar los lunes y a Garfield, mejor desayunárselo en forma de cupcake.

odio los lunes

Incluso si no tenemos demasiado tiempo libre cada tarde, podemos hacer que sean diferentes los días simplemente con elegir distintas cosas para hacer durante nuestros traslados. Si es en transporte público, la cantidad de cosas que podemos hacer es inmensa. Elijamos una distinta para cada día de la semana. Si nos movemos en coche, tal vez solo podemos variar lo que escuchamos, pero puede ser suficiente: un día, música; otro, podcasts de humor; otro, un audiolibro; otro, algo que nos sirva para aprender idiomas; otro, tertulias y noticias… La cuestión es diferenciar mucho un día de otro y encontrar algo que escuchar quede verdad nos distraiga. Seamos la persona más feliz del atasco.

aprovecha el atasco

Actividades distintas cada tarde

Por supuesto, con algo más de tiempo libre, la diferencia entre unos días y otros puede ser aún mayor. Si cada día de la semana nos sumamos a una actividad, sentiremos que hemos hecho algo concreto, algo que podemos recordar bien. Y de esa forma evitaremos la rutina, que todos los días sean iguales entre sí.

A las actividades les podemos poner un nombre asociado con el día para marcar aún más esa diferencia: “lunes de cine de v. o.”, “martes de tertulia”, “miércoles de basket”, “jueves de bici”, etc. Algunas de estas sugerencias pueden costar dinero, como apuntarse a clases o a gimnasios, pero otras pueden ser aficiones gratuitas que se practiquen en la calle o que consistan simplemente en quedar con otras personas con similares inquietudes.

practica basket de lunes a viernes

Por supuesto, lo que no hay que hacer es plantearse estas actividades como obligaciones. Lo último que queremos para convertir en agradables los días que van del lunes al jueves es sentir que, además de lo que ya tenemos encima, aún nos han caído más cosas. Tiene que ser algo que nos apetezca mucho, que nos guste, algo que disfrutemos y que consiga estimularnos.

¿Quién sabe? En alguna de estas actividades podemos conocer a gente tan interesante y aficionarnos hasta tal punto a la tarea que lleguemos a tener más ganas de que llegue ese día de la semana que el propio sábado.

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Aprovecha el descanso de mediodía

Dados los horarios que suelen imponer las empresas en este país, es muy posible que tengamos un descanso para comer exagerado, que nos sobren horas, pero, dadas las distancias, es muy posible que no podamos ir a casa para comer y aprovechar el tiempo extra.

Lo mejor es tomarnos ese tiempo como lo que es: un auténtico tiempo libre. Con todas las amistades que tenemos, seguro que hay algunas que trabajan cerca. Así que podemos plantearles que, un día concreto de la semana, nos desplacemos a un punto medio y comamos juntos. Es una manera de volver a ver regularmente a conocidos con los que habíamos perdido el contacto porque ya no había tiempo para quedar o porque nuestras vidas ya son demasiado distintas los fines de semana.

aprende idiomas

Ese descanso para comer también puede ser el momento de aprender ese idioma, hacer esa actividad, ir a esa clase, apuntarse a ese gimnasio o realizar ese ejercicio que sabemos que cuando salgamos ya no nos va a dar tiempo a hacer.

Saca partido a tu ciudad

saca partido a tu ciudad

Sea cual sea la ciudad en la que vives, seguro que hay muchísimos planes posibles de los que disfrutar que sueles pasar por alto. Te sumes de tal forma en tu día a día que piensas que no hay nada más que hacer, aparte de trabajar o estudiar. Sin embargo, por poco rato libre que te quede cada tarde o cada mañana, hay bastantes cosas que pueden interesarte.

Si vives en las afueras, una vez llegas a casa, es muy probable que te dé pereza volver al centro. Quizá en estos casos lo mejor es no regresar, sino acudir directamente a hacer algo antes de marchar a casa.

Museos, inauguraciones, charlas, visitas guiadas, exposiciones, paseos… Todas esas actividades que parecen diseñadas solo para guiris y turistas las podemos disfrutar nosotros por igual. En las agendas municipales o en las páginas web sobre ocio encontraremos varias opciones para cada día entre las que elegir.

actividades culturales de lunes a viernes

Si hace buen tiempo, disfruta del aire libre

Ahora que anochece más tarde y las tardes se van haciendo cada vez más largas –pronto cambiará la hora regalándonos más tiempo de sol por las tardes—, es el momento de comenzar a aprovechar mucho más los exteriores y el aire libre. Quedar con las amistades para sentarse en una terracita o en un parque y tomar unas cervezas no tiene por qué ser exclusivo del fin de semana. El after work es un principio, pero no la única opción, también puedes llamar a personas ajenas al entorno laboral y quedar para tomar algo. No esperes al fin de semana para pasártelo bien.

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Extrae fuerzas de donde las hay

Es muy posible que todas estas recomendaciones te suenen muy bien, pero que las estés descartando directamente porque sabes que no vas a tener ánimo, que te va a vencer el cansancio y que lo único que querrás cuando por fin salgas del trabajo es tirarte en el sofá y encender la tele.

Cierto que puede parecer que el cuerpo ya no da más, pero muchas veces se trata únicamente de una sensación. Lo que nos vence no es el cansancio físico, sino la desidia, la falta de ganas. El apuntarnos a todas estas cosas de las que hablamos, el hacer algo distinto cada día, va a ser precisamente lo que acabe con esa desidia. Si nos apetece hacer algo, el cuerpo irá detrás. Así que lo que hay que hacer es comenzar, realizar un pequeño esfuerzo las primeras veces, y luego saldrá solo. A partir de ahí, estaremos deseando hacerlo, el cuerpo nos lo pedirá.

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La actividad misma nos da ánimos, nos pone en marcha, nos estimula. Si nos han gustado los planes de una semana, la siguiente querremos hacer unos similares. Por otra parte, no estamos proponiendo nada agotador. En lo que se refiere a ejercicio físico, no sugerimos hacer más del habitual. Proponemos actividades intelectuales o simplemente sociales y de ocio. El cansancio muchas veces no se manifiesta al pensar en la actividad en sí, sino al pensar en lo que nos cuesta ir hasta allí, prepararnos, etcétera, para vencer esto para lo que necesitamos desarrollar el gusto.

Si a pesar de todo esto, sigues sintiendo un cansancio que te impide realizar ninguna actividad que se salga de tus obligaciones, es posible que exista algún problema. O bien tu trabajo es excesivo o bien necesitas tomar algún reconstituyente o consultar a algún especialista sobre tu situación.

come al aire libre

Plantéate tu trabajo con otro ánimo

No todo el mundo tiene la suerte de trabajar en lo que le gusta; e incluso, en ocasiones, aunque nuestra ocupación sea la soñada, el ambiente que nos rodea nos impide disfrutar de lo que hacemos. Pero incluso dentro de condiciones desfavorables, nuestra actitud hacia esas obligaciones puede hacer que cambie mucho nuestra percepción.

Pensemos en el trabajo como un reto y como algo que tenemos que hacer lo mejor que podamos. Incluso si nuestros jefes y compañeros no nos felicitan nunca o siquiera reconocen un trabajo bien hecho, nosotros podemos sentirnos orgullosos con cada pequeño logro. El sistema de las metas cortas o inmediatas con mini-recompensas es muy útil para no tomárselo todo con más ánimo.

orgulloso de tu trabajo

Si el trabajo no nos gusta, veamos por qué es. Tal vez se trata de algo que no se nos da del todo bien: estudiemos lo suficiente para ponernos al día y hacerlo con absoluta desenvoltura. Tal vez sea todo lo contrario: algo por debajo de nuestras posibilidades, que no nos estimula. Tratemos entonces de ir siempre más allá, de ofrecer más de lo que se nos pide y de sentirnos bien con ello. Si es algo aburrido y rutinario, tomémoslo como algo que hacemos mecánicamente mientras nuestra mente está en sitios más interesantes.

Si con todo ello, nuestra ocupación laboral en sí sigue siendo insufrible, tratemos de buscar algo bueno en el trabajo, aunque sea en lo que se refiere al entorno. Es posible que haya alguna otra persona con la que resulte estimulante charlar, los descansos para el café en los que siempre vamos al mismo sitio, tomémoslos allá donde se reúnan las personas con las que más podamos reírnos o desahogarnos. En los trabajos de cara al público, busquemos la satisfacción en las interacciones.

hoy es un buen día

Recuperar la vida social de antes

Una de las cosas que más se van perdiendo cuando vamos cumpliendo años y sumando obligaciones, especialmente si una de ellas es una familia propia, es la vida social que teníamos de adolescentes. Es muy normal dejar de ver a muchas personas que nos caían bien, perder contacto con amistades con las que pasábamos buenos ratos, dejar de hablar siquiera por teléfono con familiares…

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El propósito de recuperar amistades perdidas puede ayudarnos a hacer el día a día diferente y agradable. Las tardes que no hayamos encontrado una actividad a la que acudir o que no nos dé tiempo a hacer nada extra, podemos sacar un ratito para llamar por teléfono a esa persona con la que hace tanto que no contactamos o para escribir un email poniéndonos al día de los últimos años. Pero también se puede quedar. No es necesario trasnochar para ver a los amigos, así que cualquier día de la semana es adecuado para quedar con alguien.

De lunes a viernes me divierto tanto como el fin de semana

Quedarse en casa no tiene por qué significar hacer siempre lo mismo o pasar la tarde sin hacer nada. Gracias a las nuevas tecnologías, existen multitud de actividades a las que podemos dedicar las horas muertas que nos resultarán estimulantes y hasta edificantes, como aprender idiomas, ponernos al día con algún aspecto cultural que nos guste, como el cine, las series… Algunas aficiones se pueden desarrollar perfectamente desde casa.

algo bueno cada día

El truco en estos casos es aplicar la misma estrategia que ya hemos mencionado para las actividades externas: hacer algo diferente cada día. Por ejemplo, el lunes ordeno los armarios, el martes hago crochet, el miércoles me meto en los foros de Internet para debatir sobre los temas que me interesan…

Los aficionados a las series de televisión pueden distinguir en qué día están, debido a que se ajustan a un calendario. Tal vez esperar a que llegue un capítulo donde se resuelva alguna intriga puede ser suficiente estímulo para desear que llegue el lunes o el martes.

En este apartado, estamos hablando de estímulos y de diversión menores, si los comparamos con los indicados más arriba, pero estos pequeños placeres son suficientes para hacer el día a día no solo tolerable, sino incluso interesante. Pensemos que, además, nos servirán para que el día siguiente las conversaciones en el trabajo se enriquezcan, lo que hará igualmente más llevadera la jornada… y así sucesivamente.

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Rompiendo la rutina para disfrutar de todos los días

En definitiva, lo mejor que se puede hacer para que los días que no son viernes, sábado o domingo también sean días “disfrutables” es convertirlos en especiales de alguna manera. Como señalábamos en el primer apartado, una posibilidad es hacer algo diferente cada día de la semana, pero siempre igual semana tras semana.

Otra opción es hacer algo diferente cada día, siempre diferente, con la dificultad añadida de encontrar muchos planes. La combinación entre las dos opciones tal vez sea lo más realista. Por ejemplo, acudir los martes y jueves a una clase de algo que nos gusta o hacer algún ejercicio que nos viene bien para la salud. Lunes y miércoles dejarlos para buscar algo diferente cada vez.

Si todo esto nos agota, será buena señal. Así, la tarde que nos quedemos en casa no será porque no tenemos nada que hacer y porque la rutina nos aplasta, sino porque hemos decidido descansar. Ese descanso se saborea mucho más, al ser único, que si todas las tardes hiciésemos lo mismo.

Todo es cuestión de actitud. Así que hoy, como es lunes, pensemos que resulta una alegría. Y digamos todos los días, al levantarnos, la frase que hasta ahora sólo decíamos los viernes. Por fin es lunes, por fin es martes, por fin es miércoles… Y, por supuesto, disfruta también de cuando llegue el viernes y de todo lo que eso significa.

Imágenes | Leander Wattig, SidewaysSarah, Pedro Vera, Juhan Sonin, epSos .de, Oliver Symens, BIMS Sabadell Brenda Annerl Lali Masriera, jacinta lluch valero, Sascha Kohlmann, Greg Dunlap, photosteve101, Bakerella.

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Comentarios

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3 thoughts on “Por fin es lunes, no esperes al viernes para ser feliz”

  1. En realidad, la cosa va un poco más por la lata que da la gente en Facebook y todo eso cuando llega el viernes. Pero en lugar de poner un comentario quejica o “hater”, lo que hago es darle la vuelta para que todo quede en positivo.

    1. Yo me he pasado unos cuantos años trabajando a turnos, así que los lunes no significaban nada para mi, ni tampoco los fines de semana… hay que aprovechar cada momento para hacer lo que te gusta, independientemente del día que sea

      1. Exacto. Porque muchas veces lo peor es que le pones tanta carga al fin de semana que, como luego no hagas mil cosas o salgas muchísimo o estés a tope, cuando llega el domingo por la tarde, vuelves a sentirte fatal, con el malestar añadido de que no has aprovechado esos dos días que tenías, como si fuesen los únicos del mundo. Hay que pensar que cualquier otro día, aunque sea un ratito más corto, también podemos estar a gusto.

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