Baloncesto en el parque, disfrutando del ejercicio al aire libre con los amigos

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Equipo de basket
Jugar al baloncesto en las canchas que tenemos en el barrio se ha convertido en mucho más que una forma de hacer algo de ejercicio. Practicar un deporte de equipo me ayudó en mi llegada al barrio a integrarme, pero se ha convertido en una rutina y una excusa para compartir también el tiempo libre con los amigos y a la vez disfrutar del ejercicio al aire libre practicando baloncesto en el parque.

Las canchas de baloncesto se han convertido en un centro de reunión del barrio, la vida social muchas veces se mueve alrededor de estas pistas. Lo cierto es que muchas veces ni siquiera necesitas quedar con nadie para jugar, sólo tienes que bajar listo para entrar en cualquiera de los partidillos que se organizan. Al final nos conocemos todos en el barrio y es fácil jugar. Aunque no seamos amigos íntimos acabamos compartiendo mucho tiempo juntos en estas canchas a lo largo del año.

La solidaridad y valores del baloncesto

Lo cierto es que disfruto mucho del juego. Con mi amigo Javier y hemos acabado formando un buen tándem. Siempre acabamos encontrando a alguien más para hacer un tres contra tres a una canasta o un dos para dos. Si somos más gente organizamos partidos a pista completa, cinco contra cinco, con algún cambio para poder jugar con intensidad y tener un descanso que nos permita recuperar un poco. Todo esto nos ha hecho mejorar mucho nuestro estado físico.

Yo juego de base, así que me he convertido en el mejor amigo del resto de jugadores. Al final el baloncesto es un deporte muy solidario, donde el base es el encargado de repartir y hacer jugar a los demás, donde una asistencia acaba por hacer feliz a dos jugadores, el que da el pase y el que logra la canasta. El compañerismo y la labor de equipo nos ha hecho también trabajar para tener mejores canchas.

Equipo de baloncesto

Hemos preparado unos banquillos con palets reciclados, fue una idea que nos dio Marta, una compañera de trabajo de Javier que es muy manitas y creativa. Lo cierto es que los palets fue fácil recogerlos de las tiendas locales del barrio, que nos ayudaron y colaboraron en el proyecto. Al final además de los bancos nos dio para mejorar las pistas con arcones para guardar balones, chaquetas y las bolsas.

El quinto tiempo

Pero lo mejor de todo es el quinto tiempo. Después de hacer ejercicio nos conviene hidratarnos y para eso nada mejor que una buena San Miguel 0,0% bien fresquita. Si hace buen tiempo muchas veces quedamos directamente en el parque para hacer tomar una cervezas, no sólo los que hemos jugado el partido, sino que se suelen sumar más amigos además de Ángela, que suele llegar al final de partido para reírse un poco de nosotros. En invierno preferimos reunimos en algún bar de la zona.

El quinto tiempo

El baloncesto se ha convertido en la excusa perfecta para reunirnos todos juntos. Ángela a veces nos trae tomates del huerto, cuando hemos organizado un pícnic para comer o tomar un aperitivo después del partido, sobre todo los fines de semana que tenemos más tiempo. Si el partido ha sido entre semana, siempre hay tiempo para tomar algo pero no podemos liarnos mucho tiempo, aunque alguna vez el extra time se ha convertido en una cena improvisada.

Lo cierto es que ya somos tantos en estas reuniones que para el año que viene nos estamos planteando apuntarnos a la liguilla municipal. No importa tanto como quedemos en la competición, sino lo que vamos a disfrutar con los partidos y es una forma de hacer grupo para jugar también entre semana.

En Ciudadano 0,0 | Las mejores canchas de baloncesto callejero de España

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  • Carlos Roberto

    Lo cierto es que es un deporte divertido y que merece la pena practicar con los amigos.

  • Maria Sanjuanbenito Bonal

    Nada como una pachanguita con amigos… un deporte que se puede practicar con cualquier edad, eso también es importante

  • Beatriz

    ¿Hay partidos de chicas? A mí me da pena haber dejado el baloncesto. De adolescente jugaba muchísimo, todos los días, pero cuando me apunté a un equipo, la exigencia era tan enerome (eran casi profesionales) que no fui capaz de estar a la altura. Y cuando dejé el instituto y ya no había recreos en los que jugar, ya no encontré con quién echar pachanguillas. Apuntarme a algo en serio no lo haría, no solo por mi edad, sino porque ni de joven era tan buena. Pero ahora que leo aquí que el sistema es tan sencillo, que basta con bajar preparado y unirse aun partidillo, me ha vuelto la gana.

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