11 razones para elegir septiembre como mes de vacaciones

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Hasta ahora, marcharse de vacaciones durante el mes de septiembre se veía como la opción de quienes no tenían otra y casi siempre parecía que se disfrutaría menos de los días libres y de las visitas que viajando en los meses clásicos de verano. Sin embargo, para mí es la opción preferible y siempre que puedo, elijo septiembre como mes de vacaciones por, como mínimo, once razones que voy a resumir a lo largo de este artículo.

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París en septiembre menos masificado

Opto por un turismo cultural y de inmersión

Cuando he elegido el mes de septiembre o incluso el de octubre para tomarme las vacaciones, he visto que las temperaturas ya no acompañarían tanto como para estar todo el día en la playa o en la piscina. Esa circunstancia me ha impulsado a escoger un destino turístico centrado en las visitas culturales, en lugar de uno basado en el mero descanso. Una vez hecho, me alegro de que haya sido así porque mi viaje se ha convertido en una experiencia mucho más enriquecedora.

Por otra parte, lo que me gusta cuando voy a otra ciudad, espcialmente si es de otro país, es saber cómo vive la gente de allí y casi convertirme en una ciudadana más de aquellas tierras. Viajando en septiembre es mucho más fácil descubrir a los auténticos habitantes de las ciudades cuyas calles y negocios pisamos, en vez de a otros turistas como nosotros. De esta forma, podremos hacernos una mejor idea de cómo es la vida en esas urbes, sumergirnos más en su cultura y en sus costumbres y volvernos a casa con un conocimiento mucho más realista de lo que hemos visitado.

Conozco las ciudades como de verdad son. Recuerdo viajes hechos en agosto en los que me encontré las urbes absolutamente despojadas de habitantes autóctonos, como un París sin parisinos o un Milán aquejado del aburrido y desolador Ferragosto. Si nos desplazamos hasta allí en septiembre, la efervescencia del comienzo del curso escolar y las reincorporaciones laborales se mezclarán con nuestros paseos.

Encuentro los lugares menos masificados

no esperes colas si te vas de vacaciones en septiembre

Supongo que no soy la única, pero una de las cosas que menos me gustan de viajar son las masificaciones en las visitas turísticas y las colas para entrar en museos y monumentos. La afluencia turística es menor si se viaja en septiembre, con lo que visitar cualquier tipo de lugar, ya sea de ocio como cultural, resulta más cómodo y rápido. Tantas esperas me he ahorrado que, con el tiempo extra he podido visitar una cosita más al día, es decir, le he sacado más partido a mi viaje. Pero para mí, que me agobio tan fácilmente, lo más importante poder ver más de cerca todos los monumentos y con una mayor comodidad y tranquilidad.

También la menor masificación me ha beneficiado en los momentos de intendencia o de descanso. Por ejemplo, algunos restaurantes de zonas de veraneo tienen esperas de más de una hora. Encontrar una hamaca libre en la piscina del hotel o espacio para poner la toalla en la playa en ocasiones es tarea imposible. Mientras que, al acudir en épocas de menos turismo es muy fácil encontrar sitio. Existen varios lugares que he descubierto durante periodos vacacionales y que ya tengo fichados para regerar, pero a los que nunca volvería en agosto. En cambio, los guardo en la recámara para repetir siempre que pueda acudir en meses menos concurridos.

Disfruto de precios de temporada media

Cuánta rabia da ver eso de “desde XX€” y luego entrar en la oferta del viaje o la habitación y comprobar que casi se duplica el precio indicado, debido a que nuestro momento de acudir se encuentra exactamente en el epicentro de la temporada alta. Al haber optado por viajar en otras fechas, no he tenido que sufrir esos tremendos incrementos de precio que a veces son tan exagerados que parecen aleatorios.

El alquiler de coches, aunque no siempre esté sometido a tarifas según la temporada, lo cierto es que también sube cuando la demanda aumenta. Así que cuando he necesitado este servicio, he encontrado precios más económicos en épocas fuera de temporada y, si no es así, por lo menos, una disponibilidad mayor de la flota, que hizo que pudiese escoger sin tanta dificultad el utilitario que más me convenía.

habitación barata viajando en septiembre

Me beneficio de ofertas de última hora

Aunque el motivo económico no fuese el que me llevó a elegir los meses más tardíos para salir de veraneo, finalmente se mostró como la ventaja mayor de salir en septiembre. Además de no estar sometidos a las subidas de tarifas de la temporada alta, los precios de septiembre son aún más baratos, gracias a las ofertas de última hora. Adicionalmente, he descubierto este verano aplicaciones y páginas web que encuentran descuentos de hasta el 70% en habitaciones de hotel si se reservan el propio día o el anterior.

Algunas agencias de viajes hacen ofertas en sus packs de tours organizados para liquidar los asientos o plazas que se les han quedado vacíos. También los hoteles pueden lanzar promociones que nos pongan muy baratas habitaciones que en otra época se escaparían de nuestro presupuesto. Incluso las actividades que realicemos una vez en nuestro destino, como excursiones, pueden beneficiarse de ofertas del tipo 2×1 y similares que significarán un claro ahorro en el cómputo global de lo gastado en vacaciones.

ofertas de última hora en viajes en septiembre

Tengo mayor facilidad para elegir horarios

Viajando en fechas de alta afluencia, no solo en verano, sino también en navidad, Semana Santa, etc… muchas veces me ha resultado imposible encontrar los billetes de tren o de avión que se adecuasen a mis planes. Me ha ocurrido en muchísimas ocasiones que el trayecto que quiero hacer se ha puesto carísimo y he tenido que acabar adaptando mis horarios a lo que quedaba libre y medianamente asequible, lo cual no ha sido nada fácil.

Entiendo que lo mejor es adquirir los pasajes meses antes, pero en mi caso no siempre es posible saber con tanto adelanto cuáles serán mis días libres y estoy segura de que para muchas personas es igual de complicado planificarse con tanta antelación. Viajar en septiembre nos permite planificar con menos previsión.

horarios disponibles vacaciones en septiembre

Me ahorro los atascos

Tan difícil resulta algunas veces hacerse con los billetes adecuados, que en más de un recorrido he optado por salir en coche para poder hacer planes que solo dependiesen de mí y de mis compañeros de viaje. Claro que para desplazarse en vehículo propio, escoger fechas de gran afluencia es casi más perjudicial. Y ya tengo comprobado que las ventajas de salir de vacaciones en épocas más extrañas son aún mayores cuando nos desplazamos en coche, ya que evitamos los terribles atascos de la operación salida y retorno.

Esto por sí solo, para mí ya supone una diferencia sustancial porque me desespero fácilmente cuando me invade la inpotencia de estar ahí atascada. Pero hay que tener en cuenta, además, que gracias a escoger fechas tardías he viajado de forma más segura, ya que las acumulaciones de tránsito son una de las situaciones más peligrosas en la carretera y me quedo totalmente feliz de no verme metida en una de ellas.

Atasco operación salida y retorno

No paso tanto calor

Sí, es cierto, el calor lo paso igual si me quedo en mi ciudad, con la salvedad de que lo paso en mi lugar de residencia y no en mi destino de vacaciones. La diferencia está en que durante los días de trabajo, lo normal es pasar muchas horas en la oficina, donde es muy probable que haya aire acondicionado. Por mi parte, luego me marcho a casa o bien en transporte público, que también está refrigerado, o bien en bici, que me refresca gracias a la brisilla que produce el movimiento. El resto del tiempo suelo pasarlo en casa, con mi ventilador, o ir al cine… en definitiva: escojo lugares climatizados.

vacaciones en septiembre

Mientras que durante las vacaciones, lo normal es pasarse el día entero en el exterior, ya sea en playas, campo y montañas, ya sea en la ciudad de destino, visitando monumentos y edificios. Soportar el calor en condiciones como estas es mucho más difícil, por lo menos a mí. Por eso, las temperaturas suaves, pero todavía no frías, de un mes como septiembre, hacen que los días sean mucho más agradables para pasear por ciudades, ver museos, visitar monumentos. Además, nadie dice que no podamos darnos todavía algunos refrescantes bañitos en el mar o el río. He llegado a bañarme incluso en octubre o en noviembre, así que no veo la más mínima dificultad para seguir disfrutando del agua en septiembre.

Escojo mi lugar favorito

Quienes viajamos habitualmente a casas rurales o alquilamos apartamentos, sabemos que las primeras ofrecen pocas habitaciones por establecimiento y los segundos son únicos. Infinidad de veces he encontrado lugares idílicos que me han encantado al verlos en las fotos promocionales de la página web. Pero muchas veces no he podido disfrutarlos, ya que siempre están reservados en las fechas en las que quería ir. Pues bien, viajando en septiembre u octubre, hay muchas más probabilidades de que esa habitación decorada de una forma tan personal o esa casita irrepetible estén libres para nosotros. Lo sé porque he hecho la prueba: he buscado el mismo lugar en distintas fechas y cuando indicaba septiembre la disponibilidad era mucho mayor.

casa rural disponible en septiembre

Y no solo los alojamientos ofrecen una mayor disponibilidad, sino también otro tipo de servicios que necesitemos contratar, como el alquiler o préstamo de bicicletas para toda la familia, las excursiones que tienen cupo limitado de viajeros, las entradas para musicales u otros espectáculos que se suelen agotar con tanta facilidad…

Vacaciones en septiembre: soy la envidia de los compañeros

No resulta muy positivo basar la decisión de la época en la que se toman las vacaciones en la envidia que se puede producir en los demás. Así que veámoslo más bien como una autocompensación por la que hemos sentido nosotros cuando los que estaban a nuestro alrededor se marchaban. Algo así como “el que ríe el último, ríe mejor” y como una forma de verle a todo siempre el lado positivo. Quizá no volvamos tan bronceados como los que salieron en julio y agosto, pero seguro que tenemos experiencias más interesantes que contar o, al menos, más novedosas ya que, a nuestra vuelta, las batallitas de los demás ya estarán empezando a cansar a la concurrencia.

Puesto de trabajo vacío_de vacaciones en septiembre

Mi sustitución en el trabajo resulta más fácil

Cuando he querido tomarme las vacaciones durante los meses de julio y agosto, he puesto a mis jefes en un pequeño aprieto, ya que tenían muy difícil encontrar a alguien que se ocupase de mis tareas. Por ese motivo, he tenido que tomarme menos días seguidos, ya que los compañeros también querían viajar la semana anterior y la siguiente a la mía y el reparto de tareas se hacía imposible si nos marchábamos dos o tres al mismo tiempo.

Sin embargo, pidiendo permiso para marcharme cuando todos ya han vuelto, no solo se lo he puesto más fácil a ellos, sino que incluso he tenido la posibilidad de marcharme durante un intervalo algo más extenso, ya que había gente que se quede haciendo nuestras labores.

Me voy de vacas en septiembre, pero mi trabajo queda hecho

Por mi parte, me he ido más tranquila, sin ese sentido de la responsabilidad ni esa sensación de haber dejado cosas a medias y, por supuesto, sin algo muy incómodo que es tener que estar pendiente de los mails de trabajo durante el descanso para asegurarme de que no se ha producido ninguna emergencia.

Me encanta mi ciudad en pleno verano

Con el contenido de este apartado se podría escribir un post tan extenso como el que nos ocupa, pero veamos estas ventajas de quedarnos en la ciudad durante el mes de agosto de un plumazo rápido. Cuando casi todo el mundo está fuera, el hecho de ser unos de los pocos que nos hemos quedado nos permite, por ejemplo, ir a ese restaurante o esa obra de teatro en los que nunca había hueco, podremos aparcar en lugares a los que normalmente no nos plantearíamos ni llevar el coche, acudimos al trabajo o a las obligaciones sin aguantar la contaminación de las calles y sin sufrir los horrores de la hora punta, resulta más cómodo pasear y ocuparse de tareas cotidianas como hacer la compra, etcétera, etcétera. Suena falso y exagerado, pero de verdad que estando en agosto en Madrid (pongo este ejemplo porque es donde vivo), ha habido veces en las que he conseguido estar en sitios inimaginables. Parece otra ciudad.

madrid en agosto vacío

Por supuesto, existen otras ventajas, como las que apuntan aquí y seguro que muchas otras personales que cada uno tenemos para elegir esta época del año para marcharnos de vacaciones. Una de ellas, que a mí se me antoja interesante aunque es una tontería, es que me da menos pena volver porque las siguientes escapadas –los puentes de noviembre y diciembre o las de navidad— están mucho más cerca, así que, en lugar de pensar en reincorporarme a la rutina, ya estoy pensando en ese próximo viaje, con lo que se me abren las miras y me lleno de optimismo.

Basándonos en esta experiencia personal que os he resumido, seguro que habéis podido constatar que viajar en septiembre, lejos de convertirse en algo con lo que hay que conformarse, resulta ser una opción no solo tan válida como cualquier otra, sino incluso superior si se mira por el lado bueno. ¿Todavía tienes oportunidad de marcharte o acabas de regresar? Pues ya sabes, empieza a dar envidia desde los comentarios.

Fotografías | Wikimedia, Wikipedia, Eric Savage, Kathleen Tyler Conklin, Cristeen Quezon, No Frills Excursions, Nils van der Burg, Luis Hernandez, Sean MacEntee, Phil Whitehouse y Antonio Zugaldia.

Comentarios

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2 thoughts on “11 razones para elegir septiembre como mes de vacaciones”

    1. Ahora que lo dices, lo de los niños se me ocurre como una décima razón, pero al revés. Es decir, sería plantearse que las familias tengan sus vacaciones normales todos juntos durante los meses clásicos de verano. Y que luego además, las parejas aprovechen septiembre para dejar a los niños al cuidado de los abuelos, aprovechando que ya hay cole, y que hagan su escapada, digamos, romántica o íntima o simplemente de relax y descanso, que seguro que no les viene mal, jeje.

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