Ruta ciclista ‘malaguita’ por la costa de Málaga, por Ignacio Lillo

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Malaguita es el término que usamos los malagueños para denominar a los ciudadanos que están muy implicados en la defensa de la ciudad y sus tradiciones. A los malaguitas les gusta comer espetos (sardinas asadas en cañas de madera) en los chiringuitos de la playa; callejear y perderse por el casco antiguo; y, por supuesto, son defensores a ultranza de la Semana Santa, la Feria de Agosto, el Málaga C.F. y las viejas costumbres populares.

Del sentimiento malaguita deriva esta propuesta de ruta ciclista, atípica y de inmersión en enclaves que son emblemáticos de la ciudad y sus gentes. La ruta tiene unos 10 kilómetros y es apta para todos los públicos, porque es totalmente llana. Además, incluye algunas recomendaciones de sitios para reponer fuerzas, siempre acompañado de una San Miguel 0,0 bien fresquita.

Punto de partida: estación AVE

De entrada, pongamos por caso un visitante que llegue en el AVE. Aquí lo lógico es que no traiga consigo su bici, salvo que sea plegable, así que desde la estación María Zambrano tendrá que dirigirse al Centro Histórico para alquilar una bici. Existen varios sitios donde poder hacerlo: Bike2Malaga (calle Vendeja, 6); Málaga Custom Bikes (calle Álamos, 42); QQ Bikes (Muelle Uno); Málaga Bike Tours (calle Trinidad Grund, 4).

Ya tenemos bici. Hora de trazar el itinerario

Como decíamos antes, un recorrido algo diferente y de inmersión en la idiosincrasia de los malagueños podría empezar por la barriada de Huelin. Para llegar hasta allí, desde el Centro hay que buscar el Puerto, a espaldas de la plaza de la Marina, y seguir en sentido Oeste por el paseo marítimo.

En un buen tramo hay un carril bici perfectamente acondicionado, que pasa por el parque de Huelin. Girar a la derecha por la calle Princesa y otra vez a la derecha por la calle Ayala.

Estamos en Huelin, con sus callejuelas y su mercado, famoso por sus puestos de pescado, donde habrá que pedir al pescadero que nos enseñe los boquerones ‘vitorianos’ (en honor de la Virgen de la Victoria, patrona de Málaga), pequeños y plateados, que después nos comeremos fritos o en vinagre.

Antes de volver a pedalear, el bar del mercado (C/ La Hoz, 37) no es el más glamuroso, pero sí ofrece una buena oportunidad de compartir una San Miguel 0,0% con los lugareños, para hablar de pesquerías, de la mar, de barcos y cómo no, de la buena temporada del Málaga en la Liga.

De vuelta al Centro, quizá ya sea hora de un primer baño en la concurrida playa de San Andrés, con sus oasis de césped a la sombra.

De ruta por el casco viejo

Después del baño, de vuelta en dirección contraria a la de ida, en busca del Centro. Siempre es mejor ir por el paseo marítimo, aunque hay un tramo, a la altura de la avenida del Muelle Heredia, en el que es obligado circular por la calzada. Pero es corto. Otra vez estamos donde al principio, en la plaza de la Marina, que es la puerta de la almendra del casco viejo de la capital. Y ningún malaguita que se precie dejará pasar la oportunidad de entrar por la lujosa calle Larios, toda peatonal y fácilmente transitable en bici, salvo por los miles de personas que la abarrotan en las horas de la tarde y los fines de semana.

Desde este punto se puede recorrer, siempre por vías peatonales, toda la zona noble de la ciudad, y acercarse a sitios tan singulares como la calle Alcazabilla, con el conjunto monumental que forman, a un lado de la acera, el Teatro Romano y la Alcazaba.

Y al otro, los edificios que forman la más célebre de las bodegas malagueñas, El Pimpi. Lástima que vamos conduciendo, pero al menos se podrá probar uno de sus afamados vinos dulces (sin pasarse, claro). Desde la misma vía se accede también al museo Picasso.

Muy cerca de allí, solo un poco más al Norte, se abre la plaza de la Merced, y en una de las esquinas, concretamente la situada más al Oeste, nació y vivió el célebre pintor Pablo Ruiz Picasso.

Ahora toca pedalear en sentido Sur, de vuelta al Puerto, para conocer uno de los espacios de los que los malagueños nos sentimos más orgullosos, y que es utilizado por cientos de ciclistas. Se trata de los dos muelles, el uno y el dos, que se han integrado recientemente como infraestructuras ciudadanas de la capital, dando lugar a un parque, el Palmeral de las Sorpresas, y a un centro comercial abierto, Muelle Uno.

Toca sentarse a disfrutar de la brisa marina con una segunda ronda de San Miguel 0,0, por ejemplo, en Spazio Nature (Muelle Uno, local 64).

Desde ahí es fácil enganchar por el paseo marítimo en dirección a los barrios del Este, Pedregalejo y El Palo, donde aprovecharemos para comer en alguno de los chiringuitos o merenderos de las playas de La Malagueta y La Caleta. El menú malaguita está claro: espetos de sardinas y unos boquerones de la bahía fritos, y para beber, San Miguel 0,0%, como no podía ser de otra manera. Sabroso y super económico.

Llega la tarde. Comienza la última etapa de la ruta malaguita, que conducirá al visitante hasta el bello y decadente paraje de los Baños del Carmen (un antiguo balneario de principios del siglo XX, hoy casi abandonado), con una atractiva terraza junto al malecón donde rompen las olas. Un lugar magnífico para ponerle el broche de oro a la jornada de bici, y desde la que se pueden contemplar las mejores puestas de sol de la ciudad.

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