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Share My Dabba, lo que puede conseguir una bicicleta

En Ciudadano 0,0 nos encantar hablar de iniciativas pensadas con buena voluntad y, más aún, si están dando frutos positivos. Es el caso de Share My Dabba, que ha implicado a miles de bicicletas y ciclistas de Bombay en el reparto de alimento a los más necesitados. Lo mejor del proyecto es la idea ya que, gracias a una inteligente estrategia, no supone gasto económico ni necesita aportaciones, pues basa su colaboración en lo sobrante, en lo que otros tirarían. La filosofía Nolotiro es buena para nosotros y a otros les puede incluso salvar la vida.

¿Quiénes son los Dabbawala?

Los dabbawala –también se puede escribir dabbawalla o dabbawallah– de Bombay son un grupo de 5000 personas que recogen comida casera, recién preparada, de los hogares de las afueras de la ciudad y se las llevan a los ejecutivos y oficinistas que están trabajando en el centro. Una vez el almuerzo ha sido consumido, devuelven las cajas o dabbas a la residencia de su cliente. Al día, mueven 200.000 recipientes metálicos de almuerzos. A esta comida o snack vespertino y, por extensión, a la tartera donde se transporta, se le denomina alternativamente “Tiffin”, palabra que proviene del inglés y de la influencia de este idioma en el slang de la India. Por ese motivo, estos repartidores también se hacen llamar “tiffin wallahs”.

Los hombres y mujeres que trabajan en Bombay no portan su comida con ellos no por comodidad, sino porque los trenes en los que acuden a sus lugares de trabajo circulan tan atestados, que es imprescindible llevar ambas manos libres para lograr subir al vagón. Además, estas personas pueden pasar una media de tres horas al día en los transportes públicos y generalmente no tienen tiempo ni de desayunar, por lo que ese almuerzo es su único sustento del día.

Para un dabbawala, lo que define la calidad de su trabajo es la rapidez y precisión con la que reparte los bidones. No pueden llegar tarde ni confundir un perol con otro. Estos repartidores consiguen no equivocarse nunca, a pesar de que un envase cambia de manos al menos seis veces durante cada trayecto, que lleva entre cuatro y cinco horas. Subidos en bicicletas, empujando carritos manuales y sobre los vagones de los trenes, los dabbawalas entregan las fiambreras a sus compañeros hasta que cada almuerzo alcanza su destino.

Los dabbawala no tienen posibilidad de jubilación, su edad media es de 52 años, y el empleo se hereda a lo largo de generaciones. Suelen ser personas de alfabetización escasa, la justa para distinguir las letras. A pesar de ello y del complicado intercambio que hemos descrito más arriba, se cuentan con los dedos de una mano los errores que han cometido de entre millones de entregas. Se trata de un negocio que tiene 140 años de antigüedad que ha sabido sobrevivir al aumento de las distancias de la ciudad y de la densidad de tráfico. Funciona con tal precisión que ha obtenido una certificación Sigma Seis de Forbes y ha sido estudiado por la Universidad de Harvard. Presumen de ser los mejores del mundo en gestión del tiempo, precisión y servicio al cliente.

¿En qué consiste la iniciativa solidaria?

Como indica el anuncio que se ve más arriba, mientras un millón seiscientas mil personas en Bombay disfrutan de sus almuerzos cada día, doscientos mil niños de las calles pasan hambre. De las cajas de comida que se reparten al día, 16 toneladas de alimentos resultan sobrantes. Hacer llegar esa remanencia a los más necesitados sin complicar un sistema que funciona a la perfección, pero no por falta de dificultades, es el reto que se propuso la ONG Happy Life Welfare Society, del cual nació la iniciativa Share My Dabba.

La agencia de publicidad McCann ayudó a diseñar una forma de intervenir en este sistema tan perfecto sin estropearlo. La solución la encontraron en unas pegatinas, sobre las que se puede leer “share” (compartir), con las que el cliente que quiera marca su portaviandas. La colaboración de The Dabbawala Foundation consiste en que, durante uno de los cambios de manos del trayecto de devolución, las dabbas o cajas que tienen la pegatina se vacían para aprovechar la comida, antes de que el recipiente continúe su viaje de vuelta a la vivienda de su dueño/a.

Gracias a la inmigración, atraída por prestigio y la pujanza económica de la ciudad, Bombay es un conglomerado de personas de diferentes orígenes étnicos y lingüísticos. Pero cuenta con numerosas barriadas de chabolas, que continúan extendiéndose por todas las zonas de la ciudad, y con una de las densidades de población más altas del mundo: 29.000 hab./km² de media, llegando a alcanzar los 400.000 hab./km² en la zona de Bhuleshwar. Con todo ello, podemos imaginar que el hambre y la pobreza son problemas acuciantes en toda la India y en concreto en esta ciudad de 14 millones y medio de habitantes. Es el motivo de que una iniciativa como Share my Dabba sea tan crucial.

Puesta en marcha de la idea

Voluntarios de la asociación recorrieron las oficinas, tiendas y mercados del sur de Bombay y del Crawford Market para repartir las pegatinas y hablar a los trabajadore de la idea de compartir su comida. Explicaron el funcionamiento del proceso, igualmente, a los destinatarios de la ayuda. Siempre que quieran abrir el trabajo a un barrio nuevo, deben comenzar de nuevo esta campaña en esa zona, dirigiéndose tanto a trabajadores como a niños. Pactar con los sindicatos de repartidores o dabbawallahs es otro de los obstáculos que han conseguido superar.

En un principio, las voluntarias se presentaron con platos y cubiertos de plástico en el primer punto de encuentro de los dabbawala, para vaciar rápidamente los contenedores de comida sin estorbar el proceso de devolución de los tiffins a sus propietarios. Pero pronto los niños comenzaron a aparecer donde se les indicó, con sus propios cacharros, y desde entonces, las voluntarias les sirven la comida directamente desde las dabba. En 15 minutos está completado el proceso de reparto de la comida, según indica Kanupriya Singh, vicepresidenta de Happy Life Welfare Society.

Singh también asegura que no se alimenta a los niños con sobras o restos. Las personas que deciden compartir lo que no han ingerido son gente humanitaria y por eso utilizan la etiqueta cuando entienden que la comida restante en sus recipientes resulta limpia y digna. Se desperdicia al día una cantidad atroz de alimentos y esta es una forma de evitar ese despilfarro.

La iniciativa Share My Dabba no solo me resulta muy bonita como gesto y por sus intenciones de ayudar a los más necesitados. Además, me ha admirado y sorprendido su funcionamiento y lo bien organizada que está. Proyectos como este son los que nos hacen pensar en un mundo mejor. Estoy segura de que conoces algún otro igual de admirable. Si quieres compartirlo con nosotros, adelante.

Imágenes extraídas del spot.

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    • Carlos Roberto

      Realmente me parece una iniciativa muy bonita, que ayuda a aprovechar la comida que de otra forma se iría a la basura. Una idea simple pero como nos has contado muy efectiva.

      • Beatriz

        Pues la verdad es que sí. Me emocionó mucho conocer esta idea. Sobre todo porque ni siquiera sabía lo de los Dabbawallah y porque no me habría imaginado jamás lo difícil que era viajar hasta el trabajo para los oficinistas de Bombay. Me ha resultado fascinante conocerlo todo, tanto el sistema de reparto de comidas como la iniciativa solidaria.