Así fue el BFF, la cultura de la bicicleta en un festival

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Ya te hablamos en este mismo blog de la esperada llegada a Madrid del Bicycle Film Festival, una de las ocasiones más señaladas para disfrutar de la cultura de la bicicleta desde hace 12 años. Durante este fin de semana se han celebrado actividades, exposiciones y por supuesto, proyección de cortometrajes sobre el ciclismo urbano. Y es que la bicicleta ha llegado para quedarse.

Cortometrajes sobre dos ruedas

La Cineteca de Matadero Madrid ha sido el centro de las proyecciones, distribuidas en tres programas. Allí hemos podido ver cortometrajes en los que la bicicleta tenía un protagonismo especial, cambiando vidas, comunidades o como pieza fundamental en cambios sociales y personales. También hubo espacio para los films de tono más divulgativo, como Georgena Terry, que narra cómo desarrolló un tipo de bicicleta adaptado al cuerpo de la mujer; Wolfpack Matahon Crash Race donde podemos desarrollar nuestra envidia viendo a ciclistas recorriendo las calles de Los Ángeles sin coches o Bike Lane, que nos lleva a Nueva York para tratar de sortear todos los obstáculos que un ciclista urbano se encuentra en un carril bici.

Los cortometrajes, con una duración de entre 5 y 10 minutos, permiten observar una panorámica de la bicicleta mucho más allá del puro uso como transporte. Y es que como sabemos los usuarios habituales, la bicicleta es parte de tu vida: por eso la frase más repetida en el festival es “la cultura de la bicicleta”, lo que trasciende mucho más allá de un mecanismo de dos ruedas y pedales.

En la propia Cineteca también pudimos disfrutar de la exposición Provo, con fotografías y carteles de este movimiento contracultural holandés surgido en los años 60. De ideología anarquista e incluso dadaísta, llevaron a cabo diferentes acciones en Amsterdam, siendo una de las más famosas su Plan Blanco de Bicicletas, con la que miles de personas salieron a las calles en bicicletas blancas con intención de protestar contra la contaminación y el mal funcionamiento del transporte público. Este movimiento fue uno de los precursores de la integración de la bicicleta en la ciudad que tanto admiramos a la ciudad holandesa. En la exposición pudimos encontrarnos incluso con Roel Van Duijn, fundador del movimiento.

Actividades para todos

El sábado 22, el espacio polivalente de la Nave 16 de Matadero se llenó de actividades para toda la familia desde la mañana. Lo primero que impresionaba al entrar era el ambiente: desde jóvenes observando las actividades hasta mayores o familias con niños (con sus propias bicis) conociendo mucho más sobre las bicicletas.

Sin duda, uno de los puntos más originales era la gran colección de bicicletas creadas por Juan Manuel Muñoz, un encantador diseñador de moda jubilado que se define a sí mismo como creador de inventos. A lo largo de los años Juan Manuel ha creado auténticas obras de arte mezclando cultura popular con bicicletas (lo que llamaríamos tunning): desde una carrocería con los colores de la bandera argentina que homenajea a Maradona, hasta una que parecía un auténtico Ferrari, pasando por una “Harley-Davidson” e incluso un plateado “Alpha-Jet”. La imaginación, la creatividad artesanal y el buen humor se unen de esta forma con el mundo de la bicicleta.

Estos prototipos, creados con piezas recicladas de otras bicicletas y siempre a mano, cuidan hasta el último detalle: a su “Rolls-Roice” y su “Jaguar” no le faltaban ni las figuritas emblema metálicas en la parte delantera. Juan Manuel apunta, eso sí, que para conducir estas bicicletas hay que vestir adecuadamente: me sugiere un sombrero de copa y traje de gala para el Rolls. Y desde luego, ganas no me faltan de probar tan distinguido coche-bicicleta.

Otro apasionado de las bicicletas con el que nos encontramos es Emilio Plaza, que ha reunido una colección de decenas de bicicletas de competición desde los años 70 (con cambio manual) hasta las más recientes, como su última incorporación, una réplica de la que ha llevado el Equipo Movistar en 2011 con cambio electrónico, pasando por las que llevaron al equipo Banesto a triunfar en la primera mitad de los 90. Emilio, que también es ciclista y compite, nunca había expuesto su colección hasta ahora y el BFF ha sido una ocasión excelente para ello.

Pero además de observar todo tipo de bicicletas, también pudimos asistir a un deporte del que no había oído hablar jamás, pero que al parecer se remonta al siglo XIX: el Bike Polo, que es exactamente lo que promete su nombre: un tipo de polo en el que los caballos se cambian por bicicletas. Desde luego, es original y por lo que se veía, bastante movido. Una demostración más de que la bicicleta puede llegar a todas las áreas de nuestra vida. Como nota curiosa, el Bike Polo llegó a ser deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908.

El arte visual y la solidaridad también tenían su espacio. Además de un concurso de fotografías para todos los visitantes, pudimos ver un gran mural de coloridas fotografías tomadas con cámaras Lomo, y artistas en directo pintando cuadros inspirados en bicicletas: está claro que las dos ruedas inspiran. También había oportunidad de que los pequeños hicieran su propia camiseta solidaria con la ONG PSN Camboya, que recogía fondos para escolarizar y sacar de los vertederos a los niños de este país asiático. Una oportunidad de colaborar y llevarnos a casa un recuerdo en forma de camiseta personalizada con una gran silueta de bicicleta.

La bicicleta está en plena forma

La celebración del BFF en Madrid es otra muestra más del resurgimiento de este medio de transporte en la ciudad. El mundo está cambiando hacia un modelo más sostenible, de calles en las que convivamos todos, con más espacio para pasear, menos humos y ruidos, y la bicicleta es protagonista. Un medio de transporte que no se queda en eso, sino que contribuye a mejorar la sociedad y se integra en nuestra cultura, nuestro ocio y deporte y nuestra creatividad.

El BFF nos enseña que la bicicleta no tiene género, clase ni edad. Un abanico tan amplio de actividades, exposiciones y actividades culturales hacen que la bicicleta pueda ser protagonista y eje fundamental de tantas formas diferentes de concebir las ciudades, el arte, el deporte y la sociedad como personas y colectivos que la observen.

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