Confesiones de una metroadicta… o casi

  • Mente
cat-icon-on-post

De las diversas opciones de transporte público, el metro quizá sea la que nos permita movernos con mayor agilidad dentro de las grandes ciudades. El caso es que coger el metro me suele poner de mal humor y seguro que no soy la única a la que le ocurre. ¿Os pasa a vosotros?

La imagen que se ve más arriba: la de un tren marchándose de la estación, puede ser una de las peores con las que nos topemos en la realidad de cualquiera de nuestras jornadas laborales. Perder un metro por unos segunditos puede suponer un retraso de un cuarto de hora o más, ya que todo se concatena. Por mucho que nos fastidie, está en nuestras manos perder esa aversión a la imagen precedente.

 

Hay veces que viajar en metro parece una carrera de obstáculos: las escaleras y los pasillos están llenos de viajeros, así que tengo que abrirme paso sin poder evitar algún choque o roce, lo que, sumando a la tensión por la duda de si llegaré o no, me va estropeando el humor. Llego al andén y descubro que al próximo tren le faltan varios minutos para aparecer, así que empiezo a echar humo por las orejas.

Y no digamos si se da la combinación: pierdo el tren que está a punto de cerrar sus puertas, por no tener el espacio necesario para bajar a toda velocidad. Cuando ya he acumulado un retraso en el metro, el recorrido que resta a pie desde la parada hasta el destino, lo tendré que hacer a toda velocidad y seguramente llegue al sitio resoplando y sudando. Una persona que viaje con tiempo de sobra no se va a encontrar con ninguno de estos impedimentos y nada le amargará el viaje.

Casi parece que me estoy psicoanalizando cuando encuentro una razón ulterior para esos enojos. Pero es cierto que aquellas cosas que me enfadan del metro en realidad no son defectos del medio de transporte subterráneo en sí, sino consecuencias de salir con el tiempo demasiado justo. Me di cuenta el otro día de que no me ocurriría si me tomase mi tiempo y tratase de moverme a otro ritmo.

Me he propuesto tomarme los viajes con más calma y salir con una antelación prudente, aquella que me permita llegar a tiempo incluso si pierdo los trenes tanto de inicio como del transbordo y si mi ritmo por las escaleras se ve ralentizado por la afluencia de viajeros.

 

La espera ya no es un tiempo perdido

Esa antelación, que me suele hacer pensar que estoy perdiendo el tiempo si llego a mi destino antes de lo necesario, puede venir bien para charlar con otras personas que también hayan llegado antes o para prepararme y asentarme con calma en lo que vaya a hacer. No hay por qué considerar que aguardar es perder el tiempo.

De la misma forma, suelo pensar que las esperas en las estaciones de metro o paradas de autobús son una pérdida de tiempo. Otro de mis propósitos es no olvidarme de llevar algo para hacer durante el viaje, como lectura o un dispositivo electrónico con el que trabajar. De esa forma, no desperdiciaré el tiempo, sino que le sacaré partido. Incluso, si lo único que hago es entretenerme con un juego o enviando mensajes, al no aburrirme, los minutos de espera pasarán en un instante y ni me habré dado cuenta de que he estado esperando.

 

Yendo con calma, incluso me paro a escuchar música en los vestíbulos donde se colocan los intérpretes, a echarles un ojo a los puestos, a adquirir una publicación para irla ojeando, a tomar un tentempié… El interior de las estaciones de metro ofrece muchas atracciones, pero todas para las personas que se mueven con tiempo.

 

No intento llegar antes de lo que puedo llegar

Muchas veces nuestro error parte de una buena intención. Aspiramos sinceramente a llegar mucho antes de lo que nos resulta posible. La realidad luego nos demuestra que teníamos que hacer muchas cosas antes. Ahora toca mandar SMS o WhatsApps para advertir de que no llegamos… pero no sirve de nada, si la persona con la que hemos quedado está ya de camino. Lo mejor es que calculemos con realismo porque ya nos habló Sheldon Cooper del problema inherente a la teletransportación.

Cuando llego tarde, por mucho que haya alguien que me espere, la perjudicada soy yo, pues soy la que se agobia y apura. Así que esos pocos minutos extra que le puedo conceder a mi desplazamiento, aunque tenga que quitarlos de otra obligación, me van a compensar. Gracias a ellos, mi trayecto va a ser más relajado, placentero y una vez llegue a mi destino, estaré de mejor humor el resto de la jornada. No hay peor forma de empezar el día que tras un mal viaje, en el sentido literal.

En Ciudadano 0,0 | El libro electrónico, mi aliado en la ciudad

Comentarios

compartir en redes

4 thoughts on “Confesiones de una metroadicta… o casi”

  1. Disfrutar en la medida de lo posible cada momento de la vida es clave para no perderla en busca de la felicidad perfecta. Hay cosas en las que podemos tener el control y otras no. Cuando llegué a Madrid el agobio diario de miles de personas en los intercambiadores me contagió sin remedio. Pero de unos años hacia ahora he aprendido a aprovechar el tiempo teniendo conciencia de en qué lo utilizo.

    El metro puede ser fascinante, hay todo tipo de gente y de situaciones y el tiempo de los viajes lo puedes aprovechar muy bien si lo llevas planeado de antemano 🙂

    Y por supuesto si combino mi plegable con el transporte público no siento ninguna necesidad de usar el coche particular.

    ¡Disfruta de lo que te rodea e integrate!

    1. En estos momentos trabajo bastante lejos de mi casa y combinar mi bici plegable con el transporte público de cercanías supondría tardar más de hora y media en llegar (otro tanto para volver). Tendría que levantarme a las seis o antes. Y tampoco podría acostarme temprano porque tengo otro trabajo que algún día termina sobre las 22’30. Así que voy en coche. Pero si los trayectos son más cortos o disponen de una conexión mejor de metro y cercanías, está claro que voy en transporte público o andando. En bici no voy al trabajo porque no me gusta estar todo el día sudada, en chándal y despeinada. Pero cojo la bici siempre que tengo tiempo libre y a la vuelta me doy una ducha y me cambio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.