Voy caminando a mi trabajo y empiezo la jornada con energía

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Hemos hablado en varios artículos de Ciudadano 0,0 de la opción de caminar: se ha visto como una de las posibilidades de la movilidad sostenible y hemos repasado lo que una ciudad ofrece para que seamos peatones. Pronto lo contemplaremos como un posible deporte tranquilo para quien no debe esforzarse demasiado.

Lo que os cuento en esta nueva entrada intento que complemente lo que ya se ha publicado: cómo me puse como meta caminar hasta mis obligaciones incluso aunque, a priori, la distancia me pareciese excesiva. Algo que seguro que casi todos podéis proponeros.

Las distancias son relativas

Habitualmente, se considera que tenemos las obligaciones a tiro de piedra, es decir, a una distancia lo bastante corta como para ir andando, si tardamos en llegar un cuarto de hora o quizá veinte minutos. Si nuestro lugar de trabajo o estudios, la guardería de los niños o los sitios por los que nos gusta movernos se encuentran tan cerca de nuestra residencia como para ir a pie, nos podemos considerar unos privilegiados.

Lo que ocurre es que no todo el mundo gozará de la misma suerte. Pero, con un esfuerzo mínimo, seremos capaces de cambiar esta mentalidad y de darnos cuenta de que las distancias de media hora o incluso cuarenta minutos también son caminables.

Ese recorrido que se nos antojaba excesivo para hacerlo andando, poco a poco, nos irá pareciendo más corto. Basta con que nos pongamos un poco en forma. Mientras no estemos hablando de desplazarse a las afueras o de cruzarse la ciudad de cabo a rabo, será posible.

Lo mejor es ir paso a paso –que por algo hablamos de andar–. Nos planteamos comenzar bajándonos una parada de metro o de autobús antes de la más cercana a nuestro lugar de trabajo o montándonos una más allá de la que tenemos junto a casa. El siguiente paso –que supondrá un gran número de pasos– será caminar hasta el transbordo. Pasados unos días, no nos costará nada hacerlo todo a pie en la ida o en la vuelta. Al cabo de un tiempo, hasta agradeceremos la oportunidad de caminar ese rato y querremos hacerlo en ambos sentidos, cada mañana y cada tarde.

Esta opción está claro que es más económica y más ecológica. Pero lo que nos importa es que es, al mismo tiempo, la más agradable y saludable. Esos minutos extra de madrugar se compensarán con la posibilidad de dar un paseo y de evitar el enfado de los atascos o los codazos de las aglomeraciones.

Un esfuerzo mínimo

Decía que era necesario que nos pusiésemos un poco en forma. Pero realmente poco. Muchas personas acuden a sus obligaciones en su vehículo para luego dedicar su tiempo libre a hacer un deporte que ni les apetece, se obligan a hacerlo. Proponemos aunar ambas cosas y sustituir esos momentos en los que nos forzamos a hacer ejercicio por algo que a nadie le cuesta un esfuerzo exagerado, como es el caminar.

A muchas personas, especialmente mayores, que no suelen hacer ejercicio, los médicos les recomiendan caminar. A pesar de lo fácil que parece incorporar este hábito al día a día, no son pocas las que no terminan de encontrar el momento de hacerlo y, tras irlo dejando y dejando, acaban por no hacer nada. Si el caminar se convirtiese en nuestro modo de transporte, no habría que buscar la ocasión para dar esos paseos.

Contra los elementos

Tal vez el frío, el calor o la incomodidad echen para atrás a algunos a la hora de plantearse caminar hasta su puesto de trabajo.

Es verdad que en algunas ciudades se alcanzan temperaturas muy bajas en los meses de invierno como para que apetezca lanzarse a la calle por la mañana temprano. Si las inclemencias no son abrumadoras, bastará con que nos abriguemos bien para que no suponga un problema. De hecho, ese fresquito nos animará a aligerar el paso y no solo llegaremos algo antes, sino que habremos hecho un ejercicio más efectivo. Entrar en calor una vez se ha pasado frío es reconfortante.

El calor que se respira en verano puede evitarse saliendo un poco antes de lo necesario. Si tenemos jornada intensiva durante los meses estivales, no habrá ni que pensarlo. Los amaneceres de verano, en los que la temperatura empieza a ser cálida, pero aún no sofoca, son muy estimulantes.

En cuanto al tema de la incomodidad, recordemos a aquellas ejecutivas neoyorquinas de las películas de los ochenta, que llegaban a su maravillosa oficina en un rascacielos con un impecable traje de chaqueta y con zapatillas de correr. En el cajón de su despacho, tenían escondidos los tacones. Como ellas, podemos optar por cambiarnos de calzado cuando alcancemos nuestra mesa. Pero hoy en día existen zapatos muy cómodos, pensados para caminar, que perfectamente se combinan con vestuario elegante.

El día comienza mejor

Paseando podemos observar con más tranquilidad lo que nos rodea, elegir las rutas más vistosas o ir variando de camino para descubrir calles nuevas, en las que podremos ir fichando establecimientos a los que acudir esa tarde o noche con nuestra pareja o rincones bellos donde regresar el fin de semana con nuestra familia.

Nos resultará más fácil escuchar música en los auriculares, sin excesivos ruidos y sin que la conducción requiera nuestros cinco sentidos. Si tu elección era el transporte público porque podías leer, prueba con los audiolibros.

En lugar de tener la sensación de que nos dirigimos a un lugar en el que vamos a entregar ocho de nuestras horas a los demás y de ir calentándonos durante el trayecto, estaremos a lo nuestro, olvidándonos de a dónde acudimos. Y seguro que, después de eso, la jornada se nos hará más llevadera y breve. Estaremos de mejor humor y nos apetecerá más acometer tareas. Y ese sueño con el que solemos entrar algunos a trabajar se habrá disipado, pues nos sentiremos cargados de energía, como si nuestro día hubiese empezado hace largo rato.

Como todas las demás ideas que hemos ido lanzando en este blog Ciudadano 0,0, lo que pretende esta propuesta es que los urbanitas disfrutemos más de nuestro día a día y de que transformemos aquello que no hay más remedio que realizar en algo que apetece y que echaríamos de menos si nos faltase. Caminar, como montar en bici o correr, se convierte en una placentera actividad que está al alcance de prácticamente todos los ciudadanos.

En Vive 0,0 | La bicicleta, a solas o en compañía

Comentarios

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6 thoughts on “Voy caminando a mi trabajo y empiezo la jornada con energía”

  1. No puedo estar más de acuerdo con cada palabra plasmada en este post. Es más, me identifico con todas y es que yo soy de las que van andando a mi puesto de trabajo, 45 minutos mediante cada trayecto, 90 minutos i/v.

    Y voy vestida al estilo neoyorquino de los 80…Con mis maravillosa zapatillas de deporte que no combinan con mis trajes pero me resultan tan cómodas que me es indiferente si la gente mira raro por la calle (que lo hacen…), mi mochilita con mi pieza de fruta para media mañana y una bolsa con los zapatos que correspondan ese día.

    Honestamente, no lo cambio por nada del mundo a pesar de sufrir frio en invierno, calor en verano, a pesar de llegar los viernes cansada y de dedicar adicionalmente 4 días a la semana a hacer deporte intenso.
    Es, UN PRIVILEGIO!, :).
    Saludos y buen inicio de semana.

    1. Saludos a ti, Leticia, y muchas gracias por tu comentario. Me alegra ver que hay quien comparte estas costumbres. Al principio, puede parecer cansado, pero compensa.

    2. ¡Hey! ¡Cuántos puntos en común! Yo voy andando al trabajo, me lleva una hora (aunque los días de frío lo hago en 51 minutos jejeje) y me ahorro el transporte público. Además, de camino hay un supermercado, así que si lo necesito, aprovecho para hacer la compra… y desde luego, habrá gente que me mire raro al ver a un tipo con traje calzando unos zapatos “mas bien deportivos” y una mochila con una fruta para la media mañana y un “tupper” para el medio día. 🙂
      ¡Un saludo desde Lyon!
      (pero pienso volver a España)

      1. Gracias J. Lo tuyo sí que tiene mérito porque una horita andando no está nada mal. Pero me alegro de que te hayas acostumbrado y no te cueste. Eso significa que estás en forma. Qué bonito es Lyon, me encanta Francia.

  2. Desde hace muchos años-camino al trabajo- primero por que me dá buena salud,segundo por que ahorro dinero y tercero nunca pezco resfriados-solo ingiero vegetáles y péscado,no consúmo harina de trigo,azucar,gaseosa de ninguna indole,no compro nunca conservas ni consumo bebidas de zumo que contienen álto potencial de quimicos y colorantes que son muy malos para la salud-prefiero comer tres avellanas peladas y tostadas cada dia y semillas cereálicas,como lino-girasol-sesamo-cevada- semillas de zapallos-manzana-ect,ademas tres veces a la semana voy al gymnacio para hacer zumba y camino diez kilometros cada dia-bebo te de gengibre frézco con miel y antes de dormir bebo té de manzanilla sin azucar ni miel-mi ultimo alimento antes de ir a la cama es a las 18:00hrs- de esa forma la digestión se hace mas placida y se descanza mucho mejor.

    1. Madre mía, qué disciplinada. Yo no sería capaz de hacer todo eso. Supongo que a mí me suena a sacrificio, pero para ti es un placer y te hace sentirte mejor, ¿verdad?

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