envases

Menos envases, menos complicaciones

 

Desde que hace unos años comenzamos a separar la basura en el contenedor amarillo, me he hecho consciente de la cantidad de resíduos de envases que generamos cada semana. Y es que prácticamente todo lo que compramos hoy por hoy viene con su propio envase, ya sea de cartón, de plástico… o una combinación de muchos diferentes.

Está claro que el envase es una garantía de que el producto no ha sufrido manipulaciones desde su fabricación y lo protege. Por ejemplo, solemos criticar el aire que hay dentro de las bolsas de patatas fritas, pero tiene una finalidad muy concreta: conseguir que lleguen enteras hasta nuestra casa, sin convertirse en polvo con los golpes que pueden recibir por el camino, o por ejemplo, las latas y botellas hacen que los líquidos no sufran con la luz.

Demasiados envases

Sin embargo, muchas veces sospechamos que tiene una finalidad más bien decorativa, como impresionarnos o dar una imagen equivocada cuando comparamos productos en el súper. ¿Nunca te ha pasado de comprar algo, y al llegar a casa comenzar a desembalarlo, quitándole capas como si fuese una cebolla… y que se quede en mucho menos de lo que esperabas? Todos estos envases superfluos son un desperdicio de materiales, que se convierten automáticamente en más basura. Además, esto aumenta el precio de lo que compramos porque se necesitan más materias primas para fabricarlo y ocupa más espacio en los camiones de distribución.

Elegir productos con envases más pequeños tiene muchas ventajas. Cuanto menos nos separe de la comida o el producto que queremos comprar, más fácil nos será comprobar su calidad y si es eso lo que buscábamos exactamente, sin tener que fiarnos de los dibujos de la caja, que en muchos casos exageran sus cualidades con la excusa de la “sugerencia de presentación”. Y por supuesto, no tendremos un lío de plásticos, cajas de cartón, bandejas de corcho y fundas desechables a los diez minutos de llegar a casa.

Yo he decidido que cuando sea posible voy a comprar a granel, eligiendo yo mismo lo que me llevo. Así toco cada pieza de fruta que quiero, charlo con el carnicero que me recomienda la mejor pieza de carne para la receta que tengo en mente… y compro solo lo que necesito, ni más ni menos.

A mi casa siguen llegando envases, pero menos que antes… y con imaginación y buen gusto, a todos les encuentras una utilidad: los frascos de mermelada, para guardar legumbres; a las latas les hago agujeros por debajo y me sirven de macetas de diseño; y las cajas de cartón me sirven perfectamente para guardar trastos viejos en la buhardilla.

 

¿Qué podemos hacer? Las tres R

Las tres R son tres reglas para minimizar nuestro impacto en el ambiente muy fáciles de recordar: reducir, reciclar y reutilizar. En este caso, con los envases, podemos poner en marcha las tres:

Reducir: Cuantos menos envases, mejor. Cuando es posible, yo trato de comprar productos que no estén sobreenvasados y recurrir a la compra a granel.

Reciclar: Todos los envases son muy fáciles de reciclar, ya sean plásticos, vidrio o papel y cartón, hay un contenedor para cada uno de ellos.

Reutilizar: mucho mejor que reciclar, supone darle una nueva vida a los envases. Puede ser porque ya vengan destinados a ello (como los tarros de crema de chocolate que son vasos de cristal) o porque les busquemos nosotros la utilidad: yogures que nos sirven como tiestos para plantas aromáticas en la cocina, latas que se convierten en portalápices, botellas florero, tarros para semillas de nuestro huerto urbano… y miles de ejemplos más que circulan por internet o que puedes imaginar tú mismo.

Imágenes Flickr Creative Commons | theshmoopdeck y recorremundos

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    • Roberto

      Muchas veces el problema no viene sólo del producto, sino de los pack de ofertas en los que podemos acceder a los mismos que añaden una capa más de envasado. Lo mejor para mi el carrito de la compra y olvidarnos de bolsas

    • Beatriz Maldivia

      Recuerdo que hace muchos años (puede que Fernando ni hubiese nacido), se decía que se reconocía a una ciudad muy civilizada por la cantidad de basura que generaba. Supongo que, si consideramos avance como industrialización, sí se podría ver así porque la cantidad de envases proviene, como bien decís los dos más arriba, de productos manufacturados, casi siempre en grandes fábricas y puestos a la venta en grandes superficies. Supongo que ahora la cosa irá yendo hacia atrás y se irá considerando más avanzada la ciudad que menos desperdicios genere.

      • Fernando de Córdoba

        Exactamente. No se trata solo de reciclar y reutilizar, sino también de generar mens residuos 🙂