Como turistas en nuestra propia ciudad

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Las grandes urbes, en verano, parecen otra ciudad. Da gusto pasear por las aceras. Nos paramos a observar al artista callejero, sin prisa. Compartimos la vida con los demás, pues las calles se han llenado de actividad y los sonidos son más alegres. Los días son mucho más largos, tanto que parece que las opciones no se acabasen nunca.

Todo es más fácil y ligero, como el escaso tráfico, que nos permite circular con nuestro vehículo o desplazarnos en bicicleta. Lo que parecía imposible, como entrar al cine o salir del súper sin esperar colas y cenar en ese restaurante que siempre tenía todas las mesas reservadas, se convierte en una posibilidad.

Ciclos de cine al aire libre y festivales musicales de verano, exposiciones, eventos, representaciones teatrales y arte efímero, piscinas urbanas o naturales, playas fluviales y marítimas, parques de diversión para los más pequeños… La ciudad y sus alrededores ofrecen infinidad de opciones para los meses de calor. Y eso es solo el comienzo.

Redescubriendo nuestra ciudad

Jugamos a ser turistas accidentales, a verlo todo de nuevas, a disfrutar de los lugares como si fuese la primera vez. Nos subimos a uno de esos autobuses turísticos: el segundo piso cambiará nuestra perspectiva y nuestra mirada se tornará nueva. Fingimos que hablamos otro idioma, nos dejamos guiar por un libro que nos lleve a los enclaves más tópicos y nos unimos a quienes los reconocen como lo más pintoresco. Encontramos un encanto a nuestra propia ciudad que hasta ahora no habíamos visto.

Es una buena época para visitar los museos y galerías que vamos dejando para más adelante durante el resto del año. El chapuzón de cultura será tan refrescante como el baño en el agua. Y quién sabe si también es el mejor momento para rescatar una afición perdida o lanzarse a un hobby con el que no nos habíamos atrevido nunca. Las grandes ciudades ofrecen talleres intensivos de todo lo que nos podamos imaginar.

Respirar el aire libre

No es necesario estar en la playa o en la montaña para organizarse un pic-nic, ya sea improvisado o premeditado. Optamos por el pic-nic urbano. Cualquier parque, puente o rincón de nuestra ciudad puede ser el lugar idóneo para sacar las tarteras y el mantel de cuadritos y disfrutar como si nunca hubiésemos pisado esos espacios.

El terraceo es una de las más jugosas exclusivas del verano, por algo casi todos los países nos lo han copiado y cada vez se ven más mesas en la parte exterior de los establecimientos para disfrutar del aire libre mientras nos tomamos una cervecita o algo de picar con los amigos.

Espacios exteriores que son igualmente válidos para conocer a gente nueva. En estos meses en los que tenemos más tiempo, podemos dedicárselo a los demás. Los vecinos con los que nunca hemos hablado, los familiares a los que hace tiempo que no visitamos… Una cenita en casa para recuperar amistades casi perdidas mientras nos llegan las postales de los amigos a los que más frecuentamos, que ahora están en su destino vacacional.

Sentarse en un banco simplemente a observar a los demás puede resultar una afición fascinante. Con esa persona que nos acompaña incluso podemos jugar a adivinar sus vidas, la relación con aquellos con los que van, si son nuevos o no en la ciudad…

La idea es convivir, vivir en armonía con la ciudad y con quienes nos rodean.

Las ciudades se transforman, como los paisajes y nosotros mismos, con el paso de las estaciones. Veámosle la cara buena a nuestras ciudades en verano y dejémonos llevar por la fantasía de estar allí por primera vez, lo que seguro que permitirá que descubramos grandes encantos.

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One thought on “Como turistas en nuestra propia ciudad”

  1. Cuando se acaban las vacaciones, entra una sensación de tristeza que es como la del domingo por la tarde/noche aumentada un montón de veces. Ante un sentimiento así que tuve hace ya varios años cuando me tocaba volver a mi ciudad desde mi destino de vacaciones, decidí que una forma de paliarlo, sería tratar de que el cambio no fuese tan grande.

    En realidad, muchas veces no es tanto el lugar en el que estamos veraneando lo que vamos a echar de menos, sino el tipo de vida. Es cierto que al regresar a nueestra ciudad, entran en juego la rutina y las obligaciones, pero seguimos teniendo horas libres y fines de semana a nuestra disposición. Si tratamos de hacer ahí lo que hacíamos en los viajes, podemos ser mucho más felices. Por ejemplo, salir todas las tardes al cine, a ver un museo, a la presentación de un libro, a una inauguraciónd e una exposición… no quedarse una sola tarde en casa, salvo que nos apetezca descansar. Dar paseos por las calles más bonitas, quedar con gente, etc… Intentar que la vuelta a la ciudad no suponga una renuncia a todo lo bueno.

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