Cómo me convertí en una mamá ecológica

  • Gastronomía
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Para todo en esta vida hay un detonante, el mío fue mi primer embarazo. Bueno, en realidad debería remontarme un poco más, el día que me casé me fumé mi último cigarrillo. Tenía claro que quería tener hijos sanos, amamantarlos y darles un entorno lo más parecido al que yo misma había tenido. Fue el primer paso.

Yo reciclo, tú reciclas, él recicla… la red como guía del buen reciclador

Una vez tomada la decisión de llevar una vida lo más sana y natural posible, se necesita información para hacer las cosas bien. A nadie se le escapa que tenemos una enciclopedia sobre todas las materias imaginables en Internet. Ferias, puntos de reciclaje, cómo, qué, cuando… Pero no todo lo que se lee en Internet es cierto ni importante. Hay mucho alarmismo totalmente innecesario para nuestro propósito.

La investigación siempre es interesante, además como tenemos memoria de pez parece que el ecologismo lo hemos inventado nosotros, cuando se practica desde tiempos inmemoriales. Desde antiguo se ha aprovechado todo en las casas, o si no ¿de dónde salen las mejores croquetas? ¿Del congelador? Pues no, de los pequeños trocitos de pollo, que resultan de la cocción para sopa, de los restos del pollo asado del día anterior… (Pero el aprovechamiento de los alimentos lo dejamos para otra entrada)

Y así con todo, los envases se aprovechaban…¿No recordáis haber devuelto cascos de botella?, las hueveras se llevaban vacías y volvían llenas, la bolsa del pan iba vacía a la panadería y volvía llena, ¡hasta al cole llevábamos tarteras y termos en aquellos cabás amarillos con el dibujo de un autobús!

Cómo se consigue montar un pequeño  Valdemingómez en una cocina diminuta

Con el primer embarazo decidí que en casa se reciclaba todo. Vamos a tener en cuenta que estoy remontándome a más de diez años atrás cuando todavía no existían todos estos contenedores de diseño de nueva generación, que nos hacen más fácil el reciclar en la actualidad.

Dos cubos de basura: orgánica y envases, bajo la pila del fregadero, una enorme bolsa de papel para cartonaje y papel encima de la nevera y otra bolsa para vidrio, que después de reciclar también se echaba en el contenedor de papel, tras la puerta de la cocina. Vamos que entre mi gigantesco tripón de ocho meses y mi santo esposo que mide dos metros… no había quien entrase en la cocina ¡Con lo que me gusta charlar cuando cocino!

Si a esto unimos, el reciclador de pilas, el de bombillas y la bolsa para la ropa usada, comprenderéis porque lo llamo mi pequeño Valdemingómez que, para quien no lo sepa, es una zona insalubre que alberga los vertederos de Madrid y una planta incineradora de residuos.

Las tapas y tapones (movimiento taponízate) ocuparon años después su correspondiente bolsa para llevar a los colegios.

Al principio nos equivocábamos siempre de cubo, sin embargo, mis hijos que han nacido con nuestra pequeña recicladora ya en marcha no sólo no se confunden nunca de cubo, sino que cuando te confundes tú, lo cogen de un cubo y lo echan en el otro.

En Vive 0,0 | Dónde puedo comprar y vender ropa usada

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2 thoughts on “Cómo me convertí en una mamá ecológica”

    1. Hola, Ernesto Carlos

      Gracias por tu comentario. Los contenedores de reciclaje inspirados en los Lego son de una marca italiana llamada Flusso Creativos.

      Un saludo

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